
"Aterradora psicosis desplegada en forma de bruma. Llamados que claman y braman por sanos y placenteros antibióticos que liberen de aquella ansiedad. Conceptos de sueños, de cuentos, de historias, de acción y fantasía. Por sobre multicolores lechos de gravilla y roca, sobre los que brotan danzas y ritos, en agua y tierra, con peces y follaje. Con melodiosos cantos de aves. Fuego o brasas, en consecuencias y resultados. Espasmos que recorren, invaden e intoxican cuerpos. Desafío incontrolable del nuevo día. Con despertares y vapores de ilusión y desilusión. Destello de un locuaz cliente o amigable silencio. De un día en el río, en el lago, en el estero, o en aguas bajas y tropicales". El reciente párrafo intenta describir, someramente, aquel conjunto de sensaciones que invaden a un guía de pesca con mosca cada mañana, luego de su despertar. De entre aquellas forman parte, la autoestima, la angustia, la ilusión, la ansiedad, el éxito, y el temido fracaso. Todas, sin excepción, conforman un desconocido escenario, que a diario y con una polifónica orquesta, se ofrece a un público que a veces clama por un encore. El mismo que también, y a veces, arroja piedras. Tales sensaciones ayudan a comprender qué esperar de un guía de pesca con mosca. Pregunta que con recurrencia tiene como respuesta, el lograr pescar más que por los medios propios, como resultado. La ya citada, es correcta postura, a mi parecer, pues representa el objetivo último de todo guía. También efectivo, en cuanto a lo que cada cliente íntimamente desea. Sin embargo, incorrecta en que es pesca, más pesca, y sólo pesca, lo que de un guía deba esperarse. Innumerables días en el río con gran número y tamaño de capturas, pueden, sin embargo, constituir un rotundo fracaso. Y así también, en otros, con efímeras o nulas capturas, el éxito puede ser pleno, sino completo. ¿Paradoja? En absoluto. Se trata, simplemente, de aquel conjunto de elementos que rodean a un día en el río, en el lago, en el estero, o en los flats, que separados y por sí solos no consiguen la necesaria sinergia. Los que, no obstante, de manera coordinada y armónica, la proveen. ¿Cuáles son tales elementos? 1. Necesidad versus deseo - ¿Un guía de pesca con mosca? Ésta representa, sin duda, la más importante interrogante que todo cliente debe responder previo al análisis de los siguientes elementos, y por corolario, antes de la contratación de un guía. Es, curiosamente y de seguro, aquella que muchos pasan por alto por considerarla trivial. La respuesta se obtiene únicamente al analizar qué es lo que de un guía se espera, versus qué es lo que éste puede proveer. En palabras más fáciles, revisar si se está dispuesto a compartir con un tercero, en el río, lago, laguna, estero, o flat, lo propio. Así es. Compartir. Esa, y no otra, es aquí la palabra clave. No es necesario explicar el que, todos somos, afortunadamente, distintos. Y que dicha diferencia posee distintos grados de compatibilidad entre caracteres. Se requiere entonces, de referencias provenientes de terceros, y del análisis objetivo de las mismas. Referencias que signifiquen antecedentes evaluables y no una calificación subjetiva. Con las mismas, es recomendable intentar descubrir y dibujar la forma de la personalidad del guía que se analiza. Y luego de ello, evaluar si es ésta la que más se adapta a las propias necesidades y carácter. Un sinfín de variables participan en tal análisis, de entre las que asoma el temperamento como la de mayor relevancia. Clasificar temperamentos no es materia de esta nota, pero de seguro Ud. comprende a qué me refiero. Nada peor que la incompatibilidad de caracteres, en especial cuando ello ocurre en un destino remoto y de difícil acceso. Una mala elección, representa invariablemente, fracaso. Las diferencias culturales, no son ni representan un escollo. Por lo general. No obstante ello, es Ud. y no el guía, quien debe respetar la cultura del entorno en el que