Oro Marrón en Tierra del Fuego

Texto: Rodrigo Sandoval
Fotos: Rodrigo Sandoval y Carlos Correa

“... al conocerse la información, correrse de boca en boca y ponerse en campaña
los primeros buscadores fue cosa casi simultánea. A la voz de Oro se alteró la quietud”

Mateo Martinic, 1973, en “Crónicas de las Tierras del Sur del Beagle”


Mientras fijaba mi atención al final de la línea, otra racha de viento me hacía taparme la cabeza con el gorro de la chaqueta. Era increíble, ahí estaba yo, tapado completamente, y no llovía, incluso el día estaba soleado, pero ese viento del sur podía congelar a cualquiera.

Poco más allá, mis dos compañeros hacían el mismo esfuerzo por sobreponerse al clima, lanzando una y otra vez una mosca entre los canales de vegetación sumergida, con la mayor precisión que era posible.

Mis lanzamientos no requerían ser de más de 7 u 8 metros. Los canales de vegetación hacían que el campo visual de una trucha atenta estuviese limitado, lo que me permitió acercarme bastante. Pero el viento hacía que lanzar una mosca esos pocos metros fuera un verdadero desafío.

Llevábamos ya unas tres horas de pesca en esta laguna y sólo uno de nosotros había conseguido un pique, acompañado por una enorme trucha marrón, de las que se sabe habitan esta laguna patagónica, inserta entre las verdes lomas de la parte sur de la isla grande de Tierra del Fuego. Los otros dos aún luchábamos entre nuestras ansias de poder enganchar una de esas truchas trofeo, y mejorar la precisión de los lanzamientos con el viento presente, lo que no evitaba la oportunidad de apreciar el paisaje, marcado por esos suaves lomajes semi-descubiertos de árboles, y las innumerables manadas de guanacos que rondan este sector.

De pronto pude ver ese casi imperceptible, pero reconocible, disturbio en la superficie del agua, que delataba la presencia de una trucha. Por la sutileza del movimiento me pareció que podría haber tomado algo justo bajo la lámina superficial. Sin pensarlo mucho y con un apoyo divino que hizo disminuir el viento por unos segundos, puse mi mosca a un metro a la derecha de la posición donde detecté el movimiento. Cayó sutilmente, pese a la extraña combinación de moscas que estaba presentando. Flotando en la superficie dejé mi Turk’s Tarántula de tamaño 4, que más que una mosca, parecía un corcho flotando. Algo que no me habría atrevido a presentar en aguas más continentales. Sin embargo, en este viaje, esa mosca demostraba tener sentido. Como coronación al conjunto, colgando unos 30 cm por debajo de la gran mosca, un Ernie Scud #14, muy pequeño, constituía mi única apuesta ante una trucha más selectiva.

Tal como sucede en los mejores sueños, la enorme mosca seca se hundió, evidenciando un tirón desde abajo. Era la señal evidente de que una trucha había tomado el pequeño scud. Siguió mi reflejo casi instintivo de levantar la punta de la caña, buscando clavar la mosca firmemente. La trucha sintió la clavada y comenzó a hacer presión, pero no optó por una carrera desenfrenada, posiblemente por lo estrecho de los canales, sino que comenzó una competencia de "tirar la cuerda", en esta caso la línea, transformándose en un desafío de fuerza más que de control de la línea.

Hice señas a Carlos, que estaba más cerca, y me concentré en la lucha, que ya demostraba que no se trataba de una trucha de uno o dos kilos, sino que uno de esos enormes terratenientes marrones de la laguna. Una trucha marrón o fario.

A los diez minutos, seguía haciendo fuerza con unos 5 metros de línea fuera de la caña, pero sin poder apreciar la magnitud de la trucha que luchaba al otro extremo. Era sólo una sombra que se movía en el agua y mantenía mi línea totalmente tensa.

Llegó Carlos y con él, también Rodrigo, nuestro amigo y en esta ocasión, guía anfitrión de este viaje. Justo en eso, la trucha se dejó ver en la superficie, luciendo un lomo marcado, y un color amarillo dorado, que con el sol parecía haber sido pintado.

No podía dejar que se fuera sin verla de cerca. Era, sin duda, un ejemplar más del nuevo oro de Tierra del Fuego. Oro Marrón ...


