Agosto 23 de 1999 - 23:59 horas
A sólo 1 hora de iniciar el día de mi viaje a Belice y luego EE.UU., la verdad es que
me es difícil conciliar el sueño. Me he sentado en el notebook --- que me
acompañará durante el viaje -- decidido a redactar unas líneas.
Recién he terminado de empacar mi gran y amplio bolso. Un gran bolso negro llamado
"black hole" se inserta en el primero, aún más grande. Abajo, lo que
usaré en días fríos y con viento en Oregon y Montana. Arriba, lo que abusaré en
Belice. Altas temperaturas me obligan a ropa liviana, aunque las camisas deben ser de
manga larga. Cuando el sol pega, lo hace fuerte. Me acompañan factores 30 y más de
algún bronceador. Y shorts para cuando la piel ya esté acostumbrada, si es que alguna
vez lo está. Hoy escuché por las noticias de un huracán en Centro América...
Observo mi gran caja de moscas de mar, cuyos colores y extrañas formas asemejan vedettes.
Ahí están... una gran variedad de Crazy Charlies, Lefty's Deceivers, Cockroachs,
Merkin's Crabs, Clouser's Minnows y un sinfín de patrones extrañísimos. No
me acostumbro a estas vistas. Colores, formas y texturas, son ajenas a todo lo conocido.
¡Chocantes!
Esto parece un viaje a la luna. No recuerdo un viaje con tantos y tantos detalles. Son
más de cinco tipos distintos de aguas las que pescaré en casi 30 días. Algunas de
ellas, notablemente disímiles a las otras. La planificación me ha quitado el aliento por
semanas. Debo reconocerlo. ¡Y también el billón de cañas, carretes y líneas distintas
que llevo!
Han pasado 10 minutos desde que comencé estas líneas... Ya tengo sueño... ¡y más
de diez e-mails que responder!
Agosto 24 de 1999 - 09:50 horas
Amanecí como de costumbre previo a un viaje... me come la angustia. Hoy corro. Visito
a mis hijas y algunos buenos amigos. Anoche estuvieron Rodrigo y Patricio, mis dos GRANDES
amigos, de visita en la noche por estos lares. Rodrigo junto a su maravillosa hija
Javiera. Con Pato departimos unos buenos sandwiches alemanes en el München.
Debo comprar dólares.
Un e-mail de mi gran amigo y futuro compañero de aventuras en Belice, Don Muelrath, me
anticipa que el clima en Miami, punto de conexión, se presenta con riesgo de...
¡huracán! Ya empiezo a planear un vuelo a Dallas, si es que el que sale a Belice vía
Miami no resulta. Ya veremos. Así son los viajes. Las sorpresas nunca acaban.
Marillion toca y toca Easter, Afraid of Sunlight, y unas serie de
otros temas en mi notebook. Me lo llevo de viaje. Necesito un CD Rom para mi
música y mis contactos. Y para reportearles a todos los amigos de Ríos y Senderos.
Tengo un pie en el avión... ¡ojalá suba el otro!
Hasta algunos días más. El yate en Belice no tiene teléfono, así es que intentaré
contactarme en alguna aldea o pueblo que visitemos... ¡Si lo hacemos será por un
huracán! Cañas, carretes, líneas y estrafalarias moscas adornan y pintan mis bolsos...
Pronto lo serán los inolvidables atardeceres lavanda y rosa en Belice.
Agosto 24 de 1999 - 15:30 horas
Acabo de recibir el llamado de mi amigo Germán, quien me pregunta si estoy loco o algo
por el estilo... "Pablo... ¡Tus pasajes son para el 25 y no para hoy!...".
Acabo de asimilarlo...
Lo que resta del día descansaré. Creo...hace falta...
Agosto 25 de 1999 - 8:45 horas
Mi hija Francisca estará toda la mañana conmigo. ¡Que alegría! En la tarde estaré
con mi hija Claudia.
Ahora arranco a comprar los últimos regalos para llevar y a despedirme de este gris y
oscuro, aunque con sol, Santiago. Junto a algunos buenos rollos de Fujichrome Velvia.
Espero disparar muchas fotos para Ríos y Senderos. También espero, poner hoy, mis pies
en el avión.
Creo que Vagabundo y Patricio Brown Trout desean "descansar" de mí por
algún tiempo... Así me lo han hecho saber en jocosos correos electrónicos. A la vuelta
preparan un asado en el campo. Será entretenido poder compartir.
Agosto 26 de 1999 - 12:45 horas de Belice
Me encuentro sentado en el único restaurant del aeropuerto de Belice: "The
Pride of Belize". Hace exactamente 1 hora y 15 minutos aterrizó el vuelo AA 2103
que me trajo desde Miami, Florida. La humedad sobrepasa todo lo que haya conocido, no
obstante encontrarse parcial, en tanto el restaurant no ofrece más de 20 mesas, que
forradas en madera plástica, hacen honor al pequeño aeropuerto. Un típico belicino --
al más puro estilo reggae -- luciendo trenzas de aspecto sucio y mal olientes,
bajo un multicolor gorro tejido, vomita garabatos y quejas en el bar. Su lenguaje es
inentendible. El "creole", no obstante provenir del inglés, pone a
prueba a cualquiera, incluso al más avezado.

Los vinos chilenos que me acompañan en el equipaje de mano -- escogí "La Joya"
-- han causado expectación entre muchos -- aduana incluida -- quienes me han preguntado
con insistencia de dónde provienen. Ante la palabra Chile, la respuesta recurrente ha
sido... "¡Excelentes!". Me he sorprendido con lo conocido que han llegado a ser
nuestros mostos, casi tanto como con mi compañero de asiento en el vuelo, quien luego de
"hacer inmigración" me ofreció comprarlos. ¿Mi respuesta? No.
La llegada a Miami fue de madrugada, y debo confesar, con cansancio acumulado. El vuelo
fue agradable. Finalmente logré conseguir mis Patagonia Marlwalkers. Aquellas
botas de wading diseñadas para vadear los flats del caribe, y sin las que
simplemente no podría descender de los llamados "skiffs" --
embarcaciones usadas en la búsqueda de bonefish, tarpon y por supuesto, permit,
este último, nuestro objetivo central en el viaje a los cayos al sur de Belize City.
El aeropuerto es pequeño, tal vez 1/4 del tamaño de "El Tepual" en
Puerto Montt, y creo, a veces inseguro. Tal como me lo habían anticipado. Espero la
llegada de Don Muelrath junto al grupo que lo acompaña. Aquí seremos recogidos y
llevados a la Ciudad de Belice, cuya población congrega un 25 % del total de la
población de Belice, la que no supera los 230.000 habitantes. El aterrizaje fue hermoso.
