
Irrumpe el inconfundible sonido del teléfono un sábado muy temprano por la mañana. Con sorprendente rapidez despierto para escuchar sus noticias. Hemos sido escogidos, junto al grupo de guías con que trabajamos, para organizar la próxima visita de pesca con mosca de un ex presidente de los Estados Unidos a Chile. Se trata de Jimmy Carter. Lo acompañan su esposa Rossalyn Carter y un numeroso contingente de asesores y guardias de seguridad. No puedo dejar de sentirme halagado. Me preocupa toda la logística que deberemos poner a prueba. Pasado el mediodía del 17 de enero de 1997 vuelo rumbo a Puerto Montt. Numerosos políticos y empresarios, junto a los infaltables integrantes del apodado jet set criollo, deambulan por el avión. Me pregunto si asistiremos a la misma cena que ofrece un exitoso empresario santiaguino, en las cercanías de la ciudad de Puerto Varas. No me equivoco. La cena transcurre mientras intento mantenerme ajeno al mundo de esa política que escasamente me seduce. Es mi primera incursión en esta esfera. Palabras y comentarios sin trascendencia flotan en el aire. Aparecen el ilustre ex mandatario y su equipo. Una horda de contertulios se abalanza sobre ellos. Junto a Juan Manuel nos mantenemos al margen. Apartados y distantes. Nos sorprende Carter quien acercándose a nosotros, nos saluda amablemente, ofreciendo un brindis por la buena pesca del día que se avecina. Nos regala con su caballerosidad y sencillez, iniciando una amena conversación de la que es difícil abstraerse. El Osorno se refleja blanco e imponente en las calmas aguas del Llanquihue. Otorga un solemne marco al único porqué de su visita a Chile. Solazarse con nuestras truchas y entorno de vida silvestre, practicando su deporte predilecto. La pesca con mosca. Aquel resistente cabo que nos une. Un oscuro manto iluminado por estrellas cierra la velada. Es tarde. Mañana nos espera un largo día. Ultimamos los detalles en una pequeña casita que se levanta en una colina cercana al lago. Nos acompaña el sonido de 10,000 Maniacs. Compartimos junto a Juan Manuel, Rodrigo y Fernando, no sólo el sueño. También la ansiedad. Amanece. Nuestra salida se efectúa rápida y organizada. Casi asemejando a un cuartel de bomberos. Hoy es el cumpleaños de Claudia, mi señora esposa. Me ha sido difícil el sustraerme de esta fecha. Una sensación de angustia y ansiedad me invaden. Sólo si tengo suerte lograré tomar el último vuelo aéreo de regreso a Santiago, al fin del día. Para festejar en familia. Mi angustia se ha transformado en pavor. Las llaves han quedado dentro de uno de los jeeps, y éste se encuentra cerrado y funcionando. Juan Manuel y Fernando corren a alta velocidad camino a Puerto Varas en búsqueda de la magia que nos permita sortear esta dificultad. Intento recordar - en el intertanto - aquellos trucos que el hampa utiliza. Un delgado y afilado cuchillo consigue el cometido. Afortunadamente, nos encontramos todos rumbo a destino. La función se encuentra por comenzar. Un nutrido contingente de guardias de seguridad norteamericanos junto a personal especializado del GOPE acompañan a José Antonio. Se encuentra al volante. Rojas balizas y agudas sirenas contrastan con el verde del entorno. La caravana despliega una velocidad que atemoriza. Compartiendo jugosas historias de pesca con Fernando, Rodrigo y Juan Manuel, pacientemente espero junto al pequeño pero productivo río en que desarrollaremos nuestro trabajo. Las manecillas de mi reloj parecen haberse detenido. El viejo Land Rover de propiedad del fundo asoma una y otra vez. Jimmy y Rosalyn Carter, Bobby Pasztor, varios asesores y secretarias, y algunos guardias de seguridad, descienden. José Antonio y el dueño del predio por el que corre tan magnífico río, los acompañan. Una larga mesa vestida de rojo se despliega en el plano. Deliciosos manjares junto a finos vinos la cubren. El sol asoma radiante y caluroso. Se respira ambiente de pesca. Camaradería. Nos saludamos. Recogemos muestras de insectos