Cuando comencé a pescar con mosca, hace muchos años atrás, la única manera que tenía de contar con algunos patrones, era comprarlos en las tiendas dedicadas a esta actividad o recibirlos de regalo. De esta forma, y con el correr de los años, fui juntando un buen número de moscas, de los más diversos tipos, tamaños y colores. Había oído por ahí que algunos mosqueros se hacían sus propias moscas, pero ello me sonaba como algo muy lejano y difícil de llevar a la práctica. Algunas viejas revistas extranjeras que caían a mis manos, mostraban la diversidad de productos de atado que ofrecía el mercado y algunas recetas para la confección de patrones. Incluso, para mi sorpresa, me habían comentado que circulaban por ahí algunos videos que enseñaban el llamado “fly tying”. En una ocasión, pescando hace años atrás en un precioso río de nuestro sur chileno, pude comprobar el éxito de una pequeña wet que había adquirido. Era realmente increíble la voracidad con que las truchas la tomaban. Pero como suele ocurrir, al final de la jornada, sólo pude “salvar” una de esas imitaciones, y además muy deteriorada. El resto, las había perdido todas. No me quedaba otra alternativa que comprar más de las mismas, a mi regreso a Santiago, pues debía estar bien preparado para la próxima salida.
Grande fue mi sorpresa cuando, ya en la tienda, al pedir varios ejemplares de la maravillosa mosquita, me respondieron que no les quedaban y que ya no se venderían más. Mientras me reponía de tan desagradable traspié, se me vino a la mente la afiebrada idea de que si no podía comprarlas, por qué no intentaba atarlas yo mismo. No tenía otro camino. Por lo que, manos a la obra, y con la rápida asesoría del vendedor en cuestion, me compré un set básico de atado, compuesto por un libro de instrucciones, una económica prensa, portabobina, tijera, pegamento, hilos, anzuelos y otros pocos materiales. Fue así que, sin darme cuenta, me había iniciado en el atado de moscas, volviéndome, con el correr del tiempo, un fanático de este arte. Debo reconocer, eso sí, la pobre técnica puesta sobre mis primeras creaciones, situación que poco a poco fue mejorando. Pero ¿por qué atamos nuestras propias moscas?. Al igual que muchos de ustedes, no creo tener una única respuesta. En primer término, lo hacemos porque nos entretiene muchísimo. Es un hobby que permite distraernos y descansar la mente. Nos traslada imaginariamente a esos fantásticos ríos y lagos, donde hemos estado anteriormente y donde probablemente, estaremos en un futuro cercano. Además, podemos practicarlo durante todo el año, sin restricciones, tanto en nuestra casa como en otros lugares. En mi caso, muchas veces mis pequeños hijos se sientan a mi lado a observarme o a practicar el atado conmigo. Ellos ya están aprendiendo. Además, junto con la confección misma de las moscas, nos encontramos con todo un mundo propio centrado en la búsqueda constante de buenos y novedosos materiales de atado. Quienes atamos moscas, generalmente estamos viendo con “otros ojos” cualquier cosa que pueda servirnos para “vestir” nuestros anzuelos. Y ahí también hay mucha entretención e imaginación.
En segundo término, lo hacemos porque nos ayuda a desarrollar la creatividad. En ocasiones, imitamos moscas clásicas y por todos conocidas (de catálogos), y en otras, damos rienda suelta a la creación de patrones nuevos, que luego probaremos en la próxima temporada de pesca. Debemos tener en cuenta que aún falta muchísimo por inventar y probar. A lo mejor, la “estrella” de la próxima temporada, esté pronto a salir de la mente de algún atador. En tercer término, sentimos una gran satisfacción personal el lograr engañar y atrapar una trucha con una mosca fabricada por nuestras propias manos. Bien o mal atada da igual, lo importante es que el “engaño” salió de nuestras manos. Por otro lado, muchas veces y como lo comenté anteriormente, las moscas productivas y exitosas no se venden. Por lo que la única posibilidad de pescar con ellas, es proporcionándoselas uno mismo. Es más, en algunas ocasiones, sucede que nos hemos visto en la urgente necesidad de atar algún patrón exitoso en la orilla misma de un río. Por último, quienes atamos moscas podemos lograr un buen ahorro, ya que las moscas que nos ofrece el comercio no son baratas; más aún si pensamos en el buen número de ellas que debemos llevar a nuestras salidas. Por otro lado, muchos de los materiales que adquirimos con este fin pueden ser usados múltiples veces en la confección de una enorme cantidad de moscas. Sin duda que ustedes pueden tener aún más respuestas a la interrogante planteada; todas ellas muy válidas por cierto. Mi intención no ha sido otra que hacer una pequeña reflexión sobre el tema. Quienes aún no dan el paso para iniciarse en el “fly tying”, los invito a dejar de lado sus temores. Atrévanse. No se arrepentirán. |
|
|
Copyright
1999 - 2009 RiosySenderos.com ® |
|