Gran cantidad de aguas color esmeralda afloraban por doquier, como así también,
manglares y canales, junto al Río Belice, que corre sólo a metros de la única pista con
que cuenta el terminal. En su sección media y alta, este es puro y hermoso. En la
sección baja, aquella que corre por entre la ciudad, su aspecto es sucio y maloliente, no
obstante pintoresco. Asemeja aquellos canales de países del Asia, donde botes de pesca y
comerciantes, a viva voz intentan la venta de su captura.
Shorts y ropa liviana son aquí la norma. La gran y embobante humedad los demandan. Las
cervezas Belikin -- rubias y negras -- son excelentes -- ¡y aliviadoras de la
deshidratación que arrasa! Similares a la popular y mexicana Corona, pero algo
más amargas y con mejor sabor. Amoy es mi mesera. De tez morena, grandes ojos
negros, y finas facciones para lo que es la norma del lugar, se sorprende cuando le
señalo que escribo un artículo. El aeropuerto es cosmopolita: diferentes tipos raciales
aparecen y desaparecen entre la muchedumbre. Amoy es simpática y simple. Me
explica que el cambio es 2 x 1. Esto es, dos dólares belicinos por uno norteamericano.
Una Belikin entonces, cuesta US$ 2.50. ¡Nada de barato! Billetes y monedas llevan
impresa la imagen de Queen Elizabeth II. Es que Belice era protectorado británico
y obtuvo su independencia en 1981. Hoy, no obstante autónomo, sigue siendo parte del
llamado Commonwealth, quien a menudo protege a este pequeño país de los afanes
expansionistas de Guatemala y, por qué no decirlo también, México. Fronteras naturales.
Amoy me pregunta de dónde provengo. A mi respuesta de Chile, dibuja una gran
signo de interrogación en sus facciones. Mi explicación la deja aún más perpleja.
"Waya doin' her mon?", es la pregunta que sigue. La vista del tubo porta-cañas
le da una respuesta inmediata, "Ah! Bonefishin' uh?" Le explico que se trata de
un viaje de exploración, donde la pesca de permit es nuestro "focus".
Más escribir algunos artículos. "I see mon. Nice job ya huv. Lucky mon." Mi
mesera viste un ajustada y negra falda, junto a una blanca polera que contrasta con su tez
y destaca sus grandes pechos. El reggae suena estridente tras el bar. Ya llevo 1
hora sentado aquí y el restaurant ha rotado todo su público.
El arribo a Belice muestra manglares y tupida selva. Encantan.
Agosto 26 de 1999 - 15:30 horas
Luego de un primer vuelo de Continental Airlines que me confunde, arriba un
segundo, desde el que aparecen, mi buen amigo Don Muelrath -- gracias a quien visito este
paraíso verde -- y Mark Helbing, operador de un conocido fly shop en Napa, California.
Don, como de costumbre, esboza su gran sonrisa y genial sentido del humor. Mark va a la
siga y no se amilana. De personalidad extrovertida y bordeando los 50. Varias veces en
campeonatos de lanzamiento que sólo hablan de su notable casting. Es además un gran
atador de moscas. Chistes y carcajadas afloran de inmediato.
Martin McCoy, capitán del Meca y uno de los guías, asoma y nos recibe. De 1.70 mts.
de estatura, tez mulata y una conjugación de facciones latinas, europeas y africanas, se
muestra ganoso y alegre. Así lo será durante todo el viaje.
Una van sin aire acondicionado y que conduce Martin a buena velocidad, nos transporta a
nuestro puerto de embarque. Gran cantidad de bolsos y equipaje nos acompañan. La
conducción en Ciudad de Belice es tan o más temible que la del Gran Santiago. Una breve
detención en "Brodies", pequeño pero surtido supermercado belicino, nos
ayuda a surtirnos de licores, snacks y buenos habanos cubanos. Desde este lugar,
manuscribo una postal a mis queridas hijas en Chile, al dorso de arrecifes de coral sobre
un océano esmeralda y transparente, junto a otra para Vagabundo y Patricio
Brown Trout.
Agosto 26 de 1999 - 19:30 horas
Luego de 1 hora y 30 minutos de plácida navegación a bordo del "Meca",
a través de la Bahía de Belice y rumbo sur este, nos encontramos fondeados, a buen
abrigo de vientos e inclemencias del tiempo, en Robinson Point. Nuestra primera
ancla nos trae como sorpresa una buena nube de pequeños y negros mosquitos (los llamados no-see-ums),
por lo que Martin decide cambiar el fondeo a uno que se encuentre algo más alejado de los
manglares del lugar. El nuevo sitio de abrigo da sus frutos.
Una serie de pequeños canales por entre islotes cubiertos por manglares rojos, negros
y blancos, nos circundan. Los cielos ofrecen un azul intenso y penetrante, el que
contrasta con verdes, esmeraldas e infinitos matices de azul del océano, junto a nubes,
que amenazantes en ocasiones y por lo general adosadas al continente, sobresalen en
blancos, grises, y rosas. Rayos y relámpagos brillan en la oscuridad, y nos circundan a
lo lejos y en el continente.
Fue Jacques Cousteau quien décadas atrás exhibió al mundo entero, varias de
las bellezas de Belice. Su foco principal fueron los arrecifes de coral, y la flora y
fauna marina que en ellos habita. No por casualidad Belice cuenta con la cuarta barrera de
arrecifes de coral más extensa del planeta, cuyo largo total supera los 250 kilómetros.
La belleza de Belice es, sin embargo, mucho más que ello. Más de 70 diferentes especies
de multicolores orquídeas se encuentran en el país, así como el mayor número de ruinas
Mayas de las que se tenga conocimiento -- algunas de las cuales aún se siguen
descubriendo entre la húmeda y densa selva. Numerosas especies de flora y fauna, pueblan
sus territorio y mar, cuyo detalle y descripción podría formar parte de innumerables
enciclopedias del tema.
Agosto 26 de 1999 - 21:00 horas
Una amena tertulia se desarrolla en cubierta luego de la cena, junto a una cerveza, o
un helado ron con lima. La temperatura y humedad son elevadas. Muy elevadas. Martin McCord
es el capitán y a su vez guía jefe. Serio y preocupado del más mínimo detalle, su
personalidad denota un profesionalismo a toda prueba. Casado con Meca, brasileña
que da origen al nombre de nuestra nave, Martin tiene dos pequeños hijos que de seguro
extraña tanto como yo a mis queridas Claudia y Francisca. Dieciséis años guiando en los
flats y mangroves de Belice son el aval con que contamos.
Dean Myers es el otro guía. Su sentido del humor y sonrisa son incomparables. Con un
excelente físico, Dean es también casado y con un hijo pequeño. Su trayectoria como
guía se remonta a seis años, habiendo, al igual que Martin, trabajado en lodges del
sector y la también nave madre Cristina.