se encuentra inmerso, ateniéndose a la misma. Si no está dispuesto a ello, entonces no contrate a un guía. Dentro de este choque cultural, por supuesto, Ud. no transará sus valores morales más esenciales. Descubra entonces cuáles son los del guía y paréelos con los propios. ¿Qué grado de compatibilidad poseen? Un buen ejemplo al que puedo dar cita y que ejemplifica lo que señalo, ocurre en algunas hermosas aguas de Gran Bretaña. En ellas, la única técnica permitida es la de mosca seca junto a presentaciones up and across. Asimismo, Ud. sólo puede vestir traje y corbata junto a sus waders y botas de vadeo. Y el guía que le acompaña, nunca ingresará al agua que Ud. pesca. ¿Es compatible esta cultura con la propia? ¿Se encuentra Ud. dispuesto a aceptarla? Piénselo un instante. El análisis íntimo de la disposición a compartir es aquí la base. Compartir significa, como en todo, saber ceder posiciones. Es el alma de una buena y próspera negociación. Y así también, el saber escuchar. Escuchar a quien Ud. ha contratado para que sobre un escenario siempre desconocido, dé rienda suelta a su calidad de actor. No lo olvide. 2. Requerimiento versus habilidades - ¿Estoy capacitado (a)? He observado innumerables pescadores de mosca cuya percepción de la labor de un guía, más se asemeja a la de un "Merlín de Agua" que a la de un compañero en la misma. Las propias limitaciones son eso. Limitaciones. Y un buen pescador de mosca las debe saber reconocer. Todos, sin excepción, las tenemos. Y el pretender creer que un guía será aquel brujo que logrará transformar aquella espada en la piedra, en un arma mágica y capaz de librar mil batallas, dista largamente de la realidad.
Es efectivo. Un guía debe ayudarle con su casting, sin hacerlo por Ud. También debe hacerlo con el vadeo. Ubicar los mejores sitios de pesca. Determinar qué comen los peces. Sugerir el patrón más efectivo. Definir la presentación apropiada. Atar nudos. Cobrar el pez. Reanimarlo para regresarlo a su medio. Entre otras miles de cosas inherentes a la actividad. Ayuda, no obstante, no significa brujería, puesto que lo que cito, se lleva a cabo bajo una fuerte restricción. Reitero, sus propias limitaciones. Por lo mismo, será necesario que seleccione a quien, amén del temperamento, más se adecue a resolver en buena parte tal escollo. Señalo en parte, por cuanto resolverlas todas, es y será una utopía. Un guía debe ser un instructor de pesca con mosca. Es condición necesaria y básica. Amén de ello, debe reunir una serie de otros requisitos, muchos de los que he citado previamente en mi artículo "Situación de los Guías de Pesca con Mosca en Chile", al que le invito a dar lectura. Lamentablemente, aquella condición de instructor de pesca, no le garantizará a Ud. el éxito. Tampoco aquellos otros requisitos que cito en el artículo al que he dado mención. Hay dos factores incontrolables para un guía. Uno es el entorno, el que como todos sabemos, es natural e impredecible. Y el segundo es Ud. Sus limitaciones son una importante restricción. Téngalo presente. Demande al guía ayudarlo con ellas. Éste lo ubicará donde éstas se hagan menos perceptibles en cuanto a su impacto. Sin embargo, no demande lo imposible. Un guía no es el responsable de que el pique se encuentre bajo, o de que las peces no estén presentes. Un guía no es un mago, aunque sea magia lo que proyecte y modele. Un buen guía conseguirá, entre otras cosas, el que Ud. se sitúe en un espacio donde la percepción de aquellas limitaciones, se haga mínima. Recuerdo nítidamente, cómo en las aguas de los ríos que vacían su cauce en los fiordos del sur de Chile, un buen guía ubicaba a sus clientes en sectores con pesca de menor factura en cuanto a tamaño, pero absolutamente alcanzables. Una vez que la necesidad de cantidad se encontraba satisfecha, y previo a las consultas de rigor, movía a sus clientes a zonas con mayor dificultad técnica. No era extraño entonces el observar cómo aquellos pescadores, luego de horas de entrenamiento y diversión en sectores más fáciles, lograban el ansiado éxito en aquellos lugares con alta demanda de habilidades. ¿Cuántos guías proceden de esta forma? Analice ello al momento de decidir con quién. Pero, efectúelo con posterioridad a la definición y análisis de sus propias limitaciones. El autoanálisis siempre está primero que el análisis de los demás. Lo contrario ejemplifica el triste y popular dicho de "buscar el heno en el ojo ajeno". Y recuerde, dé a conocer a su guía sus limitaciones. 