Pescando el Río Azopardo - Joshua Lazarus

Alentado por la posibilidad de pescar truchas del tamaño de un salmón junto a mi caña de mosca, acepté con gusto la invitación para explorar y pescar el Río Azopardo, situado en la remota región chilena de Tierra del Fuego. "Descubre el río durante una semana, regresa y cuéntanos todo sobre él", me señaló Rick Kline, amigo avecindado en Chile por largo tiempo. Lo medité con alegría, a medida que miraba fijamente las hileras de retorcidos coihues que recubrían las riberas del río, y depositaba mi streamer de grandes ojos plomados en la corriente del mismo. Hoy, el viento había cesado; sólo pequeñas nubes, montañas con formas de torreones, y un cielo azul, permanecían.

Dos semanas previas y junto al biólogo Patricio Cáceres, nos habíamos sentado casi acurrucados bajo arbustos de calafate, protegiéndonos de los amargos viento y lluvia de Tierra del Fuego. Una semana previa, había contemplado con dolor y enfermedad, cómo Cáceres cobraba gracias a su equipo de spinning, una marrón sea-run tras otra, mientras yo, me desgranaba junto a mi caña de mosca en el viento y la lluvia. No obstante festivas y coloridas, las truchas sea-run de arroyo que yo pescaba, representaban sólo un pequeño consuelo para el show que Patricio y su caña de spinning brindaban.

Determinado a establecer mi récord, vadeé río adentro, y un largo lanzamiento en dirección a un tronco hundido, situó mi mosca a buena profundidad en el curso, el que fluía con fuerza. Recogí frenéticamente a medida que la mosca anaranjada corría hacia mi posición. Ésta, de pronto, se detuvo. Convencido de que se trataba de un nuevo tronco, tiré de la misma con inusitada fuerza. Sorpresivamente, el tronco se tornó plata y cromo, iniciando brincos mortales cercanos a los dos pies fuera del agua. Impactado, grité tan fuerte como mis pulmones lo permitieron. Un pez se encontraba al final de mi línea. Diez minutos y cuatro arrancadas más tarde, una marrón de ocho libras se encontraba a mis pies. Comenzaba a conocer el río.

Río Azopardo

Durante febrero y marzo de 1999, pesqué, exploré y dibujé mapas de la remota región del Río Azopardo, para Ivette Martínez y Julio Contreras de Turismo Cordillera Darwin, en Punta Arenas. Con aproximadamente 12 kilómetros de largo, el río se ubica al interior del cordón montañoso de la Cordillera de Darwin, al extremo sur de Chile y en la Isla de Tierra del Fuego. Alimentado por el Lago Fagnano, el mayor en dicha isla, el Río Azopardo corre hacia el oeste a través de la base de la escarpada cordillera de granito, vaciando su flujo en el Seno Almirantazgo, uno de los brazos del Estrecho de Magallanes. Sin ser un desconocido para aventureros del pasado, fue el geógrafo y explorador italiano, sacerdote católico Alberto de Agostini, uno de los primeros en documentar la zona a comienzos del presente siglo. Mucha atención se ha puesto en las grandes marrones del Río Grande, situado en las pampas barridas por el fuerte viento. Sin embargo, tanto la pesca como las aisladas características del Azopardo, son únicas en toda la región.

En su tramo más ancho, el Azopardo alcanza aproximadamente las 100 yardas, mientras paradojalmente, en su punto más angosto, no llega a sobrepasar las 5 yardas. El río puede dividirse en tres secciones muy disímiles entre sí: la inferior y más ancha y que vacía el cauce en el Seno Almirantazgo, posee un lecho cubierto por pasto, toda ésta, estructura a la que se ha dado el nombre de pozones; la sección intermedia, que con numerosos rápidos, se enangosta a través de un empinado cañón delineado por árboles, y que termina en una pequeña cascada; a contar de este punto y río arriba, la sección superior comienza a ensancharse, hasta llegar a la boca del Lago Fagnano. El río se mueve velozmente; la rápida caída a lo largo de las murallas del cañón de la Cordillera de Darwin, generan una fuerte corriente en algunos sectores de su curso. Todas las secciones, sin embargo, ofrecen truchas, siendo la inferior, la más productiva.

En lengua mapuche, coihue se traduce como "lugar de aguas". Tal como el nombre del árbol austral señala, los márgenes del río se encuentran rodeados por ciénagas, con gran cantidad de húmedos musgos esfagnáceos de color óxido, e incrustados con grandes y acojinadas plantas del tamaño del coral. Pequeñas flores amarillas y bayas del tamaño de una perla, salpican entre tremedales y arbustos con formas de bonsai. El río es también alimentado por numerosos arroyos de origen glaciar, así como por vertientes que brotan de entre murallones de piedra. Altos y vetustos árboles de lenga y coihue encajonan su recorrido, creando un hábitat perfecto para grandes carpinteros, zorros, guanacos y castores.

Aún cuando claramente demarcado en mapas turísticos chilenos y argentinos, alcanzar el río no es bajo ningún pretexto una tarea fácil. Navegar a través del Estrecho de Magallanes para acceder a éste, toma uno y medio día, en tanto, un viaje a caballo y luego a pie, desde el poblado de Vicuña, tarda no menos de 3 días. En mi segundo viaje, volé al área en una pequeña avioneta, lo que significó tan sólo 40 minutos. Planes para mejorar la pista de aterrizaje en el lugar, se encuentran hoy en progreso.

