Aguas Silenciosas - Las Bocas de un Lago - Rodrigo Sandoval

Nos bajamos del bus con mi amigo Andrés y por fin nos encontramos de frente a la desembocadura del Río Pescado en el Lago Llanquihue. Siendo ambos estudiantes, habíamos planeado con detención nuestras vacaciones de 2 semanas, contemplando la pesca de grandes truchas en la desembocadura del Río Pescado para estos dos primeros días. Al menos, los comentarios que siempre habíamos recibido respecto de aquel lugar indicaban esa expectativa.

El primer shock fue ver decenas de pescadores, unos junto a otros, intentando lanzar grandes streamers, sin que nadie lograra una picada en mucho rato. No fue realmente una buena impresión, pero la motivación por seguir adelante eran más que suficiente. Armé mi caña #7, una línea de punta de hundimiento, y un woolly bugger azul eléctrico en un líder 2x.

Lanzamos por mucho rato. Todo el mundo lo hacía y nadie parecía percibir la menor picada. La cantidad de gente, en mi opinión, era superior a lo que cualquiera de esas truchas estaba en condiciones de tolerar.

Pasaron varias horas de ritmo similar, hasta que me aburrí y decidí cambiar mi enfoque por algo que fuese más entretenido. Sin pensarlo mucho, salí de la zona de la desembocadura y me fui caminando por un costado del río, alejándome de la excesiva multitud. El río corría suave en este sector, que aún seguía siendo parte del lago. No tuve que caminar mucho para encontrarme con el primer pozón, aún con agua muy quieta, que era llenado por un corto rápido que entraba en curva. La luz de media tarde acentuó de alguna manera las luces y sombras en el fondo del lecho, porque pude rápidamente identificar nada menos que tres ejemplares de trucha arcoiris que superaban con soltura la marca de los 3 kgs. Seguramente algunos de los grandes peces que lograron pasar la barrera de pescadores en la desembocadura y se habían asentado donde nadie los buscaría, en los últimos metros del río.

Nerviosamente lancé la misma mosca que estaba utilizando. Intenté por un lado, pero no lograba, pese a la lenta corriente, posicionar el streamer delante de sus cabezas. Se encontraban a gran profundidad y mi mosca no alcanzaba a llegar tan a fondo antes de ser llevada por la suave corriente hacia el final del pozón.

Lo intenté por varios ángulos, sin lograr asustar a las truchas, pero también sin lograr interesarlas en mi oferta. Cambié el patrón varias veces, probando woolly buggers de distintos colores (en ese entonces no tenía muy desarrollada la habilidad de atar patrones distintos).

Al rato llegó Andrés, luego de verme desde lejos intentando poner mi mosca en condiciones muy complicadas. Rápidamente lo enteré de los ejemplares que cruzaban cerca del fondo del pozón y sin mediar más palabras, hizo lo suyo por tentarlos. Pasamos rato sin éxito y al parecer, sin asustar a los grandes truchones.

Último intento. Saqué una rara mosca con patas de elástico de mi caja. Nunca la había tomado mucho en cuenta y la verdad es que me la habían regalado hace un tiempo. “No se pierde nada", pensé. La até y la lancé. Aunque la mosca recorrió un arco desde la boca del pozón hacia atrás, manteniéndose lejos de las truchas, bastó que comenzara a recogerla, para que una de ellas se desviara y se fuera directo a la mosca que nadaba cerca de la superficie. Estaba tan desanimado que no atiné a reaccionar cuando vi esa boca abriéndose para hacer desaparecer mi mosca. Simplemente por reflejo, levanté la caña. Como lo hice con algo de exceso de fuerza y posiblemente el líder ya estaba dañado de tanto probar moscas, el tirón duró fracciones de segundo y se cortó. Vi cómo la trucha retornó a las profundidades de ese pozón mitad lago/mitad río, sin alterarse en lo más mínimo.

