
12 Febrero 1997 Una capa de neblina gris, de invierno, se sostiene sobre Los Angeles mientras el vuelo 165 de Lan Chile avanza hacia el final de la pista. Sólo catorce horas más, el sol del verano, truchas saltando, y buenos amigos nos esperan. El día empezó temprano. Eran las 4AM esta mañana en nuestra casa en Portland, cuando Carol, mi esposa, y yo cortamos el sueño y acarreamos demasiados bultos a una van que nos esperaba en la entrada. En el aeropuerto de Portland a las 5:30AM, y en Los Angeles a las 8:30AM. Ahora son las 1:30PM. Estamos pasando por muchas pistas para alinearnos para el despegue. La voz en los parlantes ahora habla en español principalmente y me recuerda que una vez más soy un turista en tierras extranjeras. El avión está muy silencioso, excepto por el leve sonido del aire que sale por las aberturas de ventilación y el bajo gemido de las turbinas. Tres o cuatro aviones esperan antes que nosotros - viajar, al parecer, siempre involucra esperar en filas. Ya estamos listos. Despegamos como un tremendo armatoste de miles de kilos tratando de lograr velocidad en el aire. Ahora arriba, en la espesura del smog de Los Angeles. La ciudad ya no existe si la vista es mi única herramienta de percepción. Ahora, sobre la nube. El cielo azul y un sol brillante se asoman por mi ventana. Estoy listo para una siesta, pero los pensamientos de una nueva aventura en Chile no me dejarán descansar. Aún no. 9 PM tiempo de Oregon - 2 AM hora chilena Acabamos de terminar nuestra segunda comida y me siento agradablemente lleno. Carol está durmiendo. Yo he logrado un par de cortas siestas. Estoy soñoliento, pero aún no con ganas de dormir. Estaba pensando que para una hormiga en un avión a 35.000 pies de altura, todo es igual que estar en tierra firme. ¿Quizás necesito dormir? 14 Febrero - Puerto Montt, Chile: Un abejorro se posa sobre una amplia flor, succionando el néctar, mientras otros alados se balancean con el viento. Carol y yo estamos echados al sol, en el jardín frente al aeropuerto El Tepual, en Puerto Montt. Estamos esperando nuestro vuelo a Futaleufú. Anoche tuvimos una excelente cena en Santiago con nuestros amigos chilenos. Estuvo muy bueno: Pisco Sours, vino, buena comida, y muchas risas. Nos fuimos a la cama como a la 1:00AM y estabamos en pie a las 6:30AM para tomar a tiempo el vuelo a Puerto Montt. El clima hoy es muy agradable. Ojalá que sea lo mismo en Futaleufú. Se siente bien estar en Chile de nuevo. Los árboles se mecen con el viento, el césped "cruje" al ritmo de la brisa, las nubes flotan a través del azul abierto. 16 Febrero - Lago La Rosas: Nuestro vuelo a Futaleufú dos días atrás fue hermoso. Cielos despejados nos ofrecieron una vista ininterrumpida de las ásperas y nevadas puntas de Los Andes. En el aeropuerto de Futaleufú, en realidad sólo una pista de aterrizaje, Aníbal Vallejos, un amigo de Rodrigo, nos recogió y nos llevó a su casa y sitio de camping a orillas del Lago Espolón. Al día siguiente nos llevó en su bote a motor, unos 16 kilómetros hasta el otro extremo de largo lago. Pescamos un par de horas y Rodrigo atrapó varias Arcoiris muy hermosas, justo donde el Río Espolón se derrama sobre un fondo arenoso, entrando al lago. El sol estaba alto y muy caluroso cuando nos pusimos las mochilas y comenzamos nuestra caminata hacia el interior de Los Andes, en dirección al Lago Las Rosas. Una pequeña cabaña yace al viento entre dos lagos y paredes de roca.
