¿Llevo la caña o no la llevo? Me preguntaba mientras acomodaba ropa liviana en mi bolso, en preparación para mi primer viaje a la rivera maya. Después de una rápida búsqueda en Internet, confirmé que había lugares aptos para practicar nuestro deporte, todos relativamente cercanos al sector de Playa del Carmen, donde estaría el hotel que mi señora había reservado para nuestra "semana romántica". Una vez tomada la decisión (obvia), revisé mi equipo para ver que faltaba, y me dirigí a la tienda de Rod & Gun a buscar la línea flotante, lideres y moscas especiales para la zona. Marc Whittaker (el dueño de la tienda) personalmente me recomendó unas moscas que según su experiencia serían muy efectivas para macabíes (bonefish).
Primer día en la playa del hotel, mientras mi esposa se preparaba para su baño de sol, me fui directo al agua huyendo de los 30 grados de calor que nos acompañaron durante todo el viaje. El agua era cristalina ese día, ya que el viento soplaba más suave de lo normal. El color turquesa del agua con fondo de arena blanca, contrastaba con el azul de los sectores mas profundos, no podía dejar de admirar este espectacular paisaje, palmeras, arena blanca, agua color turquesa….de pronto, a unos tres metros, vi dos siluetas redondas nadando hacia mi, y sin mover un músculo, observé claramente una pareja de peces, que estoy 90% seguro eran permits (localmente llamados palometas). Acto seguido, regresé a la playa donde mi señora y le ofrecí traerle algo del bar. Seguí de largo la oficina de turismo a consultar por operadores especializados en pesca con mosca. De regreso en la playa con dos piñas coladas, le informé a mi esposa que ya teníamos programado nuestro día de pesca. Como era mi primera vez pescando en aguas tropicales, contacté a un operador local, dada las buenas referencias y lo atractivo programa que ofrecían. Coordiné la salida con su dueño, el cual fue muy amable y me aseguró asignarme un buen guía para la jornada. Llegado el día, Martín, el chofer encargado de recogernos, a las 6 a.m. en punto nos esperaba en la puerta del hotel. Rápidamente nos acomodamos en la van y emprendimos rumbo a hacia el sur, en un viaje de dos horas bordeando la rivera maya hacia a nuestro destino, la reserva de la biosfera Sian Ka'an, donde se ubicaba el lodge (o campo de pesca). Un lugar muy hermoso, con una playa de paradisíaca y cabañas para sus huéspedes. En la pilapa* principal, fuimos recibidos por el staff, con un delicioso desayuno criollo de huevos rancheros. Mientras, Néstor, nuestro guía, revisaba mi equipo y se aseguraba que tuviéramos todo en condiciones óptimas para partir. Después de comprar algunas moscas "de la casa", que según nuestro guía, tenían un peso más apropiado que las recomendadas por Marc, nos llevó al muelle donde nos esperaba su ayudante Aron junto a nuestra embarcación.
Eran alrededor de las nueve, cuando hice el primer lanzamiento en un lugar abierto entre los manglares de la bahía. Con el agua prácticamente hasta los tobillos, con mucho entusiasmo intentaba enganchar mi primer macabí. El fuerte viento dificultaba la visibilidad y por supuesto el casting. Néstor no tenía mucha fe, y me adelantó que el día era 'malo', y que con suerte lograríamos pescar 4 o 5 piezas durante toda la jornada. No dejé que su comentario me desanimara y con paciencia continuamos buscando, hasta que de pronto Néstor me dice: 'a las 11….a 40 pies', mis matemáticas no funcionaban muy fluidamente con los nervios, por lo que instintivamente lancé guiado por la dirección que indicaba con su dedo. 'Espere' me dijo, 'ahora recoja'. Mentalmente cruzando los dedos, comencé a recoger la línea, y nada. Esta rutina se repitió con diferentes coordenadas hasta que finalmente logré sentir la sutil picada del macabí. Eso si, siguiendo los sabios consejos de Marc Whittaker, continué recogiendo hasta asegurarme que el pez estuviera clavado firmemente antes de levantar la caña, de esa forma tendría otra oportunidad de que el macabí intentara nuevamente tomar la mosca, en caso que la primera no haya enganchado bien. Una vez enganchado, fui testigo de la fuerte pelea que caracteriza a este pequeño y hermoso pez. Si bien mi caña #8 pudo acortar la pelea más de lo deseado, este ejemplar de aproximadamente un kilo, no se dio por vencido fácilmente. Al devolverlo, una sustancia que parecía silicona transparente, quedó pegada en mis manos. Néstor me contó que era una protección contra unos parásitos que vivían en las arenas del manglar, los cuales eventualmente iba a conocer de cerca. Minutos más tarde logré repetir la hazaña y pescar otro macabí. Para ser la primera parada, la pesca no se veía tan mal como se había pronosticado.
