Pescando con mosca en los flats de Belice ... en la Luna de Miel - Aldo Campusano

Pescando con Mosca en los Flats de Belice
... durante la Luna de Miel

Mientras organizábamos los innumerables detalles y preparativos para nuestro matrimonio, yo le insistía a la Francisca que teníamos que hacer un viaje entretenido y único de luna de miel. “Es que son recuerdos que van a quedar para toda nuestra vida”, le comentaba.

“¿Y a donde podríamos ir?” , me preguntaba ella con cara de duda.

“Ehhh, miraaa , ehhh, supe por un amigo de un país en el caribe que se llama Belice, que es súper piola. Tiene playas paradisíacas y paisajes muy bonitos y además queda al lado de Guatemala que tu tienes tantas ganas de conocer”.

Obviamente ni le mencioné la palabra "pesca", ni menos le mencioné que hace varios años atrás, en una época en que todos los mosqueros fanáticos madrugamos los sábados en la mañana para ver programas clásicos como “Fly Fishing the World “ o “The Jim and Kelly Watt's Fly Fishing Magazine”, vi en un par de programas a unos gringos pescando en aguas tropicales unos bichos muy extraños que se llamaban algo así como bonefish y permit, en unos paisajes espectaculares, aguas tibias y muy cristalinas, arenas blancas, palmeras etc … Y los gringos los pasaban chancho y pescaban mucho y reían, reían y reían.

Belice se llamaba el país. Corrí a buscar un mapa para saber donde quedaba esa maravilla de lugar y me dije que algún día iría a pescar por allá.

Volviendo al presente, no tuve que insistir demasiado y efectivamente la Francisca se entusiasmó con el viaje propuesto y quedó decidido, nuestra luna de miel seria en Guatemala y ... ¡¡¡¡¡Belice!!!!! La combinación perfecta entre turismo, relajo ... y pesca.

Mirando juntos páginas de Internet sobre Belice, la novia se percató que la palabra “flyfishing” aparecía con frecuencia en los links que decían “things to do “ o “activities” y me encaró: “No pensarás salir a pescar durante nuestra luna de miel ... ¿o si?”

A lo que tuve que responder con la verdad: “Estee, bueeeno, uuuyyy ... mira qué casualidad y ¡¡¡qué suerte!!! Ya que vamos a andar por allá, podría aprovechar de pescar un mañanita. ¿no te molesta, no?”

Respiró hondo y se rió de buena gana. "No tienes arreglo", me dijo.

¡¡¡Estaba listo!!!

Durante la primera semana de viaje recorrimos Guatemala. ¡Qué bonito país! Estuvimos en Antigua, en el lago de Atitlán, en Chichicastenango y su colorido mercado y en las ruinas mayas de Tikal. Tikal está cerquita de Belice, y tras un vuelo de 45 minutos en Tropic Air, llegamos al Goldson International Airport de Belice City. De ahí en taxi hasta el puerto, donde tomamos la lancha de recorrido que en 50 minutos nos llevó hasta Cayo Caulker, nuestro destino durante los próximos cuatro días.

Cayo Caulker es un lugar precioso. Un mar tranquilo, de un color turquesa escandaloso, playas de arena blanca, y tan solo a 1 km de la segunda barrera de coral más grande del mundo. Nos instalamos y partí a contactar a Pernell, el guía de pesca que me recomendaron en las cabañas donde nos quedamos.

Después de dar un par de vueltas por el pueblo ubiqué su casa y acordamos juntarnos al día siguiente a las 7 de la mañana en el muelle justo frente a nuestro hotel para un día completo de pesca. Cuando regresé, la Francisca me dice que me quiere hacer un regalo, y que la salida de pesca la va a pagar ella. ¡¡¡¡ Que mujer más maravillosa!!!!! Igual casi se fue de espalda cuando le dije lo que salía pero insistió en pagarlo. ¡¡¡Gracias mi amorcito!!!

