
Mi primera noción acerca de los huemules se remonta a mi época escolar, cuando aprendí que en el escudo de Chile se alzan como orgullos de nuestra tierra, un cóndor y un huemul. En años posteriores, me encontré en varias ocasiones mirando hacia el cielo, admirando el plácido, pero poderoso vuelo de un cóndor andino. Pero no sabía que habrían de pasar casi dos décadas para toparme cara a cara con un huemul, también llamado Yakshal o Shoam en lenguas nativas. Para el mundo científico, un Hippocamelus bisulcus. En nuestra era actual, todos quienes hemos crecido en grandes urbes - posiblemente influenciados por libros de cuentos y dibujos animados - asociamos a los ciervos de cualquier especie con conceptos como la belleza, la tranquilidad, la inocencia, y posiblemente nos permite recordarnos cuán delicado es nuestro entorno natural. Simultáneamente, en esta era de evidente amenaza a los diversos ecosistemas del mundo, la expresión “peligro de extinción” se ha identificado con muchas especies nativas de todo nuestro planeta, y en esta parte del continente, con uno de sus mayores mamíferos: nuestro ciervo austral o huemul.
Biología de los HuemulesLos huemules fueron originalmente confundidos con un pequeño caballo por los naturalistas de los siglos XVII y XVIII, pero al analizarlo más directamente, por sobre sus rastros y restos de algunos especímenes, se los identificó como el ciervo que hoy conocemos. Los machos pueden llegar a medir más de un metro y medio y pesar entre 50 y 100 kgs. Las hembras son más pequeñas, sin cuernos y con largas orejas. El pelaje demuestra a simple vista una densidad adecuada para soportar las duras condiciones invernales de su entorno, manteniendo colores café claro y oscuro, según la época del año. Hoy en día esta especie se encuentra en peligro, y por tanto está protegida por ley. Solamente sobreviven pequeñas manadas en algunos sectores de la región del Ñuble (VIII región), en Chiloé continental (X región), y en mayor número, sin llegar a ser abundantes en las regiones de Aysén (XI región) y Magallanes (XII región). También se los puede encontrar en parte del territorio de la Patagonia Argentina y recorre extensiones que van desde el mar hasta casi los 1.500 msnm. En mi vida he logrado ver huemules desde la Reserva Nacional Cerro Castillo hasta la austral Villa O’Higgins, reconociendo como un lugar con buenas posibilidades de avistamiento la zona de Cochrane, a unos 350 km al sur de Coyhaique.
Durante el verano, el huemul se concentra en las partes altas de los cordones montañosos, manteniéndose en sectores con vegetación de la que se alimenta, lo que lo deja lejos del rango de recorrido del visitante ocasional. Durante el invierno baja a los valles más templados, escondiéndose entre el follaje del bosque, y siendo observado ocasionalmente cerca de pequeños poblados. Son las épocas de transición - primavera y otoño - las que mayores posibilidades ofrecen, ya que los huemules se hayan en los valles bajos y se encuentran en movimiento. El primer encuentro cara a cara que tuve con un huemul, ocurrió en un extremo perdido de la austral región de Aysén, en plena Patagonia. Recorría en una camioneta junto a tres amigos la última sección de la Carretera Austral, cuando justo en una curva, entre los árboles, se erguía imponente un hermoso macho con sus cuernos totalmente desarrollados. Nos enfrentó de costado, sin mostrar el más ligero indicio de temor, mientras nuestra impresión inicial iba dejando paso a la oportunidad de fotografiarlo. Fue realmente, un momento mágico en mi vida. En épocas más recientes he tenido la fortuna de toparme con diversos grupos de huemules, compuestos de dos a tres individuos, un par de ellos compuestos por machos y hembras. En algunas de esas oportunidades, incluso he llegado a acercarme a ellos a unos pocos metros, con mucha precaución y tranquilidad. Aunque en un comienzo se les observa muy atentos al movimiento de las personas, por naturaleza no son nerviosos, por lo que no emprenden una retirada frenética. En estos encuentros he aprendido que si me acerco pausadamente, ellos son capaces de analizarme con detención y eventualmente no dudar de mis buenas intenciones. Con paciencia y determinación he logrado fotografiarlos a no más de dos metros de distancia, aunque nunca he querido presionarlos acercándome más que eso. Hoy en día la posibilidad de experimentar uno de estos encuentros disminuye con cada avance del desarrollo en aquellas regiones tan aisladas. La carretera austral, a la vez que constituye un medio importante para el progreso de diversas localidades de la zona sur de Aysén, resulta ser una evidente amenaza para la sustentación del entorno de los huemules, y por tanto, de la especie. En mis viajes por la zona he podido constatar en las propias palabras de los habitantes de la región, quienes se han acostumbrado a la presencia de huemules desde su infancia, que hoy ya no es tan común como antes. Aún así, sigo creyendo que un encuentro con un huemul produce un efecto profundo en quienes hemos sido criados en la urbe, ajenos a gran parte de la vida natural nativa de nuestro territorio. En las ocasiones en que me he visto frente a frente con ellos, se percibe un aire de confianza que, en mi opinión, debería despertar la conciencia de todos nosotros al recordarnos que son ellos los verdaderos dueños de la tierra. Particularmente, me encantaría saber que mis hijos tendrán la misma oportunidad que yo de tener un mágico encuentro cercano con el señor austral: el huemul.
Fotografías: Nikon F601, lente zoom 75-300, película Fujichrome Provia 100 |
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