Pescando en la Patagonia de Aysén - Luis Flores

Pescando en la Patagonia de Aysén

Hacía ya 14 años que había dejado la región de Aysén y recordaba con nostalgia la belleza de su geografía y la bondad de sus gentes. Soñaba con volver a respirar el aire fresco y puro, pescar en sus prístinas aguas, y sentir esa sensación inigualable de tener una trucha enganchada en el otro extremo de la línea. Me puse de acuerdo con mi entrañable amigo y profesor de este exquisito arte, el Dr. Marcelo Ríos Matatall, para pasar parte de las vacaciones pescando en la región. Elegimos entonces la primera quincena de febrero.

Desembarcar en el aeropuerto de Balmaceda y conectarme con la intensidad de la naturaleza patagónica fue ya una experiencia gratificante, y a cada minuto que pasaba aumentaban mis deseos de ir a pescar.

Después de acomodarme en casa de mi anfitrión partimos a nuestra primera excursión. Era una tarde soleada, calurosa, con una brisa moderada, que auguraba una hermosa tarde. Marcelo eligió un lago para el estreno de las vacaciones, y apenas hubimos ordenado todos los aperos partimos rápidamente. En una hora estábamos embarcados cruzando el lago hacia nuestro destino, una bahía protegida del viento, de poca gradiente. Hermosa e ideal para tentar a las arcoiris de sus profundidades con una mosca seca al caer la tarde.

Desembarcamos y elegimos entonces el lugar en que suponíamos debía ser el mejor para cobrar los mejores ejemplares. Haciendo caso omiso de las instrucciones de mi maestro de pesca en orden a usar una intermedia, me decidí por hacer lo que más me gusta: mi línea floating con un líder de 9 pies y un poco más de un metro más de tippets terminando en 4x, con una Cabeza de liebre, lastrada, en anzuelo 14, en mi vieja caña Orvis Nº 7. Marcelo estaba ya tomando una estratégica ubicación un poco más hacia el oriente y hacia el centro de la bahía. Antes de partir decidimos apostar lo tradicional en nuestras salidas: quien pesca la primera trucha gana el derecho a ser invitado a una buena y refrescante cerveza a la vuelta en Coyhaique, antes de comer. El recordar esta tradición de dos buenos amigos no hacía más que aumentar mi ilusión de sentir el primer ansiado tirón de una trucha, no por la cerveza, sino por la necesidad de practicar este deporte apasionante, y además junto a un buen compañero. Comencé a sacar línea del carrete para hacer mi primer lanzamiento, observando el agua y tratando de imaginar donde se escondía ese ansiado primer ejemplar para mi primera aventura en más de cinco años. La inactividad ya me estaba pasando la cuenta, ya que había demorado una eternidad en unir los tippets y en anudar la mosca. Mis ojos ya no son lo mismo que hace unos años, y me negaba a ponerme los correspondientes anteojos de lectura. Orgullo dicen que es eso. Mi profesor ya estaba con el agua hasta más arriba de las rodillas y haciendo su perfeccionado cast en esos instantes.

Saqué unos pocos metros de línea y excitadamente comencé con mi cast, y nuevamente la inactividad me traicionó, ya que me sentí incómodo con mi chaqueta de pesca al moverme y aborté el lanzamiento, cayendo la punta de la línea apenas unos 10 metros por delante y la mosca no mucho más allá.

Mientras tanto Marcelo estaba en plena actividad y segundos más tarde había una poderosa arcoiris peleando en su línea intermedia de su caña Winston Nº 6. Hermosa trucha de 40 cm. que dio una brillante batalla.

Ya sabíamos quién era el que pagaba las cervezas.

Me acomodé la chaqueta y la red en la espalda nuevamente y comencé a recoger la línea para volver a lanzar, observando hacia adonde debía dirigir mi lanzamiento para cobrar la primera trucha. Pero, casi instantáneamente después de comenzar a recoger sentí ese esperado tirón, y la línea cobró vida con inusitada rapidez. La primera carrera arrancó toda la línea que quedaba en el carrete, y después de varias arrancadas parecidas, con unos magníficos y acrobáticos saltos incluidos, pude meter en la red a una hermosa, magnífica y gorda hembra arcoiris de poco más de 50 cm.

Poco más allá Marcelo ya peleaba con una segunda trucha, similar a la primera, y brillante en su combate. Las risas y felicitaciones iban y venían, en una manifestación de franca alegría por el reencuentro después de tantos años, haciendo lo que a ambos más nos gusta hacer: pescar con mosca.

La tarde transcurrió con singular éxito, especialmente para Marcelo con su línea intermedia y sus imitaciones de gammarus.
Ya al atardecer comenzamos a probar con mosca seca. Había actividad en el lago y se podía ver de vez en cuando saltando unos bonitos ejemplares. ¡Qué precioso paisaje de quietud roto por el voraz salto de una arcoiris comiendo! Singular éxito tuvimos con la Adams Parachute, en anzuelos 14 y 16, ya cuando se distinguían las luces de las cabañas en la orilla del lago y nuestras pupilas estaban dilatadas al máximo ya que el sol se había extinguido hacía largo rato.

Cerca de la medianoche y ya de vuelta en la ciudad, satisfechos ambos, pagué las cervezas que me correspondían y pronto comimos y conversamos largamente, celebrando íntimamente mi reencuentro con mi amigo y profesor, con una región entrañable y con las truchas que tanto quiero y respeto. Antes de terminar de comer ya estábamos planificando la aventura del día siguiente.


Luis es originario de Coyhaique, habiendo emigrado más hacia el Norte hace muchos años. Por ello, tiene un especial cariño por la región, siempre deseando volver para disfrutar de una nueva jornada en aguas patagónicas.


Copyright 1999 - 2005 RiosySenderos.com  ®
El nombre "RiosySenderos.com" y su logo
son marca registrada de Ríos y Senderos S.A.

Chile Hecho en CHILE
por el Web Team de RiosySenderos.com

Página optimizada para resolución de pantalla 1024x768