Un Tributo a los Canoeros del Pasado
Un grupo humano que hoy ya no existe, ocupó un vasto espacio del territorio insular austral. Fue a través de aquel laberinto de islas, canales y fiordos, donde aquellos hombres del pasado desarrollaron una peculiar y nómade forma de vida, obteniendo su sustento del vecino mar, y de esas islas en que acampando, además, sepultaron a sus muertos bajo aleros rocosos y oscuras cavernas. Al sur de la Isla Grande de Chiloé y más allá del llamado Golfo de Corcovado, surgen numerosas islas que formando diferentes archipiélagos, se extienden hasta el extremo sur de nuestro territorio. Los Archipiélagos de las Guaitecas y de los Chonos, representan la parte norte de esta región insular de Chile, con el actual poblado de Melinka como cabeza norte, teniendo como límite sur el Golfo de Penas. En conjunto, dichas islas, unas 1.047 en total, ocupan una superficie de 12.838 kms. cuadrados, encontrándose la mayor parte de ellas hoy deshabitadas. Aquellos archipiélagos situados al sur de la Isla Grande de Chiloé, estuvieron habitados por tres grupos de nómades canoeros, conocidos en la literatura antropológica como Chonos, Alacalufes y Yaganes. Tales pueblos compartían muchos de sus rasgos culturales más relevantes, con pautas de subsistencia, organización social, creencias y practicas religiosas, bastante similares. Su número era relativamente bajo, estimándose su número en apenas a unos 8.000 individuos, repartidos en cerca de 4.000 Alacalufes, algo más de 3.000 Yaganes, y unos 1.000 Chonos. El conocimiento que de éstos se posee es bastante heterogéneo: mucho se conoce de los Yaganes, un poco menos de los Alacalufes, y casi nada de los Chonos. Grandes fábulas y misterios se han desarrollado en torno a estos últimos. La palabra Chonos se utiliza, siguiendo a J.Cooper (1917), para designar convencionalmente a los indígenas que habitaron el territorio comprendido entre las Islas Guaitecas y la Península de Taitao, Golfo de Penas e Islas Guayanecos, considerando su propia advertencia en el sentido que, "posiblemente habría más de una tribu diferente, pero no hay evidencias claras que lo prueben y, provisionalmente al menos, puede verse a todos los indígenas del distrito como a un solo pueblo". En términos generales, los Chonos han sido caracterizados como un pueblo nómade, dedicado fundamentalmente a la pesca, a la caza de lobos marinos y algunos cetáceos menores, y a la recolección de mariscos. Para el cumplimiento de estas actividades se desplazaban en canoas fabricadas de tres tablas, conocidas con el nombre de "dalcas". El historiador jesuita, P. Lozano (1755), ha descrito con gran certeza el modo de vida de los canoeros: "Divídense los Chonos en varias parcialidades, esparcidas por todas las islas, sin tener morada fija, pues se mudan de una a otra isla, llevando a cuestas su menaje, tal cual, y mudando consigo toda su familia, para gozar de la oportunidad de recoger marisco, que es el motivo de andar vagos, y todo su sustento, sin tener otras sementeras, o labores". Durante la segunda mitad del siglo XVI, los españoles tomaron contacto con los Chonos, primero esporádicamente y a través de los viajes de exploración (1553-1558), y luego en forma más continua, a partir de la fundación de la ciudad de Castro, en febrero de 1567. Los relatos de las primeras expediciones de exploración -- F. de Ulloa (1553-1554), Juan de Ladrillero (1557-1558) -- nos entregan datos de interés sobre los nómades canoeros que denominaban Chonos: "Poseen embarcaciones de tres tablas, sus vestidos son de lana o de fibras de corteza, son pescadores y recolectores de marisco, cultivan papas y tienen algunos animales, su vivienda es la misma canoa, aunque en ocasiones hacen ranchos, tienen anzuelos de madera, redes de fibra de corteza de árbol, lanzas, macanas y puñales de hueso". Los datos que aquellas expediciones entregan, permiten trazar un cuadro