La población mundial y su capacidad productiva han alcanzado dimensiones que han desconcertado incluso a quienes las potenciaron. Inesperadas. Han sido motivo de caos, terror, desorientación y anarquía. Lo anterior ha despertado la necesidad por parte de la sociedad de reorganizarse y de reestructurar el medio urbano en el cual la mayoría de nosotros vivimos, así como de encararlo con nuevas realidades. Es sin embargo éste, uno de los mayores problemas. El aceptar que nuestra realidad ya no es la de unas décadas atrás, y que las cosas de hoy en día se suceden con un grado de obsolescencia que en épocas anteriores no era dable imaginar. De este modo y avalando el problema, aparecen cada vez mayor número de agentes extraños que perturban y sacrifican nuestra privacidad, a cambio de comodidad y supuesto confort. Lo que en economía se define como costo de oportunidad. En un comienzo fueron el automóvil y la televisión, por nombrar algunos elementos primogénitos de la modernización, los que atentaron contra la manera de vivir la ciudad y en la ciudad y de hacer comunidad. En el primer caso, el poder pasear tranquilamente por nuestro entorno y disfrutarlo a pleno, se ha vuelto en un ir y venir de monstruosos cubos metálicos por una selva de alquitrán que provoca que aquel deseo de recorrer nuestra ciudad se transforme en un suicidio, o bien el pasaje gratuito al otro mundo. El segundo, pese a percibirse menos agresivo que el anterior, no es tal. La televisión penetra directamente al núcleo de nuestro hogar, único espacio disponible en donde lamentablemente hoy en día no podemos si no más que poner a prueba nuestra privacidad. Ya nadie es capaz de estar ajeno a estos artefactos. De uno u otro modo más que aprendido, nos hemos visto obligados a convivir con ellos. Hoy en día nos ataca un nuevo y quizás más preocupante problema, como lo es la antaño emergente y hoy consolidada red Internet. Un tema que podría cambiar de manera radical la manera de hacer comunidad. De no poder encontrar la forma de vivir en privacidad y a la vez con plena armonía con nuestra comunidad, nos veremos enfrentados a la problemática de cómo hacer comunidad cuando un computador y una habitación pueden ser todo lo necesario para sobrevivir en dos dimensiones paralelas. El ciberespacio.
Muchos de nosotros desarrollamos nuestro diario vivir en centros urbanos en donde la naturaleza se ha distanciado cada vez más de nuestro alcance. Aquellas áreas verdes dentro de una ciudad hoy son casi residuales, y aunque así no lo fueran, no existe forma de escapar del ruido y de la polución ambiental con la que estamos obligados a convivir. Y a sobrevivir. De este modo, la necesidad humana por reencontrarse con lo natural y "escapar" del entorno duro y agresivo del cual formamos parte, nos ha llevado a inventar excusas para poder gozar de lo que por condición natural, gozaron nuestros ancestros. Es así como muchos optamos por la pesca con mosca. En mi caso, y me atrevería a decir que en el de la mayoría, la necesidad intrínseca de reencontrarse con el estado intacto de las cosas y con nuestra verdadera privacidad, nos hizo desembocar en este arte. Quizás como mera excusa por palpar lo que cada día cuesta más kilómetros poder palpar. Es por ello que debemos cuidar y proteger dicho entorno preservando las especies y no dejando rastros en nuestro pasar. Es aquel entorno donde aún podemos desahogar y desintoxicar nuestro cuerpo. Es verdad que la tecnología la llevamos con nosotros al momento de pescar en la forma de sofisticadas cañas, carretes, waders, líneas, moscas y una serie de otros elementos. Todos nuestros implementos están provistos de avanzadas tecnologías que hacen más técnico nuestro deporte, y en ocasiones más "alcanzable". Es por lo mismo y a modo de contrarrestar, el que debemos pasar tan desapercibidos como sea posible, tanto en el río como en su entorno. Es menester intentar pertenecer a un conjunto y no atentar contra las partes. Debemos ser sumisos ante quien nos da la posibilidad de reencontrarnos con nosotros mismos y con los nuestros. Es allí donde podemos retomar verdaderamente nuestra condición de ser humano. Es el espacio en que podemos realmente comunicarnos con nuestros semejantes. Aquél donde el lenguaje contextual nos inunda de un nuevo aire que nos da fuerzas para volver a enfrentar el caos urbano en donde nos pusieron. ¿O nos pusimos?
|
|
|
Copyright
1999 - 2009 RiosySenderos.com ® |
|