No existe una foto perfecta. Todo depende de lo que el fotógrafo quiera expresar al tomar la instantánea. También depende de la percepción del observador de la fotografía. Pero una buena foto es aquella que logra transmitir conceptos visuales más profundos que un simple despliegue de colores y formas. En este sentido, qué tan buena es una fotografía depende de dos elementos: la composición y la exposición. La exposición está relacionada con varios factores técnicos, en los que influye la película utilizada, así como la utilización adecuada de los controles de la cámara. Pero es en la composición donde muchas fotos pueden pasar de la irrelevancia a la excelencia, y depende esencialmente de la habilidad del fotógrafo y no necesariamente de factores técnicos de película y cámara. En las aventuras al aire libre, los fotógrafos (aficionados o experimentados) buscan producir imágenes que reflejen la visión del entorno que en un momento y lugar particular logra maravillarlos. He ahí el gran atractivo de las fotografías de paisajes. Sin embargo, en muchas ocasiones, queremos una fotografía que retrate en forma puntual un objetivo que refleja un aspecto puntual de la experiencia vivida. En viajes de pesca, posiblemente sea la fotografía de un pescador sosteniendo con gran orgullo una captura. En recorridos de naturaleza, una flor, un ave, incluso un insecto, pueden ser tanto o más expresivos que un paisaje que abarque todo el entorno. Para lograr que alguien que observa la fotografía no dude por un segundo cuál era el objeto que se deseaba destacar, se hace necesario componer la foto de modo que lo que el fotógrafo identifica como el "protagonista" de la foto, resalte en forma clara y drástica por sobre los otros elementos de la imagen. En otras palabras, se hace necesario "Aislar el Sujeto" de la fotografía, de tal manera que el observador de la foto sepa sin lugar a dudas cuál es el objeto retratado. El enfoque preciso del sujeto de la foto es el primer factor que debe tomarse en cuenta. Para poder expresar con claridad cuál es el objetivo principal de la imagen, éste (usualmente) debe observarse nítido y muy definido. En la mayoría de las cámaras, ya sean SLR (Reflex) o aquellas automáticas de bolsillo, existe la opción de poder enfocar automáticamente el objetivo centrado en el visor. Bueno, enfocar correctamente el sujeto parece una necesidad casi obvia. Simultáneamente, la necesidad de un encuadre adecuado es un elemento sumamente importante, muchas veces obviado. Lograr un buen encuadre significa que en el espacio rectangular que nos demarca el visor, debemos asegurarnos que nuestro objetivo a retratar ocupe un lugar absolutamente dominante de la imagen, evitando que otros objetos ya sea por colorido/tonalidad, como por tamaño distraigan la atención del verdadero sujeto. Antes de disparar debemos observar con detención el sujeto y también el contorno de él, así como las cuatro esquinas del marco. Veamos los siguientes dos ejemplos. En estas dos fotos se puede observar que el sujeto en este caso un pescador con su captura en las manos está correctamente expuesto y enfocado, lo cual permite al observar distinguirlo claramente en cada una de las dos imágenes. Sin embargo existen elementos distractores a su alrededor que de cierta forma le restan importancia a este objeto principal.
En esta tercera foto se puede apreciar el mismo pescador de la segunda foto, pero en este caso se destaca mucho más como protagonista, dando un mensaje absolutamente claro del objetivo relevante del retrato. Si se compara esta foto con la anterior, podemos apreciar que la importancia del pescador es mucho más evidente, y aún la trucha en sus manos toma un papel más destacado que en la exposición anterior. La forma de lograr este enriquecedor cambio se debió a dos factores. El primero, ya mencionado, es que se aplicó un encuadre mucho más adecuado, eliminando gran parte de la vegetación de tonalidad resaltante de la orilla opuesta del río. Se ubicó de mejor manera al pescador dentro del espacio del recuadro. Las distracciones en tonalidad fueron eliminadas del cuadro, quedando el objetivo principal como el real y único elemento destacado en cuanto a luminosidad. En segundo lugar, el enfoque de la imagen fue aplicado en forma selectiva. La profundidad de campo fue disminuida, lo que permite que sólo el pescador y su trucha se encuentren con foco preciso, lo que logra que el segundo plano fuera de foco pierda toda importancia, pasando a ser un mero acompañamiento. La profundidad de campo reducida se logró gracias a una mayor abertura del diafragma al momento de la obturación. En las cámaras Reflex esto se logra controlando la apertura según los controles propios de cada cámara. Una abertura f/5.6 o f/4 son perfectas e incluso una f/8. En las cámaras de bolsillo automáticas, esto se logra estableciendo un modo de obturación rápida o bien utilizando los controles de la propia cámara, dejándolo en una automática posición de retrato.