Carlos Navarrete es nuestro chef. Soltero y algo más parco que ambos, su español es
perfecto. Su padre es originario de Belice, en tanto su madre mexicana. Sorprende la
habilidad de sus manos en la cocina, las que en esta noche nos han ofrecido un fantástico
grupper frito, junto a ensaladas y acompañamientos de gourmet. Es que
Martin no amilana esfuerzos en brindar una cocina de excelencia. Y Carlos lo consigue.
Mark posee fama por sus ronquidos, así es que un par de buenos tapones 3M para mis
oídos serán compañeros inseparables durante toda la travesía. El sueño pesa.
Agosto 27 de 1999 - 5:30 horas
Una amanecida en tonos lavanda y rosa me lleva a cubierta para disparar fotos al por
doquier. Carlos se me une, iniciando una amena conversación en español -- mexicano y
chileno diría -- sobre religión, matrimonio y familia. Los aspectos culturales de Belice
me llaman la atención. Nuestro fondeo está a sólo metros de donde se librara la última
batalla naval entre españoles e ingleses por el dominio de estas tierras hace ya más de
un siglo. Gran cantidad de galeones y antiguas embarcaciones yacen sumergidas a gran
cantidad de brazas, siendo sueño y fantasía de muchos busca tesoros, en el pasado y aún
en el presente. Gran cantidad de fábulas se han plasmado en textos y bocas de muchos al
respecto.
Agosto 27 de 1999 - 7:45 AM
Nos embarcamos junto a Don y Dean en nuestro skiff. Han transcurrido 2 horas sin
ver nada. Me pregunto si siempre será tan difícil. La posición de ready-to-go en
cubierta del skiff, es aquí la clave. De pies abiertos, con gran cantidad de
línea en la misma, mosca en la mano izquierda y caña sostenida en la diestra lista para
la acción, a veces se permanece horas de pie, en busca de las ansiadas colas o tailing
permit, o bien de la llamada nervous water, o "aguas nerviosas".
Estas últimas, en extremo difíciles de distinguir para un neófito en aguas saladas del
Caribe como yo. Me tomaría dos días el poder reconocerlas. Tiempo corto -- según Martin
y Dean -- comparado con lo habitual para clientes novatos en esta agua. Tal vez mi
condición de guía ayude. Así lo creo.
Uso pantalones largos y ventilados, y una camisa de manga larga especialmente diseñada
para el Caribe. Ex-Officio ha desarrollado productos de alta calidad, los que aquí se
aprecian en toda su magnitud. El calor me consume y lo mismo hace la humedad. Capas y más
capas de protector solar factor treinta, bañan mi cara, brazos, manos y pies. Mi
transpiración la lava, por lo que cada dos horas debo reaplicar la misma. No recuerdo
haber utilizado tanto factor solar en mi vida. No hacerlo sería liquidar mi viaje desde
la partida. Las quemaduras debido al sol pueden aquí causar estragos. Y dolor
insoportable e imposible de superar por días.
Rodeamos uno de los manglares, donde una blanca playa de arena blanca junto a una
vivienda liviana y la correspondiente hamaca, se muestran al azul y esmeralda de las aguas
de Belice.
"Permit! Permit! Permit!... Pablo", son los gritos de Dean, quien luego
apunta en voz baja, "Ready to go mon?"
"Yes Dean. Ready. Tell me where", respondo.
"OK Pablo. You'ra good caste' mon so beat tha shit of thet sucker mon! Eleven
thirty Pablo and 80 feet. Long cast Pablo. Yu good on that mon. Cast it 3 feet to the
right and strip slowly. Very slowly. Go! Go! Go!", replica Dean. Don observa con
adrenalina al máximo y excitado de sobremanera. Sus más de 15 años pescando en aguas de
Belice, no terminan de excitarlo cada vez que observa tailing permit.
Mi cast es perfecto. No he enredado la línea que se ubicaba a mis pies y en cubierta.
Me sorprendo. Es mi primer cast a un permit y en el Caribe. La cola se distingue
con facilidad. El contraste de luz es perfecto y el día soleado en extremo. El paisaje
indescriptible. Voy comprendiendo poco a poco, día a día, por qué tantos se enamoran
del Caribe y su pesca. De su gente, su cultura y la flora y fauna que los rodea. De la
magia que aquí brota por donde se mire.
Don me grita con excitación de niño, "Hey Pablo! Watch out! It's following it!
It's following it! Set the hook! You got it! You gooooooooooooooot it"
Clavo como me han enseñado. Esto es, tirando de mi línea bruscamente, manteniendo mi
caña # 10/11 en posición horizontal. Hacerlo llevando la caña arriba -- como en la
pesca de truchas -- significaría perder el ejemplar. La técnica de clavada de truchas
sólo se aplica con bonefish. Lamentablemente el permit rehusa a último minuto, y
gracias a mi intento de clavada, se espanta y nada a gran velocidad rumbo a las
profundidades, las que alcanza en segundos.
"Fuck! Fuck! Damn it! I thought you had it on Pablo. I fucked it all up Pablo. I
am sorry", acota Don, desconsolado. Su error, merced a la excitación, ha provocado
el que esta oportunidad no haya sido más que eso. Una oportunidad.
Dean me ayuda fotografiando mi caja de moscas de mar para el Caribe.
Es mediodía y el turno de Don en proa y cubierta. Aparecen Leopard Rays, Spotted
Rays y Stingrays. Son hermosas y suaves. Delicadas en su navegar, el que a veces
combinan con acrobáticos planeos sobre la superficie y estruendosas salpicadas. Ayudo a
Don estirando la línea que deberá castear. Es el inevitable y recurrente proceso que se
debe practicar cada vez que se regresa a cubierta para el ready-to-go. Aparece un
Manatí a metros del bote, y no logro enganchar mi cámara para fotografiarlo. Primera vez
que observo uno en la vida real. Simplemente sorprendente. Belice es un paraíso de vida
silvestre y animal.
"Don... Go! Go! Over the head coral!", apunta Dean sorprendiéndonos.
"Fifty feet and ten o'clock. Wa'are close to tha fish Don, so ya bette watch
out", continúa.
Don efectúa un cast perfecto y un grupper aparece previo al permit,
ganando a este último la oportunidad de tomar la Merkin Crab, junto con
entregarnos un gran sinsabor. Don se lamenta y así también Dean, quien luego de varias
horas junto a la pértiga y la técnica del poling, nos lleva de regreso al Meca
para el almuerzo. Son la 1:30 PM y el lunch consiste en deliciosos tacos
vegetarianos junto a un bread pudding. Poco vino chileno queda en nuestra
despensa... por lo que la siesta se prolonga por 1 y media hora. El aire acondicionado de
nuestras habitaciones, nos devuelve a la vida.