En ese momento, Andrés me hizo notar como uno de los innumerables pescadores en la boca gritaba agitando la caña, mientras su línea corría por las guías. Al parecer, la boca efectivamente había mostrado sus portentosos habitantes.


Los afluentes de un lago son los que le traen vida renovada al cuerpo de agua quieta. Son una fuente de oxígeno, de alimento, y por supuesto, alteran la situación termal de un lago. Esto ha sido así desde siempre, y los peces, al haber nacido y crecido en este ambiente, saben que en las desembocaduras de los ríos afluentes en un lago - también llamadas “bocas de un lago” - las condiciones pueden ser infinitamente mejores que en el resto del lago si las condiciones son las adecuadas.

Aportes de los Ríos Afluentes

Por definición, la oxigenación de los ríos es superior en volumen al agua de los lagos. El simple movimiento de la corriente estimula el proceso de oxigenación natural. En el lago, es el viento y el metabolismo de las plantas acuáticas los que principalmente producen ese efecto. Por esa razón, aquellos organismos más dependientes del oxígeno sólo se encuentran en ríos y se les ve en un lago sólo cuando son arrastrados hasta la boca. Tal es el caso de las stoneflies y de varias especies de mayflies y caddis. Las truchas, con su gran sensibilidad, son capaces de detectar una corriente de agua oxigenada que puede penetrar muchos metros en el lago antes de perder notoriedad. Por esta razón, saben que en caso de disminución del oxígeno, su opción es el río entrante. Tal es el caso de los lagos en invierno, particularmente aquellos que se congelan, disminuyendo así los rayos del sol que podrían estimular a las plantas acuáticas. En verano, y en aquellos lagos con disminuida visibilidad, las truchas saben que la mayo concentración de oxígeno se da en las bocas, y es el lugar que ellas buscan.

Paralelamente, muchos organismos (insectos e invertebrados) que habitan regularmente en el lago, hacen uso de estos niveles de oxigenación, proliferando abundantemente en las zonas más oxigenadas, es decir, en las bocas de los lagos. Muchas veces, una boca arrastra sedimentos que van formando la barra del río - una plataforma a poca profundidad - que constituye el lugar ideal para la generación de grandes cantidades de estos organismos, que forman parte de la dieta de las truchas.

En plena época de calor, la temperatura del lago comienza a subir. En especial en los sectores de poca profundidad. Eso produce la desesperación de las truchas si es que las temperaturas se elevan demasiado. En ese caso, sólo hay dos lugares donde puede huir de esas condiciones térmicas extremas: hacia las profundidades, donde el oxígeno y el alimento disminuye fuertemente; o bien se dirigen hacia las bocas. En muchos casos, si el lago posee mucho movimiento de turistas veraniegos, seguramente la opción de las profundidades será la más atractiva. Pero en casos óptimos para el pescador, serán las bocas del lago los lugares preferidos por las truchas, ya que la oxigenación se mantiene en altos niveles y además la temperatura viene regulada por el curso del río entrante.

En tercer lugar, el mismo flujo de agua entrante es un canal de alimentación, arrastrando innumerables organismos que tanto los peces pequeños como los más grandes aprovechan para darse unos interesantes festines. Existen especies que sólo habitan en los ríos que llegan a la mesa de las truchas directamente en la boca, aumentando así el menú ya existente con las especies residentes en lago que se asientan en grandes colonias en las barras de los ríos afluentes. Para un pez depredador es un lugar ideal para darse abundantes comilonas. Sucede también que peces más chicos utilizan estas bocas, ya sea por cualquiera de las tres razones ya expuestas, agregando una cuarta razón válida para los peces de mayor talla, que acostumbran a alimentarse de estos pequeños peces.

Enfrentando la pesca en una boca.

