Una Madrugada con Dios en el Río - R. P. Felipe Ríos C.

Durante las pasadas vacaciones y junto a un grupo de amigos, emprendimos viaje a Río Puelo, instalándonos en aquel sector en el que el Río Manso desemboca en el primero y al que se ha dado en llamar "La Junta". La ansiedad de una buena jornada de pesca pudo más una mañana; desperté muy temprano, algo poco común en mi biorritmo. Me levanté y partí previo a la amanecida. Lo hice solo, por cuanto mis amigos, aún disfrutaban de sus cómodos sacos de dormir. No deseaba interrumpirlos. Al llegar al lugar elegido y aún a oscuras, presencié con sobrecogimiento cómo aguas frescas y transparentes del Manso, se entremezclaban con aquellas de color turquesa que corrían por entre el poderoso Puelo.

Di inicio a aquella jornada ingresando al agua con waders, tal vez una de mis mayores satisfacciones. Me encontraba relajado y disfrutaba del casting, cuando sorpresivamente se inició un espectáculo inesperado. El sol emprendió su inevitable ascenso, y aquellos cerros del cajón por donde el río corre rumbo al Seno de Reloncaví, comenzaron a impregnarse de color. A medida que transcurrían los minutos, cada uno de ellos se iluminaba independiente del otro, tomando distinto tinte. Comenzaban a perfilarse junto a la luminosidad, coigües, tepas, mañíos y avellanos, por nombrar algunos. Ante lo que observaba, sólo quedaba contemplar la majestuosidad. Un regalo con el que no contaba.

Durante aquellos momentos que parecían eternos, no quedaba sino pensar en Dios, majestuoso Creador de la maravilla que se abría ante mi. Él estaba ahí, actuante, en medio de mi vida, regalándome con un momento gratuito. No dudo que esta experiencia de encuentro con Dios, la hemos tenido muchos sino todos los que amamos nuestra naturaleza y vibramos junto a ella. Existen bastantes lugares como el que relato, donde frescas podemos contemplar aquellas marcas de "los dedos del Creador".

En pocas semanas más celebraremos Navidad. Visita de Dios trascendente, inalcanzable a nuestra historia y a nuestra vida. Él quiere entrar en el centro de lo más nuestro para llenar de color cada uno de nuestros rincones.

Él quiere traer esperanza para los cansados y alegría a los tristes. No nos pide tanto; sólo tener los ojos bien abiertos para contemplarlo y recibirlo. Él viene y está viniendo a nuestra vida. ¿Cómo encontrarlo? Está en nuestra querida naturaleza, pero más patente aún, lo encontramos en las personas que nos rodean, en nuestras familias, en los pobres, y especialmente, muy especialmente, en los ojos de los niños.

Esta Navidad celebramos los 2000 años de la venida de Dios a la Tierra. Él nos da la oportunidad de que sea diferente. Es el momento de que esa venida sea real para nosotros. Es tiempo de encontrarnos con Él. Cara a cara. Los invito a que afinemos la vista y lo descubramos, para que no nos suceda como a muchos de aquellos habitantes de Belén, que por preocuparse en demasía por un Censo, no se percataron de que su Salvador nacía en un humilde pesebre. Es éste el mejor regalo que podemos brindar a los que queremos. Compartir con ellos la experiencia de Dios, misericordioso y cariñoso.

Puedo decir con alegría, luego de aquella mañana, que siempre invito a mis amigos a madrugar con Dios.


Ordenado Sacerdote hace un par de  años, pertenece a la Comunidad de los Padres de Schöenstatt, donde desarrolla una hermosa actividad pastoral con Jóvenes Católicos Universitarios. Vinculado a la pesca desde pequeño, hace tan sólo cinco temporadas encontró a la pesca con mosca. Es reconocida su afición por el atado de moscas -- lengua afuera en signo de concentración -- así como otros aspectos de esta hermosa actividad. Esta es la primera contribución del Padre Felipe Ríos a Ríos y Senderos, y esperamos la primera de muchas.

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