A las 6 y media, mi flamante esposa dormía placidamente y yo ya estaba en pie. El día estaba perfecto, un sol esplendoroso, mucho calor y una suave brisa. Mi guía llega puntual y me dice “let’s go to catch some bonefish” a lo que respondí con mi mejor acento beliceño “let’s do it man”. Partimos en su lancha en dirección hacia una isla vecina que se llama Caye Chappel donde hay un enorme flat, muy productivo según Pernell.

Los flats son grandes extensiones de aguas poco profundas, muy tranquilas y que se pueden pescar caminado. Son el hábitat ideal para los bonefish.

Pernell me pasó una caña Cabela's Nº 8 con un carrete Okuma large arbor, línea floating con líder de 9 pies y en la punta una mosca que se asemejaba bastante a un streamer truchero. El anzuelo eso si es un poco mas grande y grueso.

Me explicó la técnica a seguir, que consiste en ir caminando lentamente por el flat mirando atentamente la superficie del agua, hasta ver las aletas de los peces o a veces sutiles cambios en las rápidas ondas del agua. Entonces hay que lanzar cerca del pez, con delicadeza (cosa que a veces no es tan fácil con un equipo Nº 8) y comenzar con recogidas cortas y bastante rápidas y cuando el pez toma la mosca hay que clavar suavemente, ya que su boca es bastante delicada. Pernell veía bonefishes por todos lados, a mi, la verdad, me costaba un poco verlos y lanzaba a ciegas hacia donde él me indicaba. Me costó un buen rato acostumbrar el ojo y empecé a tomarle el gusto a esta pesca visual.

No logré clavar bien las dos primeras picadas de los bone, pero la tercera fue la vencida. Que manera de pelear estos bichos!!!! Pegan unas arrancadas espectaculares. En dos horas en el flat pesqué tres. Ninguno sobrepasó los 750 grs., pero me atrevería a decir tranquilamente que pelean 5 veces más que una trucha del mismo tamaño. Una pesca realmente espectacular.

Pernell me contó que muy cerca de ahí hay un muy buen spot para pescar permit. Yo había leído en este mismo portal que la pesca del permit con mosca es un desafío mayor. El pez mas difícil de atrapar con mosca, pero como andaba agrandado tras mi éxito con los bonefish le dije que fuéramos inmediatamente.

Salimos del flat y fuimos a un sector de aguas un poco mas profundas. Pernell enterró la pértiga en la arena y amarró el bote a ella. Avanzó hacia la proa y apuntó con el dedo. “There “ me dijo. El agua era muy transparente, y con la ayuda de mis lentes polarizados pude ver el cardumen. Me quedé sin habla. A distancia de tiro unos 20 permit iban y venían tranquilamente. Muchos, incluso, asomaban su puntiaguda aleta dorsal fuera del agua. Un espectáculo sublime.

Pernell cambió mi mosca y colocó una que simula con bastante realismo un cangrejo. En ese lugar había bastante corriente, así que tenia que lanzar como unos cinco metros a la derecha del cardumen, esperar que la corriente posicionara mi mosca y comenzar con recogidas lentas y pausadas. Me adviertió que sólo hay una oportunidad. Si clavo uno y lo pierdo, se acabó todo. Los otros peces se asustan y se van.

Efectué unos lances bastante buenos, pero los bichos ni inflaron mi mosca. Pernell la cambió rápidamente y el mismo cuento: no pasó nada. Al segundo lance con ya la quinta mosca amarrada, súbitamente uno empezó a seguirla.

“Slow, slow” dice Pernell. Recogí lento pero mantenido, hasta que el permit viró, tomó mi mosca y empieza su arrancada. "Afírmate los Chiteco", habría dicho un buen amigo. En esa primera arrancada me debe haber sacado tranquilamente 60 mts de backing. La adrenalina fluía a mil. ¡Cómo peleaba ese bicho! La pelea debe haber durado unos 30 a 40 minutos durante los cuales creí un par de veces que ya lo tenía, pero el permit volvía a arrancar sacándome toda la línea y varios metros de backing de una, como si nada.

