La Makita. Una mosca para Aguas Quietas - Gabriel Cartes

Es la una de la mañana de un día jueves, y sólo faltan dos días para ir a probar suerte a la Laguna Galletué, hermoso paraje ubicado en la IX región de Chile. Probar mi recién adquirido float tube, e intentar pescar alguno de los peces de ese lugar, me tenía más que ansioso.

Incluso después de haber revisado un ciento de veces el equipo y en especial las cajas de moscas, me encuentro un tanto intranquilo. ¿Qué moscas funcionarán bien?, ¿Bastará con las 300 que llevo?.

Decido intentar atar un nuevo patrón, pero ¿como parto?. Extiendo alguno de los materiales sobre mi mesa, buscando de alguna forma "iluminarme". Muchos minutos pasan, y aún no he puesto ni siquiera el anzuelo sobre la prensa. Deseo atar una mosca que ante una pequeña tracción de la línea tenga gran movilidad, un buen material para este objetivo es el marabou; en mis últimas excursiones me ha dado buenos resultados el brillo sobre las moscas así es que decido incorporar flashabou; y finalmente la gran fama de los patrones con cabeza muddler, me indica que no es mala idea agregarla. El resultado de este invento es una mosca de mediano tamaño de color verde. La ubico en un pequeño espacio vacío de una de las cajas, y me dispongo a tratar de dormir.

Son las seis de la mañana del sábado siguiente, la vista de la laguna, y en especial de la desembocadura de uno de sus afluentes, me hace soñar con una muy buena jornada. Armo mi equipo: caña #5 de 9`, línea con hundimiento en la punta, líder medianamente largo afinado a 4X. Algas en el fondo, juncos sobre la rivera me conducen inmediatamente a elegir una imitación de ninfa de libélula para los primeros intentos.

Han pasado al menos tres horas de nuestra entrada al lago, ni mi compañero de excursión ni yo hemos obtenido la ansiada picada, lo mismo para otros mosqueros que están pescando desde un bote. Hemos probado con diversas imitaciones de ninfas y algunas woolly bugger, pero el resultado sigue siendo negativo. Abro mi caja, y tengo la impresión de que ninguno de los patrones que llevo es el adecuado, me detengo en la mosca verde que até hace 2 noches; decido probarla, total nada se pierde!!!. Mi mirada se fija en un sector con algas sumergidas, empiezo a castear sobre él, los primeros lances con mucha esperanza, los siguientes son automáticos y sin concentración. Este estado es interrumpido por una súbita tomada, al final de mi línea luchaba una arcoiris de unos 700 gramos, la que, por suerte, se clavó sola. Consigo concretar mi primera captura. Decido intentar nuevamente sobre el mismo sector, esta vez muy atento a lo que sucede bajo la superficie. No pasa mucho tiempo para que tras una fuerte tomada , una gran carrera y un acrobático salto, una arcoiris de más de 1 kg. hiciera a mi corazón trabajar más rápido que de costumbre. Tampoco pasa mucho más para que ésta termine cortando mi tippet. El único patrón que llevaba se había perdido, sólo me quedaba la alegría de la última media hora de esa mañana.

Nuevas jornadas a otras lagunas como las de Malleco y Conguillío, y algunas más pequeñas de esa región vinieron. La historia se repitió muchas veces. Cuando la pesca no estaba todo lo bien que esperaba, ataba a mi tippet la, para mi, famosa mosca verde.

En cada una de esas aventuras, numerosas truchas cayeron presa de este patrón. Incluso, hace tan sólo unos días, en mi última excursión de pesca, esta vez al lago Conguillío, la única mosca que pescó mi compañero de aventura y yo fue la famosa mosca verde, la "Makita" como la bautizara después. La razón: éxito constante. Los resultados en cuanto a número y calidad de la pesca en cada una de mis excursiones la han llevado al sitial de primera opción a la hora de elegir un patrón para aguas quietas

La pesca la realizo lanzando hacia los juncos (cuando existen) o paralelo a ellos, hacia el corte que se produce en la desembocadura de un estero, o entre los canales que se forman entre las algas sumergidas o cerca del fondo sobre la vegetación que allí existe. La línea que uso es una Teeny-130, y la recogida es lenta pero continua; tracciono la mosca unos 20 cm cada vez. Cuando decido trasladarme dentro de una laguna, de un lugar a otro, suelto la totalidad de la línea, la dejo profundizar y la troleo. Aunque esta técnica no es en esencia pesca con mosca, es una buena alternativa para ocupar el tiempo durante los cambios de sector dentro del cuerpo de agua, es más, un buen número de truchas han sido capturadas bajo esta modalidad.

