Obituario para un Amigo del Alma

("Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá." Juan 11:25)

Virtuosa melodía brota al interior de un vehículo que transporta mi alma. Mis poros crecen junto a una grandiosa Fantasía Coral de Beethoven, un majestuoso Requiem de Brahms, un celestial Valse Triste de Sibelius, un alegórico Mesías de Haendel, y un polifónico Scherezade de Rimsky Korsakov. Ottorino Respighi pasea Pinos y Fuentes de Roma por la divina prosa de Soliloquios de Belén de Giovanni Papini. Por Hans Christian Andersen y sus dulces cuentos. Por El Principito y los Hermanos Grimm. Por magia en fotografía. Herencia de mi padre. Todos. De mi querido padre. Aquel que hace breves y pasados momentos, sin despedirse, se ha unido a ellos. Con notas y párrafos celestiales. Con horas, interminables horas, de pesca junto a su hijo en el río. En el Maule. En Constitución. Junto al Tío Chalo. En un digno y simple bote de madera. Uno con bajo franco borda. Uno pobre y con remos. Uno pintado de amarillo, rojo y celeste. Uno que surcara aguas dulces y salobres. Por horas. Por días. Por años. Eternamente. Junto a su hijo. Su amigo del alma.

¿Cómo poder ser más alma que cuerpo? ¿Cómo? Papá. Por favor, explícame cómo. Por favor. Hazlo. Como lo hiciste con tantas y tantas cosas. ¿Por qué nunca me enseñaste cómo tocar el cielo y sus ríos celestiales? Tu estás allás hoy. Pero ya no te veo. Te palpito. Te recuerdo. Te vivo. Pero ya no estás aquí. Estás en mi alma. En la de tus nietas. Mis hijas. Hoy te lloramos. ¿Cuándo nos vamos de pesca al Maule con el Tío Chalo? Quiero llevar a Claudia y Francisca. Hoy me preguntaron por qué ya no estabas. No supe qué responder. Lloraron. Lloramos. Queremos ser alma. Unirnos.

¿Sabes? Hoy un amigo mío te despidió. Lloró. Creo, es un ángel celestial en esta tierra. Es también un amigo del alma. Y yo lo soy de mis hijas. Como me lo enseñaste. Con tu bondad y sabiduría. Con tu paz. Enséñame a ser más alma que cuerpo. Pronto lo seré. Te lo prometo. Y tus nietas te seguirán. Como me lo enseñaste. Con tu bondad y tu simpleza. Aquella que desbordabas. La que regalabas a todos. Con sus ojos. Con tu proverbial bondad. La que a mí me regalaste por 39 años. La que hoy Patricio, ese angel celestial en la tierra, entrega. Casi como si te siguiera.

Nos reuniremos pronto. Y te daré gracias. Por entregarte como lo hiciste. Por lo que me diste. Por ser tu hijo. Por tu prosa. Por tu bondad. Por tu música. Por tus historias. Por tu franqueza. Por tu humildad. Por haberme llevado tantas y tantas horas al río. Aquel río que me ha permitido conocer a tantos hombres de buena voluntad en esta tierra. Curso que me acerca a Dios, su naturaleza y su bondad. Aguas que por divina providencia me han unido a mi pasión. La pesca con mosca. Flujo que me une a mis hijas y amigos. Torrente que me une a un amigo del alma.

Adiós papá. Hasta muy pronto. Te quiero mucho. Tu alma vive en mí. Vive en nosotros. Te rezo.

Pablo Negri


Copyright 1999 - 2005 RiosySenderos.com  ®
El nombre "RiosySenderos.com" y su logo
son marca registrada de Ríos y Senderos S.A.

Chile Hecho en CHILE
por el Web Team de RiosySenderos.com

Página optimizada para resolución de pantalla 1024x768