
Nikon F601, Zoom 28-70mm, aplicado en 35 mm. Película Fujichrome Provia 100. f/5.6 a 1/60s. Ya han pasado varios años desde mi primera visita a las lagunas del Parque Nacional Puyehue. Desde aquella primera vez que llegué, en una lluviosa noche de abril, cada visita que hago me maravilla por la sobrecogedora personalidad del bosque húmedo de aquel hermoso paraje. Aquel espíritu verde que me embruja durante toda la jornada flotando en las aguas de esos hermosos ojos de agua en medio de la foresta, llamados Lago Toro y Lago El Encanto. Desde los detalles más pequeños hasta el olor de esas hojas mojadas por la lluvia y el olor de ese denso manojo de Nothofagus con sus verdes ramas y toda la fauna que los llama hogar. Como si fuese poco, sé que cada jornada de pesca en aquellas aguas encierra innumerables sorpresas, teniendo siempre como protagonistas aquellas maravillosas Oncorhynchus y Salmo de colores y tonalidades simplemente embrujadoras. La experiencia con caña va más allá que el simple y seguro hecho de sentir aquellas impactantes peleas al otro lado de la línea. Es un proceso que comienza al observar la vegetación de las orillas. Los cortes hacia lo profundo. Las camas de agua a poca distancia de la superficie. Esas aureolas en el agua que dejan los peces al tomar un indefenso insecto cerca de la superficie. Esos rayos de sol que luchan por asomarse por entre los nubarrones de tormenta. Maravilla austral, simple maravilla de la tierra del sur de América. La última visita que realicé, fue hace sólo unos meses. Aún recuerdo cómo llovió casi ininterrumpidamente por los tres días que duró nuestra visita. Nuestro grupo conformado por nueve personas, pudo experimentar la verdadera magia que se aprecia en este hermoso parque nacional, a fines de abril, cuando la temporada de pesca se encuentra en su ocaso. Pero ni la lluvia, ni el frío, ni a ratos el hambre o la incomodidad mitigaron por un segundo la verdadera sensación privilegiada de poder ser testigo del ocaso de cada día, mientras flotábamos en las absolutamente plácidas aguas de aquellos pequeños lagos. Es una bendición. Una bendición del espíritu del bosque austral, plasmado en el canto del chucao, ave característica de ese bosque.
Nikon F601, Zoom 28-70mm, aplicado en 35 mm. Película Fujichrome Provia 100. f/8 a 1/30s.
Como manifestación drástica de la capacidad del bosque húmedo para generar vida, un tronco caído a pocos metros del agua da base para que una verdadera colonia de hongos se instale. En aquellos momentos en que tímidos rayos del sol se filtran por entre las nubes, el bosque parece cambiar de ánimo. Es como si de pronto sintiera una alegría. En esos instantes, esos pequeños habitantes exclusivos de estos húmedos ambientes parecen asumir su protagonismo. El cual es visible si bajamos a su altura. A nivel del suelo. Dos gotas cuelgan plácidamente de las orillas de los "paraguas", mientras que a pocos minutos de distancia, una nueva nube de tormenta avanza con gran decisión. Nikon F601, Macro 50mm. Película Fujichrome Provia 100. f/8 a 1/8s.
Mientras en el bosque la vida transcurre en cámara lenta, los habitantes activos de las aguas parecen ignorar aquel ritmo natural. Las truchas residentes de estas lagunas han dedicado su vida a conocer cada rincón de estos cuerpos lacustres. En particular las marrones, han aprendido a cazar algunas de las suculentas larvas de libélula que pululan entre los juncos abundantes en los sectores bajos. Sin temor a posibles depredadores, estas Salmo trutta rondan sin preocupación aparente por entre estos postes vegetales, en un sector que ofrece poca profundidad en agua que se aprecia cristalina. Sus presas abundan y estos peces lo saben. Las nubes en el cielo ayudan a estos peces a camuflarse con el fondo, lo que los hace casi impercetibles para el ojo humano fuera del agua. Aún así, no tomó mucho tiempo a Pablo descubrir su presencia en estos extremos sectores, por lo que se acercó con decisión a los claros entre los juncos, con ayuda de su bote y un sorprendido y admirado botero. Sólo unos lanzamientos con una Mrs. Simpson lograron el primer tirón. La pelea resultaba una historia aparte, en la que el esfuerzo se centra en no dar un centímetro de línea a una poderosa trucha, absolutamente decidida a escapar refugiándose entre el juncal. Nikon F601, Zoom 28-70mm, aplicado en 50 mm. Película Fujichrome Provia 100. f/5.6 a 1/60s.
Nikon F601, Zoom 28-70mm, aplicado en 28 mm. Película Fujichrome Provia 100. f/8 a 1/30s con flash de relleno
Nikon F601, Zoom 28-70mm, aplicado en 35 mm. Película Fujichrome Provia 100. f/8 a 1/30s.
Un escéptico testigo de nuestro quehacer como mosqueros, el Martín Pescador luce sus colores mientras observa a este grupo de seres que parece querer competir con él en esta fría jornada de otoño. Su posición estática en una rama parece darle la posición de un vigía, que mira atónito a los visitantes tan inusuales que ha recibido este lago en aquel día. Tanto él, como el característico chucao y otras especies de aves nativas, entre las que se incluyen algunos carpinteros australes, fueron constantes acompañantes de esas plácidas jornadas, en que los lanzamientos y recogidas se extendían hasta el ocaso. Nikon F601, Zoom 28-70mm, aplicado en 70 mm. Película Fujichrome Provia 100. f/5.6 a 1/60s.
Una trucha arcoiris cae engañada por una variación Schulz a la altamente productiva San Dragon, adecuada imitación de los Anisópteros inmaduros tan abundantes en aquellas frías y cristalinas aguas. Con suma delicadeza, Paul sostiene este hermoso ejemplar unos centímetros en el aire para una rápida maniobra de devolución, luego de quitarle la imitación sin rebarba. La presentación fue hecha con gran precisión a sólo centímetros de la línea de juncos en la orilla, desatando el ataque apenas la mosca tomó profundidad media y comenzó a nadar en un supuesto escape de las fauces de los peces. Nikon F601, Zoom 28-70mm, aplicado en 50 mm. Película Fujichrome Provia 100. f/8 a 1/60s con flash de relleno.
Mientras reviso fotografías y escribo mis recuerdos de aquellas jornadas, el invierno está presente en estas latitudes. Aquellos lagos descansan de los pescadores. Eso quiero creer al menos. Lugares como aquel, son el fiel reflejo de aquel sueño que invadía mis noches cuando aún no llegaba a la adolescencia. Aquellos sueños en que repetidamente me encontraba caminando por un sendero que se internaba en el bosque. Luego de avanzar por entre grandes árboles y frondosos helechos, se habría ante mí esa visión plácida de un pequeño lago en medio del bosque. En estas dos décadas posteriores he encontrado varias expresiones de aquel imborrable sueño. Una de ellas se plasma en los lagos del Parque Nacional Puyehue, en la décima región de Chile. En esta ocasión compartí parte de mi sueño con Uds., los lectores, con una idea de lograr que aquellos lugares, aunque sean divulgados, sean visitados por verdaderos seres humanos, conscientes de aquello que siempre supe como obvio: es el hombre el que pertenece a la tierra, no al contrario. |
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