Karukinka - Tierra del Fuego

La Tierra de Karukinka, como la llamaron los Onas o Selk’nam, antiguos habitantes nativos de la isla, es conocida hoy como Tierra del Fuego, que fue el nombre asignado por Magallanes al cruzar el estrecho que hoy lleva su nombre, y divisar a la distancia las fumarolas de las fogatas de estos indígenas. Es un archipiélago compuesto por diversas islas, donde la mayor se conoce como la Isla Grande de Tierra del Fuego y es la que tanto renombre ha alcanzado a nivel mundial en los últimos ciento y tantos años.

Comencé a tener conciencia de este remoto rincón cuando aún estaba en el colegio y leía con gran interés las obras del desaparecido autor Francisco Coloane, quien en diversos libros dejó historias de diversas personas en la región más austral de la Patagonia, culminando con el libro expresamente llamado "Tierra del Fuego". En sus páginas se leía mucho de pampas, bosques, ríos, lagos, el mismo Estrecho de Magallanes, siempre referenciando la rudeza de las condiciones, particularmente el clima, ante quienes intentaban sobreponerse a los elementos.


Atardecer en la estancia Cameron

Geografía

Tal como el mismo Alberto De Agostini describió en “Esfinges de Hielo”, en 1959, “El archipiélago de Tierra del Fuego, ubicado entre los paralelos 52º y 56º Sur, se extiende por el sur del Estrecho de Magallanes, manteniendo las mismas características del resto de la Patagonia". La isla principal es compartida en territorio entre Argentina y Chile, ubicándose en ésta diversos centros urbanos de cierta significancia, destacándose el poblado de Porvenir, en lado occidental y mirando hacia el Estrecho de Magallanes, y por el lado Argentino, Río Grande, en la costa Atlántica, y Ushuaia, al borde del canal Beagle, que marca el límite sur de la isla grande.

Oro en Tierra del Fuego

En 1878, el explorador Ramón Serrano se adentró en la isla grande, encontrando oro cerca de lo que hoy es el poblado de Porvenir, en la costa occidental, hacia el Estrecho de Magallanes. El río del descubrimiento fue expresivamente llamado Río del Oro. La noticia trajo la fiebre del oro, ya conocida en el Hemisferio Norte. Esto provocó la masiva llegada de inmigrantes de todos lados, inclusive de Europa, incluido el que posteriormente se transformó en uno de los personajes más reconocidos y a la vez más odiados de la historia de Tierra del Fuego, el ingeniero rumano Julio Popper.


Río Marazzi, en la costa Occidental, hacia el Estrecho

Así, comenzó una época de auge de la zona, lo que provocó dramáticos cambios y permitió el desarrollo de centros urbanos como Punta Arenas en el continente, Río Grande y Ushuaia en la porción Argentina de la isla.

El auge aurífero duró algunas décadas, para luego ir decayendo por la propia evidencia de que el oro no era tan abundante.

Luego, los empresarios ganaderos aprovecharon las vastas pampas que cubren la mitad de la isla para la crianza de grandes cantidades de ovejas, dándole a Tierra del Fuego un segundo y hasta hoy duradero auge económico, que también ha tenido sus altos y bajos en las varias décadas de desarrollo.

Tierra del Fuego en el siglo XXI

Un siglo después, el paisaje de Tierra del Fuego ha cambiado muy poco, pero la percepción que el resto del mundo tiene de este remoto rincón es totalmente distinta. Lejos han quedado las historias de importantes exploradores, como Magallanes, los buscadores de oro, e incluso un incansable sacerdote italiano llamado Alberto de Agostini, quien hace más de medio siglo, con herramientas y tecnología bastante más rudimentaria que con la que los modernos exploradores cuenta, se dedicó a recorrer estas tierras con su cámara de fotos. En estas aventuras, conoció a diversos grupos de los originarios indígenas habitantes de la isla y dio a conocer al mundo algunas de las cumbres más impresionantes de este final del continente.