Agosto 27 de 1999 - 4:00 PM
Mitch Allen arriba finalmente al Meca. Con 25 años, se desempeña como
guía de pesca con mosca en el Three Rivers Ranch, ubicado en Ashton, Idaho -
EE.UU. Los impredecibles cambios de Continental Airlines lo retuvieron la pasada
noche en Las Vegas, sin poder conectar con el vuelo de Taca, que era la opción
alternativa para llegar a Belice. Delgado y de 1.78 mts. de estatura, me sorprenderá en
días siguientes su extraordinario casting. Sencillo y ameno, entrabamos conversación de
inmediato sobre Chile. Visitará nuestro país el próximo verano chileno, para guiar en El
Saltamontes Lodge de José Ignacio Gorroño.
Agosto 27 de 1999 - 4:47 PM
Junto a Mark y Martin, las emprendemos hacia los flats. Vamos por permit
y nada. Luego por tarpon y... ¡nada! Para estos últimos, Mark me presta su Sage
# 12 junto a un hermoso carrete Billy Pate que guarda un línea de... ¡650 grains!
La caña es horrible de pesada, y castear esta línea... ¡es casi como lanzar una chispa
unida a una delicada caña número 3! Son los atardeceres el momento ideal y propicio para
observar rolling tarpons, esto es, tarpon -- sábalos -- que suben a la
superficie para agregar aire a sus vejigas natatorias. Hábito particular y específico de
esta hermosa y enorme especie, y que les permite vivir en aguas con un bajísimo contenido
de oxígeno y escaso, por ende, movimiento. Los diferentes canales junto a manglares -- mangroves,
que en ocasiones parecen verdaderas piscinas estáticas por la carencia de algún viento.
Los mosquitos cercanos a los mangroves nos comen fuerte, por lo que abortamos el
día de pesca y regresamos para disfrutar de un Cohiba -- puros cubanos que hemos
adquirido en Belice porque en EE.UU. se encuentran prohibidos merced a su origen.
Agosto 27 de 1999 - 7:38 PM
Nuestra cena se desarrolla con una amena tertulia que versa sobre los permit que junto
a Don y durante la mañana observamos. Shrimp with Cream Sauce y un Red Chilean
Cabernet Sauvignon -- que Mark aplaude cada vez que lo lleva a su paladar -- engalanan
la velada. Don cuenta historias pasadas de Belice y efectúa la cuenta de permits
vistos en escuelas, tailing, los casts efectuados y las rehusadas.
Al borde del agotamiento, caigo en mi cama como una roca. Son las 8:45 PM. Creo...
Agosto 28 de 1999 - 5:30 AM
Nuevamente fotografío la amanecida. Casi tan sorprendentes, y a veces más, que los
atardeceres. Medito sobre cubierta de las maravillas de Belice y su encanto. Siento que me
he enamorado del país, su belleza y gente. Su cultura. La magia que los envuelve.
Agosto 28 de 1999 - 7:00 AM
Un desordenado desayuno de tostadas y tacos, rodea a un extenso preparativo para el
día. Cañas, carretes y moscas, líneas y flats booties, rodean el ambiente. Y una
expectativa confiada en la suerte de este día. Carcajadas con mis imitaciones de Dean,
Martin y Don, se muestran boca de todos. Un salud por un gran nuevo día nos acompaña. Al
igual que en el anterior, los cielos se encuentran despejados y con vagas nubes, no
obstante encontrarse el cordón montañoso de baja altura en el continente, cubierto de
nubes que a veces, particularmente durante el atardecer y noche, muestran vestigios de una
tormenta tropical. Relámpagos, truenos y rayos al por doquier, han sido compañeros de la
travesía en dicho horario, y lo serán durante el resto del viaje. Cada noche contaremos
con flashes fotográficos en el horizonte, no obstante no haber conocido lo que era un
día nublado, la lluvia ni el viento.
Agosto 28 de 1999 - 10:10 AM
"You got it! You got it! You got it!", son mis gritos mientras abrazo a un
Mark que ha cobrado el primer permit de nuestro viaje. Dean grita en la popa del skiff,
mientras nos ofrece una deliciosa y helada cerveza Belikin para celebrar el
acontecimiento.
Una escuela de aproximadamente diez permit que se enontraban tailing,
más la pericia de Dean, permitieron a Mark la victoria. Seguimos en los alrededores de Robinson
Point. El permit es sin embargo, muy pequeño, con no más de 8 libras de peso.
No obstante ello, el acontecimiento amerita la celebración. Es que no existe nada más
difícil en la pesca con mosca, que la captura de un permit. Las razones son
diversas y variadas. Las más importantes, la facilidad con que estos peces escuchan a
distancia, la sorprendente vista que poseen, la gran dificultad en saber distinguir donde
se mueven -- no se debe castear sobre ellos, sino en dirección a dónde se dirigen, y
adivinarlo resulta casi siempre, una incógnita -- y el poder determinar el patrón
adecuado para la ocasión, y finalmente, la gran dificultad en poder cobrar el ejemplar,
en atención a sus largas carreras, muchas de ellas por entre corales de afiladas puntas
que representan una elevada posibilidad de corte del tippet y/o leader.
¡Mark lo ha conseguido! ¡Brindo por ello junto a Dean y el ejecutante! ¡Bingo!
Disparo fotografías al primer permit que he visto en mi vida. Hermoso y
distinguido. De finas proporciones y hermosísimos colores. Ovalado, con un dorso oscuro y
azul, costados plata, una gran aleta caudal, enormes ocelos, y un magnífico amarillo bajo
su vientre, reconozco que me cautiva, tanto o más que una hermosa trucha. Creo que junto
a Belice y su magia, me he enamorado de esta especie.
Minutos luego, oteo el primer gran permit, que no reacciona a mi mosca.
Estimamos su talla entre 25 a 30 libras. Oportunidad perdida. Otra más...
Algunos Leopard Sharks y Nurse Sharks, han aparecido entre los flats. Los
primeros con algún riesgo, en tallas mayores. Sobre 10 pies de envergadura. Los segundos,
en tanto, inofensivos. Regresamos a la nave madre.
Agosto 28 de 1999 - 1:32 PM
Carlos me enseña algunos términos de creole. Wata es water --
agua. Una extraordinaria sopa de tomates y sandwiches variados nos deleita. Deseamos un
almuerzo liviano para nuestro viaje a nuevo destino durante la tarde.
Agosto 28 de 1999 - 2:30 PM
Navegamos rumbo a Bluefield Range y aun no he pescado nada, tal como Don me lo
hubiera advertido previamente y meses antes del viaje. "Pablo, este puede ser un
viaje que para muchos signifique desazón y amargura. ¿Estás dispuesto a hacerlo? Te
podrías ir con las manos vacías". La respuesta es obvia. Por ello me encuentro
aquí. Me gustan los desafíos, y prefiero calidad a cantidad.
