Por los parlantes suena el llamado final a embarcar. Nuestro grupo de cuatro toma los bolsos de mano y caminamos hacia nuestros asientos en el avión que nos llevará de vuelta a Santiago. Mientras vemos por las ventanas las llanuras de Balmaceda, donde se ubica el aeropuerto principal de la austral Región de Aysén, rápidamente algunos hacen cálculos para lograr calificar cuantitativamente nuestra estadía de sólo 3 días en la región.
Preparando el viajeLa gestación de este viaje tomó un par de años. En realidad tomó el tiempo que nos llevó conocer a la gente de Ardillas Lodge y en particular a su principal anfitrión, Rodolfo Quiros. Habiéndose inaugurado a fines del 2001, el Lodge recién llevaba funcionando unas pocas temporadas. Pero sin duda, los años transcurridos desde entonces logran madurar una operación al punto de poder prácticamente garantizar una calidad de pesca envidiable a nivel mundial.
Por nuestra parte, varios años antes que eso apareció en nuestros mapas trucheros la zona de Cerro Castillo, en la Región de Aysén. Esta porción de la Patagonia, dominada en el paisaje por el macizo montañoso de Cerro Castillo, imponente como el más famoso, pero no por eso más impactante Macizo del Paine (Torres del Paine), se enclava en el valle recorrido por el Río Ibáñez. Su puerta de entrada, Villa Cerro Castillo emerge en los últimos años como un destino para aventureros excursionistas y montañistas. En sus cercanías, una infinidad de lagos de diferentes tamaños, hoy también se destacan como un destino mundial para la pesca de marrones. Eso ya lo sabíamos de antes. En ocasiones anteriores, entre el 2000 y el 2005, pudimos recorrer algunos de los lagos de esta zona, obteniendo en diferentes ocasiones, distintos resultados, pero siempre recordando esas combativas y agresivas marrones dispuestas a destrozar una mosca si se les pasa por delante. Ya el 2004 comenzamos a ver la posibilidad de conocer en detalle la operación que Lodge Las Ardillas estableció a orillas del lago homónimo. Finalmente, convenimos en armar este viaje para diciembre del 2006, participando todo el directorio de RiosySenderos.com: Carlos Correa, Patricio Guerra, Franco Lama, Rodrigo Sandoval y Franz Scheel, éste último el principal coordinador desde Coyhaique de esta aventura. El detalle final de este viaje se planificó con unos tres meses de anticipación. El día anterior al viaje, cada uno armó su bolso con lo que pensó sería lo principal. Todo el equipo de pesca se concentraba en cañas #4 a #8, líneas flotantes y de hundimiento, muchas moscas de gran tamaño, sabiendo que las marrones de esta zona ya adoptaron una etapa depredadora declarada, muchas veces – pero no siempre – obviando insectos abundantes, quizás demasiado pequeños para ser relevantes en su dieta. Y la ropa para la lluvia y el viento, que en esta zona, pueden ser un factor determinante. Lodge Las ArdillasEl lodge se ubica a escasamente poco más de una hora en auto desde el Aeropuerto de Balmaceda, lo que ofrece una ventaja incomparable al momento de planificar las escasas horas de un viaje de pesca de esta naturaleza. Si se viaja desde Santiago, tomando el primer vuelo de la mañana asegura que antes de almuerzo ya se puede estar luchando con una de las combativas y abundantes marrones del lago. Aún más, el lodge se ubica en la orilla del Lago Las Ardillas, lo cual permite que los pasajeros puedan disfrutar libremente de la pesca, aún cuando el programa establecido por el guía y/o el grupo, no haya comenzado.
Las Ardillas Lodge cuenta con capacidad para ocho pasajeros cómodamente instalados en piezas de a dos, las cuales cuentan con todas las comodidades necesarias para la región, partiendo por una estufa de combustión lenta por pieza que provee la calefacción en las horas del día que un pescador más las necesita. Aún más, pensado en los mosqueros, cada habitación cuenta con un pequeño vestíbulo que permite sacarse waders y botas, dejándolos convenientemente colgados e ingresar a la pieza alfombrada con mayor comodidad. Junto a esto, el área común se compone de un living o sala de estar junto a un comedor que ofrecen el tradicional ambiente acogedor de las estancias patagónicas. Complementando este ambiente, la cocina excepcional del lodge hace que la estadía se transforme en un viaje memorable.
