Guiando a un Principiante - Rodrigo Sandoval

Trabajar como guía siempre fue un desafío especial. Cuando comencé, sabía, por lo mucho que me habían contado, que cada cliente es distinto. Algunos son muy agradables y otros difíciles. Anteriormente me había tocado guiar a unos americanos en la zona de Magallanes y no pareció tan tremendo. Pero esa vez eran amigos de mi papá y la verdad es que el ambiente era muy relajado, porque nos dedicamos a recorrer muchos lugares, entre ellos, las Torres del Paine.

Al asumir mi nuevo papel, en una actividad que me apasiona muchísimo - pero esta vez desde un punto más profesional - no dejaba de ponerme en un estado de nerviosismo. Así llegó el día en que recibí mi primera adjudicación de cliente. Me dijeron que era un tipo importante: "el editor de una de las revistas de vinos más importantes de Norteamérica". El trato era guiarlo dos días por uno de los destinos más famosos de la décima región. El primer día estaba destinado al Río Petrohué. El segundo, a un delicado y muy técnico afluente de este mismo gran río. El desafío estaba planteado. Mi primer cliente oficial y me tocan dos ríos de gran demanda técnica.

El viernes designado, estaba listo frente a su hotel en Puerto Varas a las 7:00AM. Todo en orden. Apareció Dave. No recuerdo su apellido. Venía acompañado de su pareja, quien dijo que quería aprovechar el día para pasear. "Ningún problema, you're absolutely welcome to join us". Así nos dirigimos rumbo a Ensenada. El día estaba de maravilla. Era pleno noviembre, la primavera aún se sentía, mientras la calidez del verano se empezaba a asomar. Algunas nubes en el cielo daban la tranquilidad de un día que pretendía mantenerse agradable.

Comenzamos a hablar de la zona. Ella y él se mostraban muy interesados. Les conté de cómo se formaron los dos lagos, Llanquihue y Todos los Santos. "Lugar Profundo - Llanquihue y el Todos los Santos eran un mismo lago hace muchos milenios. Un enorme lago. Luego, las erupciones de los volcanes, en particular el imponente Osorno, crearon un dique separando ambos lagos. Hoy, el Llanquihue fluye al mar sólo por el Río Maullín, mientras el Todos los Santos lo hace por el Petrohué, hacia donde vamos ahora". Les gustó el paisaje y les impactó el Osorno. Paramos para unas fotos. Más allá, entrando en el Parque Nacional Vicente Pérez Rosales, paramos a recorrer los Saltos del Petrohué. El día iba de maravilla y todos estabamos disfrutando tremendamente del paseo.

Llegamos al Río Petrohué - "Lugar de Niebla" - , donde estaríamos gran parte del día. Nos pusimos los waders y yo me dediqué rápidamente a armarle una caña a mi cliente. La elección de equipo, dadas las condiciones, indicaba una caña de acción rápida #6, ya que estaríamos usando grandes streamers para tentar a las fario locales. Una línea sinking tip para llevar la mosca a los sectores más profundos y, dado que la corriente es fuerte en ese sector, se necesita la rápida tasa de hundimiento para llevar la tentación al fondo. Un corto leader, de grosor final 2x estaría en condiciones de colaborar con el resto del equipo. Le pasé la caña. Nos metimos al agua entrando a la parte baja de un gran trecho de profundidad media, que terminaba en un profundo pozón a unos 10 metros de donde estabamos. El agua corría cristalina y se veía el fondo varios metros hacia adelante. Llegó el momento de lanzar, así que le indiqué dónde debía comenzar colocando su imitación.  Dave me miró desconcertado, como indicando que no era capaz de lanzar la distancia que teníamos en frente, ni de manejar la línea tan compleja que estaba en la caña. Bastaron un par de frases intercambiadas para descubrir que esta era su segunda experiencia pescando con mosca. ¡Increíble!

También desconcertado, sugerí salir del agua y enfrentar toda la situación como las circunstancias reales evidenciaban: yo estaba guiando a un completo principiante. Nadie me guió a mí cuando empecé, por lo que nunca me había enfrentado a la situación. En ese momento de incertidumbre, saqué todo el conocimiento que pude obtener de mis neuronas y me dediqué con mucha paciencia a enseñarle los fundamentos del lanzamiento. Luego, me enfoqué en los detalles involucrados con el lanzamiento de líneas de estas características. Rápidamente entendió que debía minimizar el número de vaivenes de la caña, para simplemente lanzar la línea y dejar que volara sola. Un par de pruebas sobre tierra firme le dieron algo más de confianza.

Volvimos al agua, y Dave intentó colocar la mosca al comienzo del profundo pozón, para dejar que la línea trabajara hundiendo el patrón. Estuvimos así gran parte de la mañana, tiempo en el cual Dave progresó mucho, pero no lo suficiente. Lo vi a ratos un poco desalentado. Evidentemente, ninguna trucha fue seducida con el ofrecimiento y ni siquiera vimos acción de ningún tipo.

