
Empezamos temprano en la mañana. Como a las 7AM. En estos días, cuando la temporada de truchas se termina, los días comienzan más tarde en la Región de los Lagos, por lo que pudimos apreciar el amanecer en el Río Petrohué. La calma se sentía por todos lados. La ausencia de viento, combinada con la ausencia de actividad en la superficie y la neblina reinante, lograban una sensación indescriptible. Poco más de una hora más tarde, cuando seguíamos sin lograr una sola picada, comenzamos a ver algunas caddis en el aire. Al comienzo fue muy suave, unos pocos especimenes volando. Pero en pocos minutos empezó a sentirse con más fuerza la eclosión de estos insectos. Poco a poco la cantidad de adultos de caddis aumentó, llegando al punto en que chocaban con nosotros y con nuestras cañas. Nuestro primer reflejo era casi evidente: sacamos imitaciones de estos adultos y los presentamos en runs y riffles con gran delicadeza. No sólo no tuvimos picada alguna durante la completa duración del proceso, sino que no logramos ver más que una o dos tomadas de superficie. Es decir, quedó claro que las truchas presentes no estaban alimentándose de los adultos. Sin lograr descifrar el misterio (aunque teniendo una clara sospecha), seguimos caminando río abajo.
Una hora después estábamos los mismos cuatro pescadores lanzando nuestras moscas en diversos puntos de un largo recodo del Petrohué, parándonos entre las rocas asomadas cerca de la orilla y rodeados por pozones significativos, que eran flanqueados por fuertes tramos de corriente. Un par de fuertes picadas (y cortes del 5x, desgraciadamente), demostraron no sólo la presencia inequívoca de grandes truchas, sino que su voluntad a alimentarse, o al menos a atacar nuestras moscas. Pasó el rato y poco a poco comenzaron a aparecer las mismas caddis que habíamos presenciado temprano en la mañana. Al comienzo no eran muchas, pero a medida que pasaban los minutos, más y más adultos parecían revolotear a no más de uno o dos metros de la superficie del agua. Los montones de insectos se transformaron en un caos, en que cientos y miles de estas moscas se movían de un lado a otro, cubriendo casi cualquier espacio entre las rocas. Una vez más, nuestra emoción no fue acompañada por las esperadas tomadas frenéticas en la superficie, sino que fuimos testigos de cómo, poco a poco, en los pozones que nos rodeaban, decenas de truchas, algunas de un par de kilos de peso, se asomaban fuera de las sombras y se mantenían a media profundidad en la columna de agua. Se encontraban en clara actividad alimenticia, lo que se apreciaba por sus movimientos de un lado a otro y sus abrir y cerrar de bocas. Pero en la superficie, nada. Mientras algunos ya habíamos abandonado muy temprano la idea de tomar truchas en la superficie y presentábamos diversos patrones de inmaduros de caddis (larvas, wet flies del tipo soft hackle, etc.), Patricio decidió tomar una idea radical: a su línea de punta de hundimiento, una T200, puso un pedazo de líder relativamente delgado y anudó una Elk Hair Caddis. Claramente, la combinación con esa línea no lograría que el patrón flotase, pero el propósito estaba claro. La paseó sólo dos veces por delante de una pareja de truchas que se alimentaba activamente. La picada fue evidente y la trucha finalmente quedó en sus manos, para con una rápida maniobra de retiro de la mosca, volver al trecho de agua y continuar alimentándose, como si nada hubiese pasado. Esta anécdota ocurrió sólo algunas semanas atrás, en un viaje que realizamos algunos miembros del staff a la Décima Región de Chile, donde pudimos hacer un interesante reconocimiento del valle del Río Petrohué y sus afluentes. Aunque tuvimos innumerables historias más en aquellos días, este hecho puntual resultó más que significativo y vino a reforzar fuertemente la idea, que ya teníamos, de escribir en conjunto esta serie de reportajes dedicados a aquellos insectos que emergen y también a los que se sumergen, siempre siendo acosados con mucho interés por las truchas mientras se mantienen justo debajo de la superficie del