Como todos los que buscan cada mes las novedades de Ríos y Senderos, esperaba ansioso la apertura de una nueva temporada. Eso de llegar a soñar con los patrones que mojaría en el río, de imaginar una arcoiris prendida de mi línea. Sin embargo una mala noticia llegó antes que la apertura. Hernán Leyton, un conocido de muchos, el poeta de las ninfas, afectado por una de esas enfermedades en las que uno nunca piensa, en este momento cambió en sombrero y en chaleco de pesca por una bata blanca de hospital. Hoy te fui a ver a la unidad de Neurocirugía del Hospital de Puerto Montt. Me reconociste y me hablaste con la lengua pesada, que no me llenó de garabatos como casi siempre lo hacías. Tu mente lúcida y tus ojos brillantes me emocionaron, como también la fuerza con que tu mano derecha apretaba la mía. Esa misma mano que convertía plumas y pelos en insectos a los que solo le faltaban un soplido del Creador para que salieran volando de mi caja mosquera. Ese brazo fuerte que lanzaba 40 metros de línea, sin nigún esfuerzo, ese brazo que en más de alguna ocasión me ayudó a vadear un río torrentoso. Por lo menos por algunos meses no nos encontraremos en los ríos de esta tierra hermosa, y de tus manos no volarán insectos. Así como tu Gringo, muchos no podrán compartir los momentos mágicos de encuentro en cualquier río del mundo, y quiero pedir a todos los hermanos pescadores que lean estas palabras, que en el silencio del río, frente a un lago o en el arte del atado de moscas, levantemos una plegaria hacia el Señor de las Aguas para que los enfermos se recuperen y los que ya no están, disfruten del eterno pozón del Paraiso. |
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