Transporte y Bolsos - El Bolsillo de las MusasNo reconocer el hecho que por años proferí irrepetibles adjetivos, durante mis rutinarias salidas de pesca con mosca, respecto de bolsos incómodos y de mala calidad, sería blasfemia. Así ocurrió. Sufrí en carne propia la rotura de mangos y costuras, y presencié con horror, cómo gorilas que maltratan equipaje en aeropuertos y terminales tanto ferroviarios como rodoviarios, transformaban un hermoso pero mal confeccionado bolso, en algo similar a un pisoteado panal de abejas. Perdí buena cantidad de enseres, demorándome -- debo reconocer -- algún buen tiempo en comprender el dicho "lo barato cuesta caro". Y es que, ¿quién le otorga la real importancia al hecho de contar con un buen equipaje a la hora de partir? Pocos de nosotros. Hoy, sin embargo, me excluyo de ese grupo, al que por años -- nuevamente reconozco -- pertenecí, ahorrando poco cuando de transporte de mis bienes se trata. Espero que esta breve nota sirva para comprender lo relevante que representa un buen equipaje; nada peor que planear por días, semanas y meses -- a veces, años -- una salida de pesca con mosca o aventura, para luego de arribar al lugar, descubrir con sorpresa que parte relevante del mismo, se ha perdido. Perdido porque se ha extraviado, o bien porque se ha deteriorado. O simplemente roto. Pesadilla mayúscula. Dantesca. Luego de indagar y probar por años diferentes opciones, descubrí tres que satisfacían plenamente mis demandas. Lo hice luego de analizar con detención qué debía portar. Y cuando me refiero a qué, lo hago respecto del número de bolsos en mi equipaje, de su tamaño, y de sus características. Y así, tres distintos modelos asomaron como lo requerido. El primero, uno que fuera capaz de portar mis queridas cañas de mosca, todas multi tramos, sin sus tubos, y en cantidad de hasta cinco, como mínimo, o más. El segundo, un bolso de mano donde pudiera ubicar mis carretes, cajas, equipo fotográfico, e incluso computador personal, además de la literatura, equipo de aseo, y toda aquella parafernalia que a menudo portamos. ¿Por qué esconderlo? Regalos también. Aquellos que siempre he adquirido para mis hijas en todo y cada viaje, y otros que en el pasado limpiaban por decisión propia y de amor, billeteras y tarjetas de crédito. Aquellos que obsequiara a quien hoy ha desaparecido. Quién sabe si una nueva musa llenará tal espacio vacío y sin nombre. Quién sabe. El tercero, un gran e impermeable bolso en que ubicar ropa, waders, zapatos, y toda aquella mercadería susceptible de recibir la presión de cientos y cientos de kilos ejercida por equipaje de terceros, más el maravilloso trato de los citados gorilas. Este último bolso, también el portador de encargos. Aquellos con que en pobre y desinteresada medida, he intentado ayudar a muchos ahorrar algunos pesos. Y así seguiré. No importa pagar sobrepeso cuando ello nutre el alma. Regalar es vida. Y así, salté al equipo que a continuación cito. El mismo que me ha acompañado en mi peregrinar por aguas muy distintas. Claras y oscuras. Frescas y saladas. En días alegres y muchas noches de melancolía y tristeza. Y ahí están. Me recuerdan lo bueno de la vida. Reafirman mi postulado del conocer, como aquella savia más rentable para el alma. Cultivar el saber. Merced a viajes. Variar aires y culturas. Inspirar y vivir sueños. Infinitos e interminables. Que en alguna medida he materializado gracias al equipaje que porto. Le invito a viajar. A descubrir y soñar. Junto a lo que a continuación describo. ¡Bienvenido a la magia de un mundo en que la pesca con mosca representa mucho! Hoy, casi todo, después de mis maravillosas Claudia y Francisca. Pronto viajaremos juntos. Si el destino y la voluntad así lo permiten. Viajar en soledad es difícil. Y aunque asimilable, es triste. Amilanable en parte, con un buen equipaje. He aquí el que me acompaña y acompañará. Al que asocio sueños e historias. Muchas de las que ha plasmado en esta revista. Otras que vendrán.