No obstante la alternativa que Ud. escoja, cualquier esfuerzo por alcanzar el lugar vale la pena. ¡La pesca fue fantástica! Cobré numerosas marrones, trucha de arroyo, y ocasionales arcoiris o steelhead. El tamaño de las especies varió entre dos a diez libras, dependiendo de las características de la escuela de peces en el río, en determinado momento. Disfruté con las mejores horas de pesca durante la mañana, entre 9:00 y 11:00 AM, como así también durante la tarde, entre 5:00 y 9:00 PM. Utilicé una caña de 9 pies # 8 y de acción rápida, junto a un shooting taper de 200 grains, o bien una línea sinking tip, junto a cortos leaders. Encontré que la técnica más efectiva consistía en ubicar un pozón profundo, presentar la mosca por sobre éste, y esperar que el artificial se hundiera a buena profundidad en la fuerte corriente, para luego recoger a la cuadra del río, o bien, río arriba. Muchas veces tuve piques en el llamado swing. Empleé casi exclusivamente wet flies y streamers.

Patrones del Azopardo

Antes de mi visita a Chile, intenté indagar por información respecto del río y sus condiciones, en toda el área cercana a mi hogar, en la bahía de San Francisco, California. Incluso en aquella comunidad de recorridos viajeros no me fue posible encontrar a alguien que hubiere pescado previamente en la zona. Sin saber qué esperar, y sin la más remota idea de si el río sostenía una población de peces, comencé utilizando la estándar y oliva Wolly Bugger, la que me brindó un éxito sólo marginal. Sólo después de que desarrollé un pesado y brillante attractor, que llamé Caleta María Special, obtuve una acción consistente. Luego de haber descubierto peces en la sección inferior del río y posteriormente a nuestro viaje al Lago Fagnano junto a Patricio, procedí a pescar en solitario, dejando temprano cada mañana nuestra cabaña ubicada en el seno, para gradualmente y día a día, recorrer el curso río arriba. Regularmente regresé con dificultad y cansancio a través del campo cubierto por espinudos arbustos de calafate, tarde en la noche, y luego de largos días de pesca en el río.

Nuestra investigación de las truchas en desove reveló estómagos vacíos, no obstante encontrar algunos circunstanciales pedazos de pasto y pequeñas piedrecillas. El río demostró tener un carácter algo ácido, sin ofrecer por lo tanto un buen alimento en la forma de insectos con desarrollo acuático. Observé algunas eclosiones de caddis color negro, sin embargo, nada en cantidades que pudieran considerarse apreciables.

Al igual que el resto de Tierra del Fuego, las condiciones climáticas en el Azopardo son variables, pudiendo cambiar rápidamente. Febrero fue el mes lluvioso, mientras marzo se ofreció increíblemente soleado, con niveles de agua en el río, considerablemente más bajos. Luego de la salida del sol, el viento por lo general hizo su aparición, con ráfagas levantándose desde el fiordo. Rodeado por bosques, el río se encuentra, por lo general, protegido de las rachas de viento.

Desde la ventana posterior de nuestra cabaña podíamos apreciar el azul hielo del Glaciar Jackson. Motivados por una vista más cercana, efectuamos una excursión de cuatro días a las cercanías del glaciar y aledaña Bahía Jackson. Junto a un curioso cóndor y una malhumorada foca, patrulleros del paso a la cercana costa, encontré agresivas truchas de arroyo sea-run, promediando una a dos libras de peso. Los peces se congregaban 20 yardas río arriba de la boca del río que vaciaba su cauce en el fiordo.

Un día cercano a fines de marzo, cuando secos frutos de calafate caían de los arbustos, decidí efectuar un ascenso por la nevada cordillera, hasta la cima del Monte Hope. Deseaba disfrutar con la vista de las montañas, valle y río. Desde este privilegiado punto, pude percatarme de la deforestación y tala del sector que se extendía al sur del Azopardo, llevada a cabo por el aserradero Marcou Corp., el que se ubicaba en la base del seno, hace aproximadamente treinta años atrás. Los aserradores tuvieron al menos, algo de sentido común, al mantener intacta una línea de árboles a lo largo de todo el curso del río. No obstante ello, hoy sólo calafates y pastizales cubren el valle barrido por el viento. En la actualidad, existe un proyecto forestal propuesto por la corporación Trillium en el sector norte del río, así como una carretera cuya construcción se encuentra a cargo del CMT (Cuerpo Militar del Trabajo), exactamente a través de la Cordillera de Darwin, uniendo el Canal de Beagle con el resto de Chile. Si el desarrollo es algo similar a la nortina Carretera Austral, las condiciones ecológicas futuras podrían sufrir pequeñas alteraciones.

Le sugiero pesque en el área, tan pronto como cuando le sea posible.


Ésta es la primera colaboración de Joshua Lazarus, quien es un norteamericano que ha venido a Chile paar explorar sus maravillas más remotas.

Joshua es ubicable en:
jslazarus@yahoo.com



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