Nos recibió Rodolfo, anfitrión y administrador del lodge. Su experiencia en deportes aventura lo ha llevado por diferentes latitudes, por lo que su atención al pasajero rápidamente permite empatizar con esta pasión por las actividades al aire libre, ya sea el esquí (en su caso) como en la pesca con mosca, hoy su segunda pasión. Junto a él estaba Claudio “Cacho” Ramos. Cacho es uno de los reconocidos guías de Coyhaique, quien tiene un conocimiento muy preciso de prácticamente toda la región. Como después pudimos comprobar, su experiencia en la zona de Cerro Castillo es tan profunda que conoce las orillas de los lagos con gran detalle y ha recorrido prácticamente todos los cuerpos de agua, tanto grandes como pequeños. Esta experiencia, a la hora de elegir la estrategia del día, hace la diferencia. De esa manera, luego de haber salido de casa temprano en la mañana, almorzábamos un excelente plato, con vista al Lago Las Ardillas, que nos albergaría por las siguientes jornadas. Pescando con Las Ardillas
Las alternativas que maneja la operación del lodge, son diversas. Incluyen ríos navegables, vadeables y lagos de diferentes magnitudes, partiendo por el lago inmediato: Las Ardillas. En las palabras de Cacho: “aquí si quieres truchas marrones grandes y peleadoras, las hay, y si quieres la pesca más simple no tan técnica, también. Todo a menos de 45 minutos en auto”. Así fue. Nuestro primer día, dedicado enteramente al Lago Las Ardillas nos permitió dos tipos de pesca. Primero, una pesca embarcada, lanzando grandes moscas secas a la orilla y la segunda, el uso de pequeñas y delicadas ninfas, lanzadas desde la orilla, entre los juncos. Una variación de esta pesca de orilla es la pesca de flats, que en esencia es ubicar visualmente a truchas recorriendo los sectores bajos en busca de alimento. Pescando marrones agresivas con secas“Si vas a Coyhaique, prueba con la “Chernobyl Ant” ¡¡No te arrepentirás!!” … repetía un amigo mosquero. “Chernobyl Ant” … ¿qué tendrá esta famosa hormiga atómica de la que todos hablan, algunos como adeptos y otros como contrarios? Pronto lo comprobaríamos.
Unas buenas sesiones de atado con algunos agregados especiales proporcionados por nuestro guía, y estábamos listos para probar los nuevos patrones en las aguas del Lago Las Ardillas.
Antes de meternos al agua, nuestro guía, “Cacho” Ramos, nos dio una rápida pero útil charla sobre cómo enfrentar la pesca de las agresivas marrones del Lago. La estrategia era clara y simple. Los patrones elegidos por él, pequeñas Chernobyl Ant y Foam Beetle, surtían efecto en esta época debido a la presencia de abundantes insectos terrestres. Estos escarabajos se congregaban en las laderas cercanas a la orilla y dado lo empinado del terreno, en forma frecuente caían al agua.
Es cosa de mirar el contorno del lago. Está completamente rodeado de cerros cubiertos de bosque nativo. Con dos entradas simples, una en cada extremo, es donde se ubican las únicas 4 casas – incluido el lodge – de todo el lago. El resto, empinados acantilados que evidencian que prácticamente todos los organismos terrestres que acostumbran habitar en estas zonas, más temprano que tarde caen al agua. Eso, las truchas lo saben bien, y como pudimos apreciar, los que conocen Las Ardillas, también. “Lanza la mosca a unos 10 cm de la orilla. La precisión es vital para poder tener buenos piques. Déjala caer cerca del borde y apunta a los sectores con troncos, rocas grandes o cualquier estructura que pueda esconder una gran marrón a la espera de comida”. Nos armamos con cañas # 5, líneas floating y líderes largos y resistentes, todos de fluorocarbono y rápidamente nos subimos al bote del guía, quien nos llevó directo al acantilado que está contiguo al lodge, por la orilla norte del lago. Así comenzamos lanzando nuestras moscas con precisión hacia el borde de las irregulares orillas, muchas de ellas con ramas, troncos semihundidos y juncos. Y la acción no se hizo esperar. Apenas 10 minutos de haber subido al bote, la primera trucha – una de las escasas arcoiris del lago – se lanzó contra el insecto flotante. Durante esta primera sesión, en varias ocasiones, apenas la mosca tocaba el agua, una trucha subía a atraparla, y para ello había que estar muy atento y clavar en el momento oportuno; en otras, esperábamos algunos segundos y, si no había respuesta, efectuábamos un nuevo lanzamiento a un lugar distinto.