3. Sueños versus realidad - ¿Qué destino escoger? Todos quisiéramos pescar las grandes marrones de Tierra del Fuego, los rápidos bonefish de Belice, las técnicas cutthroats de Montana, las fabulosas arcoiris de los Fiordos de la Patagonia, o los gallardos salmones king de Alaska. No creo equivocarme. Sin embargo, no todos estamos preparados. Efectivamente, un guía minimizará dicha falta de preparación. Así es. Pero reducir no es sinónimo de eliminar. Analicemos. Un viaje a Tierra del Fuego requiere de una especial preparación en lo que a técnicas de casting con viento respecta, junto con poder soportar frío que en ocasiones, provoca una poco placentera sensación térmica. Acceder a un destino como los flats de Belice en busca de bonefish, demanda invariablemente la capacidad de manejar correctamente los llamados double hauls y la condición de saber soportar calor y humedad, a veces sofocantes. Las técnicas cutthroats de Montana, así también, pueden engañarse sólo con la habilidad de leer el agua y la entomología acuática del lugar como un Dios, además del dominio de una buena presentación. Y aquellas fabulosas arcoiris de los Fiordos de la Patagonia, exigen duros y largos viajes embarcados, para luego internarse entre un espeso follaje, el que recibe sobre 4 metros de agua lluvia en un año calendario. Finalmente, Alaska es el paraíso de los grandes salmones. Y también de los mosquitos. Curioso constatar entonces, cómo pescadores construyen verdaderos castillos de reclamos sobre sus guías, entre los que se incluyen, elevado calor y humedad, frío y baja sensación térmica, abundancia de mosquitos, lluvia a granel y ríos crecidos, pobre conocimiento de técnicas de presentación, largos y esforzados trayectos de acceso, y como si fuera poco, pobre calidad en técnicas de casting. No es el guía el llamado a cambiar aquello. Es el cliente que le contrata. Es éste, y no otro, quien debe medir su condición, sumar a ello la del guía, y evaluar la resultante versus el entorno esperado. En dicha evaluación, es el factor llamado desafío el que debe generar la última decisión. Aquellos dispuestos al mismo en extremo, otorgarán poca o ninguna relevancia a los factores que he citado. Y deberán demandar del guía lo que a él concierne. No el cambio de los elementos por éste inmanejables. Quienes, por el contrario, gusten de la facilidad y no deseen exponerse al riesgo, deberán basar su decisión en destinos fáciles. Junto a guías preparados para los mismos. Las condiciones del medio, sin embargo, ahí estarán. Dadas e inmanejables. No lo olvide. No las demande de su guía. Hoy, mientras doy forma a este artículo, me encuentro con dos ligamentos de mi rodilla derecha dañados. Una férula médica recubre dicha pierna, de punta a cabo. Me es imposible, por tanto, vadear, hasta algún breve lapso más. Y, sin embargo, viajo de pesca a fines de este mes de abril del 2000. ¿Cómo lo hago? Basado en mis actuales limitaciones, he seleccionado el lugar y la forma. Flotar ríos y lagunas embarcado. Con alguien a cargo de bogar. Sería presumido y estúpido de mi parte, pretender acceder a ríos para vadearlos, o bien flotar una laguna en uno de los llamados float tubes. He exigido lo que se encuentra dentro de mi escenario. No deseo uno de horror y de angustia. Nada podría ser más irracional. Destino, guía, y nivel de desafío, son tres términos que van de la mano. Siempre.
