
Texto: Rodrigo Sandoval – Fotos: Carlos Correa F. Dentro del enfoque clásico de la entomología para pescadores con mosca, los órdenes de insectos más conocidos y recurridos son las hermosas Mayflies, (Ephemeroptera), las abundantes caddisflies (Trychoptera), las impactantes Stoneflies (Plecoptera), muchos mosquitos (Diptera), y las agresivas Libélulas (Odonata). Por esa razón para mí, por mucho tiempo, pasaron desapercibidos aquellos insectos acuáticos agrupados bajo el orden Megaloptera, entre los que se incluyen moscas que en el mundo angloparlante se conocen como Alderflies, entre otras. Dentro de los textos provenientes del Hemisferio Norte, un grupo particularmente destacado está compuesto por una gran familia, que recibió el nombre de Corydalidae. Dentro de esta familia se encuentran especies de megalópteros de interesante tamaño, aunque difíciles de observar en su estado adulto. En esta familia se reconocen las llamadas Dobsonflies, identificadas como los adultos de esta familia, y las legendarias Hellgrammite, que corresponden a las larvas de las mismas especies en su estado inmaduro. Su relevancia aparece al describir sus tamaños como larva, ya que superan los dos centímetros de largo. Para mí, su importancia comenzó no hace mucho tiempo, en una jornada de pesca en un río de la zona central de Chile. Se trata de un río más bien pequeño, con varios recodos entre los rápidos, pozones cortos y grandes rocas interrumpiendo el paso del agua. Luego de unos lanzamientos de prueba usando algunas ninfas clásicas y de uso muy frecuente, sin resultados ante las truchas, comenzamos el metódico proceso de recolección de insectos debajo de las rocas y entre recodos de corriente. En mi malla de recolección me encontré con algo que identifiqué a la rápida como una larva de free living caddis, que estaba enrollada formando una pequeña bola. La puse sin mayor análisis en un plato que ando trayendo para observar lo recolectado con mayor detención. En un segundo, esta larva se desenrolló mostrando una figura claramente diferente de cualquier larva de caddis. Sin haber visto nunca una de éstas antes, en un recóndito rincón mohoso de mi memoria apareció la imagen dibujada (no fotografiada) de una Hellgrammite de algún libro leído anteriormente. Lo que más me impresionó en el momento fue el largo de esta larva. Quedaba claro que al verse arrastrada por la corriente, estas larvas eran más que un suculento bocado para las truchas. Al poco rato, proseguiendo con la recolección, en la que encontramos algunas larvas de Ryacophila (free living caddis), unas grandes larvas de dípteros, e innumerables capullos de net-spinning caddis pegados en las rocas, volvimos a toparnos con otra de estas larvas, en esta ocasión de aún mayor tamaño. Capturamos una tercera larva de Megaloptera de gran tamaño y procedimos a fotografiarlas en el mismo lugar, como se ve en esta fotografía. Megaloptera
Siendo un orden de insectos sumamente antiguo (aprox. 270 millones de años) (2), en Norteamérica sólo se reconocen 40 especies en total del orden, considerándolo uno de los órdenes de insectos menos diversos (3). En América del Sur, particularmente Argentina y Chile, la diversidad es casi equivalente, identificándose las mismas dos familias y correspondientes subfamilias, subdivididas en 35 especies en total (1). Dentro de este orden se reconocen dos grupos, uno de ellos corresponde a la familia de las Sialidae, también conocidas como Alderflies, relativamente pequeñas en comparación a sus parientes inmediatas y documentadas en “El Enigma de las Alderflies” (como referencia anecdótica, en el mismo río en que descubrí las Hellgrammite, también nos tocó una clara presencia de Alderflies adultas en esos días). El grupo de interés en esta ocasión, las Corydalidae, de acuerdo a algunos autores, se subdivide a su vez en dos subfamilias: Corydalinae, que agrupa a las que efectivamente se conocen como Dobsonflies en su estado adulto; y las Chauliodinae, recibiendo el nombre de “fishflies” (¿por qué será?). Estas especies, en su estado inmaduro, reciben el nombre de “Hellgrammites”. Las Hellgrammite se distinguen de otras larvas y otros órdenes por tener una forma alargada, moderadamente aplanada, de gran tamaño (su tamaño varía entre los 30mm y 90mm.). Su cabeza se presenta bien desarrollada, con distintos patrones de coloración. Ojo, que al poseer