
La Reserva Ecológica Oasis de La Campana y Parque Nacional La Campana, con 8.000 y 2.500 hectáreas de superficie respectivamente, albergan en conjunto a la mayor concentración de Palmas Chilenas de nuestro país. Una hora y media en automóvil demora el trayecto desde la ciudad de Santiago. Una vez pasado el túnel llamado "La Calavera", en la Panamericana Norte, se vira a la izquierda para luego adentrarse hacia la Cordillera de la Costa. Frondosos árboles dan paso a un majestuoso paisaje de nevadas montañas.
Situada a un costado del Parque Nacional La Campana, la Reserva Ecológica Oasis de la Campana nació en 1997, con el fin de combinar turismo y medioambiente. Así, un grupo de amigos preocupados por la Palma Chilena, dio forma a un proyecto destinado al descanso en sitios eco-residenciales, donde el respeto por el entorno circundante forma aparte de su esencia. El administrador del predio cuenta de la existencia de un pequeño roedor (ratón pirquero - octodon degu), el que al olvidar en su madriguera y en épocas de almacenamiento, los llamados "Coquitos de Palma", ayuda con la diseminación de la semilla de Jubaea chilensis por rincones y quebradas al interior de la reserva. Caminando por el lugar se respira el aire puro y tranquilidad que caracterizan al Oasis de la Campana. A pocos metros de la entrada se ubica el "Palmar Bajo", un majestuoso conjunto de Palmas Chilenas, con algunos ejemplares que con más de 500 años, reciben a los visitantes. En el suelo aparecen pequeñas y verdes hierbas. Se advierte no pisarlas, pues constituyen Palmas Chilenas en pleno crecimiento. A un costado se encuentran juegos infantiles y un ajedrez gigante, el que incita a mover sus enormes piezas de madera. El sol llama a recorrer. Variadas y atractivas actividades se ofrecen a los visitantes: hiking y trekking, cabalgatas, paseos a refugios instalados en altos puntos de la Cordillera de la Costa, senderos de mountain bike - con algunos que atraviesan hasta el sector de Olmué -- y caza fotográfica. Sobre 10.500 hectáreas entre parque y reserva, invitan a disfrutar de dichos paseos.
Nos decidimos por un breve recorrido por los alrededores, previo al almuerzo. Es también posible organizar excursiones por varios días, alojando en refugios de montaña y bajo un imponente mar de estrellas. El recinto alberga un parque con más de 1.000 hectáreas pertenecientes a la Fundación para la Recuperación y Fomento de la Palma Chilena, entidad preocupada por la protección de esta especie, única en el planeta y que en la actualidad, se encuentra declarada como vulnerable según el "Libro Rojo" de CONAF. Desgraciadamente, y de mantenerse las actuales condiciones, la misma podría fácilmente declararse en peligro de extinción. La situación no es muy alentadora. La gran mayoría de las especies de Palmas que se ven en calles, centros comerciales, plazas y condominios, corresponden a especies foráneas e introducidas en Chile, principalmente tropicales, o a la común "Palma Washingtoniana". La Plaza Pedro de Valdivia, en la Comuna de Providencia de la Ciudad de Santiago, se encuentra atiborrada de Palmas, con una gran variedad de distintas especies, pero desgraciadamente sin ninguna Jubaea chilensis. Este último, nombre científico de la Palma Chilena. Hace algún tiempo era común observarla en muchos y casi todos los valles centrales de Chile. Durante los primeros años de la república, todos los extranjeros se maravillaron con su elegante presencia, transmitiendo tal sentimiento a sus coterráneos. De ello obra registro en numerosos textos históricos. Dieron fe, Diego de Rosales y Mary Graham, entre otros, así como el Padre Alonso Ovalle, que cuenta se trataba del frutal más importante de la Zona Central. Onofre Jarpa hizo de las mismas un sello distintivo de sus óleos, y Gabriela Mistral, llamándolas "cuelludas", les dedicó numerosas poesías. Hoy, sólo unos pocos ejemplares se perpetúan en la zona alta del Puerto de Valparaíso, en los Palmares de Ocoa (V Región), y en Cocalán (VI Región).