Fuimos recorriendo diversos sectores del manglar, y a pesar de que divisamos algunos macabíes, no logramos que ninguno se interesara por nuestras moscas. Parecían intimidados por la embarcación y el fondo estaba demasiado fangoso para poder caminar, como lo habíamos hecho al inicio de la jornada. Pasaron las horas y el calor hacía mas dura la espera, y cada una hora hacíamos un alto para lanzarnos al agua a refrescarnos, para así poder continuar.
Finalmente cambiamos de modalidad a "pesca ciega". Néstor ubicó la lancha en un lugar estratégico donde me dijo que lanzara a fondo. Lancé una mosca más pesada y esperé que se hundiera. De pronto una violenta picada, rompió la mala racha que nos había seguido desde la mañana. Inmediatamente supe que no era un macabí, luchaba con la misma fuerza pero se sentía mucho más pesado. Al subir a la superficie, no podía creer lo que veía, parecía un pez de otro planeta. Néstor dijo, 'ah, es un lookdown' (jorobado), un delgadísimo habitante de aguas del caribe, que suele atacar las moscas para macabí. Una vez devuelto, intentamos nuevamente en el mismo lugar. No alcanzó a llegar fondo la mosca, cuando otra violenta picada me inyectaba de adrenalina. Esta vez el pez no se demoró ni un segundo en revelar su identidad, saltando completamente fuera del agua una y otra vez. 'Es un Ladyfish' (Machete) dijo el guía. Nuevamente quedé asombrado con el despliegue de energía generado por esta especie, que no guardaba relación alguna con su tamaño. Una vez en mis manos pude ver el tamaño de su gran boca dotada de cortos pero filosos dientes que terminaron por llevarse mis dos moscas estrellas, protagonistas de la jornada. Nos quedamos en ese lugar durante una hora, cuando de pronto, Aron vio a una pareja de permits alimentándose a unos 100 metros de donde estábamos. Tuve solo una oportunidad de presentar la mosca a este esquivo pez, pero no logramos concretar con lo que prometía ser el 'broche de oro'. Última parada. En una playa cercana al muelle, nos bajamos para caminar por la playa, y mientras lanzaba, sentía que algo me picaba en las piernas. No le presté atención al principio, pero siguió molestándome durante un rato hasta que Néstor me vio incómodo y me dice, 'son pulgas de mar'. Unos voraces parásitos que se adhieren a la piel de peces o en este caso turistas como yo, para succionar sus líquidos vitales. Gracias a Dios eran muy pequeños y fáciles de sacar.
El calor era insoportable, por lo que decidimos ponerle término a lo que fue un 'mal día'. El balance final fueron cuatro macabíes, un lookdown y dos ladyfish (landed), lo cual no fue malo (en teoría), pero siendo honesto con ustedes, no cumplió con mis expectativas. Pero créanme que podría haber sido peor, si no fuera por las moscas recomendadas por Marc, probablemente hubiera sido otra historia. Ya que los patrones 'de la casa' recomendados por Néstor, no despertaron ni el menor interés en los macabíes o los voraces ladyfish, a los cuales se las presentamos en varias ocasiones. Antes de regresar al hotel, tuve una breve conversación con otros pescadores norteamericanos, quienes experimentaron una pesca bastante similar ese día; dos o tres macabíes por persona, con excepción de uno de ellos que logró capturar un Jack (localmente conocido como jurel), de unos 5 kilos aproximadamente (a juzgar por la foto). Una última cerveza de despedida y regresamos al hotel. Si alguno de ustedes está interesado en probar la pesca con mosca en aguas caribeñas, deben tener en cuenta, que un buen guía es indispensable para poder localizar los peces. También, nuestra habilidad de lanzamiento y presentación son determinantes a la hora de maximizar las pocas oportunidades que nos dan estos esquivos peces. Deben llevar buenos patrones de moscas, fuertes lideres y sobretodo protección solar. Quiero agradecer a Marc Whittaker por su valiosa asesoría, a mi esposa Verónika por aguantar el calor durante casi 7 horas y especialmente a nuestro guía Néstor, al cual no tuve oportunidad de despedirme ni agradecerle personalmente su trabajo. * Pilapa = construcción de madera y techo de paja construida por los mayas como vivienda, que en este caso era el bar, comedor, tienda de pesca, living del lodge. |
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