La Muerte de un Santuario de Marrones
Hace muchos años tuve la oportunidad de descubrir por absoluta
casualidad un hermoso santuario de fauna y pesca a poca distancia
de mi hogar en Santiago de Chile. Resultó ser un hermoso spring
creek. El curso de agua nacía de las rocas de las montañas y
recorría unos cientos de metros de pradera antes de juntarse con otro
río más turbio y grande. En ese recorrido se presentaban aguas exageradamente
cristalinas, recodos profundos, canales de algas, y una variedad
interesante de marrones de colores de ensueño, llegando a superar
los 30 cm en varios casos. La pesca en ese lugar siempre demostró
ser técnica, ya que la misma cristalinidad del agua y la
abundancia entomológica volvía a las truchas muy precavidas y
selectivas.
Por varias jornadas extendidas en muchas temporadas, este
hermoso spring creek fue escenario, junto a muchos de mis mejores
amigos, de hermosas aventuras de pesca, siempre utiizando
técnicas y equipos delicados. Logrando capturar y soltar algunas
de las marrones más hermosas que he visto en mi vida. Con el
tiempo pude ver cómo cada vez más personas sabían de este
santuario. Lamentablemente vi cómo algunos de ellos no mostraban
escrúpulos al dejar basura (que muchas veces recogimos con mis
amigos) y al sacar y matar muchas truchas de impresionante tamaño con
gusanos, terribles, redes, y a mano. Era cosa de mirar el tamaño
de algunos pozones para saber que al sacar tres peces de ahí se
mataba el porcentaje importante de su población.

En años más recientes me alejé un poco de estos hermosos reductos cercanos a mi ciudad
natal, pero hace
sólo algunos días, decidí volver a visitar este santuario,
luego de una ausencia de casi dos años. Las huellas eran
evidentes. Las otrora abudantes y asustadizas truchas no estaban
en ninguno de los lugares habituales. Simplemente no estaban.
Abundaban huellas de jeeps
y motocicletas atravesando el delicado lecho, huellas de campistas
descuidados, restos de pescadores que ciertamente no utilizaron
las técnicas legales para pescar. Para colmo aquel día, la presencia de un
autodenominado "guía de montaña" que sacó un par de
hermosas marrones con la mano para alimentarse, con la excusa de
que "vienen otros con redes y sacan muchas más que las que
yo saco".
| ¿Sabía Ud. que ... |
| ... los peces que nacen en agua dulce, migran al mar para crecer y desarrollarse, y regresan a desovar nuevamente al agua dulce, se denominan “Anádromos”.
Tal es el caso de los salmones y de algunas variedades de
arcoiris llamdas steelheads y de marrones, llamadas sea run
brown. |
Hasta hoy recuerdo la emoción de haber conocido y pescado en
aquel hermoso santuario. Alcancé a llevar a mi hija mayor a
conocerlo y disfrutar de su pesca. Hoy sólo podemos compartir la
maravillosa avifauna de la zona y la hermosura del paisaje de
cordillera, que por muy impactantes que son, se mantiene la
sensación de destrucción de este maravilloso lugar. Posiblemente nunca más volvamos a llevar una
caña. Ya no es necesario. Sólo me queda decir adios a este hermoso y maravilloso
santuario de las marrones. Lo voy a extrañar.
RSU
Rodrigo Sandoval y André Saint-Valle
Editores Ríos y Senderos
editores@riosysenderos.com
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