
N o logro borrar el triste recuerdo de la visita a la Laguna de Aculeo cuando aún no cumplía 10 años de vida. Grises sombras danzan y se deleitan haciéndolo, recordándome el abusar de la pesca. Sombras que no desaparecen. Como las del Lago Peñuelas, el Río Maule y el Embalse El Yeso. Han pasado largos años desde entonces. Y el triste recuerdo aún queda. ¿Cuántas truchas y pejerreyes cabían en mi canasto de pesca? No lo sé. Nunca debí llenarlo.Corren junto a tenebrosas sombras, destellos de aquellas amanecidas casi al alba, en mi juventud, para vadeando irrumpir en el antaño hermoso Río Pescado. Hoy no más. Se ha ido. El recuerdo de mis excusas bizantinas de entonces, me avergüenza. ¿Cuántas hermosas arcoiris colgué de mi dedo índice? Entendí el el significado de la palabra devolución, tarde. Muy tarde. Corro para esconderme de mis propias faltas, pero las sombras aún me persiguen. Me matan. Son hoy casi cuarenta los que navegan por mi venas. Cuarenta años. Sólo hace quince respeté el derecho a la vida de lo que pescaba. Fue tarde. Lo confieso. Me arrepiento. Ha sido desde entonces, una larga agonía el observar cómo, paso a paso, cae de rodillas, lo que madre naturaleza algún día nos regaló. Como si implorara súplica. Frondosos bosques milenarios talados al por doquier. Quemados. Reemplazados por invasivos pinos. Represas que entorpecen el hoy agónico escurrir de ríos. Relaves que vacían su tóxico flujo en éstos. Nocivos gases que inundan el ya saturado ambiente. Naves que con derrames de petróleo cubren otrora fértiles océanos. Redes que sin asco limpian y diezman escuelas de peces. Asfalto y cemento que reemplazan al verde. Depredadores ambientales. Delicuentes que armados por ley, exterminan cursos de agua y reservas de vida. Motores y ruido. Basura y desperdicios. Restricciones. Nuestra querida pesca no ha quedado ajena al llamado desarrollo. Uno no sostentable. El que sin respetar, avasalla. Agobia y cansa. Estresa. Miles de depredadores aún no entienden de la necesidad de no matar. De no exterminar. De cuidar nuestro frágil entorno. Casi como para confesarme de mis errores pasados, reconozco que he inculcado en mis hijas, esa necesidad. La de vida. De aire. De no matar. De respeto. A corta edad ya regresaron peces a su medio. Con cuidado y delicadeza. La que niños saben entregar. Con simpleza. ¿Un extraño título para un artículo en español de pesca con mosca? Un extraño iniciar, pero uno verdadero. Uno que casi representa una profecía. ¿Nos asustaremos cada amanecer por el remordimiento del abuso que practicamos sobre lo que nos rodea? ¿Aún seguiremos valiéndonos de excusas bizantinas para justificar estos abusos? Nos perseguirán los recuerdos. Y llegará el día en que cada amanecer será miedo y terror. Si no respetamos el medio ambiente que nos rodea. Y nos preguntaremos ¿cómo es que ahora nos asusta cada amanecer? Sólo espero que la hermosa letra que acompaña el tema Afraid of Sunlight de Marillion, no se haga realidad. Sombras aún me persiguen recordándome mis tristes visitas de pesca de antaño. Ya es tarde para arrepentirme. Ojalá no lo sea para quienes aún no descubren el poder de la naturaleza. La necesidad que de ella tenemos. De lo contrario, pagarán justos por pecadores. Pagarán nuestros hijos y los suyos. |
Todo pescador y amante de la naturaleza pasa por etapas de evolución. Pablo es uno de ellos. Pablo Negri es contactable en: |
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