Mi Primer Lenguado con Mosca - Rodrigo Sandoval

Desde que comencé a pescar con mosca no he podido evitar ser marcado por primeras experiencias en cada vivencia posible dentro de esta maravillosa actividad. Recuerdo la primera trucha que capturé con mosca, también la primera con mosca seca. Recuerdo la primera mosca que até, así como la primera trucha de arroyo y también el primer salmón con mosca. Recuerdo la primera vez que capturé una trucha fuera de Chile y con mayor pasión recuerdo mi primera pesca en un lago patagónico, paseando grandes ninfas cerca de la vegetación. Recuerdo las primeras salidas de pesca con quienes hoy son mis más queridos amigos. Recuerdo cómo me encontré por primera vez con un huemul en pleno viaje hacia un escondido río austral.

Así, en esta ocasión me centraré en una de mis primeras experiencias de pesca con mosca en el mar, específicamente pescando desde orilla. Al igual que la mayoría de quienes son apasionados pescadores con mosca, el término de la temporada de salmonídeos es un hito no gratamente esperado, pero comprendido. Las truchas y sus hogares requieren un descanso de los impertinentes humanos y por ello, respeto la época de “hibernación” de este tipo de pesca. Pero mi afición irrefrenable me ha llevado a probar distintas alternativas en los meses de invierno, que intentan mantener mi nostalgia por aguas salmonídeas en calma.

Nunca antes me planteé ser un pescador de mar. Tengo aún poca experiencia en identificar los buenos pozones en una playa, o las corrientes más prometedoras, donde lenguados y corvinas aprovechan las oportunidades para alimentarse de pequeños peces y de algunos crustáceos habitantes de estas aguas litorales. Pero en mi interior había una voz que insistía en que el uso de un equipo mosquero era un desafío interesante para enfrentarse con estas especies marinas.

La pesca con mosca embarcada era una actividad más familiar para algunos de nosotros, que habíamos sentido la feroz picada de una sierra, y su posterior carrera con más de 100m de backing. Nuestro tiempo de investigación no sólo había producido grandes aventuras y recuerdos, sino que nos había permitido desarrollar interesantes patrones para las aguas saladas.

Como herencia de estas experiencias, me encontré en mi jeep, en las arenas de una larga playa del litoral central, con una caña #7 de rápida acción, una línea flotante y otra de hundimiento, un carrete de gran capacidad, un líder resistente con un tramo final de acero. En mi caja de moscas, una interesante combinación de streamers de coloridas tonalidades, y muchos materiales conocidos por su irresistible acción en el agua. El día estaba nublado y frío. Eran cerca de las 10 de la mañana, y nadie osaba plantar su humanidad en la playa para congelarse. Todos esperarían que la neblina matinal se despejara para acudir a la diaria cita con el sol. Por mi parte, mi motivación era clara.

Gracias a la falta de viento, durante unos 30 min estuve lanzando mi T300 hacia las olas, logrando en varios lanzamientos hacer pasar el backing por mi caña. Pero la falta de picadas y el esfuerzo en lograr esas distancias fueron disminuyendo mi inicial motivación.

Mi atención se desvió hacia los roqueríos que bordeaban esta hermosa playa. Recogí mis cosas, me subí al jeep y mi dirigí hacia una explanada justo atrás del roquerío. Volví a armar mi combinación de equipo, esta vez con mi línea flotante como una señal de experimentación. También elegí un vistoso streamer, con ojos de bronce de gran tamaño, y una colorida ala de flashabou accent rojo. Saqué unos 15 metros de línea para comenzar. Me paré en una gran roca cerca del borde de la playa y el roquerío, a pocos metros de donde las olas reventaban suavemente. Lancé hacia adentro un par de veces mientras intentaba observar la anatomía de esta pequeña bahía a medida que la resaca bajaba el nivel de las aguas. Poco a poco comencé a orientar mis lanzamientos de modo que la recogida a irregulares tirones, paseara la mosca por un desnivel que se observaba en la arena del fondo.

Mi experiencia en el mar ya me había mostrado la necesidad de coordinar mis lanzamientos y recogidas con el movimiento de las aguas que entran y salen. A medida que las olas entraban, me mantenía en posición y ubicaba la mosca unos metros más adentro de la posición esperada. Así me mantenía coordinando el lanzamiento junto con la retirada del agua para lograr que la mosca se adentrara unos metros mientras tomaba cierta profundidad. El uso de la línea flotante se hace mucho más relevante en estos sectores en que el fondo se encuentra hasta cierto punto cubierto de pequeñas rocas y algas, las cuales podrían enredar fácilmente una línea que se mantiene a esa profundidad. El uso del patrón lastrado facilitó las cosas, ya que así era algo más fácil tomar profundidad mientras mi línea se mantiene fuera de peligro y con mayor control de mi parte.

Apenas terminaba una de las recogidas, pude ver una sombra que apareció desde la arena. Con sorprendente calma se acercó hasta gatillar un ataque en el último metro sobre la mosca. Abrió su boca y el streamer desapareció. Mi sorpresa sólo cedió paso a mi reacción con instantes de retraso, pero el pez estaba correctamente clavado. Intentó una fugaz carrera alejándose de la playa, para luego virar en seco y dirigirse hacia las rocas y las algas. Mi líder resistente jugó un gran papel en ese momento, ya que con clara determinación y apoyo de mi caña #7, logré detener la decidida carrera. De ahí, la pelea se tornó menos energética hasta que finalmente con un lenguado evidentemente cansado, pude bajar de la roca y acercarlo a playa.

Con una última ola, el lenguado fue depositado en la húmeda arena, mientras yo sacaba mi alicates y con la mayor precisión posible, liberé la mosca del agotado pez y lo tomé de la cola. Lo apunté hacia la ola que ya llegaba. A medida que el pez se vio tapado de agua, pareció recobrar energía y pocos instantes después se agitaba vigorosamente. Lo solté y no pude verlo de nuevo.

Fue entonces que logré entender qué había sucedido y que finalmente había logrado engañar y capturar un lenguado usando moscas. El proceso completo tenía sentido. El lanzamiento, la recogida, la profundidad, el patrón utilizado, y la clavada. Todo comenzaba a calzar y una nueva faceta de la pesca con mosca se había despertado en mí.

La pesca con mosca en agua salada me entusiasmó desde entonces. Incluso en plena época de pesca de truchas, aprovecho algunas salidas a la playa para practicarla. Desde esa primera captura de un lenguado, me rodea cierta impaciencia esperando la siguiente picada, que siempre llega en el momento menos esperado. Claramente esta nueva época de hibernación de pesca de truchas es una nueva oportunidad para probar nuevas técnicas, nuevas playas y roqueríos, nuevas oportunidades de capturar uno de esos impactantes peces planos.

Inténtenlo también. No se arrepentirán.


La Pesca con Mosca en aguas Saladas es una práctica aún poco difundida en tierras sudamericanas, pero poco a poco va adquiriendo más adeptos. Los requisitos para practicarla no son excesivamente diferentes a la pesca de truchas y salmones, pero implica una observación detallada de los movimientos del agua, tal como Rodrigo lo ha comprobado en el tiempo que lleva dedicado a su práctica.

Se puede contactar a Rodrigo en: rsandova@riosysenderos.com



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