agua. Vamos por partes. Hace mucho tiempo se comenta el hecho de que aquellas dramáticas y densas eclosiones, con nubes de adultos volando, no ocurren tan frecuentemente en Chile como en otros países, sino que se perciben eclosiones mucho más suaves y a veces, extendidas en el tiempo. Aún así, sabemos que las truchas están dispuestas a tomar moscas directamente de la superficie, porque lo hemos visto en terreno y comprobado con la práctica. Sin embargo, el simple y claro hecho de que nuestras aguas ofrecen eclosiones más lentas y suaves, no impide que los peces aprovechen estas situaciones para alimentarse con gran abundancia ... bajo la superficie. En la mayoría de los insectos de desarrollo acuático, la mayor parte de su vida transcurre como un inmaduro que ronda el fondo de un río. Hemos aprendido a enfrentar este hecho que se extiende en el tiempo con gran eficiencia, siempre presentando pesadas larvas y ninfas, con técnicas de derive libre y controlado, manteniéndolas cerca del fondo. Sin embargo, esos cortos instantes en que estos inmaduros pasan a la siguiente etapa de su metamorfosis, se producen con mayor abundancia y quedan mayormente expuestos a los peces dispuestos a engullirlos. Se dan tres condiciones que declaran una alimentación masiva por parte de los peces, en relación al movimiento de estos insectos.
En primer lugar, aparecen los insectos que ascienden desde el fondo hacia la superficie. Esto se da en las mayflies, las caddisflies, y las midges. En la mayoría de estas especies son las ninfas (mayflies) y las pupas (caddis y midges), las que se sueltan del fondo y comienzan a ascender por la columna de agua. Cuando los peces las detectan, usualmente ya van llegando hacia la superficie y resultan un bocado abundante y a la vez muy fácil de tragar. En muchas de estas especies con ejemplares de relativo mayor tamaño, estos inmaduros al llegar a la superficie, rápidamente logran romper su exoesqueleto y emerger al aire como adultos alados. Si las truchas detectan a estos insectos emergiendo justo bajo la lámina superficial, los atacan con mayor decisión y usualmente son aquellas las tomadas más violentas que detectamos en la superficie (ya que cuando están tragando adultos posados sobre ella, las tomadas son más sutiles y suaves). Obviamente, resulta más fácil ubicar y enfocarse en insectos que están en proceso de emergencia, y particularmente ya que en Chile las eclosiones no ocurren con la misma densidad y velocidad que en otros países, las truchas tienen tiempo de sobra para dedicarse a estos emergentes.
En algunas especies de menor tamaño, como es el caso de la familia de las Baetis, en las mayflies, y varias especies de caddisflies, particularmente en el caso de la familia Hidroptilidae, e incluso la mayor parte de las especies de midges, cuyos tamaños son realmente pequeños, romper la tensión superficial resulta más que un esfuerzo, lo cual llevo algo de tiempo. Esto, por supuesto, se transforma en una oportunidad muy cómoda de alimentación para las truchas
Sigamos el ciclo de la eclosión. Varios ejemplares de los insectos logran emerger y se quedan unos instantes en la superficie para secar sus alas y poder volar. Esto toma unos segundos, e incluso un par de minutos. En ese lapso, particularmente en las agitadas aguas de un río, se producen numerosos accidentes, con adultos emergidos que son tragados por la turbulencia y se hunden, con alas y todo. Tal es el caso de varias especies de mayflies. Esto también lo reconocen los peces y puede que en algún momento o sector particular del río se concentren en insectos alados sumergidos justo bajo la superficie.
Posteriormente, cuando consideramos a aquellos insectos retornados al agua, es decir, las hembras de la gran mayoría de las especies de mayflies, caddisflies, stoneflies, alderflies, midges, etc. luego de poner los huevos se produce la rendición casi automática del insecto que ha cumplido su ciclo completo, y muchos de ellos se hunden, quedando expuestos bajo la superficie al igual que el caso de los recién emergidos que se hunden.
