
Mis entrañables amigos de Ríos y Senderos me solicitaron con insistencia un artículo sobre la pesca de dorados con mosca. Muy en especial, el travieso Pancora. Accedí gustoso, porque me pareció interesante dar a conocer esta tan singular y no menos apasionante modalidad de pesca, casi desconocida en el querido y hermano país de Chile. Creí sería didáctico narrar una excursión al Río Dulce, situado en la Provincia de Santiago del Estero, lugar donde desde hace años, he mojado muchas líneas y moscas en busca de esta hermosa especie. Aquí está. Espero sea de vuestro agrado. En la pesca de los hermosos dorados se pueden utilizar disímiles métodos y técnicas, los que varían merced al destino escogido. En la Argentina existen diferentes ríos donde se les puede pescar; sin embargo, una buena mayoría de los pescadores frecuenta el famoso Río Paraná y sus afluentes. Otras alternativas de excepción son el Río Bermejo, el Río Juramento y el Río Dulce. Es este último el que más visito, por encontrarse más cercano al lugar donde resido: mi querda Córdoba. Casi todas mis excursiones al Dulce son de fin de semana. Desde Carlos Paz y el viernes cerca del mediodía, recorro en 5 a 6 horas los 500 kilómetros que me separan de mi derrota. El tiempo final fluctúa, sin embargo, dependiendo de la demora en la técnica y obligatoria parada en Ojo de Agua, aproximadamente a mitad de camino, cuyo fin es la llenada del tanque con algún sándwich de jamón casero y una cerveza bien helada. Luego de ello... segunda etapa... a fondo... por el Desierto Santiagueño. A esta altura de la empresa, y junto a quienes me acompañan, varios "casting" aparecen al interior del automóvil que nos transporta, casi como por efecto de los mágicos espejismos del desierto. Es también un hecho, mi afición en aprovechar tales perturbaciones y distracción de los amigos, para robar alguna mosca de ultima generación, desde sus cajas. Al atardecer, arribamos a Termas de Río Hondo, localidad que se caracteriza por las aguas termales, los chivitos, y por atravesarla el Río Dulce. Nos ubicamos en las cabañas situadas camino al dique, aprovechando el tiempo que resta en el día para llevar a efecto aquellas averiguaciones necesarias y de rigor, que por supuesto están referidas a la pesca. ¿Cómo está el río y el pique? ¿Dónde están los dorados mas grandes? ¿Qué moscas toman? ¿De qué tamaño, forma y color? Y luego, a cenar algún chivito y a dormir. Es que al día siguiente... ¡debemos trabajar! Ya es sábado. Y a la seis de la madrugada las hacemos al río, acompañados como siempre, de la más pura y concentrada adrenalina. El Dulce es ancho -- más de 100 mts. -- y con un buen caudal. Su fondo se compone de toscas arcillosas combinadas con bancos de grava. Se le debe vadear con extrema precaución, utilizando para dicho menester un bastón de vadeo. Sus aguas se muestran, en sectores, caudalosas y un tanto turbias, combinando correderas con pozones profundos, espacios donde se ubican los peces de mayor talla.