con desarrollo acuático que enseñamos al ex presidente. Se sorprende. Junto a los Carter, Pasztor y un par de guardias de seguridad fuertemente armados, iniciamos la corta caminata al río. En los alrededores de la pequeña cabaña que se levanta junto al próximo almuerzo, permanece el grupo de no pescadores. Mudos testigos del evento. El río corre suave y diáfano. Proviene de vertientes. Cobija una innumerable población de hermosas arcoiris y marrones. Es nuestro santuario. Así lo perciben los Carter. Junto a Rodrigo nos encargamos del ex presidente. Juan Manuel guía a su esposa, en tanto Fernando hace lo propio con Pasztor. Este último incursiona por primera vez en la pesca con mosca. Ardua tarea para un guía. Con dificultad, merced a su avanzada edad, el ex presidente vadea al lugar que le hemos señalado. El lecho fangoso del curso entorpece aún más la tarea. Repetidamente debemos apoyarlo. A nuestras espaldas, seguridad contempla de reojo. Alcanzamos finalmente el punto escogido. "¿Qué mosca me sugieren?", inquiere Carter. "Esta ninfa de dragonfly, Sr. Presidente. Constituye el principal alimento de las truchas del sector.", respondemos al unísono. Una vez entregado el patrón escogido, el ex presidente acota: "Por supuesto línea floating como me indicaron antes, pero ¿qué leader y tippet debería usar?" "Leader de 9 pies de largo y grosor 2X. A él debe atar un tippet 3X con aproximadamente 1 pie de largo.", replicamos. "¿Están Uds. bromeando?", señala sorprendido Carter. "¿ No les parece 3X demasiado grueso para pesca tan técnica y selectiva?" Carter nos desconcierta. "Así es Sr. Presidente. Está Ud. en lo correcto. Sin embargo, no deseamos prolongar la captura de un pez más allá de lo estrictamente necesario. Recuerde que sólo practicamos catch & release. Junto a ello, también deseamos evitar el tener peces con anzuelos en su quijada, originados a raíz de cortes en líneas más delgadas de lo recomendable." Carter asiente. "Están Uds. en lo correcto. Me sorprende ver cómo cuidan el entorno y los peces que en éste habitan." Es sólo entonces cuando con Rodrigo recabamos en el hecho de que somos nosotros quienes instruimos esta vez qué hacer, a un ex presidente de los Estados Unidos. Cuesta creerlo. Nos desorienta. Casi imperativamente le indicamos dónde presentar la mosca. Carter demuestra su habilidad. "Recoja con cortos movimientos, de a pares y con pausa entre ellos, Sr. Presidente. Es ésta la manera por medio de la que la ninfa que Ud. presenta se desplaza bajo el agua." Nuestro cliente sigue fielmente las instrucciones que le entregamos. "¿Cómo es la vida en la Casa Blanca, Sr. Presidente?", pregunta Rodrigo. "Distinta, difícil, pero gratificante.", le responde Carter. "¿Me imagino con muchos sinsabores, Sr. Presidente?", interrumpo casi con insistencia. Carter me mira y sonríe. Recuerdo su sonrisa de diarios y televisión. "No más que en la vida de todos." "¿Te gusta la política?", continúa. Me encuentro en un aprieto. Dudo en ser franco o diplomático. Me cuestiono. "No tanto como la pesca con mosca, Sr. Presidente." Carter vuelve a sonreír y me pone en un nuevo aprieto. "¿Y por quién votaste en la últimas elecciones Pablo?" Miro al río, intentando apuntar alguna trucha que emerge. Una salida. No la encuentro. "Sr. Presidente, en Chile el voto es secreto." Carter emite una carcajada y señala, "Serías un buen político Pablo. Háblame ahora más de la pesca en tú país." Percibo claramente la sensación de un hombre cuya vida se liga a la palabra seguridad, y cuya búsqueda en la pesca se relaciona íntimamente con la necesidad de soledad. El encontrarse con la naturaleza, carente de todo protocolo. Los gritos de Pasztor con una marrón cercana a los tres kilos, ponen momentáneo término a nuestra conversación. Fernando ha logrado su cometido. Nosotros por el contrario, no hemos conseguido durante parte de la mañana que Carter corone con éxito su primera incursión en aguas chilenas. Un sentimiento de culpa nos envuelve.