bastante completo de las características etnográficas de los Chonos a comienzos del siglo XVII. Los Chonos se dedicaban fundamentalmente a la pesca, la caza de lobos marinos (de cuyo aceite elaboraban una bebida), la recolección de algas marinas (usadas como vestido), y fundamentalmente, a la recolección de mariscos. Iban casi desnudos y sus únicos vestidos eran una capa tejida con pelos de "perro" (probablemente guanaco), que les tapaba sólo los hombros y parte de la espalda, complementada con un taparrabo de alga marina seca. Vivían en unas estrechas chozas de cortezas de árboles, desarmables. Las mujeres eran quienes obtenían el alimento y los hombres permanecían en la choza, manteniendo el fuego. La técnica para recolectar ciertos peces y mariscos era el buceo, realizado por las mujeres, quienes llevaban en sus cuellos canastos donde los acumulaban antes de emerger. En la región de las islas del Archipiélago de las Guaitecas sembraban maíz (trigo indígena), que usaban en la fabricación de una bebida alcohólica, papas, algo de cebada y criaban "perros lanudos", de cuyo pelo confeccionaban sus vestidos. El resto del territorio no era cultivable, aunque también en las islas más remotas poseían de estos "perros lanudos". Los chonos usaban para navegar una embarcación de tres tablas de diseño propio, alabada por los europeos que tuvieron contacto con ellos, conocida como "dalca", la que es descrita en forma precisa por el cronista Jesuita Diego de Rosales en su "Historia del Reyno de Chile" (1877, I:175):
Los Chonos desaparecen en las descripciones de cronistas y viajeros a mediados del siglo XIX, aunque ya en 1674 el marino Antonio de Vea registra su alejamiento de las rutas transitadas por los españoles en los archipiélagos meridionales. Un grupo de cerca de 200 individuos se fue a vivir, en 1710 cerca de los españoles, primero en la Isla Guar y más tarde en la de Chaulinec, desde donde desaparecen del registro histórico, probablemente al mezclarse con los Mapuches de Chiloé. Otro grupo se desplaza hacia sectores más meridionales, al sur del Golfo de Penas, asentándose en la región de los mares interiores de Otway y Skyring, en plena región Alacalufe, donde fueron encontrados por la expedición de Charles Darwin y el Capitán Fitz Roy, en 1835. Debido a su influencia, los Alacalufes adquieren tardíamente la "dalca".
Hoy en día, son los vestigios de esta cultura extinta los que se encuentran en peligro de desaparecer definitivamente. Cuevas y aleros, sus cementerios y hogares, son saqueados periódicamente por buscadores de tesoros, coleccionistas inescrupulosos y turistas ocasionales. Otro sitios, como conchales y campamentos, son destruidos por la creciente explotación de los inmensos recursos que el área ofrece, la que no respeta aquella necesidad de preservar el ambiente y los vestigios del pasado. Aquellos que deben asombrarnos y enriquecernos. La cultura de quienes nos precedieron en esta tierra. Estamos en el umbral del ano 2.000. No podemos quedar indiferentes ante eso. Nuestros hijos no lo merecen. En esta edición de fin de año, he querido dedicar la columna de "Kayakismo de Mar", a un extinto pueblo canoero: Los Chonos. Ellos fueron, probablemente, los primeros "kayakistas expedicionarios" que se aventuraron por los mares de nuestro hermoso territorio insular austral. En cierto modo, nuestro estilo actual de practicar este hermoso deporte, conlleva el espíritu de libertad de nuestros antepasados canoeros. Este articulo fue escrito con el invaluable aporte de material bibliográfico del Museo Arqueológico de Santiago. |
Una enamorada del aire libre y la vida silvestre, que permutó Santiago por un destino menos convulsionado como Coyhaique, Trapananda navega y explora incansablemente nuestra costa austral y sus aguas interiores, en compañía de su escarlata y aguzado sea-kayak. Comentarios a: |
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