Cuando mi brazo derecho comenzaba a dar signos de agotamiento por la larga pelea, mi notable contendor se entregó y pude acercarlo al bote. Pernell se puso un guante, lo tomó de la cola y lo subió al bote. Yo gritaba como loco. No lo podía creer. ¡¡Había sacado un permit con mosca!!

Me tomé muchas fotos con mi trofeo y lo devolví al mar. Estaba extasiado. Mi guía me felicitó y me dice que soy un buen pescador. Estimó el peso del permit en unos 9 a 10 “pounds”, vale decir 4 a 5 kgs. Me contó que muchos de sus clientes pasan días enteros tratando de pescar uno sin éxito. Espero que el mío no haya sido sólo suerte sino que fruto de lo aprendido durante esos muchos veranos recorriendo nuestra Patagonia pescando truchas.

Como aún nos quedaban algunas horas más de pesca Pernell me preguntó: “¿Do you wanna try the grand slam?”

Eso si que eran palabras mayores. El grand slam de la pesca con mosca en el Caribe se refiere a pescar en un mismo día bonefish, permit y ... tarpon. O sea que mi guía me estaba proponiendo ir tras esos acrobáticos y enormes peces plateados que pueden llegar a pesar 40 kgs y más, ¡mucho más!

Después de sacar el permit me sentía lleno de confianza, sólido, casi invencible. “Go for it, now!!!!” le respondí eufórico … No tenia idea con la chichita que me estaba curando.

Emprendimos la vuelta hacia Cayo Caulker, atravesamos por el “split ” que es un canal que se creó por la acción de un huracán en los años 60 y que separa la isla en dos y enfilamos hacia el poniente, es decir hacia el continente.

Tras unos 45 minutos de recorrido, Pernell detuvo el bote, sacó su pértiga y me pasó el equipo para tarpon: una caña Sage VPS Nº 10 con un carrete Orvis large arbor con 200 mts de backing de 30 lbs, línea floating, un líder corto pero bastante grueso, y en la punta una mosca tipo streamer pero con un anzuelo bastante grande y resistente al que mi guía le afiló prolijamente la punta.

El agua, muy transparente, debe haber tenido unos 3 ó 4 mts. de profundidad. Muy calmo. De hecho no corría una gota de viento y el intenso calor y la altísima humedad se sentían intensamente. La pesca consistía en esperar que se acercara un tarpon a distancia de lanzamiento, colocar la mosca en su trayectoria y comenzar con recogidas largas y rápidas.

La cosa estaba que ardía. Había tarpons por todos lados. Es difícil describir con palabras el espectáculo de ver estos enormes peces desplazarse en grupos rompiendo con sus lomos la superficie del agua.

Súbitamente un cardumen de más de cincuenta jacks (otra especie de estas aguas) pasa debajo de nuestro bote. Un poco mas allá una manta raya salta completamente fuera del agua cayendo con estruendo. Era la rica vida del mar de Belice que se manifestaba en todo su esplendor.

Lograr que te pique un tarpon es bastante simple una vez que logras controlar tu adrenalina y eres capaz de efectuar el lance preciso. Lo realmente difícil es aprender a clavarlo y más aun a aguantar la pelea que dan estos gigantes.

Yo no sé si habrá sido mi día de suerte o que mi guía era extraordinariamente bueno y conocía todas las picadas y las moscas precisas, pues no pasó mucho tiempo hasta que tuve el primer pique. No les puedo describir lo que se siente al ver un tarpon gigante seguir y tomar la mosca para enseguida dar un fenomenal brinco fuera del agua y comenzar su arranque. Hay que vivirlo. Perdí ese pique, al igual que los siguientes tres. Es que es de verdad difícil clavarlos correctamente. Me traicionó el reflejo adquirido en la pesca de truchas de levantar la caña tras la tomada de la mosca. Esto NO hay que hacerlo cuando pique un tarpon. Solamente hay que dejarlo ir sin hacer resistencia y clavarlo cuando tu guía te lo indique. Esto es generalmente después de que pegue el salto inicial e inicie su arranque. ¡¡Y hay que clavarlo con fuerza!!