Hoy en día, Tierra del Fuego, particularmente en su porción Argentina, suena fuerte en el mundo de los mosqueros viajeros, que sueñan con lanzar sus moscas en el Río Grande, donde se encuentran algunas de las marrones migratorias (Sea Run Brown) más grandes del mundo. Esta bonanza anual ha permitido que algunas enormes haciendas fueguinas, con terrenos colindantes al río, se establezcan como destinos de pesca de primer nivel, cobrando valores estratosféricos, a veces sobre los US$5.000 por semana de pesca.

Sin embargo, sabiendo que Tierra del Fuego es mucho más que esos increíbles trofeos plateados, decidimos corroborar que la pesca de marrones es realmente el nuevo oro de la Patagonia, con lo cual nos enfocamos en recorrer parte importante de las aguas interiores de la Isla, en su porción Chilena, junto a nuestro guía, Rodrigo Saelzer, de Ríos de la Patagonia.


Puesta de Sol en el Valle del Río Grande

Las Marrones de Tierra del Fuego

Tierra del Fuego se encuentra poblada mayoritariamente por truchas marrones, también llamadas truchas fario o café, en Chile. De ellas, se encuentran dos principales variedades: las residentes y las migratorias, reconocidas mundialmente como “sea-run brown trout”, y en mucho menor medida por truchas arcoiris y fontinalis (o de arroyo).

El origen de las truchas se remonta hace sólo algunas décadas, cuando el administrador de una empresa en Río Grande, llamado John Goodall, sembró especímenes de marrones en esas aguas, las que hoy en día se han transformado en uno de los trofeos más apreciados a nivel mundial. Las ricas aguas marinas que rodean la isla, sumado a las condiciones de las aguas interiores, permitieron que las truchas sembradas proliferaran con abundancia, aprovechando de poblar prácticamente todos los cuerpos de agua de la isla, tomando un caso aún más destacado las migratorias que poco a poco se han ido expandiendo por las aguas del Atlántico y por el Estrecho de Magallanes, llegando a subir hasta por los ríos más pequeños que desembocan en las aguas marinas.

Tal es el caso de ríos como el Río Marazzi, que no es más que un arroyo que corre por la pampa y desemboca en el Estrecho de Magallanes a cierta distancia de Cameron. En este río se registró hace un par de años el récord de la temporada con una enorme marrón migratoria o Sea Run Brown. Otros casos destacables incluyen el Río Condor, por el lado chileno y también el desagüe del enorme Lago Fagnano, el Río Azopardo con impresionantes corridas de variaciones migratorias de las truchas de arroyo, las Sea Run Brookies, que llegan a tamaños memorables para dicha especie.

Hacia el continente la presencia de estas truchas no ha pasado desapercibida y por el lado del Pacífico se reconocen puntos de extraordinarias historias de pesca, como son el Río Pérez, en el Seno Skyring, y otro Río Grande, en este caso, recorriendo parte de la Isla Riesco en el Seno Otway.


De izq. a der., Rodrigo Saelzer (guía jefe de Ríos de la Patagonia y staff asociado de RiosySenderos.com),
Carlos Correa (director de RiosySenderos.com), y Rodrigo Sandoval (editor de RíosySenderos.com)

Con estos antecedentes y con cierta experiencia de pesca en la región, me aventuré con Carlos y Rodrigo a visitar algunos de los secretos más sorprendentes de la porción sur de la Isla, buscando siempre acumular nuevas experiencias y los recuerdos imborrables de quienes visitan este remoto rincón de la Patagonia.

Fue así, como en menos de una semana, recorrimos diversos cuerpos de agua, entre los que cubrimos tanto los ríos, como algunos lagos y lagunas menores.

 

Los Ríos Fueguinos

Podríamos decir que hay tres grandes tipos de Ríos en Tierra del Fuego.

Por un lado están aquellos arroyos relativamente chicos, que serpentean entre la estepa característica de la mitad más al norte, y que incluso la mayoría desemboca directamente en el estrecho. Es en la desembocadura de estos pequeños arroyos en el Estrecho de Magallanes donde en ocasiones se puede ver a las enormes marrones migratorias subir para buscar un espacio de desove y continuar la existencia de su especie con una nueva generación. Fuera de estas apariciones de temporada, las truchas residentes suelen tener mucho menor tamaño, pero incluir especies como las arcoiris y las de arroyo, así como numerosos ejemplares de combativas y abundantes truchas marrones residentes.