un poderoso set de mandíbulas, “las Hellgrammite pueden morder a quien las manipule con poca delicadeza” (3). Su cuerpo se encuentra segmentado, distinguiéndose evidentes filamentos laterales, que pueden ser fácilmente confundidos con patas, aunque las verdaderas patas son aquellas que se encuentran en la zona toráxica. Estas dos subfamilias se distinguen porque las primeras (Corydalinae) presentan un pequeño mechón de branquias en la base de los siete primeros filamentos laterales, mientras que en las segundas (Chauliodinae) estos mechones están ausentes. En este estado de larva se encuentran con mayor frecuencia en “rápidos de ríos montañosos a grandes ríos, pero también se las encuentra en hábitats inusuales como huecos de árboles u ocultas en los primeros estadios en el sustrato de ríos intermitentes” (1), lo que las transforma en insectos sumamente resistentes. En este estado de inmadurez se toman entre 2 y 4 años, lo que las hace un insecto de presencia estable a lo largo del año (2). Como pupa y adulto son difícilmente ubicables, por lo que no son comúnmente conocidas, ni tampoco se encuentran disponibles para los peces. Los adultos no retornan al agua para depositar los huevos, sino que los adosan a ramas, hojas y otros objetos que cuelgan sobre el agua, desde donde las larvas recién salidas del huevo caen para comenzar su etapa altamente depredadora bajo la superficie. Las larvas se arrastran hacia la orilla para proceder a transformarse en pupa, lo cual también deja a estas últimas lejos de las fauces de los peces. Los Megalópteros y los PecesDado su increíble tamaño, drásticamente mayor que la mayoría de los otros insectos inmaduros, las Hellgrammite ofrecen una posibilidad inigualable de alimento para los peces. Aunque sus hábitos las mantienen buscando presas bajo el substrato en el río, ocasionalmente quedan expuestas a la corriente, siendo arrastradas a las fauces de los peces. Usualmente se las encuentra en sectores de grandes rocas y aguas correntosas. Se arrastran en los espacios entre las rocas, y su mayor actividad es durante la noche, ya que durante el día se encuentran a mayor profundidad en la grava.
Su imitación se basa en usar patrones de gran tamaño y de forma relativamente alargada, como es el clásico Woolly Worm (que asemeja un Woolly Bugger sin cola, usando una pluma grizzly o castellana enrollada en el cuerpo). Otra alternativa de imitación más precisa es el patrón llamado “Hellgrammite”, originado por Doug Prince (el creador de la ninfa Prince). Más preciso aún es la imitación chilena de estos insectos, de perfil muy realista, creada por Carlos Correa, y bautizada como la Charly Hellgrammite. Se trata de una ninfa de buen tamaño, trabajada con bastante detención al atar uno por uno los filamentos laterales, además de crear el abdomen con dubbing y un tórax marcado, con patas de largo adecuado. Dado que su presencia se asocia al fondo de los ríos, su imitación debe contar con patrones lastrados y presentaciones libres de tensión, permitiendo que el patrón se mantenga rebotando entre las piedras del lecho. Esta técnica es muy similar a la de presentación de stoneflies. Técnicas más precisas para la presentación de ninfas en el fondo pueden encontrarse en “Controlando el Derive Libre con Ninfas“. El esfuerzo debe concentrarse en sectores de pequeñas caídas de agua, o de aguas corrientes, paseando la mosca muy cerca del fondo en una presentación de derive libre.
ConclusionesLamentablemente no existe un registro más preciso para reconocer una distribución geográfica más precisa de estos insectos en aguas del Cono Sur, por lo que es más bien tarea del pescador-entomólogo el descubrir la presencia de estas larvas en un río en particular. Por nuestra parte, nuestros registros personales ubican especies de estas grandes larvas en aguas de la Región de Los Lagos y también de la Región Metropolitana. Sin duda, traer a mano algún patrón de imitación de estos insectos es una buena carta, cuando se da la presencia de éstos, ya que la probabilidad de que los peces residentes sepan de su presencia y acepten estas larvas en su dieta es alta. Y la posibilidad de que dejen pasar la oportunidad de un bocado de tales dimensiones es extremadamente interesante para el pescador ansioso por capturar a las truchas trofeo del río. Bibliografía
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