Los Gigantes de la Patagonia - Francisco Miranda

LOS GIGANTES DE LA PATAGONIA

Después de mucho esperar por fin llegaba la hora de salir en busca de los grandes salmones que comienzan a remontar los ríos en la Patagonia Austral. Revise mil veces mi equipo: caña, waders, zapatos, cinturón lumbar (cumple la misma función que el cinturón pero a la vez afirma los riñones), carretes, líneas, moscas, tippet, líderes (el iluso), todo OK. El despertador suena a las cinco de la mañana. Entro a la ducha casi corriendo, me visto, me despido de mi señora e hija, y parto.

Al salir veo que una bobina de 100 metros de Abulon 0,35 me cerraba un ojo, pienso y si es verdad lo que me han dicho, sin pensar la meto al bolsillo y al auto rumbo al aeropuerto. Una vez allá nos juntamos con Roberto, Pancho y Queno, estos últimos, ferreteros en franco proceso de cambio hacia la mosca, no por realizar pesca con devolución, ya que hace tiempo lo practican, si no por que están cambiando el arte de pesca.

Primer show en el counter: 35 kilogramos de sobrepeso, que entre tarjetas de millaje, crédito y demases, zafamos. Nos subimos al avión, desayuno, y un reponedor descanso de unos 45 minutos. Aterrizados en Balmaceda nos atropellábamos por sacar el equipaje y comenzar el largo viaje hacia nuestro destino, que por razones obvias siquiera mencionaré durante el relato. La camioneta estaba lista y la cabaña habilitada con cocina, yerba mate, tallarines, carne, Gato Negro, Coca Colas y lo necesario para comer entremedio de la pesca.

Luego de parar en un pueblo a estirar las piernas, cargar combustible, comprar cervezas heladas, pilas y pan, seguimos rumbo a nuestra acogedora cabaña. La hora de reunión con nuestro amigo Raúl era a las 19:00 hrs en el puente sobre el Río Kwai. Llegamos a las 19:20 hrs, casi atropellándonos la pregunta:

- “¿están subiendo?”

... (silencio) ... una sonrisa se dibuja en la cara de Raúl,

- “¡¡el río y el lago están LLENOS!! Apúrense con las cosas. Rápido a montar para ir a verlos aunque sea el primer día”.

Desgraciadamente nos tuvimos que comer el disco de la primera noche, sólo escuchando los relatos de Raúl que llevaba dos días ya en el campo. Tipo 12:00 todos a la cama.

A las 5:00 se escuchan los primeros movimientos de tropa Pancho y Queno, calentando agua, increpándonos a levantarnos. Desayuno y partimos al Río a un pozón distante unos 2 kilómetros de la casa. La vista de los runs y riffles con esos verdaderos perros corriendo río arriba es realmente sobrecogedor.

Nos acercamos para determinar el escenario que estábamos enfrentando. La suerte seguía de nuestro lado, ya que observamos que más de un 90% estaba compuesto por peces brillantes, que estaban recién comenzando a remontar el río. Sólo río arriba, en los redds tradicionales, se veían algunos ejemplares de madurez más avanzada, los cuales sólo sufrieron de la molestia de nuestra presencia y flashes.

Pancho y Queno a un pozón, Roberto y yo a los runs en busca de los salmones que están subiendo en busca de su lugar para conseguir la hembra, con la cual crear una nueva generación de gigantes.

Nos bajamos en el run, Roberto lanza y un macho de unos 18 kilogramos toma su mosca. Parte río abajo, sacándole línea y no menos de 60 metros de backing. Comienza la lucha. Yo, como un simple espectador. Roberto con una caña Sage 6 RPL y con un carrete Lamson trataba de frenar a este caballo, mirando desde afuera era como si la mosca se hubiese enganchado en un bus e intentando pararlo con nuestro equipo mosquero. Luego de 20 minutos, a la distancia vimos como la mosca fue expulsada y el salmón saltando como Bambi en primavera. El líder utilizado, 0.35 mm, para 11 kilogramos. Lo pudo cortar cuando quiso, sin embargo creo que ese animal le dio a bienvenida a Roberto y a lo que estaba por venir.

Mientras tanto, por mi lado, los polcos y zancudos hacían de las suyas y nada de salmones. Por el lado de Pancho y Queno, otra música sonaba. Al menos para Queno. En breve tiene su primera picada y una hermosa hembra de unos 8 kilogramos es rápidamente fotografiada y devuelta al agua. Eso gatilló el éxito. Fue como si esta hembra le diera la pasada con otros salmones, ya que no paró de sentir la tensión en su caña. Sin embargo, no todo podía ser maravilla: un macho que de acuerdo a su largo y grueso le calculamos no menos de 25 kilogramos, toma la oferta de Queno y se va. Literalmente enfiló río abajo y se llevó todo lo que pudo de su equipo. Nadie de los espectadores podía creer lo que había pasado, y para que les digo los saltos y berrinches de Queno, por no poder tomarse la fotografía con el pez de su vida. El destino no quiso simplemente ... o el salmón.