No fueron pocas las picadas que se gatillaron dándole pequeños tirones a la mosca. Resultó realmente increíble comprobar la violencia con que las truchas atacaban las Chernobyl Ant y las imitaciones de escarabajos.
Pocas veces habíamos visto truchas tan voraces y peleadoras, y en tal cantidad. Así fue como logramos atrapar muchísimas truchas … y todas con seca. La clave fue la técnica y patrones sugeridos, y junto con eso, el preciso conocimiento del guía de cada uno de los rincones del lago. No todas las orillas son igualmente productivas, por lo que la presencia de quien sabe dónde hay sectores con más estructura, con orillas irregulares, bordes más empinados y simplemente, más truchas, es uno de los factores clave para el éxito de la jornada. Pescando desde la orillaOtra dimensión de la pesca en el lago es la pesca de orilla, vadeando. En el Lago Las Ardillas esta posibilidad se da en pocos sectores, precisamente por lo empinado de las laderas que lo rodean. Pero en estas zonas, infinidad de juncos, sectores bajos, bahías y troncos sumergidos, ofrecen diversas oportunidades de truchas marrones en cacería de pequeños invertebrados acuáticos. Estas condiciones nos plantearon un nuevo cambio dentro de los clásicos paradigmas de la pesca en lagos. En muchas ocasiones que se enfrenta una laguna o un lago lo primero que se nos viene a la mente, es utilizar grandes streamers o imitaciones de odonatos. Por lo general se comienza con líneas de hundimiento, para luego pasar a la floating, pero siempre utilizando los mismos patrones.
Al hacer esto, estamos dejando de lado un mundo de oportunidades, de poder obtener lindas piezas, pues muchas veces las truchas, se están alimentando de pequeñas “Midges” o “Mayflies” y sólo nos damos cuenta de esta posibilidad cuando nos tomamos el tiempo necesario para analizar la situación y tratar de interpretar lo mejor posible el comportamiento que las truchas están teniendo en un momento determinado. En cuanto nos pusimos a observar el lago, nos dimos cuenta de la cantidad de truchas que se estaban alimentando, era bastante fácil observarlas cerca de la orilla. Todas tenían un desplazamiento muy definido. Mientras se trasladaban, lo hacían suavemente, casi como acechando a una presa, y al momento de finalizar su recorrido se movían bruscamente en forma zigzagueante. Siguiendo la estrategia de pesca de las orillas escarpadas, utilizando grandes moscas secas, probamos varios lances a truchas que podíamos ver perfectamente. Aún con lanzamientos precisos y a la vez delicados, siempre pasaba lo mismo: las truchas iban en dirección de la mosca, pero justo antes de tomarla se detenían y regresaban a su posición inicial y en su trayecto paraban para seguir alimentándose, siempre bajo la película del agua. Estaba claro, que la solución no era poner patrones que imitaran adultos – Imagos o Subimagos – o atractores en la superficie, sino que la cosa estaba por debajo de la superficie, es decir, se estaban alimentando de ninfas.
De nuestro grupo, Patricio recordó algunas experiencias vividas en pequeñas lagunas cordilleranas y seleccionó un patrón pequeño no superior al #16, con características similares a la Callibaetis – Mayfly del tipo nadadora, perteneciente a la familia de las Baetidae y presente en todos nuestros lagos –, cola de gallo de león, cuerpo de cola de faisán, Bead Head para el tórax y la caja alar de CDC, además justo antes de la unión entre el leader y el tippet agregó un “split shot” de tamaño mediano para lograr profundidad con mayor facilidad y luego hacer emerger la mosca de una manera muy natural. A los pocos minutos divisó la trucha que tenia como objetivo y lanzó la imitación, dando tiempo a que la mosca se hundiera y luego recoger lentamente, teniendo la caña levantada y utilizando la técnica “Hand-Twist Retrieve” para recobrar la mosca. Esto permite mantener un buen control de la línea y evitar tirones indeseados.
Con la claridad del agua, fue fácil ver como una marrón venía siguiendo la mosca. Ante el asombro de Patricio, la atrapó y explotó con un fuerte tirón. Casi simultáneamente, Franco hacía su parte con una linda arcoiris utilizando la misma estrategia. Rodolfo, que los acompañaba de cerca con la cámara, decía en tono de broma y alegría “momento, momento, no les puedo sacar las fotos a los dos al mismo tiempo”, dejando así de manifiesto la efectividad de la técnica y la abundancia de truchas dispuestas a atacar nuestras imitaciones.
