
Finalizaba el mes de octubre y la propuesta de guiar en uno de los hermosos sectores más australes de la Carretera Austral se había concretado, un largo viaje desde Coyhaique al sur, acompañado de unos clientes franceses y del dueño del lodge me permitieron observar y apreciar todo con una velocidad que no me ayudo a recordar inicialmente los hermosos lugares que la Patagonia Occidental alberga. Una sensación de mareo constante producto de mi posición opuesta al sentido de marcha, el encierro y humo de habanos y cigarrillos de los, hasta ese momento, serios y reservados clientes, nos acompañó en el viaje. Finalmente nos encontramos en nuestro destino, junto a uno de los cuerpos de agua más importantes de la zona. El río que nos flanqueaba se destacaba por ser una imponente masa de agua color turquesa, rica en vida de insectos de desarrollo acuático y con una dominante población de (Oncorhyncus mykiss) truchas arco iris. Con el correr de los días las técnicas básicas tanto de presentación y lanzamiento, así como los patrones con los que frecuentemente planteo mis estrategias de pesca en los ríos de nuestro país no resultaron efectivos, sin menospreciar algunos piques de explosivas truchas arco iris, atraídas por clásicos patrones de streamers. Largas jornadas en el río, matizadas por un exceso de lluvia poco común para esta zona en temporada estival, el aumento gradual de su caudal hasta un límite fuera de lo normal y la evidente frustración que sentía al observar a bordo de un cómodo drift boat truchas muy activas alimentándose gran parte del día en la “superficie”, me llevaron a desarrollar preguntas para tratar de comprender de alguna manera sus hábitos. ¿Cuáles eran los insectos que eclosionaban regularmente cuando la temperatura del agua lo permitía? ¿Porque las truchas rechazaban los patrones presentados y cambiaban sus movimientos rápidamente al momento de alimentarse? Éstas fueron sólo algunas de la interrogantes. ¡Tarea nada fácil al encontrarme frente a salmonídeos tan selectivos! Lo primero y relevante fue observar que tipos de insectos habitan, un paso algo sencillo, básico y ¡sumamente necesario a la hora de enfrentarse a este río! ¿CUALES ERAN LOS INSECTOS QUE ECLOSIONABAN? Como en el común de los ríos provenientes de afluentes nivales y dada su temperatura y transparencia, los insectos de desarrollo acuático predominantes que en él habitan y forman la dieta diaria de las truchas, corresponden a los órdenes: Ephemeroptera (mayflies) y Trichoptera (Caddisflies). Precisando con el correr de la temporada que el orden de las mayflies es el más dominante al momento de eclosionar y nutrir a las truchas. Pasaba el tiempo. Los frentes de lluvia, acompañados de bajas temperaturas provenientes de las montañas nevadas no paraban de ser la variable imperiosa. Un día más bajo la lluvia y contando con la compañía de un gran y fiel amigo, un hermoso San Bernardo de nombre Bruno (que hoy descansa en paz), disipaban la soledad de un hombre tratando de comprender la naturaleza. La gélida tarde ya comenzaba a caer, y una densa eclosión de efímeros insectos que luchaban tenazmente por reproducirse para luego morir, cubrían uno de los pozones más poblado de ninfas de mayflies. Mi amplia colección de moscas secas diseñadas durante todos los meses de observación aún no eran realmente efectivas. Uno tras otro me dediqué insistentemente a presentar diversos tamaños de Adams, Female Adams, Comparadun y Mosquitos, obteniendo precarios resultados. ¿Cuál era el error constante que no permitía definir de una vez el patrón exacto?