Mientras almorzábamos medité cuál podía ser la solución. A mí me ayudó mucho en mis comienzos iniciarme trabajando ríos de pequeño tamaño, donde la distancia a los lugares tentadores era mínima y nunca me sentí limitado por mi capacidad inicial de lanzamiento. Le mencioné a Dave la existencia de algunos pequeños ríos que entraban al lago, que podríamos visitar en la tarde. La idea le pareció excelente.

Soft Hackle Wet Fly

Llegamos una hora más tarde a uno de ellos. A veces algunos peces grandes suben por el lecho, pero no en esta época. Seguramente sólo algunas arcoiris de unos 15 cm eran el objetivo a esperar. Para facilitar las cosas a Dave, decidí que intentar el clásico enfoque lanzando en diagonal hacia arriba y dejando derivar libremente iba a ser un poco exigente. Me acerqué a un buen sector que acostumbraba pescar unos años antes. Pude ver algo de actividad de superficie, pero nada relevante como para usar secas, y menos dadas las capacidades de Dave. ¿Solución? Lo más fácil era hacer que él lanzara corriente abajo y dejar que la mosca se columpie por el final del trecho. ¿Qué mosca? Por la época era muy fácil ver algunas caddis volando, así que sin mucho análisis pensé que la actividad escasa en la superficie era producida por las pupas caddis emergentes. Nada más claro que poner una mosca húmeda - wet fly -, una de las Soft Hackle que hice durante el invierno. La caña fue cambiada por una #5 para facilitar la tarea. La línea, evidentemente una flotante. Weight forward para apoyar el lanzamiento. El leader, largo, pero no tanto, para evitar posibles enredos en el lanzamiento. Sólo unos dos metros. Usamos 5x.

Sólo minutos después, Dave se acostumbraba a poner la mosca al final del trecho y dejar que se columpiara hasta nuestra orilla. Parecía disfrutar con su progreso. Cada lanzamiento era más preciso y más natural. Estaba en eso, cuando por primera vez en su vida experimentó ese mágico momento que se ha quedado grabado en nuestros instintos de pescadores mosqueros: tuvo su primera picada. Se alteró, se rió, casi gritó de emoción, pero logró sacar su primera arcoiris chilena. Lo dejé completamente a sus anchas con la maniobra. Suavemente, como si fuese instintivo, devolvió la delicada trucha de 15 cm al río. Le faltaba cara para sonreír y me dijo que éste era el comienzo de un excelente día. Y eso que ya daban las 4 de la tarde.

El resto de la tarde repitió unas 5 truchas más de forma similar. Fue un éxito completo a percepción de él. El fin de la jornada estuvo marcado por algo de cansancio, pero con gran satisfacción. Sólo quedaba esperar unas horas para comenzar la siguiente mañana, donde efectivamente visitaríamos ese segundo río tan técnico que estaba programado. Esa noche me costó dormirme pensando en cómo podríamos enfrentar esa pesca sin mucha experiencia en lanzamiento preciso y largo.

A las 6AM sonó el reloj. La noche se había sentido como sólo un ejercicio abdominal. No dudé más y me levanté. Una hora después íbamos camino a nuestro destino. Cerca de las 9AM estabamos a orillas del curso de agua. Este río, con poca corriente en su sector más productivo, invitaba a mostrar una enorme fario cruzando la vegetación del fondo. No sucedió, pero Dave seguía superestimulado por la tarde anterior. Traté de calmarlo para que la expectativas no fuesen irreales. Estabamos frente a un curso muy técnico.

Guía y Cliente

Entramos al agua. Le mostré dónde lanzar y cómo debía recoger la mosca. Sus primeros lanzamientos estuvieron lejos del destino. Pero en cada uno se sentía más cómodo. La caña #5 de nuevo estaba armada con línea flotante  WF, y el leader había subido a casi tres metros, quedando en 4x. La mosca era una ninfa más grande. Lo observé durante varios lanzamientos, pensando en que la falta de sutileza al poner la mosca en el agua no lograría evitar que las histéricas fario del lugar se asustaran.

Una vez más ... la suerte del principiante. Dave se sorprendió al principio, pero rápidamente reconocimos la gran convulsión del agua como el ataque de una voraz arcoiris a la imitación. Instintivamente levantó la caña y la trucha sintió la clavada. Comenzó a pelear, pero afortunadamente para Dave, no arrancó. La caña se doblaba, y sin usar carrete, mi cliente, milagrosamente, logró mantener una tensión adecuada evitando que cortara, así como evitando el escape. Muchos minutos, a un ritmo cardiaco nervioso, se transforman en una eternidad. Pero ese tiempo casi infinito llegó a su fin y pude sacarle una foto con una hermosa arcoiris de 2 kg. en las manos.

Lo que más me gustó del momento fue ver que Dave no podía ser más feliz. Y sentía que mi labor había contribuido a ello. Creo que fue mi mayor recompensa. Era más que un éxito deportivo. Era una sensación de haber aportado algo en la calidad de vida de otra persona. Creo que el privilegio de estar en un lugar tan paradisíaco, y simultánemante cumplir con un trabajo que a veces depende de factores aleatorios, es una verdadera sensación de triunfo.