Pescando en aguas bajasLa pesca de orilla en Lago Las Ardillas nos tenía reservada una derivada especial y aún más emocionante. Temprano en la mañana del segundo día, cuando el viento brillaba por su ausencia y antes del desayuno, Rodrigo y Carlos fueron los primeros en avistar truchas alimentándose en la orilla a escasos metros del Lodge. Ambos sin waders, rápidamente Carlos tomó su caña y Rodrigo su cámara, para lograr con éxito graficar una de las pescas más entretenidas y desafiantes que un mosquero pueda experimentar. La pesca a la vista. Lentamente Carlos se acercó a la orilla, y manteniendo un perfil bajo, hizo su primer lanzamiento siguiendo las indicaciones de Rodrigo, que se encontraba en el otro extremo de la orilla donde era posible ver la trucha con mayor claridad. “Lánzale unos dos metros a la derecha de la punta de rama que se asoma”. El objetivo cambió de rumbo, obligando a Carlos a hacer un segundo lanzamiento, el cual tampoco logró llamar la atención del pez, el cual nadaba en forma paralela a unos dos o tres metros de distancia. “Dale un pequeño tirón” le susurró Rodrigo. Inmediatamente la trucha se percató del potencial bocado. En los pocos segundos que le tomó llegar hasta la mosca, que parecieron una eternidad, se sumaron los breves instantes en que finalmente abrió la boca y gentilmente engulló la mosca, como todos pudimos apreciar. Acto seguido, se desató una feroz pelea, que fue presenciada por todo el grupo y fotografiada por Rodrigo, culminando con la foto del trofeo, rápida devolución y una caminata de apenas 15 metros para sentarnos a tomar desayuno en el comedor. A continuación, la secuencia de fotos.
Las historias de sight fishing del Lodge Las Ardillas predecían la realidad. Nos habían contado de esta posibilidad y de cómo los mosqueros que habían visitado el lodge habían disfrutado de esta oportunidad, llevándose los recuerdos más imborrables. Según nos confirmó Rodolfo, la pesca visual se da con mayor frecuencia durante los meses estivales, es decir, desde mediados de diciembre hasta febrero, que es cuando las condiciones climáticas y biológicas del lago, facilitan este comportamiento de las truchas en sectores bajos y la posibilidad de avistarlas con mayor facilidad. Después de disfrutar del desayuno, y siguiendo las instrucciones de Rodolfo, continuamos recorriendo diferentes sectores cercanos al lodge. En muchas ocasiones, no fuimos capaces de verlas oportunamente y antes que tuviéramos la oportunidad de lanzar, ya habían desaparecido entre los juncos. Pero ese aspecto, hacía la búsqueda mucho más excitante, obligándonos a invertir minutos observando con atención antes de seguir avanzando. En una oportunidad, Franco divisó algo que parecía ser como una mancha naranja, quieta a unos 30 centímetros de la orilla. Estaba con dudas por si era tronco o trucha, pero al primer lanzamiento pude presenciar como “la mancha” se tragaba la Chernobyl Ant. Mientras liberaba a esta hermosa fario, con sorpresa pudimos ver otra trucha, que a pesar de la lucha, no se movió de su lugar. En este caso fue Rodrigo el más cercano y quien presentó delicadamente una mosca a distancia prudente y con la misma suerte logró capturarla. No podíamos creer la gran calidad de la pesca que estábamos teniendo. Otros destinosLa pesca que maneja el Lodge incluye otros varios lagos de la zona de Cerro Castillo, así como la oportunidad de pescar algunos ríos, e incluso flotarlos, como es el caso del Río Manso. En nuestra visita, la pesca en este último resultó desafiante, no por la selectividad de las truchas, sino que principalmente por el viento reinante, que en este valle, puede llegar a ser un factor relevante, en especial, para los mosqueros con poca técnica de lanzamiento. Por otro lado, el clima de la zona siempre ofrece sorpresas. Durante la temporada se da que del orden de la mitad de los días cuentan con clima favorable, es decir, cielos medianamente despejados y vientos menores o ausentes, por lo que la probabilidad de buenas condiciones aumenta durante los meses de enero y febrero. Colores y Diseños en Marrón (y Arcoiris)Los lagos y ríos de la zona están mayormente poblados de truchas marrones o farios. Estas provienen de siembras realizadas hace varias décadas y en estas aguas encontraron un hábitat ideal, donde se desarrollaron en abundancia y en grandes tamaños. En algunos cuerpos de agua se encuentran algunas pocas truchas arcoiris y en aún menor proporción, especies nativas como el puye y la percatrucha, aunque hoy en día esto se da más bien en pequeñas lagunas aisladas que escaparon de la mano de la siembra de salmonídeos. Como todo pescador con experiencia sabe, los diseños y coloridos de las truchas marrones son tan variados como los estilos visuales de los seres humanos. Aquí una muestra de las truchas que vimos estos días en los lagos de Cerro Castillo.