Junto a Don y el grupo, mientras navegamos a un andar de 10 nudos, conversamos de
Puyuhuapi y la operación -- unique es su expresión. Don es el Marketing
Director de la fábrica productora de cuchillos y hojas para los mismos, más grande
del planeta. Me confiesa que a fines de este año jubilará, y se dedicará por completo a
su pasión de toda una vida: la pesca con mosca. Su agencia de bookings es Sweeney's
Outdoor Adventures, la que hoy corre junto a su socio en dicha aventura, John
Sweeney. Reside en Napa, California - EE.UU. Tanto él, como su señora esposa y dos
hijos, pescan con mosca. Todos ellos han sido asiduos visitantes del Caribe y en
particular de Belice, por los últimos 15 años. Don es tal vez quien más haya recorrido
las aguas de este país, en busca de diferentes especies y nuevos destinos.
Son las 4:45 PM y Mark ha enganchado una hermosa y larga barracuda, de unos 10
kg., al trolling y con un jig. Martin desciende el andar de la embarcación,
para cobrar la misma, la que pasa a formar parte de nuestros siguientes sandwiches.
Deliciosa y de excelente textura, su carne es un verdadero manjar al paladar. Sólo los
pequeños ejemplares pueden ser, sin embargo, ingeridos. Los de talla mayor, contienen
tóxicos que pueden provocar problemas en la salud. Su aspecto es terrorífico. Con una
gran, larga y afilada boca, su velocidad bajo el agua es simplemente sorprendente. Largas
y delgadas, de color plata en toda su extensión, sus carreras a la caza de presas, hacen
que muchas veces las mismas salten sobre la superficie en variadas ocasiones. Es seguro
escuchar la expresión, "Oh! Another cuda meal fish!", luego de observar un
"splash" en la superficie del agua. Los mismos son frecuentes. La pesca
de éstas, con mosca, se efectúa mayoritariamente al trolling, o bien recogiendo
la línea con ambas manos y a gran velocidad. El uso de wire leaders es aquí
mandatorio. Lo comprobaría en días siguientes.
Agosto 28 de 1999 - 5:45 PM
Nos encontramos anclados en Bluefield Point. Un grupo de pescadores locales se
encuentra fondeado a nuestro lado. En una operación comando y luego de 10 minutos de
nuestro arribo, nos encontramos sobre los skiffs y recorriendo un largo y vasto
flat al NE de nuestra posición de ancla. Dean y Mark me acompañan.
Son las 6:00 PM. Miramos el flat y asoma un permit - "Nervous wata
mon". Nada. Nos decidimos por trolling por barracudas. Cobramos varias.
Agradezco la pericia de Dean y su gancho. De lo contrario, no sabría cómo cogerlas una
vez cobradas.
El flat es hermosísimo.
Agosto 28 de 1999 - 7:20 PM
De cena... ¡langostas! -- Crayfish Lobster with lime and cream. Mmmmm...
¡Delicioso!
Lima y Ron "Caribbean White" de Belice, nos agasajan en cubierta. Se
agota mi dotación de cigarrillos. Dean me regala una propia. No termina de sorprenderme.
Agosto 29 de 1999 - 5:30 AM
Soy nuevamente el primero en levantarme junto a Carlos.
Hoy hemos decidido extender nuestra salida de pesca hasta las 4 PM. Será una dura
prueba contra el sol, la humedad y la deshidratación. Sandwiches nos acompañan, y una
gran cantidad de líquido -- Belikin, Budweiser, y una buena variedad de
bebidas y snacks. Bebo entre 10 a 12 cervezas diarias, y sin embargo, no he sentido
los efectos del alcohol jamás. La respuesta se encuentra en la gran cantidad de sudor que
libero día a día, junto a los litros y litros de agua que ingiero. La deshidratación es
un elemento de cuidado en este medio, al igual, o tanto más, que las quemaduras de sol.
Por primera vez comparto el skiff junto a Mitch y Martin. La presencia de muchos
permit en los flats nos sorprende. Hemos sido regalados con la vista de varias
escuelas y tailing permit, de entre las que Mitch descubre una y va por ella.
Rehusan, y despavoridos, se lanzan en una satelital carrera por el azul profundo. Vendrá
mi turno. Espero.
Don dispara a lejanía, fotos de Mitch y mías en el bote. Nos agradece los colores
vivos con que vestimos, y que sin lugar a dudas, ayudan al contraste de estas fotografías
en el azul, verde y esmeralda de Belice.
Agosto 29 de 1999 - 11:27 AM
Las primeras vistas de una escuela de bonefish son anunciadas por Martin. La
escuela se nota con facilidad, casi como si el agua hirviera. Tal vez 40 o 50 bones
navegan sobre un fondo de arena blanca y fina, sobre la que se mueve al vaivén de la
ahora marea alta, gran cantidad de turtle grass. Disfruto con la vista, mientras
recuerdo con fugacidad el gran texto de Randall Kauffman "Bonefishing",
en el que describe con gran detalle la pesca y técnicas para la misma, de este hermoso y
rapidísimo ejemplar. "¡Kauffman... Leí tu libro!", grito.
"Martin, which rig should I use?", pregunto con angustia. "Help me
please!", continúo.
"Pablo. Grab your 9 weight rod. This'r big bon'fish mon. Uh! Use thi' unweighted
chartreuse Crazy Charlie. Take yur' time mon. Take yur' time. No problem wis this
fish Pablo", contesta Martin, mientras Mitch contempla asombrado, al igual que yo.
"Great chance you have Pablo now. Get'em man, so we can celebrate together".
Ato el patrón sugerido y espero instrucciones.
"OK Pablo. Now cast 70 feet and 2 o'clock. Let tha fly sink a bit and strip
slowly. Twitch. Do tha' hand twist retrieve you told ma at tha' boat. That'll work. Go!
Go! Go!", apunta Martin.
Primer cast y... ¡boom! Un hermoso bonefish de unas 5 libras ha tomado mi
patrón. Corre despavorido por entre el flat para luego huir rumbo a los mangroves.
Mi backing tiene más de 80 yardas fuera. En el agua salada de los mares de Belice.
Aún no entiendo cómo un pez de estas proporciones nada con tal rapidez.
"Now rod up! Add side presser' Pablo. Let it run mon. Let it run. Keep it out of
the coral heads! Keep it out mon! Well done Pablo. Hey ya're master on this mon! Master!
Hey!", continúa Martin, mientras mis pulsaciones crecen a tasas crecientes. Ya llevo
más de 10 minutos con carreras en alocadas direcciones. Comienzo a disfrutar la pesca en
los flats. Me bajo del bote y vadeo en el flat. Deseo disfrutar el pez
vadeando. Cobrarlo así. Sentir la salinidad, la tibiedad del agua y el turtle grass.
Y aparece un nurse shark. "Hey Martin! Shaaaaaaaaaaaaark!", grito
despavorido.
"No problem Pablo! No problem! Nurse Shark don't eat Bone. Don't
bite ya mon. Feel safe and keep playin'! Having fun uh?", sonríe Martin, mientras
sus palabras me calman.