¿PORQUE LAS TRUCHAS RECHAZABAN LOS PATRONES Y CAMBIABAN SUS MOVIMIENTOS RAPIDAMENTE?. El resultado de haber podido identificar qué insecto dominaba en las horas de eclosión no lo era todo. Los factores importantísimos que se deben considerar al momento de pescar en condiciones donde las truchas se alimentan con extrema selectividad son, el “tamaño, color y forma” del patrón. A causa de esto, reiterativamente las truchas rehusaban mis moscas. La persistencia aún seguía en píe, el utilizar una mosca similar a la clásica Comparadun en #16 comenzó a dar mejor resultado. Mayor interés de parte de las truchas e incluso lograr pescar más de una, fue posible con algo de frecuencia durante esa tarde. Sin embargo, aún no podía reconocer de que “estadío” de la mosca de mayo “suavemente” se alimentaban. Recalco “suavemente”, porque era esta palabra la que determinaría en definitiva cual sería el patrón correcto. Las enérgicas truchas arco iris fueron alimentándose con más frecuencia a causa del gradual incremento de insectos en el cristalino y oxigenado torrente del enorme río. Esto hacía todo más interesante, aún cuando la tenue luz de la tarde aportaba lo necesario para mantener mi caña #3 en acción. Ejecutando suaves lanzamientos un par de metros antes de la posición de ellas, lograba observar sutiles movimientos, seguido de una exposición de la boca fuera de la superficie, siendo el insecto mediante el cual se alimentan absolutamente irreconocible para el ojo humano, es decir, ¡ya comprendía que comían pequeñas mayflies pero no lograba localizar dónde estaban! La incesante reflexión debía seguir, ahora para analizar los movimientos que las truchas ejecutan al momento de alimentarse, otro punto clave que de alguna forma ayuda a determinar que patrón utilizar. Según un destacado escritor de artículos para la revista fly fisherman (John McDaniel), postula que la “forma del rise” (rise=tomada en superficie) provocado por las truchas al momento de alimentarse puede delatar el tamaño y ayudar a identificar que estadío del insecto se encuentran comiendo. Es decir:
Asumida esta reflexión, las interrogantes sostenidas durante tanto tiempo comenzaban a aclararse. Ya entendía que la suavidad con la que tomaban su alimento, aún siendo imposible identificarlo, se trataba nada más y nada menos que de una diminuta mayfly muerta flotando con sus alas extendidas (imago o spinner) sobre el río. Mi pequeña mosca atada a un largo y delgado líder, identificada como Comparadun era lo que hacia asemejar de alguna manera su alimento y finalmente atraer a las truchas. La razón de esta similitud se debe a que fue diseñada de tal manera, que la forma de su hackle no es precisamente un “collar” que rodea el anzuelo y permite la sustentación sobre el agua, si no más bien un hackle cortado en su parte inferior visualizándose como un verdadero “abanico”, ¡simplemente esto y nada más! Pero como referencia importante, al momento de observar y tomar la mosca muchos intentos fueron en vano, no aceptaban la imitación con la misma naturalidad demostrada hacia el insecto real. ¿Por qué? Si intentamos determinar cómo una trucha puede visualizar su alimento, claramente son ellas las únicas que podrían responder tal incógnita, sin embargo al imaginar como verían el insecto sobre la superficie, lo que se nos viene a la mente son cuatro cosas; la cola, las patas y la silueta de su cuerpo y alas. Por eso es que rápidamente recogí mi línea, acerqué hacia mis manos la mosca que por largo rato había causado algo de interés a las truchas y corté sin dudar toda la parte superior del hackle, resultando una improvisada mosca con características de un spinner.
Ahora se acercaba la prueba de fuego, comprobar que la insistente y profunda reflexión de largos días en aquel hermoso río austral se hacía efectiva. La luz de esa mágica tarde se dirigía a decir adiós. La compañía fiel y desinteresada de Bruno me ayudaba a disipar la sensación natural de nerviosismo por estar terminando el nudo de conexión entre mi improvisada mosca y el líder. Una vez listo, simplemente comencé la “prueba de fuego”. Nuevamente mi delicada caña comenzaba hacer lo suyo y yo trataba de concentrarme al máximo en lanzar y presentar la mosca de la mejor manera. La tenue luz dificultaba todo .. pero llegó el esperado momento. Mi invisible spinner ya se mantenía flotando lentamente sobre el río. ¿Dónde? Sinceramente no podía saber con la débil luz que me acompañaba, pero me concentre al máximo siguiendo la posición inicial del lanzamiento, ya que era la única referencia con la cual podía deducir la posición efectiva de la mosca. Uno a uno, divisé suaves “head rise” desde mi ubicación. De pronto una maravillosa trucha se asomó sobre la estimada posición de mi mosca, tomándola con toda naturalidad ... y aquí comenzó una inolvidable lucha entre la “razón y el instinto”, permitiendo sostener una vital y enérgica arco iris que segundos más tarde me dio el privilegio de retornarla a su hábitat y comprobar que el éxito conseguido después de largas jornadas tratando de “descifrar este río selectivo” tenían un resultado claro: la maravillosa satisfacción de hacer realidad, el pescar bajo condiciones de extrema selectividad. |
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