Finalmente, existe el caso particular de algunas especies de caddisflies cuyas hembras no se posan en la superficie para depositar los huevos, sino que se sumergen con gran decisión hacia la grava del fondo para ovipositar. Esto da dos oportunidades a los peces de hacerse de un fácil bocado: al sumergirse y al emerger por segunda vez. En otras palabras, hay una infinidad de oportunidades de engullir insectos que están en proceso de emerger, o bien que se han hundido por accidente o incluso para depositar sus huevos y terminar su ciclo. Las truchas han sabido de esto por siempre y en el caso de las truchas introducidas a Chile, rápidamente detectaron que estas oportunidades resultan abundantes e incluso mucho más atractivas que el aprovechar los insectos adultos posados sobre la superficie. Para enfrentar estas situaciones, que no son nuevas en Chile ni en ningún otro lado, por varios siglos diversos pescadores con alma de científico (y científicos apasionados por al pesca), han buscado la manera de reconocer estos insectos e imitarlos adecuadamente, utilizando patrones que no sólo se asemejan estéticamente a los naturales, sino que su construcción y materiales utilizados demuestran un comportamiento que es equivalente a los insectos reales. Además de estos patrones, claramente el uso de una técnica de presentación precisa puede lograr el éxito rotundo en las condiciones adecuadas. En esta corta serie de siete artículos mostramos no sólo algunas técnicas adecuadas de presentación de las imitaciones, sino que entraremos a fondo en las diferentes corrientes de montajes de moscas que han logrado simular casi a la perfección el patrón visual que los peces buscan cuando alguna de estas emergencias (o sumergimientos) se presentan. Históricamente, miles de patrones se han diseñado para cumplir con esta necesidad. Sin ir más lejos, el concepto de Wet Fly (que aunque en Chile traducimos como mosca húmeda, en España se la conoce como “mosca ahogada”, que dado los conceptos descritos en este reportaje resulta más que sugestivo). Dentro de estas imitaciones, hablamos con lujo de detalle de tres tipos particulares de estas llamadas wet flies, que se refieren a tres estilos particulares de moscas, algunos originados en Europa, mientras que otros son el fruto de la adaptación a aguas americanas. Por un lado, lo invitamos a leer acerca de las tradicionales wet flies aladas, de las cuales existen patrones creados hace más de un siglo que al día de hoy siguen produciendo excelentes resultados. En particular incluimos un ejemplo de wet fly alada, utilizando fibras de las plumas de los particulares gallos de león. También entramos en detalle en las peculiaridades de aquellos patrones conocidos como soft hackles, y mostraremos en detalle el método de atado de una de ellas, que consiste en una adaptación de un patrón de soft hackle clásico, a las aguas chilenas. Finalmente incluimos en nuestra lista de patrones a aquellos que fueron catalogados a comienzos del siglo pasado, por autores norteamericanos como la mezcla perfecta entre una mosca y una ninfa (fly & nymph: flymph). En este grupo analizaremos con detalle los pasos para montar una adaptación a Chile de una flymph, llamada la Patagonia Flymph. Por supuesto, entraremos en detalle en las técnicas de presentación de cada una de ellas, pero particularmente hemos querido incluir algunas técnicas de fácil aplicación que permita a los pescadores detectar qué fenómeno está ocurriendo y en cual de los estadios de desarrollo de los insectos es que las truchas se han concentrado en un momento en particular. De esa manera, episodios como el que vivimos en el Petrohué hace sólo algunos días, no terminan en agarrarse la cabeza para tratar de entender por qué tantas truchas ignoran una abundancia tan expresiva de caddisflies volando, sino que permitirá que aprovechemos las condiciones y las enfrentemos con la técnica y la imitación más adecuada. |
Rodrigo Sandoval - Carlos Correa - Patricio Brown Trout |
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