
Esta última subespecie se ha transformado en un ícono de la pesca en la zona de Montana, Wyoming, y Idaho, esencialmente en la región en que se encuentra el Parque Yellowstone, el primer parque nacional y uno de los más visitados de los EEUU y del mundo. Aún con esas cifras, es uno de los lugares que ofrecen condiciones y calidad de pesca de primer nivel, esencialmente gracias a las diversas medidas de protección y control de la pesca que se realizan constantemente. Sin ir más lejos, estudios han demostrado que algunas de las cutthroat habitantes de Buffalo Ford, un sector del Río Yellowstone dentro del parque, han sido capturadas y soltadas más de 15 veces en promedio cada una, lo cual es un clarísimo y drástico ejemplo de los positivos resultados de la práctica de la pesca con devolución.
Con esta significativa referencia, tuve la inigualable oportunidad de recorrer el Parque Yellowstone y parte de Montana hace unos años, en compañía de Patricio, Arturo, Daniel y Pablo, quien ya tenía en su currículum algunas visitas anteriores a la región. Llegamos por vía aérea a Bozeman, un pintoresco pueblo en Montana, y de ahí recorrimos en un motorhome los alrededores. Comenzamos nuestra aventura de pesca en el parque por el sistema fluvial del Slough Creek, un hermoso río que serpentea entre numerosas praderas y luego lleva sus aguas al Río Lamar, que a su vez es un afluente del emblemático Río Yellowstone. Acampamos en el sector habilitado en sus orillas y comenzamos pescando en el sector conocido como “Parking Lot”, explícitamente adyacente al camino principal, y por ende, el más visitado. Nuestra primera tarde, un día 12 de septiembre, reveló la dificultad que estas truchas nos impondrían, ya que no logramos ni siquiera una picada entre los cinco que sistemáticamente trabajamos los diversos recodos de este hermoso curso de agua utilizando pequeñas ninfas. Nuestro compañero y guía nos dijo claramente: “no se preocupen; la pesca es mucho mejor río arriba, donde sólo se puede llegar a pie o a caballo”. Se refería al First Meadow y Second Meadow del Slough Creek. Así, la mañana siguiente nos encontramos en el comienzo del sendero a estos sectores superiores. El plan de este segundo día era pescar el First Meadow (“primera pradera”), a pesar de que expresivos letreros advertían de la potencial presencia de osos. Menos de una hora de caminata nos llevó a una extensa y hermosa pradera, por donde el Slough corría con toda la calma del mundo. Esta característica de aguas tranquilas y su cristalinidad nos permitieron ver nuestras primeras cutthroat casi de inmediato. Se ubicaban entre el fondo y media profundidad, en sectores medios de los pozones, no al comienzo o final de ellos como las especies que nosotros conocemos habitando ríos chilenos. Aún así, y dado este caluroso día de fin de verano, las truchas no parecían querer tomar ninguna de las delicadas y diversas imitaciones perfectas de la población entomológica que tanto libros como guías indican insistentemente para enfrentar estas aguas. El tono cambió cuando el primero del grupo optó por un tosco y horrible patrón de saltamontes hecho con espuma de colores y patas de elástico. Confieso que me rehusé a adoptar la misma estrategia, aunque a los cinco minutos el grupo logró su primera cutthroat de Yellowstone. Luego vino la segunda y luego la tercera. Mi orgullo se mantuvo rígidamente en imitaciones más delicadas, con las consecuencias evidentes: fui el único que no pescó nada ese primer día.
Al día siguiente, la ambición de no encontrarnos con otros pescadores nos motivó a caminar las 2 horas que nos separaban del Second Meadow, donde llegamos a eso de las 10:30 AM. Nos repartimos por los diversos recodos, todos presentando directamente imitaciones grandes y llamativas de saltamontes, inclusive de Chernobyl Ants, ahora más justificadas por la abundante presencia de insectos llamados Mormon Cricket, una especie de grillo de gran tamaño, que claramente puede ser a lo que las truchas asocian estos toscos patrones. Mi primera trucha cutthroat salió durante esa mañana, precisamente aceptando la real efectividad de estas grandes moscas.
Pero a mediodía tuvimos la primera de las sorpresas. En pocos minutos, cada vez más mayflies comenzaron a poblar el aire, evidenciando una marcada eclosión. Se trataba de una especie de gran tamaño, identificadas por los locales como las Gray Drakes. Actoseguido el grupo sacó imitaciones adecuadas de sus cajas, concentrándose en patrones tipo Adams de un tamaño 10 ó incluso superior. Justo en ese momento me encontraba sentado junto al río comiendo un reponedor sandwich, lo que me ayudó a observar de mejor manera la eclosión, mientras algunos de mis compañeros pescaban frente a mí – sin éxito en engañar una sola trucha. Me dio la impresión de que no tomaban los adultos flotantes en la superficie, sino que se alimentaban justo bajo ella.