Trofeos imborrablesPor nuestra parte, decidimos visitar algunos de los lagos de menor tamaño de la zona. Fue así como llegamos al lago denominado “De Los Chanchos”. Es uno de esos lagos que cualquiera podría ignorar al verlo a la distancia. No es muy grande ni muestra demasiada estructura del estilo de Las Ardillas. Pero los guías locales lo conocen bien. Su nombre popularmente asignado, es reflejo de lo que espera en él.
Fue así, como tres de nuestro grupo fuimos junto a Rodolfo a flotar el lago. Un camino secundario bastante complicado y cerrado con candado, sumado a una caminata de unos 100 metros por un mallín con float tubes a cuestas, nos dejó con el desafío de cruzar una franja de 5 metros de densos juncos, para finalmente abrir sus aguas a los mosqueros que lo visitamos. El viento era parte del desafío también, pero la promesa de trofeos nos mantuvo firmes, recibiendo intensas ráfagas por la espalda, mientras manteníamos con nuestras piernas la posición para lanzar hacia los juncos. El primer indicio del tipo de truchas que buscábamos fue la selección de patrones, influida directamente por los guías. Streamers de tamaño enorme evidenciaban que nuestro objetivo eran marrones que ya no se alimentaban de insectos en forma frecuente, ya que éstos no ofrecían el aporte nutritivo necesario para sus tamaños. En este caso, se trataba de marrones que habían entrado en su etapa cazadora-depredadora. Se alimentaban de organismos de mayor tamaño, que incluyen otros peces, e incluso polluelos de aves y ratones. Cada uno de nosotros utilizó la caña de mayor número que traía, dada la recomendación de tener al menos una #6 o #7. Junto a ella, un carrete de freno de disco, con bastante backing y una línea de hundimiento. “Para el tippet, no te pongas tímido: si tienes 0X, ideal”, fueron las palabras de Rodolfo que coronaron la preparación. Luego de flotar y luchar contra el viento por unos 30 minutos, Franco anotó la primera picada. Esta trucha no sólo dio clases de fuerza al sacarle 20 metros de backing en cada carrera, sino que además demostró estar llena de energía al saltar fuera del agua al menos una diez veces en los 20 a 30 minutos que le tomó acercarla a su float tube.
No hay palabras para describir este tipo de pelea, llena de adrenalina, tanto para el pez, como para el mosquero. Finalmente, con dificultad en la maniobra final, Franco la levantó orgulloso para la foto.
Pero Carlos no se quedó atrás, y ante las risas de Rodolfo y Rodrigo, tanto él como Franco con su trucha compartieron minutos en que las cañas se doblaban, posiblemente al máximo ángulo que el fabricante recomendaba. Así, Carlos también levantó orgulloso su trofeo.
Al poco haber guardado la cámara de fotos, Rodrigo tuvo su oportunidad también, cuando una marrón decidió atacar su streamer. La pelea resultó otra nueva versión del tira y afloja que los otros habían vivido algunos minutos antes, y finalmente, con similar dificultad, logró posar para la foto con este trofeo imborrable.
El regreso al lodge, a la hora de almuerzo, no sólo venía cargado con estos recuerdos, sino que con la promesa de más horas de pesca en alguno de los lagos o ríos cercanos al lodge y más oportunidades de perseguir a alguna de las maravillosas marrones de la región. EpílogoFinalmente, las experiencias de pesca de aquellos días fueron alternando entre jornadas embarcadas, lanzándole escarabajos a las truchas de las orillas acantiladas de Las Ardillas, lanzando también delicadas ninfas a las truchas de los sectores bajos, y las historias de tantos otros lugares que no visitamos en esos días y que también mantienen su cuota de historias épicas de luchas con trofeos marrones, de aquellos que se pensaba que ya no quedaban a estas alturas de la historia. Como punto central de todas estas aventuras, con Rodolfo Quiros a la cabeza y guías como el gran Claudio Ramos, el Lodge Las Ardillas se plantea como el destino perfecto para una Nueva Aventura Patagónica, tras las mundialmente famosas Marrones de Cerro Castillo. Staff RiosySenderos.com Participaron en esta aventura tras las marrones de Las Ardillas:
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