Mi Primer Silver King - Gerardo Mogollón

Texto: Gerardo Mogollón
Fotografías: Yennifer Maldonado

El tarpon (Megalops atlanticus) siempre ha constituido una de las especies más codiciadas por el pescador a mosca, no sólo por la espectacularidad de sus saltos y por la lucha que ofrece al ser clavado, sino por lo emocionante que resulta el proceso de lograr que una de estas moles plateadas ascienda desde el fondo del océano para así tomar nuestro engaño. En palabras del famoso pescador Billy Pate, el sábalo goza de este sitial porque “simplemente adora comer o atacar las moscas artificiales”.

En este artículo quisiera compartir con el lector, el complicado y emocionante proceso que vivimos todos aquellos pescadores a mosca, que hemos decidido aventurarnos en el apasionante mundo del Saltwater Fly Fishing, el cual culmina en casi la totalidad de los casos, con la captura de este coloso que es quizá, el más desafiante e intrigante contrincante que podamos encontrar al otro lado de nuestra línea.

Muchos de los pescadores que conozco me lo habían advertido miles de veces... “El día que captures tu primer sábalo, quedarás hechizado para siempre”... Hoy puedo afirmar que la pesca del Tarpon a mosca es una enfermedad incurable y, paradójicamente, la única manera de aliviar los síntomas de esta especie de locura, es buscando cada vez ejemplares más y más grandes, a los fines de permitir que la adrenalina, circule por todo nuestro cuerpo en la forma en que lo hace cuando estamos en el mar, tentando con nuestras moscas, a estos maravillosos y acrobáticos colosos.

Los síntomas de mi enfermedad empezaron hace alrededor de 2 años. Todavía recuerdo mi primera visita al paradisíaco Archipiélago de Los Roques, viaje este que emprendí con el único objetivo de pescar Bonefish (Macabí o Pez Ratón como se los llama en Venezuela), ya que había leído numerosos libros y revistas que trataban sobre la pesca de este increíble pez, y estaba decidido a aventurarme en la pesca en agua salada, donde esperaba experimentar mayores y más frecuentes descargas de adrenalina. Efectivamente fue así... La pesca de Bonefish fue excelente... y siempre lo ha sido (desde esa oportunidad he viajado en 6 ocasiones a Los Roques y siempre he quedado con ganas de más). Prometo a todos los lectores de esta prestigiosa revista virtual, escribir un artículo sobre BONEFISHING en Los Roques en una futura entrega.

Bueno... Volvamos al tema. Les decía que recuerdo que mi enfermedad empezó en ese viaje. Para ubicar un poco a los lectores, debo aclarar que el Archipiélago de los Roques es un Parque Nacional, y está formado por alrededor de 360 cayos o islas, con playas de blancas arenas coralinas, repletas de todo tipo de vida subacuática, y constituye un paraíso para todo aquel visitante que desee apartarse por completo del mundo cotidiano, y que quiera disfrutar del contacto directo con la naturaleza en un entorno que recorre toda la gama de los azules y los blancos, y que quita el aliento con sólo observarlo. El cayo más importante es el llamado Gran Roque. Allí se encuentra el aeropuerto, las numerosas posadas (cuyos precios oscilan entre 50 y 300 dólares por persona por día), y la playa en la que atracan los numerosos peñeros de los habitantes del Archipiélago.

En esa oportunidad, muy temprano en la mañana, estando listos para salir a nuestra jornada de pesca, observé con asombro una descomunal mancha oscura que se extendía por varios cientos de metros, que a primera vista parecía una formación de algas, pero luego de un examen más cuidadoso de las cercanías de nuestra lancha, pude percatarme de que era un banco enorme de una especie de Minnows o pequeños peces tipo sardina llamados camiguanas. Era imposible apartar los ojos de aquel majestuoso espectáculo (luego los guías me explicaron que estos bancos de pequeñas sardinas están permanentemente en toda la bahía del Gran Roque). De repente, un destello plateado de gran tamaño brilló contra el sol al emerger a la superficie momentáneamente, y me hizo cerrar los ojos por un instante... -¿Qué fue eso? Pregunté con gran curiosidad al guía. – Son los sábalos haciendo rolling y comiendo camiguanas. Respondió tranquilamente. ¿Cómo es posible que peces tan grandes estén nadando a tan poca profundidad? Pregunté con gran curiosidad y cierta incredulidad (habría un metro y medio o dos metros de profundidad). El guía con una sonrisa me dijo que debajo de la mancha de sardinas había un cardumen de sábalos de quizá 15 o 20 ejemplares, y que los sábalos no requerían mayores profundidades para nadar y alimentarse... De hecho, esa era una de las razones para sus frecuentes rollings, o salidas a la superficie, ya que este era un medio para tomar oxigeno del aire y paliar el bajo contenido de este gas existente en las aguas que rodean las zonas de atraque de los peñeros.