Luego del almuerzo, Pasztor decide unirse al grupo de los no pescadores. Los Carter reemprenden su cometido. Juan Manuel y Rodrigo acompañan a Mrs. Rossalyn durante la tarde. Cedo a Fernando la iniciativa con el ex presidente. Mientras, disparo insistentemente junto a mi cámara fotográfica. "Le sugiero este pozón, Sr. Presidente", insinúa Fernando. "¿Éste?", apunta sorprendido Carter. "Sí. Éste." repite Fernando insistente, convencido de lo que asevera. Carter dubitativo efectúa la presentación. Ante su asombro - y debo confesar, el mío también - aparece una hermosa arcoiris de dos kilos de peso, la que con sorprendente agresividad toma la mosca. Mientras su caña se flecta, Carter mira al guía con una gran sonrisa. Fernando la corresponde. Una buena cantidad de línea corre por el río merced a la trucha. El motor de mi cámara quema y quema fotografías. El carrete del ex presidente se muestra extenuado. La faena ha concluido. Un apretón de manos sella la captura. El pez vuelve a su medio. "Qué le parece el guía, Sr. Presidente", acoto. "Mejor que los de la mañana", me responde con una carcajada. "Es mi primera trucha chilena. Estoy feliz. Gracias a Uds." Juan Manuel y Rodrigo en tanto, permiten que la Sra. Carter consiga sus primeros ejemplares de trucha en Chile. Luego me confidenciarían, "Ella es seria y tranquila. Una mujer muy inteligente. Y una gran pescadora de mosca." Por medio de un suave sendero, iniciamos el regreso a la cabaña donde los Carter serán recogidos. Jimmy Carter nos sorprende cuando nos solicita detener el regreso. Ello rompe con todas las normas de seguridad que se habían ensayado previamente. Se acerca a Mrs. Rosalyn y le susurra, "¿No te gustaría pescar una hora más en el spring creek?" Ella responde amablemente, "No, muchas gracias. Ha sido demasiado bueno el día como para extenderlo. Recuerda que hoy estamos invitados a un asado." El ex presidente se dirige a nosotros y pregunta, "¿Existe algún problema en quedarse una hora más? ¿Les complica a Uds. con el asado?" Nos miramos atónitos. Qué contestar. Significa perder mi vuelo de regreso a Santiago y no poder compartir junto a mi familia el cumpleaños de Claudia. Me pregunto cómo decir no a un ex presidente de los Estados Unidos. Claudia entenderá. Así lo espero. Aceptamos la propuesta de Jimmy Carter. Con Fernando decidimos dirigirnos junto al ex presidente, a un sector cercano al que recorriéramos previo al mediodía. Rodrigo y Juan Manuel se nos unen. Nuestra pasada experiencia en el río nos señala que aquellos ejemplares de mayor talla se concentran en este lugar. Se ubican en los llamados prime lies, vale decir, aquellos sectores que no sólo ofrecen el mejor abrigo contra predadores, sino además, alimentación fácil y de calidad. La pesca es técnica y delicada. La presentación debe ser precisa y aguda. Pequeños errores en la misma repercuten muy negativamente en la captura, llevando en ocasiones dicha probabilidad a cero. Carter no sabe esto pues no tiene conocimiento previo del lugar. Pero lo intuye. Reconoce situaciones difíciles y sabe como enfrentarlas, y aunque no posee un gran casting de distancia, condición que equivocadamente muchos confunden con la de buen pescador, muestra extraordinaria delicadeza y estilo en la presentación. Demuestra ser un gran pescador. Un corto lapso en el área confirma nuestra teoría. El ex presidente Carter une a su línea una hermosa marrón que excede los tres kilos de peso. Esboza la mayor sonrisa del día. Ha valido la pena la hora extra y su paciencia. Nuevos arreboles comienzan a pintar el firmamento. Caminamos de regreso a la cabaña donde el ex presidente es recogido. Se me extiende la invitación al asado, junto a los demás guías. Aceptamos gustosamente y agradezco la deferencia. Al fin y al cabo, ya he perdido el vuelo y toda posibilidad de festejar junto a mi esposa. Con prisa casi extenuante conseguimos desmontar la operación y acceder a la pequeña pero acogedora casa que nos alberga a orillas del Llanquihue. Una vez allí, disfrutamos de un buen y reconfortante baño, el que aunque rápido, nos brinda la presentación y atuendo necesario para el asado con que hemos sido distinguidos. Nuestra capacidad de hacerlo todo en menos de una hora me asombra por momentos. La cena es familiar. Pocos invitados. Grata y acogedora. Un fuerte aplauso se hace sentir a nuestro ingreso. Lo agradecemos, aunque sabemos inmerecidamente. Sólo desempeñábamos nuestro trabajo. El que más queremos. Aquel que consideramos una forma de vida. Para muchos, difícil de entender. Para otros, incomprensible. Se alejan los Carter y su equipo. Los extrañaremos. En el recuerdo quedará aquel sábado 18 de enero de 1997. Día en el que guiamos a un ex presidente de los Estados Unidos. Día en el que no pude celebrar el cumpleaños de mi hoy ex-esposa. ¿Habrá sido el guiar a Carter un detonante en mi separación? Y pensar que si viviera en los Estados Unidos, seguramente inclinaría mi voto por un Republicano. Sólo el tiempo dirá si valió la pena el sacrificio... |
Pablo Negri ha guiado varios años de su vida en distintos lugares del sur de Chile y admite que disfruta la experiencia tanto como llevar él mismo la caña. Es posible ubicarle mediante: pablonegri@riosysenderos.com |
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