Después de reírse y recordar cada detalle por unos 15 minutos, Dave se calmó y decidió que quería probar de nuevo un río pequeño. Afortunadamente estabamos sólo a pasos de un razonable estero afluente. Un rápido análisis con mi malla recolectora reveló que el fondo estaba habitado por grandes cantidades de mayflies, en estado de ninfa. Había varias especies, pero alcancé a reconocer las clásicas baetis entre las más abundantes. Seguimos con la combinación de caña, línea, esta vez bajando el leader a una punta 5x.

En pocos minutos le enseñé la aproximación, lanzando en diagonal, corriente arriba, y dejando derivar hasta volver a lanzar. Se sintió más cómodo. Lanzó mejor e hizo todo mejor. A cada hora que pasaba, la Hare's Ear caía en forma más precisa en el lugar elegido. Eso significó que Dave lograra engañar a unas 15 truchas en lo que quedaba de la mañana.

Después de almuerzo nos fuimos. Lo dejé en su hotel, junto a su expectante pareja. Dedicó unos 5 min. a hablar sin parar de todo lo que había visto, hecho, y pescado. Cuando nos despedimos, casi sentí que yo había sido como una especie de ángel guardián para él. En realidad, había sido un éxito rotundo para un principiante. Lo mejor de todo, aunque él nunca lo supo, fue cuánto aprendió su guía en esas dos jornadas. Creo firmemente en que las aventuras cliente-guía se basan en un mutuo crecimiento, tanto como pescadores, como personas. Esa experiencia me enseñó muchísimas cosas que logré aplicar con éxito en las siguientes temporadas que trabajé como guía.

Las enseñanzas técnicas, las resumo en las siguientes recomendaciones para pescadores novicios. En especial para aquellos de los lectores que quieren iniciar a un amigo o pariente en esta hermosa actividad.

  • Siempre es más fácil que alguien aprenda si hay algo de "acción" en la jornada. Elegir un río activo es la clave, independiente del tamaño esperado de las presas. El tamaño pasa a segundo lugar para un novato.
  • El equipo debe ser relativamente liviano, pero no en exceso, porque es más difícil manejar una fina caña #3 que un equipo balanceado #5 ó #6.
  • Si el lanzamiento es deficiente, conviene partir por trabajar un pozón corriente abajo, lo que requiere menor distancia y precisión en el lanzamiento. A la vez, el esfuerzo realizado es menor, lo que evita el cansancio prematuro.
  • Para la pesca corriente abajo, se presentará una mosca que seguramente nada contra la corriente, ya que es difícil presentarla derivando libremente. En cualquier río es posible encontrar truchas dispuestas a tomar ninfas que emergen. Una wet fly es ideal imitación, aunque muchos otros patrones cumplen el propósito. Un Woolly Bugger es una excelente elección inicial, ya que su tamaño y forma facilitan al pescador a ver lo que está haciendo.
  • Gracias a la pesca corriente abajo, se mantiene la línea más tensa, lo que permite que el pescador iniciado sienta fácilmente la picada, aumentando la emoción, y evidentemente ayudando al éxito en la clavada oportuna.
  • No conviene un leader largo en las primeras salidas, ya que la posibilidad de enredarlo es alta. Al ser más corto es más maniobrable, y al pescar corriente abajo no se necesita llegar al fondo.
  • Cuando el principiante se siente más cómodo con el equipo y el río, es momento de probar lanzamientos corriente arriba. De preferencia usar sectores de corriente lenta, para que logre aprender a manejar la línea a medida que se le viene encima con la corriente. A veces, repetir una y otra vez en el mismo punto permite que el iniciado vaya calibrando su muñeca.
  • Para ayudar al novato a detectar la picada, el uso de un strike indicator es una excelente alternativa. Es mucho más didáctico que simplemente vigilar la punta de la línea.
  • El guía, debe concentrarse en la pesca de su "vigilado". Es bueno dar algunas correcciones, pero no demasiadas, porque es bueno permitir que el novicio experimente por su cuenta y reconozca algunas de sus propias fallas y vea él mismo cómo corregirlas. Es bueno que él sepa que se está ahí para él, pero no "encima de él".
  • Al capturar un pez, se deben dar las facilidades para que el pescador lo tome y lo suelte por su cuenta. No hay nada mejor que hacer eso por medios propios en las primeras experiencias en el río.
  • Finalmente, la cámara de fotos debe estar a mano, ya que es muy posible que ocurran situaciones memorables.

Por otro lado, las enseñanzas humanas son infinitas. Existe la oportundidad de compartir experiencias con personas que en varios casos provienen de latitudes muy lejanas, y por consiguiente, de una cultura distinta. El hecho de saber que el guía está ayudando a su cliente a cumplir lo que, hasta cierto punto, es un sueño haciéndose realidad, es un aspecto especial. Ser parte de todos esos procesos humanos, es una bendición. Vale la pena el esfuerzo.


Rodrigo Sandoval trabajó como guía a mediados de los noventa, antes de volverse un ingeniero ("computín"). Hoy se dedica a la exploración de nuevos destinos, en Chile y el extranjero, aunque sigue guiando en ocasiones especiales.

Comentarios pueden ser dirigidos a: rsandova@riosysenderos.com



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