Esa primera impresión se quedó grabada en mi mente para siempre. Durante el transcurso de ese día hice muchas preguntas más al guía sobre aquellas intrigantes criaturas. Él fue uno de los primeros en hacerme la advertencia con la que empecé este artículo... Mogollón, me dijo, el día que captures un sábalo con fly, quedarás enfermo para siempre...

El avance inexorable del tiempo permitió que la enfermedad incubara y se desarrollara gradualmente. Poco a poco fui interesándome más y más en todo aquello que tuviera relación con el SILVER KING. Leí numerosos libros. Vi todos los videos que pude conseguir sobre el tema. Disfruté enormemente la lectura de Megalops y Tarpon Quest, dos obras que narran las vivencias de esta pasión por el Sr. Tarpon, y a la vez me di cuenta de que ya, a esas alturas, estaba irremediablemente enfermo... ¡Necesitaba emprender cuanto antes mi aventura hacia la captura de mi primer gran pez!

Aproximadamente un año después, decidí comprar mi primera caña para Tarpon. Fue una difícil elección. Después de un largo proceso de investigación, decidí comprar una ORVIS T3 911-4. Escogí la versión de 4 piezas por la facilidad para viajar. Línea Floating No. 11, Tarpon Taper de Scientific Anglers. 110 pies de longitud (¿Para qué tanta línea? me pregunté inicialmente...). 350 metros de Backing de Gel spun de 30 lbs. El carrete elegido fue el Tibor Gulfstream. Estaba feliz. Ya estaba armado para emprender mi aventura... Sólo faltaba encontrar la oportunidad idónea para arrancarme hacia los Roques.

Finalmente, llegó el día esperado. Tuve ocasión de solicitar tres días de vacaciones (más dos del fin de semana) y preparé mi viaje para los Roques. Puse especial cuidado a todos los detalles. Le encargué a mi amigo Carlitos Fly fishing, el atado de las moscas con las que tentaría a mi primer Tarpon. Él, con gran cariño y habilidad, ató para mí cerca de 30 patrones que juzgué infalibles. Afilé los anzuelos con gran devoción. Verifiqué los tamaños 3/0, 4/0 y 5/0. Todo estaba en orden. Preparé mi leader... Shock tippet de 60 lbs. Releí miles de veces mis revistas y libros y vi más de 10 veces el video Fly Rodding For Tarpon de Billy Pate. Creo que estaba listo para mi aventura. No tengo palabras para describir la forma en la que todas estas cosas invadían mi mente, tornándose en una especie de obsesión que iba haciéndose más y más fuerte a medida que se acercaba la fecha del viaje.

Por fin llegó el tan anhelado día. Parece que hubiera amanecido más temprano. Hacía un tiempo excelente. Cielo despejado, aguas tranquilas y de una transparencia increíble. Los frecuentes rollings de los tarpon del Gran Roque, aceleraban mis pulsaciones y me llenaban de ansiedad. Todo estaba listo. La lancha partió en dirección Norte. Una sensación de gran satisfacción me embargaba, al tiempo que estaba cargado de grandes expectativas.

