
Fue hace algunos años. Recuerdo nítidamente la invitación que me extendiera mi hoy buen amigo Bartolomé. En aquellos días nos conocíamos poco. Habíamos entablado conversación sólo en ocasionales encuentros al interior de nuestra favorita tienda de pesca con mosca. Hoy la recordamos con nostalgia. Al correr de un día, Bartolomé, me comentó que con su padre y unos amigos de éste, visitarían el sábado siguiente un río cercano. Luego me extendió una amable invitación para ser de la partida, la que acepté gustoso. Así, el sábado y de madrugada, emprendíamos viaje rumbo al sitio de pesca. El padre de Bartolomé y los amigos del primero, eran todos avezados pescadores, pero de "ferretería", práctica que yo había abandonado desde hacía años. Valga hacer notar que tenían un vivo interés por conocer las artes de la pesca con mosca. Bartolomé, en tanto, daba sus primeros pasos en esto. Mi interés era verlo accionar en terreno, para así poder entregarle algunos consejos que le ayudaran a mejorar su recién aprendida técnica de lanzamiento. Deseaba asimismo, ampliar sus conocimientos. Siempre me ha sido grato compartir mi experiencia con otros pescadores que se inician en la pesca con mosca. Llegamos temprano a destino, y tan pronto descendimos de los vehículos que nos transportaban, iniciamos la faena de armado de equipos. Livianos éstos, por tratarse de un río pequeño de la Zona Central de Chile; igualmente liviano nuestro atuendo, pues nos encontrábamos en diciembre y el día prometía estar caluroso. Y así, iniciamos junto a Bartolomé nuestra aproximación al río, conversando animadamente y expectantes por la posibilidad de pesca. Al arribar al curso, observamos cómo éste corría un tanto turbio. Era, sin embargo, absolutamente abordable. Bartolomé se acercó y me enseñó su caja con moscas. Contenía una extraña selección de patrones. Era comprensible tal diversidad y folklore, puesto que ésta era su primera salida con estas artes. Con esa picardía que nos caracteriza a la mayoría de quienes estamos en la mosca, le sugerí atar un patrón poco conocido de wet fly, el que estaba seguro, no daría resultado en tales aguas -- ¡y muy probablemente en ninguna otra! Mi "jugarreta" tenía en el fondo un sentido didáctico. Intentaba que Bartolomé se esforzara al máximo en la captura de una trucha, y asimismo, razonara del por qué no la obtenía, intentando finalmente y por su cuenta, solucionar dicho dilema. Deseaba, además, verlo "castear" mientras observaba cómo enfrentaba al río y sus dificultades. Por mi parte, y al extremo de mi tippet, até una de mis ninfas favoritas, la que había diseñado un corto tiempo atrás. Me atrevo a señalar diseñado, por cuanto no la he encontrado en libro alguno. Creo, es mi creación y, por tanto, objeto del presente artículo. Nos dedicamos junto a Bartolomé a enfrentar el río, subiendo por el cauce de éste, el que presentaba pocas dificultades. A poco andar, accedimos a los primeros lugares de pesca. Cedí a mi compañero la iniciativa. Pude entonces observarlo en el casting, permitiéndome hacerle algunas correcciones que le ayudarían a mejorar su estilo. Dejé que presentara de manera recurrente aquel patrón en la disímil estructura de aguas. Luego de repetidos e infructuosos intentos, Bartolomé señaló con desazón, "Parece que no hay nada...". A lo que respondí, "Eh... ¿Puedo castear yo con mi caña?". Y así fue como en un segundo intento, una vigorosa trucha café de unos 30 cms. de largo, luchaba por liberar de su quijada mi mosca, brincando frente a las narices de mi amigo, quien no cabía en su asombro. Transcurrieron luego dos horas, durante las que el aprendiz utilizó aquella folklórica agrupación de patrones, junto a extrañas artimañas, resabio de sus años en "ferretería". Su resultado, sin embargo, fue tan magro como el atado de aquellas extrañas moscas. Mientras, y a mi haber, unas 7 a 8 truchas habían sido liberadas. En un momento de descanso, conversamos de las opuestas suertes que nos favorecían. Fue sólo entonces cuando tomé desde mi caja una de mis ninfas, y le señalé, "¿Por qué no cambias tu mosca y pruebas con ésta... ?" Bartolomé accedió. Y así, reanudamos la marcha, para encontrarnos frente a un hermoso y profundo pozón, en el que le sugerí probar suerte. Mayúscula fue su sorpresa cuando luego de la primera "presentación", la línea se tensó por la oposición de una hermosa y tenaz trucha café. Tan pronto me miró, entendió el por qué de su anterior mala racha. Entre risas, irrumpió con una larga verborrea, para terminar señalando, "¡Me tuviste dos horas con una mosca inútil!". Riendo a carcajadas, le respondí que con ello deseaba ayudarle a dilucidar una respuesta al río y sus interrogantes. Bartolomé, ahora entre risas, me recriminaba. Sin embargo, con el correr del tiempo, me ha confesado que nunca olvidará ese día en el que bañó por largas horas, "moscas inútiles".