4. El "Principio de la No Comunicación" - ¿Guía, compañero, o adversario de pesca? Ed Engle es un buen amigo radicado en Colorado Springs, EE.UU. Biólogo, escritor, y, además, columnista regular del Fly Fisherman, junto a otras publicaciones especializadas del país del norte en pesca con mosca, también oficia de guía en ríos de la categoría del South Platte, o del Green River. En numerosas oportunidades conversamos respecto de cuánto escuchaba un cliente a su guía. Siempre concluimos que era esa, y no otra, la variable que más nos alteraba en el desempeño diario en el agua. También nos cuestionamos por qué muchos pescadores contrataban guías que nunca escuchaban. Materia que aún se perpetúa. Luego de varios años de dicho análisis, del que mi amigo incluso escribió un artículo, he recabado en la errada elección de guía como una de las causas que desencadena tal comportamiento, así como la falta de modestia del pescador. En buen español, el "sabérselas todas". El primer punto ya ha sido analizado. Vamos al segundo, que es de vital relevancia. Hace algunas semanas, guiaba a un hombre francés, de edad ya avanzada, culto y adinerado. Su técnica de pesca con mosca seca era soberbia. Utilizando streamers, sin embargo, era sólo aceptable. Poco conocía de lo requerido para manejar un shooting head de buen peso, junto a un double haul, pero no obstante, era capaz de controlarlo bien. Por horas y horas, insistió en utilizar una línea de flote junto a los streamers. Asimismo, y al enseñarme una de sus cajas, decidió que eran aquellos patrones llamados salmon flies los indicados. Intenté, incansablemente y con tretas diversas, convencerlo de su error. Y nada. Pescó en el intertanto. Claro. Cosas sin importancia para el lugar y las condiciones en que nos encontrábamos. Mientras tanto, en la orilla de enfrente y guiando a su compañero de aventuras, bastante más joven que el primero pero igual de adinerado, disfruté al ver cómo, este último, siguiendo mis sugerencias, cobraba numerosos salmones coho de entre 3 y 7 kilos. Uno tras otro. Mientras, mi anciano y obtuso cliente, perseveraba en su error. Ya avanzada la tarde, logré cambiar su parecer. Tal vez sea correcto el señalar, que éste finalmente se percató de su error, no obstante no reconocerlo. Y así, sustituyendo línea y patrón por los adecuados, obtuvo el salmón más grande del que tuviera memoria en sus más de 60 años de pesca. Un coho cercano a los 10 kilos. Su faena para cobrarlo fue magnífica. Y, sin embargo, luego de regresarlo a su medio, se me acercó para inquirir el por qué no le había sugerido esto antes. Su compañero de aventuras, a mi costado, le replicó profiriendo un buen número de palabras en francés, aquí irrepetibles. Indudablemente, sólo sonreí. No se debe argumentar con un cliente, excepto en situaciones de riesgo o peligro. Se trataba del habitual "sábelo todo". Me pregunto. ¿Para qué me contrató? ¿Qué sentido tenía el que yo le acompañara, excepto el velar por su vadeo, almuerzo y seguridad? No me lo explico. ¿O trataba de demostrarme que él era el mejor en ese río, el que no obstante no conocía? No logro asimilar tan irracional comportamiento. Ejemplos sobran. Pero el que a continuación cito, es aún más dramático. Laborando en un local de pesca con mosca me correspondió instruir a un cliente, esta vez joven, pero nuevamente adinerado. En extremo. Transcurrida la primera sesión de casting, los papeles se revirtieron. El alumno era el instructor y viceversa. Riendo a carcajadas, le señalé que si no le agradaba mi sistema de enseñanza, podía regresar al local de pesca y contratar a otro instructor. Casi sin escuchar, el "nuevo instructor" insistió en sus erradas lecciones de movimientos de muñeca. Fue entonces cuando le señalé que el dinero no lo compraba todo, como equivocadamente éste pensaba, y que aquellas clases se daban por concluidas. Y así, el local reintegró los fondos por éste depositados, dando por concluido el "Contrato