El Reino del Chucao - Aquello Que No Vemos

Un Breve Ensayo de Cierre de Temporada en el Parque Nacional Puyehue
Sector Aguas Calientes - Antillanca

Pocas horas han transcurrido desde que se cerrara la última puerta de esta temporada de pesca en Chile. Un especial adiós en el agua, del que ahora compongo frente a una pantalla por la que corre una haz de coloridos electrones. Un computador personal desde el que se repiten notas, sonidos y melodías que disfruto más que antes. Un disco compacto que gira y gira al interior de quien se me ha unido por el mundo con mis notas. Con alegría y tristeza. Soledad y compañía. Siempre, mudo testigo de mis sensaciones. Así, armónicos acordes de piano y sintetizador disminuyen intensidad, elevando sonidos del bosque, del río y del lago. Y el de aquellas criaturas con que nos regalan. Un día en el agua no es sólo eso. Es más que pesca.

Una dura pendiente enfrenta el bote que desciende a saltos por el sendero. Trazado sobre el que lluvia de la lluvia, y barro de la madre tierra, cubren la ruta. La bañan. Avanzo a tranco corto. Mi rodilla derecha lastima. Es lástima. Y descubro hongos que emparejados, brotan vivos y sin clorofila de entre la hojarasca. Respiro humedad. Frío y otoño. Y avanzo. Y arribo. Asomo en la charca donde ingresamos a la laguna que flotaremos. No es profunda y la alcanzo. La sobrepaso entre aguzados juncos que esconden vida. Floto. Uno caña y carrete en matrimonio. Manos con años de esfuerzo me reman. Hilvano sedal y patrón. Y agudizo mis débiles ojos. Simples palabras de quien boga me recuerdan que llueve. Gotas. Gotas y más gotas que se diluyen por entre aquellas manos. Raídas.

Ninfas de libélulas asoman por entre juncos que muestran rutas. Que descubren peces. Que toman moscas. Vida. Y frío en mis manos y en las que reman. Remos que con madera desplazan agua. De vida. Agua hoy fría. Fuente quieta y que con espejos refleja siluetas de coihues y mañíos. De ciruelillos y quilas. De floridos y albos ulmos. De perfumados laureles. Y un patrón que se presenta. Aparecen sueños que nacen por encanto. Ecos de un chucao rebotan entre la selva y se propagan por la laguna. Por su cubierta. En la que una marrón y su jugueteo quiebran el silencio. Junto al pitío. Carpintero que aferrado a ese viejo tronco enseña una larva. El bote gira y aparta inercia. Palas que suaves se clavan e impulsan. Bogan. Y liberan una marrón. Y otra.

A lontananza asoman amigos que pescan la película. Nueve. Nueve que flotamos junto a un quetro volador. Aquel que con sigilo otea. Acorazado gris y blanco que comparte espacio con jergones grandes. Patos. Y con un martín pescador que se clava. Que quiebra aquella película y atrapa un pequeño pez. Que vuela y se posa en aquella rama prominente en que casi a golpes lo engulle. Vara sobre la que pasa revista. Y lee. Desde la que enseña aquel plumaje carmín y blanco. Azul y gris. Majestuoso.

El aire es diáfano y fino. Por el que agua nieve traspasa y alegra superficie. Frío que da paso a tenues rayos de sol. Por entre nubes que asemejan motas de algodón. Que se mueven dando efímero paso a un cielo azul y de contrastes. Película que se tempera. Efímero calor. Y efímeras que eclosionan desde profundidades de la laguna. Que nadan con sacrificio, para romper la superficie. Aquella desde la que sólo ocasionalmente son presa. Ocasiones que cuando no lo son las muestran quietas. Asoman delicadas. Suaves y sensuales. En escuadrón que aparta humedad para un vuelo de amor. Y otra marrón cae. Otra más.

Frágiles helechos cuelgan de entre la selva. Algas, musgos y líquenes. Crujir de maderas que funden remos, chumaceras y borda. Que acompañan palabras simples. Un buen licor junto a un cigarro dan paso a la merienda. Y a retratos que quedan. Amistad y gratitud que no requieren de palabras ni de recuerdos. Que no se transan. Que laten en el aire junto al río. Aquel que se vacía gélido y cristalino en la laguna. Fuente inexorable de vida. De desove y de alevines. De entre el que emerge un coipo que con juegos y serpenteantes brazadas, se sumerge. El agua es nuestra. Toda. Es de todos. Sonrisas y alegoría. Ahí está el quetro volador. Y el fío fío. Y arreboles que naranjas, amarillos y rojos, revientan el firmamento sobre una ruta de regreso.

Al hogar y el calor del fuego nacen historias. Nuevos patrones. Amistad y delicias. Manjares. Mostos y habanos. Sensaciones. Y el compartir. Un día en el agua no es sólo eso. Es más que pesca con mosca.

Dedicado a mis compañeros de aventura,
Carlos Correa, Patricio Guerra, Álvaro Izquierdo, Rodolfo Nerety,
Patricio Ortega, Juan Carlos Poblete, Rodrigo Sandoval y Paul Schulz.


Para muchos, pesca con mosca es equivocadamente sólo pescar. En este relato, y en un estilo distinto, Pablo "Pancora" Negri desarrolla la poesía que rodea a la actividad, en un hermoso paraje del sur de Chile y junto a buenos amigos de la mosca. Queda de manifiesto que mucho no lo vemos, porque simplemente no lo queremos ver. Las sensaciones y percepciones que rodean a la pesca con mosca, representan el todo en ella. Tal como se describe en la poesía de esta nota.

Pablo puede ser contactado en
pablonegri@riosysenderos.com



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