¿Qué equipo utilizar? Mi caña preferida es una de acción rápida # 8 y 9 pies de largo. Gracias a ella puedo lanzar sin dificultad aquellas moscas, atadas en anzuelo 2/0, junto a un pesado leader de acero, de aproximadamente unos 15 centímetros de largo. Su acción me permite clavar mis patrones predilectos, sin dificultad, en aquella dura y cartilaginosa mandíbula que caracteriza a todos los dorados. El carrete debe ser fuerte y sólido, y estar dotado de un buen y poderoso freno -- dos de mis pocos confiables carretes han pasado a formar parte de la basura, por culpa de largas corridas y magistrales saltos de este poderoso pez. Una abundante reserva de backing, es aquí, mandatoria. Las líneas que utilizo son flotantes e intermedias. Con ellas evito enganches en el lecho del curso, y las varío desde líneas enteras a shooting tapers. Estos últimos, sólo cuando se requieren lances de distancia, sin importar en demasía la presentación del artificial. Un capitulo aparte lo merecen los diferentes patrones de moscas. Mis preferidos son los streamers similares a las marinos y caribeños Lefty Deceivers, atados en una buena variedad de colores, y que imiten a aquellos pequeños peces que merodean a lo largo y ancho del río. Entre éstos últimos, mojarras, pejerreyes, sabalitos, bagres, y un sinfín de otras especies. Mis anzuelos nunca exceden en tamaño al número 2/0. Otras moscas de calidad, son aquellas que asemejan ratas y ranas; la voracidad de los dorados los lleva a tomar con inusitada frecuencia... en la superficie. Un punto de crucial relevancia es que los anzuelos se encuentren bien y correctamente afilados. Sólo ello permite éxito al clavar la dura mandíbula de estos peces, a la que ya he hecho mención. Quienes han alguna vez pescado sábalos o tarpon en los mares del Caribe y Centro América, entenderán de inmediato a qué me refiero. Mi equipo se complementa con botas de vadeo -- normalmente no utilizo waders, porque se pesca mejor cuando el calor es fuerte, siendo el llamado wet wading entonces, mandatorio y muy agradable -- anteojos polarizados, sombrero y/o una buena gorra con larga visera, una fuerte pinza que haga fácil el trámite de retirar el anzuelo desde su sólida y afilada quijada, un protector solar de alto factor, y un buen repelente que permita espantar aquellos detestables y ocasionales mosquitos, que a ultima hora del día pretenden llevar a cabo con nosotros... infinitas transfusiones sanguíneas. La técnica de pesca es casi la misma que desarrollamos cuando pescamos con streamers. Es, sin embargo, y de crucial importancia, el estar atentos al pique, de manera permanente. Este es, violento en extremo. Los dorados, al sentirse clavados, brincan, brincan y brincan... Una mala clavada se traduce en nuestra mosca volando desde su quijada para caer a nuestro lado... para luego derramar más de alguna lágrima. Lo mismo que sucede en una inadecuada e insuficiente clavada en la pesca de sábalos o tarpon. La temporada más productiva y exitosa en la pesca con mosca de esta especie, corre desde mayo a noviembre de cada año. Durante los meses fríos, disminuye notablemente su actividad. El tamaño promedio fluctúa entre 2 a 5 kilos. Algún "bichito" de 7 a 8 kg. no es infrecuente... ¡cuando estamos inspirados! Y no puedo dejar de citar que en el lago, sobre el dique al que me referí anteriormente, embarcado y al llamado curricán o trolling, he visto atrapar peces de hasta... 20 kgs. ¡Verdaderos monstruos! No puedo dejar de imaginar a Uds. con uno de esos "bichazos", clavado y brincando por el río... Yo, por el momento y si me lo permiten, intentaré atrapar alguno, para después de la jornada de pesca con devolución, dirigirme a mi cabaña a reponer energías gracias a un confortable baño termal. Luego degustaré un delicioso chivito, y mas tarde vendrá la sobremesa con mis amigos, comentando sobre aquellos dorados gigantes... que no pudimos atrapar. ¡Hasta la próxima! José Antonio Succio - Sea Trout Nota de los Editores: Es esta la segunda colaboración de José Antonio Succio - Sea Trout, a Ríos y Senderos. Deseamos agradecer muy sinceramente su amabilidad y disposición a cooperar con tan hermosa y entretenida prosa. ¡Es primera vez que vemos que una Sea-Trout pesca Dorados! ¿Será que los peces han cambiado sus hábitos al fin de este milenio? Sea Trout... ¿Y cuándo las hacemos para El Dulce? Un fuerte abrazo de los Editores y nuestro mejores deseos de paz, amor y esperanza, en esta Navidad, Nuevo Año y Milenio. |
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