¿Por qué cañas en un envase especial? Porque sin ellas nada hacemos. Porque son, sin duda, el elemento más frágil de entre la parafernalia que nos mueve a nuevas aventuras. Porque en un remoto destino jamás están disponibles. En especial aquella que adoramos. Porque no es grato descubrir que ya no existen. Porque una leve fractura en su tersa y frágil piel, arruina un sueño y una captura. Porque su ausencia aplasta el alma. Aniquila el volar y el viajar. Para fantasear. Al revisar por años, decenas de diferentes modelos en el mercado, descubrí los que fabricaba Abel®. Cuadrados sin excepción. ¿Por qué? Según lo que el propio fabricante consigna, para evitar el ver rodar el equipaje en el interior de botes, aviones, camiones, o aquel singular y propio medio de transporte que utilicemos. Porque así soportarán cualquier cosa... incluidos aquellos gorilas que he brevemente expuesto. Sin embargo, el robo es posible. Por ello le sugiero y le suplico portarlos con Ud. siempre. Siempre. No acepte que la línea aérea le exija incluir sus cañas con el equipaje. Opóngase. Grite. Actúe. Laméntese. Pero no ceda. ¿Mi argumento? "Me va a disculpar señorita, pero su línea aérea me rompió todas mis cañas de US$ 600 cada una, en mi pasado viaje. Ello, gracias a la destacada idea de exigirme que las ubicara junto al equipaje. ¿Ud. va a pagar las mías esta vez? Y le recuerdo que viajo exclusivamente a pescar. Por ende, no sólo cañas deberá pagar, sino además pasajes, hoteles, guías y reservas. Y por supuesto, mi tiempo libre. Ahora bien, si llegamos a un acuerdo, tal vez me permita invitarla a tomar un café. ¿Suena mejor? Ahora bien, si no desea razonar ante mi posición, deberá Ud., además, acompañarme en el segundo viaje. De ser así... las subo con el equipaje. ¿En qué quedamos?" El argumento -- y el flirteo y galantería -- siempre han dado resultado. ¿El café? Sólo una vez. ¿Y qué ocurre si quien le recibe en el counter es un varón? ¡Rece! En especial cuando el tipo al frente es un histérico -- amén de homosexual. Como aquel indeseable sujeto a cargo de uno de los counters de Continental Airlines en Austin - Texas, con quien casi me trenzara a golpes. Luego de hacerle ver su condición, procedí a llamar a quien se encontraba a cargo de los counters en dicho terminal. ¿Lo descubrió? Así es. Voluptuosa y joven rubia, que con unos ojazos violáceos, partió mi corazón. ¡Casi cedo! Pero, mis cañas son más fuertes que mi, a veces, débil carne. Y la galantería... surtió efecto. "You can bring your rods up sir. Excuse us. Have a nice trip to Belize". ¡Y qué cara la que enrostró ese maldito gay! Aún recuerdo cómo con alevosía yo le enseñaba el dedo. Con la expresión de "Piece of crap!", me "despedí amablemente" de aquel sujeto. Volvamos a nuestro porta cañas. Con una estructura de sólido PVC, éste se encuentra recubierto por Cordura® de alto tráfico. En ambos extremos ofrece cubiertas acolchadas, una de las que asocia una cremallera YKK® también de alto tráfico, además de impermeable. El exterior muestra una manija forrada en suave y resistente Hypalon®. Un cómodo y antideslizante colgador para el hombro, también se acompaña. En el exterior asoma un bolsillo transparente, en cuyo interior es posible ubicar una tarjeta de visita a modo de identificación. Se encuentra disponible en seis tamaños distintos, cada uno con capacidad para cuatro o cinco cañas sin estuche de aluminio, más dos modelos adicionales llamados de expedición. A la fecha utilizo sólo dos de ellos. Uno para cañas de tres tramos, y un segundo para cañas de cuatro tramos. Así también, otro de expedición, esta vez para cañas de cuatro tramos, el que únicamente porto en viajes de largo aliento y buena duración. Al igual que en el bolso de mano que a continuación analizo, todos ellos en color Gunmetal Gray. La variedad de colores en que se encuentran disponibles es, Gunmetal Gray (Gris Marengo), Forest Green (Verde Bosque), International Orange (Naranja), todos con trims de color negro, o bien Navy Blue (Azul Naval), con trims de color kaki.
