
Se han dado cuenta lo gratificante que resulta recordar experiencias memorables vividas en el pasado, más aún, en nuestro caso, si éstas dicen relación con la aventura y la pesca con mosca. Muchas veces basta con mirar una foto o incluso, con oír una palabra, para que se gatillen los recuerdos. Una de esas aventuras es la que a continuación les relataré. Terminaba el verano de 1992, cuando en mi oficina recibí el llamado por teléfono de mi amigo Ernesto Correa, quien desde su fundo ubicado al sur de Los Angeles, me comunicaba lo que hacía tiempo estaba esperando: teníamos autorización para llegar a la Laguna El Barco. Me indicó que debía arreglar mis cosas y partir de inmediato a su campo, desde donde afinaríamos los últimos detalles, para después dirigirnos hacia la famosa laguna, en plena cordillera del Alto Bío-Bío. Una vez allá se nos unió Alvaro Ercolani, quien había estado en dicho lugar pero años atrás. Tenía en su poder el preciado permiso y un mapa para llegar a nuestro objetivo, ubicado al interior del fundo El Barco, de propiedad de la familia Vial. De acuerdo a lo que nos habían indicado, los fuertes temporales del invierno anterior, habían cortado uno de los puentes de acceso al fundo. ¿Qué haríamos entonces?. No nos quedaba otra alternativa que rezar para que los ríos de esa zona vinieran con bajo caudal. El viaje lo haríamos en una camioneta 4x4 y muy alta. Pronto comprobaríamos lo útil que nos sería. Una vez cargados los equipos de pesca, carpas, comida y un pequeño bote, partimos.
El viaje se inició temprano en la mañana y luego de dejar atrás la ciudad de Los Angeles, comenzamos a subir en dirección a Santa Bárbara, un tranquilo pueblo de precordillera. Después de un buen rato de ascenso por un camino rodeado de impresionantes bosques nativos y con el majestuoso Río Bío-Bío a nuestra derecha, llegamos a Ralco. En el Retén de Carabineros de dicho lugar, tuvimos que dejar nuestros datos personales, debido al riguroso control efectuado para evitar el ingreso y propagación desde Argentina de la devastadora y mortal fiebre aftosa. Ralco es el punto donde convergen los caminos y senderos que llevan, entre otras, a las comunidades pehuenches ubicadas en Trapa-Trapa y Malla-Malla, asi como a los distintos pasos fronterizos de la zona, como el paso Copahue. Reiniciamos nuestra marcha, siempre flanqueados por el imponente volcán Callaqui, pasando por Lepoy y desde ahí comenzamos un brusco ascenso hacia el interior del valle del Río Lomín. El camino en cuestión, con enormes acantilados, estaba en mal estado, y aún debíamos cruzar el Río Lomín para continuar hacia el fundo El Barco. Ahí nos topamos con los restos de lo que en algún momento fue un puente. A lo lejos se podía observar el caserío de Guallalí. No teníamos alternativa, debíamos continuar subiendo por esa huella, y en algún lugar, vadear el río y cruzarlo. Luego de pasar una peligrosa cuesta logramos cruzar el Río Lomín, cuyo caudal no era nada de despreciable. De hecho, algo de agua se nos alcanzó a meter por la puertas de la camioneta. Continuamos por diversas huellas entre pequeñas araucarias hasta que dimos con el camino que nos llevó finalmente hasta las puertas del fundo El Barco. Si bien nos habíamos demorado varias horas en llegar, el esfuerzo de estar en ese lugar, ubicado en plena cordillera, bien valía la pena. Sin duda, estábamos impacientes. Luego de los saludos de rigor en la casa de los Vial, la que más bien parecía un refugio de alta montaña, nos internamos por uno de los senderos que nos llevaría hasta el margen sur de la laguna, nuestro destino final. Apenas llegamos, lo primero que hicimos después de sacarnos los kilos de tierra de encima, fue correr hacia la laguna para contemplarla. No podíamos creer el maravilloso espectáculo que estábamos presenciando.