de Arriendo" del instructor. ¿Habrá aquel novato aprendido alguna vez a pescar con mosca? Lo desconozco. ¿Era la reafirmación de su ego la razón de peso que le motivaba a "arrendar" un instructor para satisfacer su egolatría? Así lo creo. Ambos ejemplos extraídos de la realidad, tienen por finalidad el hacerle ver que no existe absolutamente nada más reprobable para un guía, que el contar con un cliente que no le escucha. El no escuchar, significa comunicar poca o ninguna credibilidad en su labor. Representa, bajo el principio de la inexistencia de la no-comunicación, el que el servicio es malo, defectuoso o pobre. Pero Ud. ha demandado tales servicios. Y por lo tanto, debe dejar que su guía los lleve a cabo por completo. De lo contrario, nada podrá exigir de los mismos. Y aún más, es muy probable que el guía dé su faena por terminada, no sin antes agradecerle con una buena cantidad de "extraños saludos". Un guía no es su adversario de pesca, sino justamente lo opuesto. Y es total, completa, y absolutamente necesario que opere aquella llamada sinergia entre ambos. De ello depende que el día, no sólo en pesca, sino en todo aquello que circunda al espacio de agua que cubre, se desarrolle a plenitud y con éxito. La necesidad de comunicación sin ruido, es otro elemento básico que Ud. debe demandar de un guía. Sin embargo, y como en toda comunicación, que un canal opere eficientemente, estará sujeto a que el otro canal también tenga la voluntad de hacerlo. Este segundo canal se llama cliente. Ud. 5. La "Falacia de Nunca Acabar" - ¿Cantidad, tamaño o calidad? Tal como lo señalara al dar inicio a esta nota, el hecho de pescar más con un guía que por los propios medios, es uno de los importantes argumentos que lleva a contratarlo. No es el único, sin embargo, tal como se ha visto y se seguirá explicando en adelante. ¿Qué es pescar más? La definición de pescar más, tiene a mi buen modo de ver, tres acepciones distintas y regularmente excluyentes. Me refiero a cantidad, tamaño, y calidad. Con cantidad me refiero a números de peces, sin importar su tamaño o el tecnicismo con que se cobren. Tamaño dice relación con el peso y/o envergadura de los ejemplares cobrados, sin importar su número ni el tecnicismo utilizado en las artes de pesca con mosca. La que pareciera ser la última es calidad. Corresponde a la dificultad en el cobrar un pez, sin importar la cantidad ni tamaño del mismo, pero sí y en extremo, la técnica y el desafío. No obstante lo expuesto y a mi buen entender, existe una cuarta acepción. La llamo trofeos, tal como lo señalara en mi artículo "En Busca de Trofeos", clasificación que reúne los elementos de calidad y tamaño, para una especie en particular. De ambos párrafos pasados, deberá Ud. revisar cuál es su preferencia. La misma deberá conversarla con el guía, no en el río, sino antes de contratarlo y definir el destino de pesca. De lo contrario, habrá abierto las puertas de un casino de juego desconocido, donde la teoría de las probabilidades juega un rol preponderante. Saber escoger qué casino y qué juego, le permitirá reducir la probabilidad de error por dos razones obvias. La primera, se encontrará en el lugar acorde a su demanda, y la segunda, el guía sabrá qué entregarle. Nada peor que un guía desorientado respecto de qué es lo que el cliente privilegia. Muchos clientes ansiosos, señalarán desear pescar ejemplares de buen tamaño y en gran cantidad. He tildado a aquel comportamiento como la "Falacia de Nunca Acabar". La asocio a aquel supuesto básico utilizado en Teoría del Consumidor en Economía, que señala que un consumidor siempre prefiere, más a menos, de un bien. Este heroico supuesto Microeconómico, que brinda con un modelo que predice la realidad de manera sorprendente, también provee con una Ley. Así es. La de la Utilidad Marginal Decreciente. Con utilidad, para aquellos no economistas o alejados de esta ciencia, me refiero a nivel de satisfacción. Y es que el grado