Hay tres elementos estructurales que deben enfrentarse en la pesca en una boca, ya sea embarcado o vadeando desde la orilla. En primer lugar está la misma corriente del río entrante. Se da una especie de extensión del río en las aguas del lago, cuando la corriente mantiene parte de su intensidad incluso entrando en las aguas del lago. Esto invita a trabajar esta sección en forma similar a como se enfrente un río. Puede ser con una línea flotante y pescar con imitaciones de organismos presentes en la corriente del río. Simplemente se presenta la mosca en la corriente principal y se la deja derivar hasta que haya entrado tranquilamente en aguas más tranquilas en la boca del lago. En muchos casos las truchas permanecen en la región intermedia, donde tienen cierta profundidad que las protege y están muy atentas a los organismos que entran por medio de la corriente, ya sean insectos inmaduros sumergidos o adultos de los mismo, flotando en la superficie. La estrategia específica para enfrentar este tipo de pesca depende directamente de las condiciones del río, ya que si se da, por ejemplo, una eclosión en el curso de agua, estos insectos serán arrastrados hasta el lago donde los esperan los hambrientos peces.


En muchos lagos, las bocas que se encargan de ingresar agua también acarrean mucho sedimento, el cual se va acumulando a la entrada del río. Esta acumulación termina formando una plataforma -- conocida como barra -- que en realidad da la oportunidad a que numerosas especies de insectos se establezcan en estos lugares, con la opción de tener mejor alimento. Por tanto, los peces saben de la presencia masiva de insectos en esta zona y la frecuentan para obtener su comida. Para el pescador que vadea para pescar estas secciones, existe una recomendación importante de seguridad: es necesario caminar con precaución por la barra, particularmente si no se tiene una clara visión de sus límites. El corte a lo profundo es empinado y el vadeador incauto puede caerse con mucha facilidad. Siempre conviene mantener distancia y caminar con precaución, particularmente si no se ve el corte. 

 

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Patrones de Atracción
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Pescando de Orilla
Cuando el Viento Arrecia
Las Profundidades de un Lago
Lagos Cordilleranos
Capas para Flotar en Lagos
Aguas Quietas en Ríos
Pescando entre los Juncos

Luego de la corriente, viene la barra. El tamaño y extensión de ésta dependerá de la cantidad de sedimentos que el río arrastre. En extensión, la barra puede llegar a superar ampliamente el rango de acción de la corriente del afluente. Dependiendo de la profundidad de ésta, es posible enfrentarla con una línea flotante y moscas de pequeño tamaño, o bien con alguna línea de punta de hundimiento.

Finalmente, la barra usualmente no termina en un declive gradual, sino que se produce un corte hacia la profundidad. Es aquí donde los peces de mayor tamaño estarán parapetados, ya que la profundidad del lago les brinda seguridad, a la vez que la proliferación de vida y actividad en la barra les ofrece una fuente de alimento a aquellos incautos nadadores - ya sean pequeños peces o insectos inmaduros - que se acercan peligrosamente al borde de la barra. En esta situación, si el objetivo son peces grandes, una línea de punta de hundimiento o de hundimiento uniforme son la opción, con un corto-mediano líder, y un streamer o una ninfa de buen tamaño. La idea es lanzar semiparalelo al corte y recoger el patrón en forma similar al nado de alguno de estas incautas de los grandes habitantes del lago.

En resumen, las opciones que brinda la boca de un lago puede ciertamente superar las que puede ofrecer el río mismo. También, da la opción de pescar en un lago, usualmente sin la necesidad de contar con una embarcación. Finalmente, es una opción definitivamente productiva cuando las condiciones de oxigenación y temperatura en el lago mantienen a las truchas (sensibles a ambos factores) muy incómodas en otros lugares, encontrando el confort necesario en la entrada de agua a este cuerpo de agua silenciosa.

 


Rodrigo Sandoval es un pescador con mosca originario de Santiago, Chile, que ha dedicado innumerables jornadas al estudio de los cuerpos lacustres.

Se puede contactar a Rodrigo Sandoval en rsandova@riosysenderos.com



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