Luego de unos minutos, el guía avistó un gran cardumen de sardinas, el cual era visible desde varios cientos de metros de distancia, debido a la gran cantidad de pájaros que iba siguiendo al gran banco de peces. Su veteranía le decía acertadamente que, al juzgar por el tamaño de la mancha de peces, ese día tendríamos grandes emociones con los sábalos. El espectáculo que observamos al acercarnos a unos 5 o 6 metros del cardumen fue simplemente increíble. Cada 5 o 10 minutos podían apreciarse los ruidosos ataques de los tarpon al subir a la superficie a tomar su porción del botín que el gran cardumen de sardinas ofrecía. El ataque era acometido generalmente por dos ejemplares de gran tamaño y consistía en dispararse a toda velocidad hacia la superficie en direcciones opuestas, a los fines de desconcertar a las sardinas que, al huir de uno de los gigantes, caía directamente en las fauces del otro. Simultáneamente, y para completar el emocionante cuadro, cardúmenes de bonito (Spanish Macarel) y de Ojo gordo (también conocidos como Horse-eye Jacks), conformados por ejemplares que rondaban las 10 o 12 lbs., asediaban constantemente al cardumen, completando de esta forma, el emocionante espectáculo.

Subí rápidamente a la proa del peñero para ubicarme en una posición adecuada para lanzar. Miles de emociones y pensamientos se arremolinaban en mi mente en esos instantes. El guía me señaló a la dupleta de cazadores y me indicó donde ubicar mi mosca para incrementar las posibilidades de una clavada. Todo sucedía a una velocidad mucho mayor de lo que mi mente y mis sentidos podían procesar. Toda la información que había leído durante mi fase preparatoria pasó en segundos por mi cabeza. Mi mano izquierda sacaba nerviosamente más y más línea, mientras me mantenía agachado para evitar espantar a mi objetivo. Mis ojos seguían fijamente las dos gigantes manchas negras que se aproximaban al cardumen por la zona derecha de la lancha. El viento soplaba con fuerza de izquierda a derecha. La posición de la lancha, las condiciones del viento y la velocidad, ubicación y trayectoria de mi objetivo requerían la realización de un largo back cast... quizá 90 o 100 pies. Cuando mi mosca iba aún hacia el forward cast, tratando de sacar en cada fase del lanzado la mayor cantidad de línea posible, escuché a mis espaldas el hermoso ruido de la explosión en la superficie provocada por el ataque de los cazadores plateados. Mis movimientos habían sido ejecutados correctamente, de acuerdo con la técnica requerida bajo estas condiciones. No obstante, el único detalle es que, pese a que mi engaño había caído con asombrosa precisión en la zona deseada, la dupleta de gigantes ya se había hundido unos segundos antes, lo cual me corroboró la importancia que tiene en este tipo de pesca, la habilidad para lanzar rápido, lejos y con gran precisión. - Más rápido Mogollón, más rápido! Gritó el guía, obligándome a recoger la línea y a prepararme para otro lanzamiento.

Forward cast! Ninety feet! 11 o’clock! Go ahead Mogollón Make the cast! Gritó el guía. El tamaño y la voracidad de los cazadores plateados era abrumador. Forward Cast, Back Cast, Go! Lancé mi línea con gran precisión luego de 3 movimientos hacia la zona deseada. Esta vez, pese a que el timing había sido perfecto, el viento había hecho que mi mosca cayera unos metros antes de la zona elegida, perdiendo una vez más una oportunidad preciosa para lograr clavar a uno de estos gigantes. Lo sucedido me obligó a incluir este importante factor dentro de la compleja ecuación mental que permite la realización de un lance perfecto. Respiré profundamente con cierta decepción y recogí mi línea una vez más, esperando que los gigantes me dieran otra oportunidad.

Mi cerebro registraba con la precisión de una computadora cada detalle de los lanzamientos previos, a los fines de lograr de esta forma superar los errores cometidos para lograr el lance perfecto. Los cazadores plateados se hundieron por un rato. Mientras tanto, los cardúmenes de bonito y ojo gordo continuaban haciendo explosión a flor de agua. Debo reconocer que en ciertos momentos de espera, sentí la tentación de lanzar hacia la gran actividad que dichos peces provocaban en la superficie. No obstante, mi reto era lograr que uno de los muchos ejemplares de tarpon que estaban circundando el gran banco de sardinas tomara una de mis moscas y me permitiera disfrutar de la tan anhelada batalla. Con todos estos pensamientos dando vueltas en mi mente, esperaba a los gigantes con mi mosca en la mano y unos 80 o 90 pies de línea sobre el deck de la lancha, en lo que los pescadores de esta modalidad llaman el ready position.