Luego de unos 15 a 20 minutos -- quién sabe cuánto, porque aquí el tiempo se hace
interminable -- un hermoso bonefish de 5 libras está en mis manos. Sólido como
una roca, de labios rosa, y con cuerpo plateado que destella al brillo del sol, aún
mantiene fuerzas para seguir en combate. Ya es mío, sin embargo. Mitch dispara y quema
fotografías con mi Nikon. Mis nuevos Patagonia Marlwakers muestran toda su
calidad. Los disfruto mientras me muevo y vadeo en el flat, reanimando al pez, para
que su regreso a la escuela sea sin riesgos. Una barracuda o tiburón podrían fácilmente
atacarlo, si la liberación se hiciera prontamente y sin un pez completamente reanimado.
Tras 2 a 3 minutos el bonefish se une a su grupo, y junto a Martin y Mitch nos
abrazamos. Una helada Belikin corresponde en esta ocasión.
Es aquí todo nuevo para Mitch y quien escribe, pero es exactamente lo que hemos leído
por años respecto de bonefish, permit y tarpon. Y respecto de flora
y fauna del lugar. Exuberante. Gran cantidad de brain coral, red coral, y black
coral -- este último casi en extinción -- se muestran en las cercanías de este
hermoso flat. E infinitas especies marinas, que no terminan de parar mi
respiración por instantes. Frigit birds -- pájaros fragata -- vuelan sobre los
manglares. Y cormoranes negros y de pico rojo, abundan aquí, como así también,
pelícanos grises, los que en las ramas de red y black mangroves, acechan a sus
presas. Blue herons -- garzas azules -- rodean el lugar.
Mitch hace suyo un bonefish de aproximadamente 1 1/2 kilos. Luego, es mi turno.
Engancho otro, más pequeño, que pierdo por slack en mi línea. Y así se suceden
muchos más, hasta que la baja mar cambia las condiciones y perdimos las vistas de las
escuelas que oteábamos minutos atrás.
Disfrutamos con deliciosos sandwiches de barracuda, cebolla trozada y cilantro. La
barracuda es excepcional en la calidad de su carne. Sólida y blanca, posee un delicado
sabor.
Nos movemos a un gran flat. Hermoso. No corre viento y el sudor empapa mis
pantalones. Visto mis shorts y me decido a broncear mis piernas. Las vistas de tailing
permit nuevamente nos sorprenden. Llevamos seis en el día. Recuerdo las palabras de
Jim Brungardt quien me señalaba que sería muy difícil que viera siquiera uno. ¡Llevo
más de 20 vistos en el viaje!
Mis casts son largos, y en ocasiones alcanzan los 80 y más pies... Un permit sigue
mi mosca y rehusa.
Es el turno de Mitch. Usamos turnos de 30 minutos y nos ayudamos, extendiendo las
líneas las que deben estar en perfecto estado para el casting. Mantenemos las mismas en
la plataforma de proa o bien bajo ella. La posición ready-to-go es algo básico en
esta pesca.
Martin nos mueve a uno de los lugares más hermosos en que probablemente haya estado.
Un flat, de arenas blancas, aguas turquesa que contrastando con el fondo, crean un
paisaje único. Un ambiente celestial. Indescriptible. Me paralizan. Mitch exuda sorpresa
y belleza. Martin es incansable. Busca y busca. Uno tras otro box fish aparecen.
Cuadrados y de forma extraña, mueven sus aletas pectorales casi girándolas. Su vientre
es plano, y su forma, asemeja a la de una caja de zapatos. De ahí su nombre.
Estrellas de mar anaranjadas cubren el lugar. El arrecife muestra algunas olas que
revientan blancas en su orilla. Estoy extasiado por la belleza del lugar y cedo mi turno a
Mitch. Disparo y disparo fotos. El lugar es simplemente paradisíaco. Logro entender la
fascinación por la que muchos han sido cautivados en este lugar.
Regresamos a los flats del inicio. Una nueva escuela de permits aparece.
Mitch hace casts de excelencia. Uno de la escuela sigue su Merkin Crab. Disparo
fotografías con mi tele, siguiendo al ejemplar y la línea. Estamos de suerte. ¡Mitch ha
cobrado su primer permit! Con cerca de 30 libras, y un magnífico amarillo en su
bajo vientre, sigo deleitándome con esta especie. ¡Que maravilla! Estoy fuera de
fotos... ¡No lo puedo creer! ¡Putas! ¡Mierda! Justo ahora... ¡Por la cresta! En fin.
Así es la vida.
Nos acercamos a Don, quien vadea un flat fotografiando estrellas de mar y el
fondo marino. Compartimos algunos momentos en ambos skiffs. El sol y la humedad
matan, incluso a Martin. Sus pantalones no son los adecuados para el lugar. Queman...
Durante la noche le regalaré mis pantalones Amphi Ex-Officio -- es pobre y ha
realizado una gran inversión en su bote y cosas, por lo que hoy por hoy le son
inalcanzables, aunque extremadamente necesarios para no sufrir con el sol en los días de
guía.
Cubro mis piernas, brazos, cuello y cara con factor protector. Me inicié con 30 y he
bajado a 15. Debo broncearme o deberé bañarme en factor protector por el resto de los
días que restan. Apuesto al riesgo y salgo victorioso del mismo al final del día.
Las hacemos al Meca cerca de las 4 PM. Don, Mark y Dean arriban pasado 30
minutos. Han visto 17 permits, de los cuales 7 han sido tailing. No han
cobrado nada. La pesca de permit es en extremo complicada y técnica. No conozco
nada igual.
Don me propone hacer una segunda salida para hacer fotografía. Enganchamos junto a
Martin en un bote y Mitch hace lo propio en otro junto a Dean. Arreglamos algunas cañas
de trolling. Yo opto por enganchar un popper a mi # 11 G. Loomis Mega-Taper,
sin resultados. Don engancha una "Cuda", pequeña y luego un Yellowtail
Grupper hermosísimo el que fotografiamos de manera incansable. Estamos cerca del
arrecife de coral y navegamos sobre éste. El bote deriva y nos encontramos sobre el
atolón... Junto a Martin logramos salvar airosos la prueba.
Algunos Needle-Fish vuelan casi como haciendo "patitos" en el aire.
Algunos de ellos alcanzan grandes proporciones, llegando a 3 pies de envergadura según me
señalan.
Una isla con Coconut Palm Trees y un bote que navega rumbo al atolón para el
buceo, nos maravillan. Otro velero se encuentra anclado en el lugar. Es de locales en
busca de langostas -- pequeñas pero excelentes -- y de moluscos en la forma de hermosas
conchas multicolores. Las llamana "Conch". El Caribe y Belice en
particular, ofrece la variedad de colores más espectaculares de todo lo que se conozca en
la faz de esta tierra. Así lo relató Jacques Cousteau, en el que consideraba el
destino más hermoso en sus viajes; las aguas del arrecife más grande del planeta:
Belice.
