
Imborrables son muchos de los tantos gratos recuerdos de mi juventud unidos a la pesca con mosca. La historia invariablemente ha tenido y tendrá, un significado de fuerte peso en mi vida. Muy en particular, cuando me refiero a la madre de mis dos preciosas hijas, con quien compartiera tantas y tantas maravillosas jornadas de pesca que ella alumbrara, amén de un vibrante y profundo amor. Rememoro con cariño, así también, a aquellos amigos con quienes entonces participé junto a hermosas alegrías de la mosca. Eran otros tiempos. Y sin embargo, aún recuerdo con nostalgia las innumerables visitas junto a mi entonces esposa, a aquel cálido local de ventas de artículos de pesca con mosca. Enclavado en el corazón de la querida ciudad de Puerto Varas y de propiedad del siempre amable y buen Roberto Gray, largas y amenas horas rondaron por tan mágico espacio, cuyas puertas estuvieron siempre abiertas a compartir amistad, entretenidas historias, nuevos destinos, secretas técnicas, e incluso sugerencias domésticas. Volcanes, lagos, ríos y rosas, todos de belleza extasiante, rodearon aquellos encuentros de amistad, y por qué no confesarlo, de amor. Pasión de aquel entonces. Toda aquella fantasía no la olvido. Representa un tiempo que nunca debí dejar pasar y que equivocadamente no alimenté. Y así, cada vez que entre mi caja de moscas recojo ese patrón que me fuera obsequiado en muchas de tantas visitas, renacen fuerte en mi interior, memorias de días de gloria, que en momentos tristes y de soledad, me transportan a un pasado dulce y de felicidad. Es curioso, y también sorprendente, lo que un simple patrón de mosca puede llegar a proyectar. Tal vez no tan simple. Íntimamente.
No es mera casualidad la efectividad de este streamer y toda la magia que proyecta. Un attractor de gran diseño, proviene de las manos y todo el ingenio de Roberto Gray. Fue él quien me lo obsequiara hace largos años, haciendo hincapié en que se trataba de un diseño de reciente invención, y que por lo tanto, se requería efectuar las respectivas pruebas en el río. Aún evoco cómo lo hice. Ráudamente y con ansiedad, me dirigí a un destino cercano y de fácil acceso. Fue en el antaño productivo río Pescado, donde a diferencia de tantas y tantas Woolly Buggers que recorrían su boca, presenté y recogí esta oliva y naranja creación, intentando docimar la hipótesis de su efectividad. Una fuerte emoción me recorrió cuando constaté, luego de breves minutos en el río, cómo una de aquellas extraordinarias arcoiris que hoy también forman parte del pasado, corría lago adentro en desenfrenada y loca carrera junto a mi mosca. Un freno mal ajustado detuvo la misma abruptamente, dando paso al inevitable corte. Con incredulidad comprobé la efectividad del diseño y su acción, cuando un nuevo pique no se hizo esperar. Luego de horas mojando waders y líneas, y junto a un hombro extenuado por el número de capturas con devolución, regresé a aquel mágico espacio de pesca con mosca en la ciudad, dando rienda suelta a mi reporte de éxito a su creador. Roberto agradeció con la sencillez de costumbre, y me regaló un importante número de ejemplares de aquel patrón, al que entonces llamé Gray Special, dando crédito a quien gestara su creación. Pancora es el nombre con que algunos hoy lo conocen, presumo merced a la extraordinaria imitación en acción de aquel crustáceo, recurrente habitante de tantos cursos de agua dulce en Chile. Aquella noche cené junto a Claudia, en un Ibis de embrujo, para luego fantasear con la quimera del calor de hogar en nuestra habitación, en casa de la familia Schumacher. Parte de un pasado que a ratos evoco y lloro.
La Gray Special está provista de una cola de marabou oliva oscuro, tres pares de patas de blanca y redonda goma, un cuerpo rodeado por chenille naranja, dos hebras del mismo material en tono oliva oscuro, que recubren al naranja en su lomo, y un hackle de color grizzly oliva, que atado palmered, corona esta magnífica creación. La misma que hace al menos 5 años enseñé a Claudio Castro. Escuela que desde entonces perdura, merced a la comercialización y uso personal que de la misma ha hecho este también entrañable amigo, con tantos pescadores de mosca del gran Santiago que hoy la agradecen. De pesca fácil y sencilla, es un diseño en extremo productivo en todos aquellos ríos y lagos, donde las llamadas pancoras, constituyen parte importante de la dieta de truchas. Y lo es también, curiosamente, en algunos cursos de agua que jamás han conocido de dicho crustáceo. Puede ser pescada junto a cualquier línea, aún cuando son los llamados shooting heads de hundimiento los que favorezco al momento de utilizarla. Creo, permiten imprimirle la acción y presentación que requiere. Habitualmente utilizo una técnica de recogido de tres a cuatro strips cortos, luego de lo cual efectúo una pausa por breves instantes, para luego reanudar dicha acción, y así sucesivamente. Intento imitar con esta técnica, el desplazamiento de las llamadas pancoras por el lecho de un río. En ocasiones, apelo al llamado swing para pescarla, en especial cuando el nivel del río que trabajo se encuentra por sobre su promedio. Es un hecho conocido el que en tales circunstancias, el crustáceo de agua dulce al que hago mención, suela dejarse derivar cercano al lecho del curso, tal como lo hacen todas las ninfas de insectos con desarrollo acuático. Utilizo este patrón junto a leaders cortos, con no más de 6 pies de extensión, lo que me permite un mejor control, tanto en casting como en detección de piques, y nunca jamás pierdo la tensión entre línea y mosca. No apelo al llamado dead drift, pues no obstante haberlo intentado de manera reiterada, no me ha brindado resultados de interés. He atado algunas variaciones de la misma, las que han brindado capturas, pero es sin duda el patrón original de Roberto, el que se lleva los aplausos. Y así, aún vuelven a mi memoria, crónicas de un lluvioso y memorable día de pesca con mosca en río Puelo, cuando intentando con este productivo patrón, consiguiera una de las más hermosas piezas de arcoiris de mi vida, en compañía del hoy fallecido Alberto "Beto" Macías. Mi homenaje a su destreza con un bote, y a toda aquella hermosa entrega que por tanto tiempo nos regalara a todos quienes pescamos el Puelo gracias a la misma. La mosca de Roberto, aquella que llamé alguna vez Gray Special, es más que un patrón productivo. Es magia dulce y fantasía que vivirá por siempre en mi yo, resucitando en momentos de dolor y angustia, pasados momentos de alegría y amor junto a seres queridos, los que hoy no se encuentran a mi lado. Por obra del destino. Sus recuerdos, no morirán nunca. Así es, viven y despiertan con brillo en el mundo de la aventura que dibuja un patrón de excepción. Materiales de Atado
Instrucciones de Atado
Y no lo olvide. Ha finalizado el atado de un patrón de excepción. Uno que con brillo despierta recuerdos en el mundo de la aventura. Aquella que nunca debí dejar pasar y que pobremente alimenté. Fui yo el responsable. Así creo.
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