Las Aventuras de Pablo Sotomayor

"Pechito y Raponchi"
Los Guías del Río

(Un pequeño “homenaje” a Rodrigo Saelzer)

Pescar acompañado es muy agradable y a veces esa compañía no necesariamente es humana.
Ese fue el caso de Pechito y Raponchi, dos simpáticos “quiltros” que conocimos en un río cercano a Santiago y que fueron nuestros acompañantes durante varias salidas.

Es difícil hacer una descripción detallada de ambos personajes, pero Pechito era la típica mezcla que recuerda a la raza pekinesa, pero más grande, con una pronunciada y ancha “delantera” y característico caminar que dio origen a su nombre. Era un chico “entaquillado” y “choro”. Por su parte, Raponchi recibió su apodo de una antigua serie de dibujos animados japoneses, en la que uno de los personajes era una rana que por algún extraño motivo que no recuerdo, quedó estampada en la polera del protagonista y tenía la particularidad de cobrar vida y participar en las aventuras. No tengo la más mínima idea de las razones para asociar a este perro a ese curioso comic nipon.

Como sea, Pechito y Raponchi eran excelentes “guías”. Nos recibían alegremente cuando estacionábamos el jeep cerca de la casa de sus amos, observaban atentamente cómo nos equipábamos y armábamos nuestras cañas y luego, con una actitud muy profesional, nos guiaban en el camino al río.

Al parecer Pechito era de mayor edad, pues lideraba esta caminata siempre, moviendo de lado a lado sus pectorales como un diminuto físico culturista. Pero una vez en la orilla del río, era Raponchi quien tomaba la delantera. Incluso entraba algunos pasos al agua y, en ocasiones, lograba vadear pequeños brazos. Pechito supervisaba a la distancia y no se animaba nunca a meterse al agua… claro, con patitas tan cortas y semejante “caja” la natación no era lo suyo. Perro, pero no tonto.

Nuestros “guías” también tenían sus horarios. No trabajaban todo el día. Aproximadamente a la hora y media de habernos encaminado en el río, estimaban que su tarea estaba cumplida y, tan alegres como siempre, se devolvían a casa.

A medio día, volvíamos al jeep a refrescarnos y a comer algo antes de regresar a Santiago y ese era el momento en que Pechito y Raponchi aparecían nuevamente a cobrar sus “honorarios”. Siempre había algo del sándwich para tan profesionales compañeros.

La relación con ambos se hizo tan estrecha que en una oportunidad, cuando apareció en el río un “quiltro” mucho más grande, un matón del tipo ovejero alemán que persiguió y acosó a Raponchi, quienes estábamos pescando acudimos en el acto en su ayuda. Tremendo susto que se llevó el matón… tres seres forrados en unos trajes raros y con unas varas largas y delgadas lo persiguieron frenéticamente y le tiraron una que otra piedra para ahuyentarlo. Raponchi y Pechito se sintieron muy reconfortados, aunque ese día decidieron retirarse antes de lo acostumbrado del río… precaución ante todo, como manda el código de cualquier guía que se precie de serlo.

Es curioso cómo a menudo son detalles que no tienen nada que ver con la pesca los que nos entregan agradables recuerdos y refuerzan el vínculo que tenemos con nuestros amigos pescadores.

Por cierto, hace mucho que no voy a ese río. ¿Estarán todavía “guiando” por ahí Pechito y Raponchi?


Pablo Sotomayor



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