En esta siguiente fotografía, que retrata las espinas de un cactus, también se aplicó correctamente el concepto de profundidad de campo, logrando que sólo las espinas en primer plano y parte del tronco del cactus estén enfocados. En comparación al segundo plano, absolutamente fuera de foco, no cabe duda al observador cuál es el objeto que quería destacarse en la imagen. Sin embargo no se logra centrar completamente la atención del observador en el real protagonista de la foto, el cactus y sus espinas, porque el fondo de la imagen, aunque fuera de foco, distrae el ojo, ya que el cambio de tonalidades de azul claro a verde (el cielo y los árboles) es demasiado fuerte. El peso de la foto no logra mantenerse en las abundantes espinas en primer plano debido al fuerte cambio de tonos en el fondo, lo que le quita su protagonismo. Quizá, de haberse usado un encuadre más cercano a las espinas, agrandándolas en relación al espacio del recuadro (dejando sólo el fondo del cielo, o sólo el fondo de los árboles), podría haberse evitado la distracción del fondo. Sin embargo, no es imperativo que el objeto de la fotografía ocupe el mayor porcentaje del espacio encuadrado para destacarse en forma clara y radical en relación al resto de la imagen. Por ejemplo, en la siguiente fotografía, el objetivo central no ocupa precisamente el centro del recuadro ni tampoco constituye un porcentaje dominante del área total de la foto. El insecto, en este caso un saltamontes verde, destaca plenamente en la fotografía, gracias a dos factores esenciales. En primer lugar, su color y tonalidad son claramente más fuertes que el color y tono de la roca en que se encuentra posado, listo a saltar. Por otro lado, la profundidad de campo reducida, en que sólo el insecto se encuentra nítidamente enfocado, ayuda enormemente a resaltar al saltamontes como verdadero protagonista de la imagen, aunque éste no ocupe el porcentaje mayor del recuadro.
La simplificación de la foto es un factor muy importante al momento de aislar el sujeto de una fotografía. Tal concepto queda claro en la tercera imagen de pescador con su trucha, indicada anteriormente. Queda aún más claro en la imagen del saltamontes. Mientras menos información visual explícita exista en el recuadro, más fácil le será al observador centrar su atención en el sujeto de la foto. Bajo ese concepto de simplificación de las imágenes, en la siguiente fotografía, una garza se destaca sin lugar a dudas del resto de la imagen. En este caso, su color blanco en un costado, y azul claro en el otro (por efectos del ángulo de la luz), son absolutamente distinguibles de un entorno absolutamente negro. Esta fotografía es un excelente ejemplo de simplicidad, lograda gracias a buscar un encuadre que sólo incluye a la garza, parte de las rocas en que se encuentra parada, y un fondo absolutamente en sombras, que gracias a la exposición escogida, quedó carente de cualquier detalle que podría haberle quitado importancia al ave.
Componer una foto adecuadamente es un factor clave para producir imágenes destacables y claras en su despliegue. La composición no depende de compleja tecnología, ni elementos técnicos de las cámaras, sino de la capacidad del fotógrafo para visualizar en su mente el rectángulo resultante de la fotografía, destacando lo que él realmente quiere destacar. Fotos: Rodrigo Sandoval (excepto en la que él aparece) |
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