Niños ríen, gatitos maúllan, y perros ladran. El viento sopla. No podría decir que la gente y la tierra viven en armonía. Es más como si hubiese un acuerdo: la naturaleza provee lo suficiente para sobrevivir si hay disposición de trabajar y resistir. Bernardo Vallejos, el padre de Aníbal, y su familia, están amontonados en una cabaña de madera, en la mitad de Los Andes. Ellos viven un tipo de vida de subsistencia, como nunca lo había visto antes. Los nietos, cinco en total, se ríen y corren libres por un bosque de ahora quemados Coihues, que sirve como terreno de pastura para algunas vacas y ovejas. No tienen electricidad, ni cañerías, y sólo una estufa a leña para cocinar y calentar la cabaña. También tienen un hermoso lago para pescar, montañas de roca y nieve como escenario, el viento, y unos a otros. Su amabilidad y hospitalidad me hacen dar cuenta que compartir nuestras personas con nuestros amigos e invitados es mucho más importante que compartir cosa que tenemos. Una lección fácilmente olvidable en un mundo moderno lleno de bienes materiales. 26 Febrero - Ensenada: El viento sopla a través del Lago Llanquihue, y el Osorno sonríe, sus blancas laderas brillando al sol. De miles de kilómetros de distancia, los peces y las moscas nos han juntado, enrollados como una gorda y salpicante trucha, hasta que la red nos levanta. Ahora, atrapados, cantamos, reímos y lanzamos nuestras líneas, sonriendo como el Osorno. Diez días de viaje nos han llevado a Carol y a mí desde nuestro recorrido alrededor de Futaleufú a Ensenada a orillas del Lago Llanquihue, al Norte de Puerto Montt. Nuestro tiempo en Futaleufú fue maravilloso, aunque la fuerte lluvia en nuestro recorrido de vuelta nos tuvo chapoteando en senderos lodosos y casi resbalando camino abajo. Gruesas nubes y fuertes vientos esconden las cimas de Los Andes. Nuestro piloto voló bajo a través de las hendiduras en las montañas y pareció no preocuparle que el avión saltara en los agitados vientos. ¡Ahora sé cómo se debe sentir un freesbe en un huracán! En Ensenada nos encontramos con el resto de nuestro grupo de pescadores. Estaban Jim y Kelly Watt, quienes manejan Fly Fishing Video Magazine, L.A. García, nuestro amigo y fabricante de cañas de Colorado, Rodrigo Saelzer un joven y excelente guía de Santiago. Rodrigo Sandoval, nuestro amigo y guía en el viaje por la cordillera de Futaleufú, y Pablo Negri y su familia, quien organiza nuestros viajes por las próximas tres semanas. Me siento como si hubiese traspasado una vitrina y estuviese en el País de las Maravillas, tal como Alicia. 2 Marzo - Ensenada: Un día soleado tras otro desde nuestra llegada a Ensenada. Oscuras nubes en el norte de Lago llanquihue esta mañana, pero el sol ya ilumina la cima del Osorno y las nubes parecen estar retrocediendo. La vida aquí ha sido una típica mezcla de acción e inacción. Un largo día de pesca en el Río Puelo, seguido por otro largo día en el Petrohué Spring Creek, han sido predecesores de dos días muy relajados aquí en nuestra cabaña en Ensenada. La pesca para mí ha andado lenta. L.A. García atrapó dos lindos peces en el Puelo. Yo sólo saqué peces pequeños. El Spring Creek fue difícil para todos. Nadie logró atrapar ninguno, aunque Rodrigo Sandoval cortó una trucha, y Jim Watt cortó otros dos justo al final del día. Así como en cualquier lugar que he pescado, los peces y la pesca son impredecibles. 10 Marzo - Golfo de Ancud Nuestra embarcación, salta como un toro mecánico en las blancas crestas de las olas del Golfo de Ancud. Un fuerte viento sur nos forzó ayer a anclar detrás de la pequeña isla Quelfin, cerca de la entrada al golfo, y esperar hasta las 7AM de hoy antes de empezar el cruce. Deberíamos llegar a aguas calmadas y protegidas en los fiordos en una hora más. Hacia el Este, Los Andes yace en oscuras sombras, iluminándose de a poco con el sol de la mañana. Hacia el oeste están las aguas del Golfo, con vagas señas de tierra a lejos en el otro extremo. Sobre nosotros tenemos sólo cielos despejados. Tuve un excelente y largo sueño anoche - el primero en tres o cuatro días. Demasiada diversión puede ser muy agotador, y se siente muy bien estar descansado. Realmente espero con ansias la pesca en los fiordos. El Lago Rupanco produjo los peces más grandes hasta ahora. Pescamos con Alessandro Marini, quien guía en el lago y el área. Su hermana Carla tiene una preciosa casa dominando el Lago Rupanco, la cual maneja como hospedaje. 