En el papel suena fácil, pero la emoción del pique te hace cometer errores que esta pesca no perdona.

“Stay calm, relax”, me decía mi guía. Es que de verdad estaba un poco pasado de revoluciones, estresado, así que decidí tranquilizarme y descansar un rato.

“Aldo, just in front of you”. Pernell señaló tres tarpons que se dirigen hacia nosotros. Rápidamente me puse en posición y traté de hacer mi mejor lance. Mi mosca cayó tres metros delante de los peces. Comencé a recoger rápido y uno de ellos la sigió y la tomó. Comenzó su huida y dio el salto más espectacular que haya visto en mi vida. No hice nada, solo lo dejé ir.

Cuando ya había sacado varios metros de línea mi guía me dice “set the hook”. Clavé con fuerza. Era ya la quinta picada. Pero esta vez resultó. Lo tenía.

El tractor acuático siguió su huida. Se detuvo cuando me había sacado ya más de cien mts. de backing. Empecé rápidamente la recogida, pero por cada dos metros que lograba recoger, el tarpon con facilidad me sacaba tres y no lo podía frenar. Me urgí cuando noté que el backing estaba por acabarse y le pedí a Pernell que encendiera el motor y avanzara hacia el pez. Así estuve durante la siguiente hora, el tarpon haciendo literalmente lo que quería y yo tratando infructuosamente de frenarlo y de acercarlo al bote.

El backing nuevamente estaba por acabarse y Pernell nuevamente dirigiendo el bote hacia el pez. Ya no daba más. Me dolía todo el brazo desde el hombro hasta la mano. Finalmente, el tarpon se fue a meter a un banco de algas flotantes que se fueron enredando en el backing. Pernell las trataba de sacar con una cortaplumas pero eran muchas, hasta que súbitamente dejé de sentir la presión en la caña: ¡lo había perdido!

Recogí toda la línea y al final venía la mosca, intacta. ¡Que frustración, que rabia! Ni se imaginan la sarta de improperios que dije. Pernell trató de consolarme diciéndome que esta pesca es así, que esto le pasa a muchos de sus clientes. No me consoló mucho cuando me dijo que él estimaba que ese tarpon pesaba por lo menos 60 “pounds”. Imagínense, había perdido un pescado ¡de casi 30kgs!

Mi tiempo ya se estaba acabando así que regresamos a puerto. Estaba muy cansado y me invadió una extraña mezcla de felicidad y amargura. Más amargura que felicidad diría yo. Por un lado había sacado un permit y disfruté mucho pescando bonefish, pero sentía que había estado a punto de tocar el cielo, de alcanzar la gloria como pescador. Que habría dado por ver las caras de mi partners de pesca al mostrarles la foto con el tarpon.

Al bajarme del bote, ya más tranquilo, atiné que en realidad no estuve ni cerca. Jamás lo controlé, nunca logré frenarlo y siempre hizo lo que quiso. La razón era obvia: me falta mucho todavía.

Gran guía Pernell. Nos despedimos con un fuerte abrazo y partí contarle a la Francisca como me había ido.
Le mostré las fotos y me celebró efusivamente todos los pescados. ¿Qué mas se puede pedir?

Luego de una reponedora ducha la invité a cenar langosta a unos de los muy buenos restaurantes del pueblo. Tenia que agradecerle su regalo. La cena estuvo fantástica. Lo que siguió después, mejor aún ... es que estaba en mi luna de miel.


Aldo Campusano es un apasionado mosquero chileno, quien ha desarrollado una afinidad intensa por la pesca con mosca de truchas en la austral Patagonia y que por esta ocasión, cambió los bosques, ríos y lagos del sur, por los flats del Caribe, en Belice.


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