De repente, el grito del guía me despertó de mis divagaciones. ¡Ahí vienen Mogollón! Prepárate... 100 pies a las once! Lánzales unos metros adelante y deja hundir la mosca! Esta vez anticipé mi lanzamiento con nervios de acero... Tres false casts fueron suficientes para colocar mi mosca con precisión quirúrgica en la zona deseada. En esta oportunidad sólo un sábalo se aproximaba a mi mosca. Muévele la mosca! Largo y despacio, dijo el guía anticipando el strike. No podía dar crédito a lo que estaba a punto de suceder. El sábalo disminuyó la velocidad y dirigió su trayectoria directo a mi mosca. Se acercó haciendo un movimiento que semejaba la tomada del engaño pero, ante mis emocionados y novatos ojos, aparentemente había rehusado mi oferta yendo hacia el fondo una vez más. Cierta decepción invadió mi ser en esos instantes. Lo tienes! Grito el guía. Set the Hook! Gritó con fuerza. Yo no sabía que estaba sucediendo... Aún no sentía la tensión en la línea. Era obvio... La cantidad de línea fuera de la caña ayudaba a amortiguar el tensión. Sin saber aún si realmente lo tenía, le hice caso a la experiencia del guía. Clavé el anzuelo con decisión y sin vacilar.

Inmediatamente sentí como si mi anzuelo hubiera sido atado a una gigantesca roca que se hundía a toda velocidad. El backing apareció rápidamente y empecé a exigir toda la potencia de mi caña. Al hacer fuerza hacia arriba, la línea cesó su carrera hacia la profundidad y cambió violentamente su trayectoria para dirigirse a toda velocidad hacia la superficie. El agua explotó a unos 60 metros de la lancha y el gigante pez se mostró en todo su esplendor, dando un acrobático salto mortal y cayendo nuevamente sobre el agua. Lo viste? Dijo el guía con una gran sonrisa y compartiendo mi emoción. Es gigante Mogollón... Concéntrate... no lo vayas a perder.

La técnica de lucha con estos gigantes consiste en hacer la máxima tensión con la caña, permitiendo de esta forma que el freno del carrete canse al pez. Adicionalmente hay que estar listo para bajar la caña y aflojar la tensión en cada salto. Al principio es difícil coordinar pero durante la larga lucha y los continuos saltos, esta rutina se hace involuntaria. Después de unos 8 minutos de lucha llegué a la línea. Estoy a 33 metros de mi gran pez... Me dije a mí mismo. Seguía enrollando más y más línea, embarcado en un titánico combate que, parafraseando al gran pescador Tosh Brown, consistía en una lucha de voluntades: Yo tratando de traerlo hacia la lancha lo más rápido posible para proceder a liberarlo, y él luchando con todas sus fuerzas porque su instinto le decía que yo no lo liberaría.

Ya casi toda la línea estaba en el carrete. El hermoso ejemplar se ubicó paralelo a la lancha a sólo unos metros. Yo seguía tratando de acercarlo al bote, pero él, al verlo cerca, luchaba por alejarse nuevamente. Luego de unos 15 minutos de lucha que para mí fueron una eternidad, el freno del Gulfstream y la potencia de la T3 lo habían vencido. El guía tomó el leader y acercó al cansado animal hacia la borda. Me acerqué para verlo... Para tocar su hermoso cuerpo y acariciar aquella maravilla con la que tanto había soñado. Lo sacamos para fotografiarlo y pesarlo. La báscula electrónica Rapala marcó 45.7 Lbs. Mis manos aún temblaban cuando el guía me dijo... Ven para que hagas el Release que esta belleza es tuya. Puse mi mano izquierda bajo su cabeza y lo tomé por la aleta caudal, posándolo suavemente sobre el agua. Lo moví lentamente hacia delante y hacia atrás para permitir que el agua circulara por sus branquias, devolviéndole la vida. Con un movimiento de su cola se alejó lentamente de la lancha volviendo nuevamente a su mundo, dejando atrás la satisfacción de una noble batalla y dejando latente la esperanza de que una remota posibilidad nos permita encontrarnos nuevamente en algún momento de nuestras vidas.


Gerardo Mogollón es ingeniero comercial con maestría en administración de empresas de la universidad de Loyola (USA). Es un apasionado de la pesca con mosca y un explorador permanente de las posibilidades del fly fishing en aguas venezolanas.

Gerardo puede ser contactado en la dirección:
cheverefly@yahoo.com



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