Si bien se dan algunas eclosiones de insectos en estas aguas, el gran porcentaje de las veces la pesca se concentra en arrastrar algunas ninfas de mayor tamaño cerca del fondo. Si bien no se han recolectado muestras expresivas de los diversos órdenes de insectos, se ha visto que tanto la Caddis (orden Trichoptera), como las Mayflies (orden Ephemeroptera) y los mosquitos del orden Diptera, le dan a los peces una importante fuente de alimento en la forma de insectos inmaduros durante gran parte del año.

Por otro lado, están aquellos ríos que serpentean por la pampa, avanzando con aguas increíblemente cristalinas y en otros casos de un intenso color té, que tienen parte de sus aguas de origen subterráneo, lo que los califica como los denominados Spring Creeks o arroyos de manantial. Son estos cursos de agua los que muchas veces ofrecen las mejores oportunidades de capturar algunas de las truchas trofeo residentes, sin embargo la misma tranquilidad de su corriente, sumada a la cristalinidad de sus aguas, exigen al pescador extremar las estrategias para poder engañar a algunas de estas veteranas truchas, que en sus años de vida han aprendido a reconocer el comportamiento natural de sus aguas.


Panorámica del Valle del Río Rasmussen, apreciándose más adelante, una enorme castorera aledaña

En tercer lugar están los ríos mayores. Aquellos cursos de agua corriente que aparecen prácticamente en todos los mapas y textos turísticos de la zona. Se trata de cursos, en muchos casos provenientes de las aguas desaguadas de lagos mayores, como es el caso del mismo Río Grande, cuyo origen de aguas, gracias a algunos afluentes superiores, se ubica en el enorme Lago Blanco. Siendo el Río Grande y el Río Rasmussen (otro de sus afluentes) los ríos más reconocidos de la porción centro-sur de la isla, estos marcan el paisaje, dejando que numerosas manadas de guanacos pasten en sus orillas, y que algunas de las marrones más impresionantes ronden en sus aguas.

Estos ríos pueden tener un fondo más bien pedregoso, de tipo freestone, así como presentar capas de sedimentos, lo que da pie para la proliferación de otro tipo de insectos y organismos que forman parte estable de la dieta de las truchas.

En nuestra experiencia y corroborando los consejos de los guías más reconocidos de la zona, la pesca se realiza principalmente en los grandes pozones, idealmente en las entradas y salidas de éstos, e idealmente considerando sectores cercanos con mayor corriente, como son los riffles o correderas. Logrando lanzamientos de cierta distancia, muchas veces con moscas pesadas y de gran tamaño, como es la Montana Rubber Legs, o patrones de similar construcción, se logra tentar a algunas de las combativas truchas residentes, y si la suerte acompaña, será una poderosa Marrón Migratoria la que caiga con ese tipo de ofertas. Más detalles de las moscas exitosas para esta zona se encuentran en "Las Moscas para Tierra del Fuego y Torres del Paine", de Carlos Correa.

Tal como comprobamos, gran parte de la estrategia de pesca en estos ríos mayores se centra en el método sistemático de recorrer el ancho del trecho de río con la mosca dando tumbos en el fondo del tramo, avanzando un par de pasos a cada nuevo lanzamiento, logrando así cubrir el máximo de agua. Si bien esta práctica puede tornarse tremendamente monótona a ratos, es la oportunidad de sentir una de esas codiciadas picadas lo que mantiene la tensión y motivación por a veces largas horas.


Panorámica del famoso y reconocido Río Grande, en su porción Chilena, muy cerca de la frontera con Argentina

En la pesca que logramos en estos ríos pudimos tener una visión de la enorme variedad de ejemplares y coloridos que existen de la especie trucha Marrón o Fario, científicamente conocida como Salmo trutta, lo que evidencia en parte la diferencia de alimentación que se logra entre uno y otro curso de agua, y en ocasiones, el origen genético distinto de las truchas sembradas en diferentes momentos del tiempo, siempre remontándonos a la primera mitad del siglo XX. Si bien esta diversidad quedó de expreso manifiesto en la coloración y manchas de las truchas, su espíritu combativo y agresividad a toda prueba fueron la tónica común en todas nuestras jornadas en los ríos fueguinos.

 

Una muestra de las variedades de ejemplares de truchas marrones residentes y sus dorados colores.