Mientras tanto el resto dábamos francamente la hora. Cambiábamos moscas, largo del tippet (muy, pero muy grueso), forma de presentación, pero nada de nada. Hasta que Raúl nos pregunta si sabemos que estos peces son casi ciegos. “Busquen dónde están amontonados. Es ahí donde están dispuestos a atacar moscas”.

Partimos río abajo y con Roberto encontramos cientos de salmones apretados en diferentes puntos. Roberto se instala aguas arriba y quien escribe aguas abajo. Lanzo y siento que mi TS-250 se enreda. Volaban los garabatos. Pésima mañana para que más encima se me enrede la mosca: Decido acercarme para tratar de desenredar la mosca, cuando a 10 metros de mí, el enredo parte como lancha al medio de la corriente hacia abajo. Le grito a Roberto “¡tengo uno!, pero creo que no muy grande”. En eso salta y me grita Roberto “¡si eso no es grande, no sé qué puede ser!”. Era una hembra de 18 kilos (la pesamos antes de devolverla), que francamente le estaba haciendo la vida imposible a mi Winston LT #8, y para qué decir a mi Bauer Lohr, que sufrió con ésta. Su primer percance luego de 25 minutos de hacer lo que el salmón quería y 5 minutos de calma más controlada. Salió esta hermosa pieza, tomando ya la tonalidad de un salmón maduro, aunque fuerte y fresca por sus años de alimentación en el mar. Rápidamente la devolví al agua y salió energética, como si nada hubiese pasado. 

Saltaba en una pata de felicidad, pero lo mejor estaba por venir. Roberto lanza y otra hembra de las mismas proporciones comienza a jugar con su equipo. Lamentablemente no hubo caso ante tal fuerza: líder y mosca se fueron con el salmón.

No habían pasado ni 10 minutos cuando siento otro enredo en el fondo, pero éste se lanza en loca carrera aguas arriba y comienza la pelea. Por lo que alcanzamos a ver, un macho de dimensiones jurásicas. La estimación más conservadora se inclinó por decir que era el doble de la hembra capturada anteriormente. ¡Es decir estamos hablando de un animal de no menos de 30 kilos! A cada salto, mi caña y carrete sufrían, hasta que finalmente la manilla de mi hermoso Bauer Lohr cedió ante el gigante, desarmándose y por supuesto perdiendo en ese momento el pez de mi vida. Pero era tanta la energía y adrenalina que dejo en mi la lucha, que francamente no me importo. Traté de armar como pude el carrete. Recogí la línea y me fui junto a Roberto.

Nunca uno piensa que puede quebrar una caña y menos aún en el mango. Sin embargo, en esta ocasión así fue. Roberto se encontraba lanzando aguas arriba en la cabeza de un pozón, cuando un remolino de agua avisa que la mosca de Roberto esta clavada en las mandíbulas de uno de estos gigantes. Carrera río abajo. Roberto comienza a poner todo el freno de su carrete, cuando de repente se siente un tirón seco, y escucho “¡lo perdí!”. “¡no, hue... mira tu caña se partió!” Nos baja un ataque de risa mientras el monstruo marino seguía sacando línea. Roberto toma la línea en sus manos, y otro caballazo: ¡Roberto al agua! Las carcajadas no paraban mientras tratábamos de parar a Roberto, que se reía y chillaba cómo le quemaba la línea en su mano. Un salto acrobático del gigante y se acabó el show. Un macho de proporciones dantescas nos había enseñando que con él no se jugaba.

Estábamos próximos a la hora de almuerzo. A estas alturas habíamos dado con la mosca y para nuestro estupor sólo teníamos 12. Sentíamos los chiflidos de nuestros amigos, pero no miramos. Roberto me dice: “lanza de nuevo”. Cambié bobina, línea, y lancé: una vez, dos veces, tercera y..... “¡enredo, por la misma cr...!“. Pero inmediatamente siento la imponente impotencia de saber que estoy enganchado a un submarino. El submarino parte aguas arriba y se ancla en el medio del río. Se movía para arriba, luego se dejaba ir corriente abajo.

Este show duró nada menos que 45 minutos. Roberto me miraba, y decía “tengo hambre”. “Vámonos de aquí. Sube luego ese bicho para una foto”. Pero no había caso. Tomé la línea enrollada en mi brazo y comencé a caminar fuera del agua, hasta que se cortó. Francamente si se hubiese perdido la línea, me habría importado un pepino. Una jornada maravillosa, metido en el medio de la nada, un clima privilegiado para la época, y un ataque de risas como hace tiempo no me daba.