Aunque inicialmente este patrón fue pensado para su uso en aguas quietas, y los resultados en éstas son el motivo de este artículo. También la he pescado en aguas corrientes, lamentablemente una sola vez, pero aún así debo señalar que fue la responsable de mis únicas truchas de este inicio de temporada 2002-2003.

Varias veces me he preguntado el por qué del éxito de esta mosca, y qué imita en realidad. Debo confesar que no tengo una respuesta clara sobre el asunto. Da la sensación de una organismo vivo, con mucha acción y eso es lo importante; bien pudiera ser un alevín o tal vez una ninfa de libélula.

A continuación les entrego un listado de los materiales asociados a este patrón, y además una breve y muy simple descripción de los pasos de atado. Esta mosca yo la llamaba simplemente "la verde", sin embargo, mi hija (Macarena) decidió denominarla la "Makita", y ante eso no hay nada más que decir.

Anzuelo: Mustad 9672 #8 o #6

Hilo: Verde oliva 6/0

Cola: Marabou verde oliva

Cuerpo: Marabou verde oliva

Bajo ala: Marabou verde oliva

Cubre ala: Bucktail verde más 8 hebras de flash verde

Cabeza: Muddler de antílope verde

 

Pasos de atado

  1. Elimine la rebaba del anzuelo. Ayúdese de un alicate o la prensa misma.
  2. Una vez dispuesto el anzuelo sobre la prensa ate una cama de hilo sobre la pata de éste (parte recta del anzuelo).
  3. Ate la cola. Para ello elija una pluma de marabou y asegúrela con el hilo sobre la pata del anzuelo. El largo de la cola no debe exceder el largo de la pata. Corte el sobrante de la pluma
  4. Escoja unas hebras de pluma de marabou lo más fibrosas y largas posibles. Ate la punta de éstas en el sector donde se inicia la curvatura del anzuelo. Diríjase con el hilo hasta ¾ del largo de la pata (contado desde la curvatura hasta el ojo).
  5. Enrolle la pluma del punto anterior sobre la pata del anzuelo y forme el cuerpo de la mosca. Una vez que alcance el punto donde quedó el hilo, asegúrela con éste. Corte el sobrante del marabou.
  6. Ate una nueva pluma de marabou en el punto donde está el hilo. La punta de la pluma que constituirá el bajo ala no debe sobrepasar la punta de la cola de la mosca.
  7. Ate unas hebras de Bucktail verde sobre la pluma del bajo ala.
  8. Ate ocho hebras de flash verde sobre el bucktail.
  9. Corte un mechón de pelo de antílope verde. Asegúrese de extraer la pelusa que lo rodea. Alinie el pelo en el ordenador, y posteriormente sosténgalo con sus dedos de la mano izquierda (si usted es diestro) sobre la pata del anzuelo. De dos vueltas con el hilo antes de tensar. No ponga mucha presión pues se puede cortar. Si encuentra que el pelo no fue suficiente agregue un nuevo mechón. Asegúrese que cada nueva vuelta del hilo pase por el mismo punto que la anterior.
  10. Cuando estime que la cantidad de pelo sea la correcta, con su mano izquierda descubra el punto donde está el ojo del anzuelo, dirija el hilo hacia allá y ate el nudo final.
  11. Con una tijeras recorte el pelo de antílope y forme la cabeza.

Para terminar, me permito comentar que con la infinidad de patrones existentes hoy en día, es a veces complicado seleccionar cuáles son los que se deben llevar a un determinado ambiente. Generalmente tenemos un pequeño grupo que siempre nos da buenos resultados, y esos son los que habitualmente atamos, sin embargo, es inevitable estar en una constante búsqueda de algo más. Puede ser por que nos cansamos de atar los mismos o por que queremos dar paso a nuestra creatividad. Cualquiera sea la razón, el resultado final puede sorprendernos. La sensación que produce tener al final de nuestra línea una hermosa trucha enganchada en una mosca que nació de nuestras manos es sin duda una experiencia gratificante y que no olvidaremos jamás.

Atrévase, tal vez de usted sale el patrón del cual se prende ¡¡la madre de las truchas!!


El atado es su pasión. Gabriel Cartes es residente en Concepción y así se ha vuelto un visitante regular de los ríos y esteros de su zona y de las lagunas andinas de la IX Región.

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