En cuanto a sus características podemos destacar que se trata de una laguna andina natural, con unos 4 kms. de largo por 1 km. de ancho aproximadamente; rodeada de grandes cerros con densos bosques de araucarias en sus partes altas; sus orillas, de fuerte pendiente, están cubiertas en buena parte con grandes rocas y abundante vegetación nativa, lo que hace casi imposible rodearla a pie. Sus aguas, puras y cristalinas, presentan una rica vegetación subacuática que mantiene una gran variedad de insectos, entre los que se destacan distintos tipos de plecópteras o stoneflies y libélulas. Su población de truchas está conformada por farios y arcoiris, aunque predominan estas últimas. Cabe hacer presente que su siembra, ocurrida en los años 1940-50, fue realizada por el primer Vial que llegó a la zona, quien personalmente trasladó los alevines en tambores, llevándolos hasta la laguna nada menos que en un hidroavión. Tan apartado está este lugar, que la frontera con Argentina se encuentra muy cerca, y de hecho es común que muchas familias que viven en ese lejano rincón se trasladen a caballo a hacer sus compras al vecino poblado argentino de Copahue. Es más, a pocos metros de donde estábamos nos topamos con unas extrañas formaciones de tierra que no parecían hechas por la naturaleza. Luego de indagar y remover ramas y hojas, descubrimos que eran nada menos que ......... trincheras; si, trincheras hechas por el ejército chileno con motivo de los acontecimientos ocurridos el año 1978. Instalamos campamento en un sector próximo a la laguna, rodeado de un tupido bosque de robles. Estábamos cansados, pero muy contentos. Por fin habíamos logrado cumplir un sueño tan anhelado. Estábamos impacientes por comenzar a mojar nuestras moscas. Siendo media tarde y después de un rápido análisis desde la orilla, concluimos que necesitaríamos usar el pequeño bote que habíamos traído. Luego de preparar los equipos y de comprobar que el agua estaba como una "taza de leche", nos metimos, todavía no sé cómo, Ernesto, Alvaro y yo dentro de la pequeña embarcación. Nos íbamos turnando en el remo. Mientras uno adelante y otro atrás lanzaban y hacían sus presentaciones, el que remaba no sólo se tenía que preocupar de lo propio, sino también de que ... no nos diéramos vuelta. La técnica usada en aquella oportunidad fue efectuar lanzamientos hacia la orilla desde una distancia no superior a los 15 metros, usando líneas sinking y sinking-tip. En cuanto a moscas, usamos imitaciones de ninfas de stoneflies y de libélulas, soft hackle en colores claros, wolly worms marrones y algunos streamers pequeños en colores verdosos. Todas ellas nos dieron excelentes resultados. Capturamos y devolvimos varias arcoiris sanas y combativas, de entre los 500 grs. y 2,5 kgs. En todo caso, no es raro obtener ejemplares de 4 kgs. y más. Al atardecer, la pesca con mosca seca no se hizo esperar, dándonos muy buenos resultados los patrones de adams, yellow humpy, elk hair caddis y stimulator. En general, excelente pesca en un escenario majestuoso. Al día siguiente, muy temprano, partimos de nuevo en el bote y, a diferencia del día anterior, depositamos rápidamente a Alvaro en una de las orillas de la laguna, sobre unas rocas. Esto logró aliviar la carga y pescar con más tranquilidad. La pesca siguió muy buena para todos, dándonos cuenta que ésta, a ratos, era más productiva de orilla que embarcado. Sin duda que un float tube hubiera sido un complemento ideal para la ocasión, pero lamentablemente no contábamos con ninguno. Además de pescar, quisimos también conocer otros rincones, como la orilla norte de la laguna, sólo accesible por agua. En ese sector, por donde llega su principal afluente, encontramos huellas frescas de un puma, al que, obviamente, no pudimos ver. Aunque no lo intentamos, y según supimos después, es posible que si se camina bordeando el afluente, se logre dar con algún sendero oculto, y así llegar, por detrás de la laguna, a la zona de Trapa-Trapa. En todo caso la densa vegetación nativa es un serio obstáculo para ello. Desde nuestro campamento pudimos constatar la posibilidad de realizar otros paseos y caminatas, entre ellos, ir de pesca a los numerosos ríos y arroyos existentes en la zona, subir los cerros aledaños tapizados de araucarias o fotografiar la rica flora y fauna del lugar. Bueno, así transcurrieron los tres inolvidables días en que estuvimos ahí; llenos de relajo y paz. Momentos que difícilmente se olvidarán. Finalmente, sólo quisiera recordarles que el presente relato tuvo lugar hace algunos años. Hoy las cosas han cambiado. La familia Vial procedió a vender el fundo El Barco a ENDESA, quien, a su vez, se lo transfirió a diversas familias pehuenches, actuales propietarios de ese maravilloso lugar. Carlos Correa F. |
Carlos Correa ha recorrido diversos lugares en busca de aventuras con su caña mosquera. Es de las personas que pudo conocer esta hermosa Laguna en tiempos pasados. Comentarios a: |
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