¿Cómo atar esta productiva mosca? La Ninfa del Rocín (una efectiva imitación de Ephemeroptera en su estado ninfal)
Paso 1 Disponga correcta y firmemente el anzuelo en la prensa de atado. Comience el embarrilado del anzuelo con el hilo, dirigiendo el mismo hacia donde atará la cola de la mosca. Proceda con el atado de esta última. La misma no debe exceder de 1/3 del largo del llamado "shank" del anzuelo (o recta del anzuelo). Proceda a colocar el alambre de plomo en la zona del tórax, lastrando su mosca, y asegure el mismo atándolo con el hilo que utiliza. Paso 2 Ate donde se inicia la cola de la mosca, un trozo de tinsel dorado, un hackle castellano/grizzly, y las fibras de faisán, en ese orden y respectivamente. Es importante atar estas últimas fibras desde su extremo más delgado, de tal forma de no agregar volumen en exceso al abdomen de la mosca en su parte posterior. Al girar tales fibras sobre el "shank" del anzuelo y en dirección al ojo de éste, las mismas darán mayor volumen y una adecuada forma, al abdomen del patrón que confecciona. Es también materia a considerar, el orden en que ata los materiales. Una útil regla sugiere que el material que se ubica por sobre otro, se amarre primero. Motivo de lo anterior, es que debe atar inicialmente tinsel, luego hackle, y finalmente las fibras de faisán. Paso 3 Para dar forma al abdomen, gire las fibras de faisán sobre el cuerpo del anzuelo, en dirección al ojo de éste. Recuerde mantener las proporciones: abdomen 2/3, y tórax 1/3 aproximadamente, respecto del largo total de esta ninfa. Asegure el material y corte el excedente. Repita la operación con la pluma de hackle castellano/grizzly, teniendo la precaución de hacerlo de manera diagonal y espaciada. Tal cual como se efectúa en la popular y conocida Woolly Bugger. Asegure el hackle en el mismo punto en que se ubica el faisán que ya cerró, y corte el exceso a ras. Finalmente haga lo propio con el tinsel. Con ello, logrará afirmar aún mejor el hackle sobre el anzuelo y los materiales bajo éste dispuestos. Paso 4 Corte el hackle que se encuentra sobre el abdomen, casi horizontal al "shank" del anzuelo, con una pequeña pendiente hacia la cola del patrón, y a una distancia de 2 a 3 mm. del abdomen, de tal forma de dar forma a las agallas o "gills" de la mosca. Paso 5 Para formar el tórax, ate un manojo de fibras de faisán en la parte superior del "shank", donde finaliza el abdomen de la mosca y se inicia su tórax, las que darán forma a la cubierta alar o "wing case". Luego, ate un hackle castellano/grizzly, en un costado del anzuelo, y a la misma "altura" respecto de cola y cabeza, de donde previamente ató las fibras de faisán ya descritas. Proceda a formar el tórax de la mosca, agregando pelos de la máscara de liebre, en el proceso regular de formación de "dubbing" sobre un hilo. Esto es, tome pequeñas cantidades del mismo en una de sus manos, y dispóngalas sobre el hilo, rotando éstas de manera reiterada, y en un mismo sentido. Agregue tanto como sea necesario, guardando la salvedad de que es preferible menor cantidad de "dubbing" y mayores vueltas de hilo para formar el tórax, a un proceso de "dubbing" grueso y burdo. Gire aquel hilo con "dubbing" ya formado, sobre el tórax que confecciona. Una vez finalizado el proceso señalado, tome el hackle castellano/grizzly y dé con éste dos a tres vueltas sobre el formado tórax, en dirección hacia el ojo del anzuelo. Con ello dará forma a las patas del insecto que imita. Asegure y corte a ras el hackle sobrante.
Proceda ahora a cortar a nivel y ras, aquel hackle que se ubica en la parte superior del tórax. Tome las fibras de faisán que previamente ató, llévelas en dirección al ojo del anzuelo, y ate las mismas cerca de éste, cortando el exceso de ellas. Tenga la precaución al efectuar este proceso, de que éstas no giren en torno al anzuelo. Paso 6 Cubra con hilo, las fibras de faisán sobrantes y proceda a formar la cabeza de la mosca, la que deberá ser delgada y fina. Agregue cemento, espere su secado, y... ¡mosca al agua! ¡Suerte! |
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