
Canadá es un país privilegiado en lo que hace a la pesca de la trucha de arroyo o fontinalis, en particular en el este del país. Las provincias de Ontario, Newfoundland y especialmente, Quebec y el territorio de Labrador, sin desvirtuar a las provincias marítimas, son territorios vastos colmados de lagos y ríos con una gran riqueza ictícola, gran parte de la cual la forman las hermosas truchas fontinalis. Aunque la llamamos trucha, la fontinalis (Salvelinus fontinalis), también conocida como Trucha de Arroyo, no es una trucha verdadera sino un salvelino que forma parte del grupo salmonidae y del subgrupo salmoninae que también incluye a la trucha de lago o lacustre (Salvelinus namaycush), el salvelino del ártico (Salvelinus alpinus), y las dolly varden (Salvelinus malma) oriundas también de esta parte del hemisferio norte y de los confines mas boreales de Canadá.
A los salvelinos se los diferencia fácilmente de las truchas reales por la coloración de sus cuerpos, teniendo los primeros, marcas generalmente claras sobre un fondo oscuro, lo que contrasta con las truchas verdaderas, como la trucha marrón (Salmo trutta), las cuales tienen manchas oscuras sobre un fondo claro. El nombre Salvelinus fontinalis deriva del latín y significa "salvelino que vive en el manantial". El más grande ejemplar capturado, fue pescado en 1915 en el Río Nipigon, en la provincia de Ontario, alcanzando un peso de 14.5 libras o unos 6.5 kilos. Ese monstruo sin paralelo fue pescado con mosca por el Dr. J. W. Cook y alcanzo a medir 80 cm. de largo. Hay muchos que consideran que fontinalis de esa talla ya no existen, pero hay otros que descuentan que si las hay en algún lago canadiense o quizás en algún espejo lacustre de la Patagonia, a donde las fontis fueron introducidas a principio del siglo veinte. En realidad, quizás poco importe si las hay o no de esta talla, ya que su belleza, especialmente en periodo de fresa, es inigualable. Observando un mapa de las provincias orientales canadienses, uno no puede sino admirar la cantidad de espejos lacustres y sistemas de ríos al norte de las grandes ciudades. Si bien es cierto que no todos estos entornos contienen truchas y que la contaminación causada por las industrias forestales y mineras en ciertas regiones, ha hecho estragos, la gran disponibilidad de ríos y especialmente lagos, es fascinante para el pescador con mosca.
Habiendo experimentado en una gran cantidad de ámbitos lacustres, es interesante ver como varia no solo la capacidad potencial de la biomasa de cada lago (incluyendo el radio: peso de truchas / superficie de lago), sino también la configuración en lo que respecta a tamaño y cantidad de truchas fontinalis. Algunos lagos contienen una enorme cantidad de salvelinos relativamente pequeños (15 a 30cm), como si la explosión reproductora de éstos hiciera que sólo pudieran alcanzar un tamaño máximo moderado, considerando la comida disponible. Otros lagos y ríos poseen una cantidad limitada de truchas, pero éstas llegan a alcanzar tallas bastante más grandes (30 a 50 ó más cm.). Y aun otros, adquieren una distribución más balanceada de las diferentes tallas. Diferencias genéticas entre especímenes de diversos orígenes geográficos del este canadiense también causan una gran divergencia en la longevidad de las truchas de arroyo. Algunas fontinalis viven tres o cuatro años mientras que otras llegan a vivir mas de diez.
Adicionalmente, lagos acídicos y profundos producen un crecimiento lento mientras que otros lagos mas alcalinos y de poca profundidad, permiten la penetración de la luz hasta su lecho, convirtiéndolos en verdaderas fabricas de insectos, con aguas de temperaturas frías pero más moderadas, lo que también incrementa el proceso metabólico de las truchas, alcanzando estas un índice de crecimiento mucho más rápido, en regiones relativamente cercanas. El tipo de pesca varia dependiendo del tipo de lago, sus eclosiones, la temporada y las condiciones meteorológicas que prevalecen. Muchas veces las fontis se comportan de forma estereotípica, abalanzándose con abandono sobre cualquier imitación que se lance. Otras veces su actitud es mucho más conservadora. En momentos de actividad, pescando la zona litoral de lagos y lagunas, generalmente produce buenos resultados, especialmente cerca de juncales, utilizando líneas de flote y moscas secas o emergentes que imitan los insectos del momento como pueden ser los chironomids y caddis. Si no hay actividad en superficie, conviene pescar la zona sublitoral, como son los veriles, con aguas más profundas y con moscas que representan ninfas prevalentes como pueden ser las damselflies, dragonflies, larvas de caddis, o las chironomids o larvas de mosquitos, o cualquiera de las ninfas de tipo efímeras que eclosionan en la región, como pueden ser las Callibaetis, Isonychias o Hexagenias, llegando éstas últimas a grandes tamaños. Vastas expansiones de lagos y bosques parecen interminables, pero la mano del hombre va alcanzando cada vez mas lejos y cambiando irrevocablemente estas aguas y tierras prístinas. Tanto en el noreste Canadiense como en la Patagonia debemos proteger estos ámbitos de privilegio para que estas joyas sigan existiendo. Fotos: Luis Nasim |
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