Los Lagos Fueguinos


Probando suerte en el muelle del imponente Lago Blanco. Curiosamente, en un día soleado y de muy poco viento.

Llevábamos prácticamente toda la mañana lanzando nuestros streamers en distintos puntos de la orilla sur del Lago Despreciado, logrando algunas capturas interesantes, siempre combatiendo a las poderosas marrones que no dudaban en atacar con violencia estas emplumadas ofertas. La estrategia comenzó con líneas de hundimiento y shooting tapers como la T200, pero rápidamente derivó a líneas flotantes con las mismas moscas, al encontrarnos en una orilla que claramente evidenciaba una suave pendiente, que exponía un largo sector bajo. No había necesidad de buscar profundidad: las truchas se encontraban cerca de la orilla.

Fue aquí donde enganché mis primeras dos truchas lacustres de Tierra del Fuego. La primera, se lanzó sobre una San Dragon, trabajada muy lento en un lanzamiento casi paralelo a la orilla. La pelea fue relativamente corta, ya que la trucha al acercarse mucho al borde del agua, logró tomar energía y soltarse de la mosca que no contaba con rebarba. Mientras esto sucedía, Rodrigo y Carlos anunciaban sus respectivos piques, los cuales curiosamente también se perdieron en una maniobra de escape de las truchas. La segunda, fue una repetición casi idéntica de la primera, soltándose a la distancia de la misma manera.

Luego de varias horas, comenzábamos el lento regreso a la orilla oriental del lago, para regresar finalmente al auto, cuando Rodrigo, que iba más adelante, nos avisó por radio que tenía a la vista una enorme marrón comiendo en menos de 40 cm de profundidad. Nos acercamos lo más rápido que pudimos, pero él ya se encontraba en plena pelea con la trucha. Su caña se agitaba y la posibilidad de perder este trofeo en una nueva maniobra hacía que Rodrigo se concentrara al máximo en la punta final de su línea.

Finalmente, la trucha cedió, y Rodrigo la acercó para una rápida foto. Tremenda sorpresa nos llevamos al ver clavada en la mandíbula inferior un pequeño escarabajo atado con espuma flotante. “Le lancé la mosca a unos dos metros a su derecha, pero la trucha sintió la caída y desvió su atención de inmediato”, nos contó Rodrigo. “Se dio vuelta y se fue directo, abriendo su bocaza para hacer desaparecer el patrón. Casi se la saqué de la boca, pero como estaba algo lejos, mi reacción adelantada no alcanzó a evitar la clavada y a continuación fue como una explosión de energía”. Definitivamente uno de los espectáculos más impresionantes de la pesca en Tierra del Fuego.

Otras dos truchas más cayeron bajo la misma fórmula ante la mirada sorprendida y cautiva de Carlos y mía.

La mayor parte de los lagos importantes de la Isla se encuentran al sur. Destacándose en tamaño el imponente Lago Blanco, destino histórico de numerosos pescadores Magallánicos, el Fagnano, un enorme lago compartido en territorio con la vecina Argentina, y otros lagos de menor tamaño, muchas veces llamados Lagunas, entre las que se mencionan en muchos relatos, las lagunas Del Carabinero, y Del Cura, así como los Deseado y Despreciado, hoy al final del camino en su punto más austral.

Los lagos mayores evidencian un origen glacial no muy lejano. Recordemos a que esta latitud austral, aún la presencia de hielos permanentes es evidente en las cumbres de la Cordillera de Darwin, que tiene menos de 2.000 m de altura.

En estos lagos, la población salmonídea introducida a comienzos del siglo XX, se concentra en la especie dominante, la trucha marrón, con escasa presencia de truchas arcoiris en los lagos de la zona del Valle de los Castores, como es el mismo Lago Blanco.

La pesca en varios de estos lagos se puede realizar en forma embarcada, como es el caso de las numerosas historias de pescadores de trolling en las aguas del enorme Blanco, llamado así por su casi omnipresente viento que levanta pequeñas, pero abundantes olas, en sus aguas.

