Kayakismo de Mar - Trapananda

Al hablar de kayakismo, lo primero que se dibuja en nuestra retina, son imágenes de osados deportistas ejecutando irreproducibles piruetas en peligrosos cañadones de ríos. Quienes esperan aquello de esta columna, se verán profunda y rápidamente desilusionados. El kayakismo de mar, llamado también kayakismo de travesía, es diametralmente distinto a dicho concepto. Deporte, en general, muy poco difundido y conocido en nuestro medio, no obstante las características geográficas de nuestro país, con más de 5.000 kms. de costa marítima, innumerables lagos, fiordos y archipiélagos, inviten por sí mismas a recrear su práctica. Éste ha experimentado, sin embargo, un creciente desarrollo en la última década, en particular en el hemisferio norte.

Salida de Cholgo - X Región

El kayakismo de mar tiene una razón de fondo que justifica su existencia, mucho más poderosa y profunda que aquella meramente geográfica. Tal como lo expresara un veterano inglés del sea-kayak, representa el descubrimiento de una muy especial forma de libertad. La libertad que conlleva explorar lo remoto y lo desconocido. Existen quienes señalan que la era de las grandes exploraciones terminó, y que más aún, un viaje realmente de aventura, ya no existe. ¿Perdón? ¡Estoy segura de que quienes proclaman dichas aseveraciones, jamás han estado en un kayak de mar! Ciertamente, todos los continentes se han llevado a una carta, todas las altas cumbres han sido ascendidas, y todos los océanos han sido navegados. Pero lo que aún nos espera, es una nueva dimensión de descubrimientos. Una a un nivel mucho más íntimo. El espíritu de exploración aún prevalece en el cerebro humano, mas nuestra percepción del mundo como algo en que ya está todo hecho, a menudo desvía ese anhelo hacia meros despliegues de habilidades: cruzar territorios empleando aviones ultralivianos, recorrer costas utilizando motos de agua, o recrear la ruta de Diego de Almagro en un elegante 4x4. Todas, iniciativas que pueden considerarse técnicamente difíciles y de elevada demanda física, pero que, sin embargo, no logran sobrepasar ninguna frontera más allá de la de su propio absurdo.

Fiordos de la Patagonia Chilena

No es así con el kayakismo de mar. La simple gracia de una pequeña embarcación propulsada por una sola persona, resiste cualquier desacreditación e intento de considerarla una práctica grotesca. Cuando Howard Rice bogó en un kayak alrededor del Cabo de Hornos -- uno de las más duras y difíciles pruebas para cualquier ser humano a bordo de una embarcación de mar en este planeta -- comparó su nombre con el de personas como Sir Francis Chichester, y no con el de los superhéroes capaces de empujar un trailer sobre un bus escolar. Por supuesto que son pocos, muy pocos, aquellos capacitados para enfrentar con éxito al temido Cabo de Hornos. Pero todos podemos desafiar nuestras propias fronteras personales junto a un kayak de mar. Esa es la invitación.

La primera "kayakeada", de seguro inestable y zigzagueante, en un día calmo y soleado, en cualquiera de los hermosos lagos, bahías o fiordos de nuestro territorio, genera un efecto similar al de la primera incursión tambaleante en bicicleta: excitación y orgullo por lo nuevo acometido. Y una sensación de vasto potencial para la aventura. Surge entonces, casi por sí solo, el objetivo inherente a la práctica "moderna" del kayak de mar: explorar lagos, ríos, fiordos y costas remotas, junto al desafío de probar autosuficiencia y alcanzar una travesía confortable, durante días e incluso semanas.

En próximos artículos se proporcionará la información técnica necesaria para poder iniciarse en esta hermosa y desafiante actividad, para así, planificar y materializar la propia aventura. El fin primordial, un viaje que se disfrute gracias a la seguridad.

Finalizo estas líneas haciendo alusión al ejemplo de un "viejo convertido", Verlen Kruger, un hombre iniciado en el kayakismo recién a los 41 años. Hoy y a la edad de 72, cuenta con más aventuras en sea-kayak que cualquiera en la historia de este deporte. Y como él mismo puntualiza, está muy lejos de abandonarlo.

Todavía es tiempo... para todos.

Trapananda

Julio de 1999


Trapananda es una "Urbanoide" que permutó Santiago por un destino más salvaje, como Coyhaique. Hace varios años que se dedica con pasión a recorrer nuestra costa con su kayak.

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