de bienestar marginal o adicional diminuye, invariablemente, con aquellas unidades extra que de un bien se consuman, no obstante la satisfacción total se eleve (no confunda marginal con total). A tal punto, que dicho bien se convertirá, tarde o temprano y en algún instante, en un mal. ¿Cuál es dicho umbral en su caso? Mi experiencia en el río guiando me señala que mientras más avezado sea un pescador de mosca en la materia, excepciones incluidas, más rápido se convertirá el bien en mal. Léase, bastarán pocos, y a veces sólo un pez cobrado, para satisfacer el día. El resto será sólo un plus. Y en ocasiones, luego de aquel primer pez, el cliente dejará de pescar. ¿Suena extraño? No lo es. Es un comportamiento racional, donde la calidad o el trofeo, predominan por sobre el instinto cavernícola aún no desechado. Particularmente, prefiero un trofeo. Y es ello lo que busco, por lo general, a no ser que mi objetivo sea uno distinto, como ansiar numerosas fotografías, requerir explorar un sector con acucioso detalle, o simplemente, porque aquel día en particular, el umbral al que doy mención, se ha elevado por cavernícolas y desconocidas causas. El dar a conocer dicho umbral a su guía, es una herramienta clave, que a éste le permitirá desarrollar su trabajo más efectiva y eficientemente respecto del focus. 6. Globalización versus centralización. ¿Un técnico o un guía? Llegamos a un punto nebuloso. Conozco a guías en extremo técnicos, pero pobres en empatía y cultura, y viceversa. Los hay también aquellos que reúnen el todo. Son, indudablemente los mejores. Sin embargo, tal vez no se encuentren en el área o destino en que Ud. los requiere. ¿Cómo escoger entonces? Mi única sugerencia en este punto, es que privilegie una u otra variable y no ambas, en atención a sus propios gustos y preferencias. Y decida en atención a tales variables versus los antecedentes con que de los guías en el área cuenta. Técnica es de suma importancia, por lo general. Sin embargo, en ocasiones es simplemente intrascendente. En particular, en aquellos espacios conocidos por el cliente previamente, o que simplemente requieren de poca y ninguna técnica de dificultad. Lo anterior no obstante, estará dado no sólo por el destino, sino, además, por su propio conocimiento del mismo y de las técnicas de pesca con mosca en éste requeridas. Por otra parte, aquella variable cultural, que incluye no sólo el área, sino, además, labores culinarias y similares, de entre los muchos elementos que un guía debe de cubrir, es de gran trascendencia si busca algo más allá que pescar, pescar, y pescar. Evalúe su necesidad y qué es lo que persigue. Empatía es de gran y mayúscula relevancia. Es intransable. No es posible un día grato con un guía con quien no la consigue. Refiérase al temperamento citado en el primer punto de análisis. Exija tanto como el guía pueda proveerle con. Busque aquel que reúne el todo, aún cuando sacrifique algo de técnica y cultura. Es preferible un hombre normal que un tecnócrata y autómata. ¿O me equivoco?
7. Regresando a Casa - ¿Cómo medir el éxito? Un tema que pareciera tan difícil y complejo, espero ahora le sea algo más simple. El conjunto de sus expectativas, gustos y preferencias, serán los que dicten la vara con la que contrastará el resultado. Nada más puedo acotar al respecto, excepto indicar a continuación, variables de medición. La importancia relativa de cada una de ellas, estará entregada por su propia personalidad. No existen aquí normas ni estándares. He aquí las que se utilizan regularmente en la evaluación de un guía.
Ahí están las 26 variables con las que regularmente se mide el éxito. Hágalas suyas y analícelas, una a una. Suerte con ellas. Espero, luego de haber dado lectura al presente artículo, haber ayudado a resolver en alguna medida, aquella decisión de por qué escoger un guía, cómo hacerlo, y qué requerir de él. Esa ha sido mi intención. |
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