El mejor a mis ojos. De gran y hermoso diseño, versatilidad y comodidad, puede ubicarse en cualquiera de los compartimentos habilitados por las aeronaves comerciales. Cumple con las restrictivas normas de tamaño máximo exigidas por todas las líneas aéreas. Fabricado en Cordura® de alta resistencia, se encuentra dotado con un cómodo mango de suave y a la vez indestructible Hypalon®. Su parte posterior, aquella que genera roce con prendas de vestir al portarlo, se encuentra fabricada con un nylon de especial delicadeza, que por ende evita la habitual abrasión sobre éstas. Con una firme y ergonómica correa para colgar del hombro, es capaz de soportar astronómicos pesos. Créame, lo he probado y abusado. En demasía. Ocho estoperoles asoman en su parte baja, los que permiten aislar el contenido de la humedad y los elementos.
Junto con representar un gran bolso para la pesca con mosca, lo es también para fotografía. Con dimensiones de 19 pulgadas de largo, 8 y 1/2 pulgadas de ancho, y 10 pulgadas de profundidad, brinda al feliz poseedor del mismo, con organizados 1.330 pies cúbicos de espacio repartido en 18 diferentes y versátiles, bolsillos y secciones. Debo reconocer que son muchos, y que gracias a ello es fácil esconder cosas que en ocasiones, merced a senilidad o tristeza, parecieran desaparecer. Nueve de aquellos bolsillos se cierran con cremalleras YKK® de alto tráfico. Sus terminaciones son simplemente soberbias. Así también sus costuras. Indestructibles. El compartimento principal se encuentra especialmente diseñado para carretes, bobinas de repuesto, cajas con moscas, un delgado sweater, chaleco de pesca, o una chaqueta para la lluvia. ¡E incluso mi labtop! Su cierre es con cremallera. La tapa que lo recubre, brinda dos bolsillos bajo ella, los que se encuentran ocultos y que se sellan a cremallera. Al cubrir el compartimento principal con la tapa provista, por sobre el cierre, es factible agregar prendas con volumen. Aquellas que usualmente vestimos y desvestimos durante vuelos y viajes, y que pasan a trastornar manos y brazos al portarlas. ¡Ya no más! Bolsillos interiores permiten almacenar organizadamente leaders, tippets, líneas de pesca, pasajes aéreos, ferroviarios y/o rodoviarios, pasaportes, anteojos de sol, polarizados u ópticos. Un bolsillo que se pliega a lo ancho y al interior del principal, ofrece compartimentos específicamente diseñados para descansar toda la pequeña parafernalia que a menudo incluimos en nuestro vest; termómetros, tijeras, clippers, pinzas hemostáticas, herramientas para atado de nudos, linternas tubulares y de mano, por nombrar algunos misceláneos. Otras secciones internas regalan espacio para un mapa, o buenos libros. Y, por supuesto, para aquellos regalos que cité previamente. Hoy, uno de ellos y en mi bolso, viaja vacío. Es el compartimento de musas. En el frontis asoman dos bolsillos acolchados. Así también, uno en cada costado, uno de los que incluye un espacio transparente para una tarjeta de visita. Todos llamando a binoculares, cámaras fotográficas, distintos lentes, un fotómetro, un pequeño trípode, un GPS, mis infaltables CD's y un pequeño headphone. Amén de ello, el equipo personal de aseo, mis invariables habanos Cohiba®, un buen rasurador para mi barba y moustache, más aquel infaltable aroma de Hugo Boss®, el que a la fecha y desde un añorado Metzingen, no he logrado sustituir. Tal vez Ud. desee incluir algo distinto. En el exterior, cuatro resistentes hebillas en "D" se ofrecen como elemento destacado para colgar llaves, tags, o etiquetas. O aquello que desee. Este mágico Abel® Holds Everything Tackle BagTM se encuentra disponible en hermosos Gunmetal Gray (Gris Marengo), Forest Green (Verde Bosque), ambos con trims de color negro, o bien Navy Blue (Azul Naval), con trims de color kaki. El mío luce un hermoso Gunmetal Gray, en cuyo interior descansa un imperceptible, a veces incomprendido, y aún vacío bolsillo, que guardaba regalos para una musa. Fantasías que en un chasquido de dedos, desaparecieron temporalmente.
A viajar. Con placer y sin temor. A fantasear. Y quien sabe si algún duende asoma por entre aquel bolsillo de musas, hoy vacío. Buena suerte con su elección. |
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