Abrí mi caja de ninfas, y me encontré con unas flamantes Pheasant Tail sin lastrar, en tamaños adecuados a este caso. Dos lanzamientos de la ninfa no produjeron reacción, pero al tercero pude ver que una de las cutthroat que se mantenían a media profundidad lo pensó y se acercó, aunque no la tomó. Volví a lanzar corriente arriba, esperando que la ninfa apenas se sumergiera bajo la superficie ... y vino la picada, franca y sólida. Una pelea de cerca de 5 minutos trajo una hermosa cutthroat de casi un kilo a mis manos. Rápida foto, admiración de esos impactantes colores y tonalidades, y la trucha volvió a su sector de alimentación. Dos lanzamientos después y una nueva cutthroat demostraban que mi elección de patrón era la precisa. Cinco truchas después compartí el secreto con mis compañeros y seguí avanzando por el río, mientras veía que el resto ya cosechaba los resultados del cambio de patrón. Una hora después, la eclosión había terminado y retornábamos a la estrategia genérica de los saltamontes. Fue un impresionante peak de pesca, que aprovechamos y disfrutamos tremendamente. Volvimos a nuestro vehículo tarde y de noche, con cierta cuota de susto producto de las historias de horror relacionadas a monstruosos osos atacando excursionistas al ponerse el sol. Una frenética ingestión de líquido y una reponedora comida nos trajo de vuelta a la vida, sólo para despedirnos y caer dormidos. Dos días después, luego de recorrer el sector sur del parque, volvimos al valle del Lamar, esta vez estableciendo operaciones en uno de sus otros afluentes, el Soda Butte Creek. Es un río de menor tamaño, pero muy similar en estructura y cristalinidad. En esta ocasión, el sector de pesca comenzaba a escasos 5 minutos de caminata del lugar donde estacionamos nuestra casa-auto. El día volvía a ser tremendamente caluroso y aunque algunas nubes paseaban por el cielo, el sol insistía en cocinarnos vivos. Las condiciones invitaban a seguir probando con patrones de saltamontes, la misma fórmula que funciona en varios ríos de la zona de Coyhaique en pleno verano. Pero no pasaba nada. A lo mejor, el calor era demasiado para este pequeño río. Decidimos separarnos en dos grupos, yéndome junto a Pablo y Pato río arriba.
Probamos de todo, incluyendo más imitaciones de insectos terrestres, inclusive hormigas y escarabajos, con escasa reacción por parte de las truchas. Pero algo de acción comenzó a media tarde. Algunas tomadas de superficie denotaban la presencia de truchas lejos de estar letárgicas. ¿Cuál era la fórmula? Probamos distintas moscas, sin mayor éxito. Hasta que Pablo logró capturar la primera cutthroat del día, de hermosos colores y un increíble gran tamaño. Todo gracias a una pequeña Adams Parachute en tamaño 14, o quizás aún más pequeña. Copiamos inmediatamente la estrategia y fue así que conseguí mi primera trucha híbirida, una mezcla entre cutthroat y arcoiris. Las siguientes dos horas produjeron otras truchas más utilizando la misma fórmula. Hasta que, cayendo la tarde, nos topamos con más mayflies volando en grandes cantidades. “¡Otra eclosión!” Al menos eso parecía. Algo más de observación detallada reveló que se trataba de un retorno de imagos de mayflies al agua, particularmente las hembras de esa especie, que estaban depositando huevos. Esto resulta en miles de moscas paradas sobre el agua y posteriormente expirando con las alas extendidas en la misma superficie. Tal como es conocido el ciclo de estas moscas, del orden Ephemeroptera (“Efímeras”), su vida adulta no dura más de uno o dos días y luego mueren inmediatamente después de haberse apareado y ovipositado. “¡Rápido! Busquemos alguna imitación de spinners!”. Con ese nombre se conoce a las mayflies en este estado adulto final, y para el cual contábamos con algunas imitaciones precisas. Dicho y hecho, los primeros lanzamientos lograron producir algunas picadas y capturas de oportunistas truchas, lo cual nos mantuvo tremendamente entretenidos hasta que la luz se fue y sólo logramos volver al vehículo con paciencia y con grandes esfuerzos por recordar el camino. Una vez en el motorhome, preparamos una cena de celebración y despedida del parque, ya que el plan era amanecer en Montana, para seguir el itinerario del viaje. Comimos mucho, nos reímos aún más, y las historias de pesca de ese día han seguido en nuestros recuerdos por mucho tiempo. Es que queda claro que Yellowstone, siendo el parque más antiguo del mundo y uno con una enorme cantidad de visitante, tiene sorpresas de sobra, y está lleno de oportunidades de pescar algunas de aquellas hermosas y místicas truchas cutthroat de Yellowstone. Cuento los días para ir de nuevo. |
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