12 Marzo - Entrada del Fiordo Cahuelmó: Son las 7:30 PM. Estoy solo en el comedor de la nave, porque todos se fueron a la cubierta superior a disfrutar del cielo azul y los rayos del sol. Han sido tres hermosos días. El clima ha sido maravilloso, el agua como cristal, la pesca increíble y el paisaje increíble. ¡Hoy pesqué en lo que puedo decir es el río más hermoso que he pescado! El día estuvo perfecto, lo que ayudó, aunque un día lluvioso no podría haber aguado la belleza de este río. Es el Cahuelmó. Baja rápidamente desde Los Andes entre bloques de roca gris, hacia una relativamente larga sección de agua pescable. El agua es del color del cristal transparente y los peces, todos Arcoiris, ¡son balas de cañón con aletas! Nunca he visto peces tan gordos y fuertes. Debo haber atrapado unos 25 desde una sola sección, siendo el más grande unos 65 cm de largo y cerca de 3,5 kg. Otros tres ejemplares me sacaron un buen largo de backing. El más grande de todos soltó la mosca luego de unos siete u ocho minutos de pelea. ¡Y saltan! Estos peces saltan más que Michael Jordan en un torneo de clavadas. La vista de cada salto se enmarca en un fondo dorado y picos de montañas.
Carol también tuvo un excelente día. Cuando llegó a la sección que yo estaba pescando, mi muñeca y mi brazo estaban desgastados por las peleas con las Arcoiris, así que nos fuimos turnando la pesca. Ella terminó enganchando y sacando una hermosa Arcoiris de 2,5 kg, que saltó al menos unas cinco veces y la sacó un buen pedazo de backing. Más tarde en una sección distinta, logró atrapar una tremenda Arcoiris de al menos 3 kg, ¡con mosca seca! Los motores de la embarcación llegaron a un descanso. Los cerros se alzan en oscuras sombras. El sol se pone y la cena será servida muy pronto. 17 Marzo - En algún lugar en el Pacífico Sur: Son las 6:00 AM del 16º día de Marzo. Eso significa que el vuelo 168 ha estado en el aire por unas seis horas. Las aeromozas están cargando los carros con el desayuno mientras gran parte de los pasajeros se han torcido en formas muy curiosas, tratando de hacer que un asiento de avión funcione como cama. Para mí la transformación nunca es muy satisfactoria y el sueño viene en raciones cortas cuando mis ojos simplemente no se pueden mantener abiertos. Hace unas seis horas que les dijimos adiós a Juan, Rodrigo y Pablo. Siempre me asombra lo buenos amigos que nos hemos hecho. Realmente me sentí triste cuando finalmente tuvimos que caminar por la puerta de pasajeros, dejándolos de pie en el lugar que pronto se transformará en "allá a 6.000 millas de distancia". No puedo dejar de pensar en todos los otros amigos con los que viajamos. Rodrigo Saelzer, Fernando, Alessandro, Robin, Carla, Jim y Kelly, y L.A. Al final, un viajes parece ser una reflexión respecto a las persona con las que se viaja. Si es así, no es sorpresa el por qué este viaje parece tan especial. Un amanecer dorado transforma las nubes bajo nuestro en copos de naranja y amarillo, como el decorado en un pastel hecho por los Dioses. Acabamos de dejar Ciudad de México y estaremos en Los Angeles en unas tres horas más. Mientras estoy sentado trato de pensar en una manera de resumir las cosas, de poner cuatro y media semanas de placer, incomodidad, risa, fatiga, y relajo en simples palabras que van a sonar verdaderas por muchos años más. Se me escapan las analogías, y las anécdotas son demasiado numerosas para empezar. Quizás el sol de la mañana guarda la respuesta. Es un nuevo día, y con cada uno, un nuevo viaje comienza mientras el viejo vive como cálidos recuerdos y una agradable sensación en el corazón. |
Rick Hafele es un excelente pescador con mosca, gran científico (PhD en Entomología) y un fantástico amigo. Ha visitado Chile, con su esposa Carol en dos ocasiones y la tercera promete ser pronto. Vive en Portland, Oregon. |
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