Belice fue llamado hasta 1973 las Guyana Británica, y también la Honduras Británica.
Honduras, Guatemala y México han observado desde hace largo tiempo a esta pequeña y
pobre nación con gran interés.
Regresamos al bote, después de un largo y cansador día. Sin embargo, la alegría
sigue en pie. La tripulación es alegre y sencilla. Jovial. Así también mis compañeros
de bote. Creo difícil haber encontrado una tripulación más afiatada y grata. La comida
es excelente. Unos plátanos fritos simplemente me trastornan. También una ensalada de
arroz y porotos negros.
En la cubierta, Mitch intenta con un spinning rod por alguna barracuda.
Quién sabe si tuvo éxito... Es tarde... ¡Son las 8:15 PM! Y duermo como niño. Ha sido
un día largo y cansador. Agotador.
Agosto 30 de 1999 - 5:30 AM
Soy nuevamente el primero junto a Carlos. Me encuentro en cubierta con Dean y
compartimos una hora de conversación sobre Belice y Chile. Anoche tuvimos una gran charla
sobre moscas y técnicas, junto a las razones de las rehusadas a nuestras presentaciones
de moscas. Todos estuvieron presentes.
Agosto 30 de 1999 - 6:47 AM
Mark se nos une en cubierta y Marillion toca fuerte: Brand New Morning.
Luego viene Afraid of Sunlight. Don llega y dispara una foto en cubierta. Tres Frigit
Birds vuelan sobre el bote. Mi inseparable notebook me acompaña desde la
amanecida. En el plasmo lo que Uds. leen. A veces me toma más tiempo del que quisiera.
Otra, es natural y demasiado rápido. La música me hace extrañar y revive. Extraño a
mis hijas. Mucho. Y por momentos, la posibilidad de compartir palabras con algún chileno.
La emoción de estar en este lugar. Su impresión y la mía. Ha sido una amanecida
melancólica. Extraño a mis amigos y recuerdos del pasado me persiguen. Gratos recuerdos.
Igual me persiguen. El sol ya estará en su zenit y la temperatura será máxima. Así lo
espero.
Visto un negro traje de baño y me lanzo al agua. Me olvido de tiburones, rayas,
barracudas y demases. Total. ¡Que importa! Si algo pasa... pasará. El agua es tibia y
transparente como nunca antes la conociera. Buceo apnea, gracias a una máscara y snorkel
que Martin me ha prestado. Nado a los corales y me sumerjo. Extraño una cámara
fotográfica submarina. ¡Una Nikonos sería aquí la maravilla! Cardúmenes de pequeños
peces multicolores pasean y rondan por entre el coral. Es su hogar y cobijo.
Agosto 30 de 1999 - 10:30 AM
Una helada ducha me quita la sal. Junto a Martin y Don, navegamos en caza de permit.
Fotografiamos una gran Leopard Ray. Martin conduce el bote magistralmente. Qusiera
tener siquiera uno de sus ojos y la habilidad con sus manos para junto a la pértiga
comandar el bote. He intentado, sólo para comprobar la dificultad en hacerlo, y la
técnica que se requiere. Me es imposible. Soy incompetente. Don ríe.
Efectúo breves casts a una escuela de permit. Dos siguen pero no toman.
Nueva rehusada y oportunidad perdida.
Agosto 30 de 1999 - 11:25 AM
¡Don captura su primer permit! Usa una Del Merkin's en color verde y han pasado
más de 50 minutos desde que lo enganchara. Suda y suda. El calor cansa y su brazo
izquierdo tirita merced al pez. Nada a las profundidades que caen desde riscos de blanca
arena, turtle grass y coral. Arranca backing. Arranca nervios, energía,
paciencia y sudor. Gritos y alegría. Más de 150 yardas de backing aún corren en el
agua.
Y se inicia nuestra sesión fotográfica. Cuelgo cuatro cámaras fotográficas en mi
cuello. Martin se sorprende. "¡Hoy sí tengo película de sobra! ¡Viva Chile
mierda!", grito a Don y Martin quienes ríen a carcajadas. Brinco y salto de júbilo.
Corro por los flats. Ya no existen tiburones, cudas ni peligros. Sólo un
gran permit al fin de la línea que Don controla. ¿Controla? ¡Controla!
El sol brilla a lo alto. Sobre el zenit que tanto esperaba. Más de 30 libras de pez
yacen en manos de Don. Disparo y disparo y disparo y disparo. Delante del bote, tras él,
en las manos, en el agua, junto a Martin, junto a Don y Martin. En fin. Interminables
fotos. Interminable hermosura de una especie que ha terminado por cautivarme. Me he
enamorado de esta pesca. Me he enamorado de su tecnicismo. De este país y su gente. Del
lugar. Buena droga para un mundo en conflicto. Sana droga.
Varios gramos -- ¿tal vez kilos? -- ha perdido Don durante el proceso. Mis carreras
llevándole y dándole a beber agua mineral no han sido suficientes. Su sudor es
impresionante. Su camisa cuelga mojada en espalda y tronco. Gotas y gotas de
transpiración corren por sus ojos.
Un permit regresa a la preciosidad azul esmeralda. Ha sido demasiado para mis
ojos. Y efectúo wading en el flat. Y Don fotografía. Y aparecen nuevos bonefish.
¡Son míos! ¡Son míos! ¡Son míos!
Lo son.

Agosto 30 de 1999 - 3:00 PM
Hemos zarpado rumbo al SE. Duermo siesta. Corren las 5 PM y arribamos al Blue Ground
Range. El arrecife es llamado Tobacco Riff. Junto a Mitch y Dean viajamos a un
resort cercano en busca de cigarrillos. El Blue Marlin Lodge es hermoso, amplio y
simple. Posee una pequeña playa de arenas blancas y gran cantidad de palmas de coco,
algunas de las que asoman con frutos colgantes que representan peligro en la cabeza de
inoportunos visitantes. El lodge se encuentra sin turistas.
Bebemos unos bloody marys, cervezas y scotchs. Mitch nos ha invitado. Un
cartón de cigarrillos Independance nos acompaña rumbo al Meca. Luego de la cena,
un cigarrillo y "al sobre".
Agosto 31 de 1999 - 15:30 horas
Dean rompe su labio con una botella de gaseosa que estalla de improviso en la hielera.
Un vidrio ha pasado de lado a lado de su labio y sangra profusamente. Las curaciones
producen su efecto. Medito en la importancia de un médico...
Luego de algunos avistamientos de permit en la mañana, regresamos a un rápido
almuerzo y las emprendemos luego de unos 15 minutos de siesta, con destino a los huidizos
y difíciles "pescaditos". La marea más alta fue al mediodía.
Encontramos la escuela más grande de permit que jamás haya visto. Efectúo
más de 50 casts en 45 minutos al mismo grupo y... engancho un palo... ¡plop!