Previo al ingreso de la Casa de Huéspedes, se observan los restos de un tronco de Palma Chilena. Desde su interior asoman miles de fibras que en nada asemejan la vista de un árbol caído. Y es que la Palma Chilena no es propiamente un árbol, sino una hierba, un pasto gigante, extraordinariamente sensible a la depredación. En su interior se encuentran infinitas, finas y alargadas fibras. La savia, materia prima de la exquisita "Miel de Palma", corre por el corazón de su tronco, razón por la cual no es posible drenarla como al tropical Caucho. El néctar es extraído luego de tumbar la palma (sin partir el tronco), y haber talado el follaje superior salvo la hoja central, para luego recibir la dulce savia. Ha sido la deliciosa "Miel de Palma" la perdición de la especie, pues para su fabricación se requiere dar muerte a la misma, echando por tierra siglos y siglos de crecimiento. Hoy por hoy, sin embargo, la especie se encuentra más protegida, no siendo posible la tala de Palmas Chilenas adultas, a menos que se cuente con un vivero y plan de manejo que asegure su subsistencia. No es éste el interés que motiva a la Reserva Ecológica Oasis de La Campana. Aquí, por el contrario, se les cultiva para siembra de sus terrenos, así como para los del resto del país, ayudando con la recuperación de esta especie para la humanidad. A pocos pasos de la mencionada Casa de Huéspedes, se encuentra el vivero "El Bosco", de propiedad de la referida fundación. Con un moderno aunque artesanal método, se consigue la germinación de los llamados "coquitos", los que luego son plantados. "El Bosco" cuenta con una dotación de 70 mil pequeñas Palmas Chilenas, de hasta 6 años de edad, cuya altura alcanza a unos 50 a 60 centímetros. Suficiente, si se piensa que a los 60 años alcanzan los 6 metros de altura, y a los 300 años, los 30 metros. Volvemos a almorzar y echamos una mirada a las dos piscinas. En la multicancha techada finaliza el partido de baloncesto, y los caballos nos esperan ensillados para el paseo de la tarde. Junto a nuestras cámaras bajo el brazo, iniciamos el trayecto cuesta arriba. El guía apunta que una gran cantidad de aves pequeñas, de la familia de los Paseriformes, encuentra un hábitat ideal al interior del parque. Asoman varias Tencas, una Loica y un par de Torcazas. Ésta, Columba araucana, antaño cazada en masa y presa del New Castle, hoy escasa. La proximidad del Parque Nacional La Campana entrega la suficiente seguridad para que las aves puedan aparearse y nidificar con tranquilidad. Intentamos captar un Carpinterito (Picoides lignarius), pequeño y de brillante penacho rojizo, pero sólo escuchamos sus golpes en un tronco de Roble, donde por lo general habita. Nos prometemos volver en verano a disfrutar con el Picaflor Gigante (Patagona gigas gigas), el más grande del planeta, que con una envergadura mayor a la de una mano, viaja de año en año a disfrutar de una cálida estación al país. Logramos distinguir al Peuquito o Gavilán Chileno (Accipiter chilensis), único de Chile y catalogado como raro por CONAF. Mientras continuamos con el ascenso montados a caballo, buscamos otras aves de rapiña; Cóndores (Vultur gryphus), que bajan desde la cordillera; Halcones Peregrinos, catalogado en peligro de extinción; Tiuques y Bailarines. No sólo divisamos aves, sin embargo. De entre los matorrales asoma un Quique (Tejón Chileno) y llegando al refugio, un Zorro Culpeo. Extrañamos el Zorro Chilla, al Colo-Colo y la Güiña (felinos chilenos), algo más esquivos. Así como al Puma (Felis concolor), el que nadie a la fecha ha visto, no obstante haber encontrado numerosas huellas. Al atardecer hacemos arribo al refugio, momento propicio para disfrutar con algo caliente sentados junto al fuego. Nuestro anfitrión se revela como un excelente narrador de cuentos de campo, algunos de miedo y terror, los que recordamos más tarde en nuestros sacos de dormir, al escuchar el silbido del viento fuera de nuestro hoy, lugar de abrigo. por Paulina Marfull |
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