El Canto del Chucao

Texto: Hugo Varela

Este verano en Río Bueno la pesca prometía. Debían ser éstas, unas jornadas inolvidables … y en parte así fue.

El año pasado logramos hacer un trato con un botero de nombre Carmona. Junto con mi suegro - Don Carlos - vivimos una hermosa aventura. De ellos aprendí que “pescar con mosca” no es lo mismo que “mosquear”. Ambos son pescadores que por años han recorrido los cuerpos de agua de la ex-décima región y los conocen en detalle.

Para esta temporada estaba todo conversado, solo había que disponer la fecha y la hora: la decisión había sido tomada … íbamos a “bajar” el Río Bueno, el curso de agua que da el nombre a esta comuna. En esta oportunidad comprometimos la camioneta de “Hardy”. Este hombre es el dueño de una barraca y es la perfecta mezcla de genes alemanes y chilenos. Hardy tiene la picardía a flor de labio y todas las características físicas de los alemanes (a excepción de la altura).

Llego el día. Muy temprano –por que estas cosas se realizan de madrugada - fuimos al encuentro de Hardy … de inmediato comenzaron los problemas. Nuestro conductor no daba señales de vida y el botero no estaba en su casa. Junto a mi suegro debimos esperar no menos de media hora, hasta que finalmente cuando todo volvió a su curso se nos dio la peor noticia, la camioneta que iba a trasladar nuestro bote estaba mala.

  • "¡¡¡Se me cayo el cardán!!!" Dijo Hardy mientras se encogía de hombros.
  • "Ahhh, pero a lo mejor si lo amarramos, total estas camionetas son carne’ chancho".
  • "¡¡¡Noooo, estay loco. Si anoche apenas llegue a la casa con los viejos que andaba paseando¡¡¡"

Ahí estábamos los cuatro manos en bolsillos mirando la camioneta. Hasta que por fin Don Carlos, con una agilidad que no le veía hacia mucho tiempo, dio un pequeño saltito y como en sus mejores años de camionero se metió bajo el vehículo. Primero fue una miradita. Se hicieron evaluaciones. El problema aparentemente era grave. Pero nada nos detendría en nuestro afán de bajar el Bueno.

Don Carlos finalmente se metió de lleno en el asunto y se embarcó en el proyecto de cambiar el rodamiento del cardán, que de acuerdo a lo que pude ver no era una pega muy fácil. Se perdió una tuerca, se cayeron los diminutos polines a la tierra y como estaban engrasados no los podíamos encontrar. Después de unas dos horas de intenso trabajo se recompuso el móvil y salimos con dirección al balneario donde estaba guardado el bote. De ahí en adelante no hubo problemas, conseguimos las llaves del fundo por donde íbamos a entrar al agua y partimos río arriba.

Comenzamos a pescar a eso de las 11 de la mañana, un horario nada bueno y, como era obvio suponerlo, no picó nada. Por ello decidimos mejor hacer un descanso y almorzar la colación que nos habían enviado las mujeres: algunos tomates, queso, pan y huevos duros. Durante ese rato conversamos de todo menos de pesca. Los detalles quedan entre los pescadores.

Después nos tiramos nuevamente al río. La segunda vuelta fue mucho mas productiva al menos para mi. Hubo múltiples picadas, pero mi suegro no tuvo suerte. Tal vez porque su mosca hecha con pelos de perro (esto es literal) no fue atractiva para los peces. Por ello el botero sencillamente le cambio su mosca por una mucho más tradicional, más atractiva.

Cerca de las 5 ó 6 de la tarde las picadas decayeron bruscamente, cruzábamos uno de los punto mas estrechos del río, con muy buenos pozones y donde supuestamente íbamos a tener una gran faena. Se hizo el silencio, lo único que se escuchaba era como nuestros señuelos semi-sumergidos cortaban el agua ...

Nada, no pasaba nada.

De pronto en medio del silencio se escuchó con fuerza el canto inconfundible de una de las aves más tradicionales del sur de nuestro país, el chucao. Este pájaro es característico de los bosques ubicados entre Valdivia y Chiloé. Es fácil reconocerlo por el tono rojizo de su garganta y pecho; aunque es eminentemente de actuar sigiloso, lo que lo hace mantenerse dentro de las espesuras de los bosques. Le gusta la cercanía de algún estero o riachuelo, por lo que es más fácil verlo cuando baja a tomar agua.

Acto seguido del canto del Chucao, Carmona y mi suegro gritaron al unísono “Gracias Chucaito” - yo los miro y me dicen “el pájaro nos esta diciendo que aquí está el grande”. La verdad es que de ahí en adelante cada vez que el chucao cantaba había una pausa en la pesca, o sea no picaba nada. Después de un rato volvía a picar y cuando el chucao cantaba no había más tomadas. En fin, no tardé en entenderlo.

En realidad el chucao, por razones obvias de cercanía, estaba alertando a todos los habitantes del río de nuestra presencia y por lo tanto los peces huían de inmediato del bote. Pese a esto, que parecía tan evidente, mis compañeros de pesca seguían -cada vez que escuchaban al chucao- repitiendo el rezo “Gracias Chucaito”. Hasta ahí no mas llegó la pesca.

La noche se hizo rápidamente, la luna se asomaba gigante sobe el río y después de pasar por debajo del tradicional puente de Río Bueno llegamos al balneario donde dejamos la embarcación. Con mucho frío desembarcamos y nos fuimos a nuestra casa para al otro día comenzar con lo preparativos de un asado de cordero que nos comeríamos entre todos.

¡¡¡Gracias Chucaito¡¡¡


Hugo Varela es un periodista, que lleva varios años pescando con mosca.


Copyright 1999 - 2009 RiosySenderos.com  ®
El nombre "RiosySenderos.com" y su logo
son marca registrada de Ríos y Senderos S.A.

Chile Hecho en CHILE
por el Web Team de RiosySenderos.com

Página optimizada para resolución de pantalla 1024x768