
La eterna realidad por la que corren días y días, es la de la basura. Miles y miles de toneladas de la misma fluyen suave y sin noticia. ¿Bio-degradable? Lo dudo. "¿Por qué has pescado tan poco los alrededores de Santiago?", es una pregunta que ha flotado en boca de muchos. La respuesta ha sido siempre la misma. La basura me descontrola. Simplemente deshace todo lo mágico que en la pesca encuentro. Lo destruye. Aplasta naturaleza y sentimientos. Los borra. El pasado febrero me uní a Tim Foote merced a una gentil invitación que éste me extendiera. En Coyhaique. Tim guía pesca con mosca en Montana. Amén de caza mayor y esquí. Más de alguno de Uds. lo ha observado en las publicaciones de L. L. Bean. Visitaba Chile luego de una larga ausencia. La Parva y Valle Nevado lo habían recibido en aquella última visita. Rodaba en cine escenas de X-Games. No en esta ocasión. Inconfundibles sandalias y shorts delataban a Tim en el aeropuerto de Balmaceda. Sol y buen viento. Como de costumbre. Centenario de seguro. Capaz de apagar miles y miles de grandes velas. Y de soplar con tanta violencia como para paralizar el crecimiento de más de 3 millones de hectáreas de bosque. De seguro uno de los reyes de la zona. Presumo. Asado y despedida en el Heart of Patagonia Lodge de John Jenkins y... al Río Simpson. ¡Qué maravilla! ¡El Simpson! ¡Qué asco! ¡El Simpson! ¿Cómo paralizó tanto escombro en su cauce? Fascinante obra de ingeniería. Con arquitectura de rastrojos y porquería que impávida y convicta en dicho lecho, rumorea que aquí habitan truchas. "Tim, ya es de noche. Regresemos". ¿Buen día? ¿Cuenta pescar hermosas arcoiris y marrones que suben por secas, si lo hacen en un río que en horas de calor huele a fecas, y cuyo entorno se nutre de desperdicios? "El Río Pollux parece una atractiva alternativa para fotografía", señala Tim. "Ok. Vamos", asevero asintiendo. El alambre de púas, que sólo ahuyenta buenos y gentil hombres, agrede. "Recinto Privado", lee el intimidante letrero que se erige en su costado. "¿Ríos privados en Chile, Pablo?", exclama Tim con sorpresa. "No. Debe ser un error", respondo entrecortado, mientras uno a uno, enumero pañales desechables y botellas plásticas en el margen del arroyo. "Gracias a Dios la vegetación en la orilla me permite ocultar la basura en las fotografías", me indica Tim. "Sí, gracias Dios". Sombras de velas que alguna vez ardieron cercanas por largos 30 años, nos acompañan. Yacen en el suelo. En horas vespertinas el popular Ricer se atisba de pescadores. Un sinfín de guías susurran y parafrasean con historias y capturas. Aquí la vida se siente lenta y suave. El desenfrenado ritmo capitalino es sólo un oscuro recuerdo. "Dos cervezas bien heladas y dos chacareros. Por favor." Hora de sueño. La hospitalidad de Eduardo Otárola nos asombra en este nuevo día. Se entrega por entero para brindar una grata tarde de pesca. Cortos 30 minutos y hemos arriba al embarcadero del Lago Elizalde. Fantasía plástica y de latón recorre el fangoso fondo que lo rodea. Amarga. A fuerte andar arribamos a "La Poza". Lado oeste del lago y fin del mismo. Hermosas marrones se muestran, algunas de las cuales caen presa de nuestros streamers e imitaciones de ninfas de libélulas. "Quiero mostrarles el Río Desagüe", señala Eduardo, casi como si se refiriera al paraíso. "Encantados", respondo atónito. "De seguro Tim disfrutará con ello Eduardo. ¿Correcto?". Fondeamos y caminamos con las vistas de un aún no deshuesado naufragio a nuestros pies. Nubes de mosquitos pululan en busca del rojo elemento. Un buen repelente es aquí imprescindible. El Desagüe corre por corta distancia entre lago y lago. Cristalino y suave. A pocos minutos y una fantástica y juguetona marrón me lleva a troncos hundidos. Dura prueba que salvo victoriosa. Tim dispara su Nikon. Aún no puedo asimilar los desperdicios del Elizalde. Eduardo y Tim cobran nuevas y hermosas piezas. Nos despiden enormes caddis que danzan en horas del crepúsculo. No dejo de olvidar mi primera visita a una de las islas de la zona de los fiordos, cuando junto a un buen guía de pesca, llenáramos sacos con desperdicios producto de una Operación Raleigh. Aquellas autocalificadas como de "investigación científica". Llega el turno de trabajar. Agradezco a Tim su deferencia y camino al norte. En el recuerdo, imborrables imágenes de la vergüenza que representa el sub-desarrollo. La cultura a la basura. Chile merece una oportunidad creo. Está sólo en nosotros. No lo olviden. |
|
![]()
|
Copyright
1999 - 2005
RiosySenderos.com ® |
|