Sin embargo, para los mosqueros, la alternativa de concentrar los esfuerzos en el lanzamiento de moscas precisas desde la orilla es posiblemente la mejor y más segura carta de presentación. En nuestro caso, y ante el certero consejo de nuestro guía, no fue necesario (ni habría sido buena idea) utilizar un float tube. La mayor parte de los lugares de primer nivel está a un fácil acceso y alcance de los lanzamientos, y por otro lado, el viento reinante hacen que el uso de una embarcación personal de bajo perfil sea una alternativa incómoda e incluso riesgosa.

Por el lado de las moscas, en nuestra experiencia, el uso de patrones más bien pequeños, como es el caso de imitaciones de scuds hasta en tamaño 14, como fue en mi caso, produce resultados incluso sobre las truchas de mayor tamaño del lago, aunque por supuesto, sabiendo que las truchas más grandes ya han adoptado costumbres depredadoras, el uso de ninfas grandes e incluso streamers produce buenos resultados, siempre en la forma de ataques declarados sobre la mosca, por lo que un tippet 3x es la mejor opción para resistir los fuertes tirones iniciales.

Un caso particular lo vivimos a orillas del Lago Blanco, el cual es conocido (y expresamente nombrado) por los constantes vientos que permanentemente agitan sus aguas. En una calurosa tarde en que llegamos a visitarlo nos encontramos con un lago bastante calmo, un día parcialmente despejado, y numerosas tomadas de superficie. Nos ubicamos en una de las playas tapizadas de rocas, lanzando pequeñas imitaciones de emergentes a caso 20 metros de la orilla. La línea flotante y la falta de viento nos permitió presentar nuestras imitaciones con gran precisión, aunque nos tomó un buen rato identificar exactamente el tamaño de los insectos naturales que eran el blanco de las activas truchas. Finalmente fue Carlos quien dio con la combinación, dando comienzo así a una casi interminable seguidilla de picadas a su imitación, hasta que finalmente el calor y el cansancio nos vencieron y volvimos a la orilla.

Las Castoreras


Castorera en el Valle de la Paciencia.
Al centro, el refugio del castor, en la forma de una isla de palos.

Una mención particular merecen las castoreras de Tierra del Fuego. Como resultado de la importación de castores canadienses a estas latitudes, con el objeto de criarlos para luego aprovechar su piel, el sector sur de Tierra del Fuego se encuentra hoy prácticamente plagado de castores, cuyo principal efecto es la alteración del paisaje, en la forma de la construcción de diques para encerrar los innumerables pequeños arroyos fueguinos. De esta manera se han ido creando estas pequeñas lagunas artificiales que muchas veces alteran significativamente el ecosistema de los bosques australes, traduciéndose en la muerte de cientos de árboles en los alrededores.

Si bien esas noticias alertan permanentemente la conciencia ecológica sobre el destino de estos bosques en algunos sectores más afectados, como es el caso del Valle de la Paciencia, al sur de la isla grande, han resultado en una oportunidad sin precedentes para los pescadores con mosca, al lograr albergar a algunas de las más voraces y combativas marrones de la zona.

La pesca en las castoreras es muy similar a la pesca en un spring creek. Hay poco movimiento de aguas, éstas son en general bastante cristalinas, y las enormes truchas que las habitan han aprendido a reconocer cada mensaje sutil que las advierte de un potencial peligro. Por esa razón, presentaciones extremadamente precisas y delicadas, y una aproximación con mucha cautela, paciencia, y delicadeza, son la única forma de lograr el éxito en estas exigentes aguas.

Una de las castoreras más imponentes que visitamos en esta ocasión fue una que se encontraba al borde del Río Rasmussen. Era prácticamente un lago de pequeño tamaño, y la cantidad de vegetación acuática que presentaba le daba a las innumerables truchas que la habitaban una oportunidad inigualable de alimentación en base a las diferentes especies de insectos.

Llegamos al final de la tarde, cuando ya quedaba no más de un par de horas de luz, lo que nos hizo encontrarnos de frente a una incipiente eclosión de efímeras. Esto tenía a las truchas bastante activas, aunque evidenciando una alimentación justo bajo la superficie, lo que nos hizo pensar más bien en emergentes que en adultos. La presentación de las primeras moscas fue consistente con esta observación, ya que optamos por sutiles patrones de wet flies, y en mi caso personal, por una Emergente de Gallos de León, que me dio nada menos que 6 picadas en los primeros 10 lanzamientos. Una demostración no sólo de la correcta selección del patrón, sino que de la disposición totalmente declarada de las truchas a alimentarse de este estadio en los insectos más abundantes.