Martin nos comenta, junto a Mark, que no ha visto nada igual en sus 16 años guiando en el
área. Una barracuda toma mi mosca de entre el cardúmen de permit y
cortamos. "Fuck! Fuck! Damn it Pablo!" Cambiamos mosca. Un segundo cardumen se
une al primero -- escuelas. Viajan en "v" y describen la llamada nervous
water. A veces se les ve tailing. El casting es preciso y debe ser
delicado... ¡con una caña #11! El stripping debe ser corto, y ojalá usar el hand
twist retrieve. Recogemos con la caña arriba, para evitar el fondo. Nada.
Sorpresa y angustia.
"Pablo. Go! Go! Go! Kill'em mon! Kill eeeeeeeeeeeem!", me grita Martin casi
con desesperación. Mark se encuentra angustiado y grita a bordo. Ya nadie guarda la
compostura de días anteriores en el skiff. Es que... ¡putas tengo que pescar un permit!
"Now Pablo. Roll cast! Roll cast!", me señala Martin.
"Hey Martin. That would be a long roll cast. I do not know if I am able to do it
Martin..."
"Pablo. Yu're good caster. Go for it. Now! Roll cast 5 feet in front of tha'
school. Keep the rod tip high and do tha' hand twist retrieve mon. You gotta catch this
suckers! Gotta mon!", me responde Martin.
Confiado en las palabras de Martin, y con gran cantidad de rojos manglares a mis
espaldas, efectúo el imposible roll cast. Hierro en más de 10 pies respecto de la
ubicación que mi guía me aconseja. Sin embargo, la escuela ahora se mueve a la posición
donde mi mosca ha caído.
"Hey Pablo. Twist retrieve. Slow. Slow. They're comin'", apunta exaltado
Martin.
"You gotta it! You goooooooooooootta it! Hey! Hey! Well done mon!", prosigue,
mientras Mark grita de alegría sobre el skiff. Más de 120 yardas de backing
han arrancado de mi Abel Super 10, y aún no creo lo que tengo en mis manos, las
que minuto a minuto se van cansando. Extenuando. En demasía. Así mis piernas y brazos.
Mi cuerpo. El sol, la humedad, la tensión, la adrenalina. Matan. Pero todo es soportable
cuando se tiene un permit al final de la línea. La emoción es indescriptible.
También el cansancio que se genera a medida que el cuerpo secreta adrenalina, y el pez
decide huir junto a la mosca a destino remoto. Mi G. Loomis Mega-Taper # 10/11 se
ha iniciado en el mar, con un permit. Un ansiado permit. El que se repetirá
el día siguiente, en más de una ocasión.
Mis manos lo tienen y Martin me mira sonriente. Con júbilo. Mark salta y salta en el
bote y destapa un vino blanco helado. Dispara fotos.
Grandes risotadas aparecen al final del día en el bote, con mis expresiones que imitan
la pesca de permit. Don decide fotografiarlas, así es que debo ir una a una,
imitándolas. El bote es alegre. No obstante ello no comprendemos lo que pasa. Cómo es
posible lograr efectuar castings por más de 45 minutos a una escuela sin que esta
huya. No es lo normal. Tampoco la marea en que los hemos pescado. Media a baja.
Martin y Don deciden llamar el lugar donde ha ocurrido todo esto, "Pablo's
Cut". Agradezco la deferencia.
Varios cormoranes emiten graznidos en los alrededores. Pelícanos al por doquier. Aquí
no se ven frigit birds.
Septiembre 1 de 1999 - 6:00 AM
Hora de despertar. Es mi depertada más tardía. Desayuno junto a todos y fotografío a
este agradable, y notable a la vez, grupo. Un grupo afiatado no obstante no conocerse
previamente en su totalidad.
Mitch no durmió la noche anterior con dolores de estómago.
Es hora de mi ducha.
Septiembre 1 de 1999 - 12:00 PM
Me encuentro con Mark y Dean. Junto a Mark hemos hecho muy "buenas migas".
Alegre, sencillo y simpático de sobremanera.
Nuestro primer y único chubasco, que luego se transforma en tormenta, se deja caer por
media hora. Llueve húmedo y caliente. Pero es todo. Ahora, el sol quema nuevamente y
creemos que es hora de dirigirnos a "Pablo's Cut". Nuevamente llego a los
30 casts al grupo de permit y consigo el objetivo. Luego lo hace Mark. De
regreso en el Meca, Don no lo cree. Simplemente no lo cree...
Septiembre 1 de 1999 - 16:37 horas
Con Don, Mitch y Dean, regresamos de una última y exitosa búsqueda de permit
en "Pablo's Cut". Don y Mitch deliran. Don no puede creer lo que -- en
esta ocasión -- ha visto y plasmado con ojos, manos... ¡y caña!
Iniciamos el regreso a Ciudad de Belice, anclando cerca del puerto en horas de la
madrugada. La navegación de regreso ha sido algo más movida y ruda. Con mucho viento.
Recalamos a las 3 AM.
Septiembre 2 de 1999 - 10:30 horas
Un abrazo me despide del grupo. El avión de regreso de ellos despega cuatro horas
pasado el mío. Me despido y viajo con Dean en uno de los skiffs vía Río Belice a
la ciudad. El río es aquí sucio pero sus alrededores fascinantes. Me siento en algún
puerto de la China o tal vez Vietnam.
Un taxi junto a un locuaz cab-driver me conducen al aeropuerto, donde adquiero
algunos recuerdos, entre los que destaca un precioso permit tallado en raíz de mahogany.
Nuevamente me topo al pasajero que me preguntara por el vino. Pequeño el mundo.
Mi compañera de asiento en el avión es una escultural mujer belicina, que junto a una
sobrina, viaja a Nueva York. La conversación se hace inminente, luego de que me observa
leyendo mi Belice Handbook, editado por Moon Travel, y cuyos autores son
Chicki Mallan & Patti Lange.
Septiembre 2 de 1999 - 16:00 horas
En Miami -- el calor es aquí un chiste comparado con Belice -- entrabo amistad con una
buenamoza norteamericana que desde Belize viaja a Portland... ¡Mi mismo itinerario! Ella
practicaba scuba en San Pedro, al norte de Belice.
Septiembre 2 de 1999 - 21:30 horas
Ahora en Dallas, Texas. Nueva escala. Con Marianne conversamos de Belice, y arreglamos
para obtener asientos contiguos en el avión. Lo conseguimos. Mis diapositivas de Chile la
sorprenden. Una invitación a cenar a su casa precede las mismas. La agradezco y por
supuesto acepto.
Septiembre 2 de 1999 - 00:05 horas
Llegada a Portland, Oregon. Un abrazo junto a Carol y Rick Hafele. Un beso de despedida
momentánea de Marianne y la invitación a cenar vigente.
Duermo. Ronco. Estoy en otro planeta. Así es Belice. Al menos lo que conozco. |