En la tarde nos fuimos de nuevo a las correderas de la mañana, pero la densidad de peces había bajado, así que sólo tuvimos una picada que, por supuesto, terminó en una frustrante cortada y pérdida de mosca y líder.

Decidimos cambiarnos a una corredera mucho más rápida y menos profunda. Roberto entra primero al agua y yo lo sigo de inmediato. Comencé a sacar línea para el primer cast, cuando siento a Roberto gritar “¡Listo mier...!”, y su carrete chillaba como un demonio. Por el medio de la corredera se veía cómo se tensaba la línea y lo único que podía hacer Roberto con su System II 7/8 era tratar de parar a esta máquina, pero todos los esfuerzos eran infructuosos. De repente Roberto me dice parece que el salmón está agotándose, después de 30 minutos, porque “me está dejando quitarle línea”. Cuando el salmón estaba a unos 10 metros nuestros, comienza una loca carrera aguas arriba de la corredera para terminar con un chicotazo con el corte del nylon que a esta altura iba en 0,40 mm de grosor.

Un par de lances mas Roberto engancha otro, y la misma historia. Sin embargo, a estas alturas, el System II enrollaba vuelta por medio y el freno se saltaba.

Resumen de la primera jornada: un carrete Bauer Lohr, casi inservible, un Lamson destruido, una Sage #6 RPL partida en dos y un System II que esta con un par de dientes menos y sólo UN salmón que logramos acercar a la orilla para fotografiar.

El resumen para nuestros compañeros fue similar, con sólo un par de piezas para fotografiar y muchísimos más que sólo dejaron sentir su potencia. En la noche la adrenalina dentro del grupo se sentía.

En la mañana decidimos ir al otro pozón todos juntos. Queno tomó posición en la cola, Pancho, Roberto y yo en la cabeza. Nada sucedió durante mucho rato, hasta que el Queno sintió la picada de un macho de proporciones bíblicas. Saltaba, bajaba corriente, subía la corriente. No había caso con tratar de acercarlo. Estuvo por reloj una hora y cuarto, cuando Queno pidió que alguien lo reemplazara, pero para variar la historia terminará sin posibilidad de siquiera acercar el enorme salmón: esta vez dobló el anzuelo.

La decisión para el último día fue sacar lo mejor del equipo y adicionalmente se decidió el grosor del líder de común acuerdo: 0,50 mm. Decidimos lanzar en una corredera donde vimos 4 ó 5 grandes machos empujándose. Al segundo lance mío el gran macho ataca la mosca, sale corriente abajo con saltos, corridas aguas arriba, clavadas en el centro de la corriente, y mi equipo aguantaba estoicamente.

Luego de una agotadora lucha logro acercar al salmón a la orilla, cansado. El 0,50 mm era la solución. Pudo afirmar a estas bestias, o al menos eso creía hasta ese momento. Roberto se acerca a sacarlo fuera del agua para la fotografía de rigor, pero bastó que el salmón sintiera la presencia humana para arrancar a perderse, por supuesto con mi mosca, nylon y esperanza de fotografiar a tan magnifico ejemplar. Luego de eso, enrollo y le digo a Roberto “lanza aquí”. Un par de cast y lo mismo se vuelve a repetir. Uno de los machos toma la mosca, pero Roberto con su 0,40 no fue capaz de soportar la energía de estos gigantes. Ver a esos enormes salmones saltando era como ver a un niño de 10 años tirándose guatazos, inolvidable.

Ya en los últimos momentos antes de desarmar campamento para comenzar el regreso hacia Balmaceda, el río nos entregó un hermoso ejemplar, el cual honestamente se entregó, ya que a esa altura ni nosotros ni nuestros equipos daban para más.

Epílogo

No tengo palabras suficientes para describir el espectáculo que presencié río arriba en los redds, ni la fuerza que poseen estos animales cuando están frescos, rondando en los grandes pozones del río. Lo que más me reconforta, a pesar de que existe depredación por parte de locales y algunos turistas descerebrados, es que el lugar hace dos años es privado y su dueño sólo permite la pesca con devolución.

Este fenómeno va en aumento según los lugareños. Cada año hay más y más grandes salmones en el río, y esto no esta mermando la calidad de pesquería de farios que tiene el lugar. De hecho sacamos más de 5 lindas farios entre medio de los salmones, en el río, que cuando no hay subida de salmones casi no tiene pesca.

Espero que cuando vuelva el próximo año tenga la misma suerte que tuve éste de poder capturar estos grandes ejemplares a pesar de que no pude fotografiar mas que dos, sin dudas que iré mejor preparado en lo referente a caña y carrete.


Francisco Miranda es Ingeniero Forestal apasionado por la pesca con mosca. En los últimos años ha aprovechado la oportunidad de recorrer los parajes más recónditos y mágicos de la Patagonia, y fue así como llegó a encontrarse con los gigantes salmones.

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