Cerca de una hora de excelente pesca en la castorera fue seguida por un final del día pescando en el Río Rasmussen, que con sus aguas alimentaba esta extraña, pero prolífica laguna creada por una familia de castores.

Muchos más detalles de este tipo de pesca se encuentran en "Pescando en la Castorera" de Tierra del Fuego.


... La enorme marrón de aquella laguna, con el omnipresente viento patagónico, sin exageradas maniobras, exigía al máximo el delgado tippet 4x de fluorocarbono que unía mi pequeño scud. Cada cierto rato dejaba ver su lomo, más oscuro que el resto de su cuerpo, pero demostrando ese brillo dorado antes los rayos del sol.

Otras maniobras más y pude acercarla hasta mí. Era enorme. Un macho dominante sin duda. Con algo de torpeza y una buena cuota de dificultad, tomé firmemente la cola, y con mucha delicadeza, la levanté por el vientre. La sonrisa fue inevitable: ahí estaba yo tomándome una foto memorable, con una de las truchas marrones más hermosas que había visto en mi vida y un pequeño scud #14 apenas clavado en el borde de su labio.


La experiencia de visitar el territorio más austral de América, aún cuando éste está fuera del continente, es única y reveladora. La vida en estas extremas latitudes apenas puede compararse con la de otras regiones, y tanto la fauna como la flora hacen un despliegue, más que de belleza, de impresionante poder de resistencia ante los elementos. Comprobamos en persona que toda especie que se haya adaptado a estas condiciones, crece en proporciones mayores a otros lugares. El punto que marcó este hecho fue al segundo día, cuando junto a una de las innumerables castoreras de Tierra del Fuego, nos visitó un zorro cuyo tamaño superaba al de un perro pastor alemán. Sabiéndose grande y posiblemente invencible, en lugar de correr y espantarse por nuestra presencia, nos miró desde el otro lado por cerca de 10 minutos, para luego alejarse por la orilla, seguramente a comer algunas de las tremendamente numerosas especies de aves o pequeños mamíferos que están por todos lados en esta isla.

Para culminar nuestra maravilla visual, los permanentes atardeceres en tonos rojos, rosados, naranjos, que adornaron prácticamente todas las jornadas de pesca.

Visitar Tierra del Fuego es una experiencia significativa. Por unos breves instantes se puede percibir las sensaciones que seguramente estos primeros exploradores, algunos esperanzados por la riqueza prometida del oro metálico, pueden haber experimentado. Más de un siglo después, la tierra sigue siendo indomable, el viento sigue siendo el emperador del paisaje, y por supuesto, el oro se transformó en truchas marrones, el Nuevo Oro Marrón de Tierra del Fuego.

Rodrigo Sandoval


Infinitas gracias a Rodrigo Saelzer y Steve Jensen de Ríos de la Patagonia, una empresa de EEUU que logró entender la maravilla de paisaje y experiencias que se pueden vivir en este austral territorio. Fue así como se establecieron hace un par de años, y fueron el motor para lograr recorrer y conocer los puntos más significativos para encontrar a estas hermosas marrones. Sin duda, el conocimiento sólido sobre el estado de los cuerpos de agua según el clima y la época, así como las características físicas de los mismos hace que la experiencia contando con un guía como Rodrigo, sea simplemente inolvidable.

Nuestra visita a la isla no habría sido lo mismo sin contar con su apoyo.


Los invito a complementar este reportaje con la referencia de "Cómo se Armó un Viaje a Magallanes", de mi compañero de viaje, Carlos Correa.


Rodrigo Sandoval ha sido por cerca de quince años un constante visitante de la austral Región de Magallanes en la Patagonia Chilena, desde que capturó su primera marrón migratoria en la Isla Riesco. En estos años ha aprendido que la experiencia en la pesca con mosca en estas latitudes tiene su propio estilo y carácter, que la hace única en el mundo. En esta dimensión, las truchas marrones son un especial protagonista, que hace que no sólo Rodrigo, sino que muchos mosqueros a través del mundo, vuelvan una y otra vez a probar suerte en sus aguas.


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