Si bien es cierto que la pesca con mosca no puede ser considerada un deporte extremo, hay que reconocer que existen algunos eventos asociados a ella que son inherentemente riesgosos. Una de las situaciones más complejas a las que nos vemos enfrentados, por el impacto familiar, psicológico e incluso económico, son las compras de equipo de pesca nuevo. Esta actividad, que ocupa la atención del pescador con mosca cuando la temporada está cerrada y que aumenta cuando sólo quedan escasas semanas para el inicio de una nueva, reviste insospechados peligros. En el plano familiar, la llegada a casa después de la oficina con un par de bolsas con el logotipo de alguna tienda de pesca, o con un sospechoso “tubito” largo y delgado, es capaz de provocar en la mujer de un pescador reacciones casi tan serias como las que se producen al descubrir lápiz labial en el cuello de la camisa, cabellos femeninos de otro color en la chaqueta o cualquier boleta sospechosa por concepto de “servicios turísticos u hotelería”. En el plano psicológico, el daño también puede ser considerable. Un pescador “maltratado” puede tener graves bajas en su autoestima, llegando incluso a extremos como desórdenes de estrés post traumáticos, depresiones y el temido Síndrome del Mandilón (aquel infeliz sometido crónicamente por su mujer, para el cual aun no se ha descubierto cura.) En el plano económico, los efectos suelen ser muy variables, dependiendo de la fuerza de voluntad y capacidad de enfoque del pescador. Por lo general, el presupuesto familiar nunca se ve afectado por la compra misma de cañas, carretes o waders, sino más bien por las desmedidas compensaciones forzadas que las mujeres imponen como inmerecido castigo. Viajes extraordinarios, costosos fines de semana, tratamientos de belleza, ropa cara, el enésimo par de zapatos negros e incluso cirugías plásticas suelen ser el injusto precio que se debe pagar por adquirir algo de equipo nuevo. Entendiendo el origen del problemaSin aventurarnos a entrar en la profundidad de la sicología femenina, basta decir que el riesgo involucrado en esta faceta de la pesca tiene su origen en la incapacidad estructural de nuestras mujeres de comprender aquellas verdades indiscutibles para los pescadores, que como todo dogma de fe no pueden explicarse sino sólo aceptarse. Algunas de éstas son:
Manejando el problemaPara comenzar, reconozcamos un hecho fundamental que, aunque doloroso, es vital para el manejo de estos episodios y, en general, para la vida en pareja exitosa: LA MUJER MANDA EN LA CASA, aunque seamos nosotros los que trabajemos para llevar el sustento. Lamento ser tan descarnado y directo… pero así es. Mientras antes nos demos cuenta de ello y adoptemos estrategias eficaces para manejar esta realidad, mayor será nuestra probabilidad de evitar que nos reten y de tener una vida familiar satisfaciente. Pero atención, no quiero que me malinterpreten. No se trata de ser macabeos ni arrastrados; me refiero a estrategias de manejo INTELIGENTES, de ésas que nos dejan con la paz interior que brinda sabernos en control de la situación, pero entregando la iniciativa a las féminas y haciéndoles creer que nos dominan. Qué hacerSi usted es de los afortunados que aun maneja sus finanzas personales en forma independiente y su mujer no sabe cuánto gana ni le ha impuesto una cuenta bancaria bipersonal, entonces ¡Felicitaciones! Tiene un gran camino ya avanzado y puede prestar atención a estas recomendaciones generales:
Lo que definitivamente NO se debe hacer
Si a pesar de todo, usted aun sale descubierto, entonces sea valiente y asuma como hombrecito. Pida a su mujer hablar “más ratito” del tema y prepare su ánimo para el sermón. (Decir algo así como “Vuelvo al tiro, que estoy que me hago”, siempre resulta para conseguir esos valiosos minutos en la soledad del baño y preparar alguna estrategia para salvar el pellejo.) Esté listo para negociar, recuerde el “fondo de emergencias” dispuesto para estos casos. Sea positivo, estas habilidades se desarrollan con el tiempo. La próxima pre-temporada lo hará mejor. Medite sobre sus errores y haga las correcciones necesarias. Pero por sobre todo, NUNCA prometa que no lo volverá a hacer. La honestidad es un valor importante. Mal que mal, el próximo año podría estar en las mismas, ¿cierto? |
Paul Schulz L. |
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