La Evolución de un Pescador

Texto: Rodrigo Andres Carbajal

Mi nombre es Rodrigo, nací en El Bolsón provincia de Río Negro Patagonia Argentina, zona de cordillera, con sus ríos y lago.

Desde chico pesque junto a mi hermano en forma asidua en el Río Quemquentreu. Recuerdo que pescábamos con latita (tarrito) o con una caña de colihue la cual al final tenia un anzuelo y encarnábamos con saltamontes. La verdad que pasábamos momentos muy gratos.

Los años pasaron y fuimos creciendo, el río lo seguíamos pescando de la misma manera, hasta que por esas cosas de la vida compré mi primer palo (caña de mosca). La denomino así, ya que tendrían que haber visto lo dura y pesada que era esa caña de fibra de vidrio. Fue así que comencé a incursionar en este arte de pesca.

Recuerdo que en mis primeros pasos no entendía como una mosca tan chiquita y sin peso podría tomar distancia, así que en mis practicas le ataba un clavo (si, leyeron bien: un clavo) para poder castear y conseguir la distancia deseada. Los vecinos se reían al verme practicar y me preguntaban si salía algo (imagínense yo casteando en el parque del edificio donde vivía). Hice mi primer curso de pesca y entendí el porqué de muchas cosas, pero no lograba entender el porqué pescar y devolver las truchas.

Yo seguía al igual que en los viejos tiempos, pescaba y lo que pescaba mataba. Me contacté con gente que me dio vuelta la cabeza y me explicó el porque de la devolución y un día probé.

Pesque y devolví esa trucha al agua

No sé cómo explicar en palabras la forma en que yo sentía cómo la trucha me agradecía el simple hecho de regresarla a su entorno, como acarició mi mano al soltarla. Creo que esa sensación no la olvidaré jamás.

Hoy sigo pescando, ya no más en ese río, pero si otros muchos y he tenido la oportunidad de pescar lugares casi vírgenes. Y gracias a esa trucha me di cuenta de el porqué devolver al agua cada trucha que en este arte es la compañera de mi juego (se pueden imaginar si en lugar de pescar jugáramos un partido de tenis y matamos a nuestro compañero de juego ¿con quien jugaríamos después?). Esto es así. ¿Quiénes somos para privar de vida a este compañero de aventuras y si lo seguimos haciendo? ¿Quién jugara con nosotros después?

Gracias amiga trucha por enseñarme el valor de tu vida.

Hoy sigo pescando con mi hermano quien también aprendió el porqué de devolver al agua una trucha. Qué sabia es la naturaleza, puso en mi camino la posibilidad de aprender de mis errores y trato en cada momento de enseñar lo que aprendí.

Rodrigo Andrés Carbajal
Neuquén Capital
Argentina


Esta historia fue enviada por Rodrigo Andrés Carbajal con motivo del Concurso 2003 de Historias de Pesca, organizado por RiosySenderos.com.


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