Un Río Muy Austral - Rodrigo Sandoval

Justo donde el camino termina al viajar por el sur por el continente, pasado el monolito que indica el punto medio geográfico del territorio chileno, se encuentra un río. ¿El nombre? ... ni idea. Algunos de mis conocidos de la zona ignoran cómo se llama, y básicamente es un estero, no de gran tamaño como otros ríos más importantes y conocidos del área. Su característica principal: el bosque, el lecho rocoso, y en especial el agua color té. Con mi amigo Nicolás Varela decidimos bautizarlo "Lipton" por esa razón, aunque no hay ninguna preferencia comercial al respecto.

No he visto nunca esa combinación cromática en otro lado. Los verdes árboles de la ribera, que metros más allá se extienden como profundos bosques de Nothofagus, en particular las especies de Lengas y Coihues de Magallanes. Si la suerte acompañana, esos verdes son adornados por un cielo azul muy dramático. Aunque eso, en Magallanes, es poco común. Sin importar el clima, el profundo y hasta "brilloso" color marrón del agua, producto de la composición química de sus afluentes y del lecho, le dan su particularidad inigualable.

La primera vez que fui, me llamó la atención lo bonito del valle que cruza. La estructura del río, donde cada recodo muestra sectores nuevos. Ese oscuro color, que simultánemente mantiene la claridad del agua, le dan un caracter místico y muy atractivo. Es como si el río supiese algo que ningún humano puede llegar a saber. Eso es así para todos los ríos, pero éste se muestra menos motivado a revelar su interior. La tranquilidad que se experiementa al remontar su lecho, a veces aumentado en impacto visual por verdaderos túneles que el bosque forma intentando dominar el lecho de las aguas.

Así es la naturaleza, en una nueva expresión que produce la más profunda admiración en mi ser. No hay palabras, sólo sensaciones y emociones. Dejar derivar una imitación de insecto en aquellas aguas es una bendición. Se siente una especie de privilegio al compartir por una breve y simple jornada la magia de aquel misterioso curso de agua.


04 Enero 1997

En este viaje relámpago a la Región de Magallanes, hoy nos tocó el recorrido de la zona sur de Punta Arenas. Muchas veces la visité mientras mi papá vivía en esta zona. Hoy, sólo mis recuerdos y pasiones me trajeron a tan australes latitudes. Salimos temprano de Punta Arenas, bordeando el Estrecho de Magallanes. Es tierra de vientos, y así se hizo sentir la última media hora de trayecto. Finalmente nos internamos en el bosque, para alcanzar finalmente nuestro ansiado destino. Muchas veces fueron las que le comenté de este lugar a Nicolás, antes que puediesemos organizar este corto viaje.

Entramos el estero y comenzamos a remontar su cauce desde el final del camino, donde quedó nuestro auto. Nicolás quedó impresionado por el espectáculo de colores (verdes y cafes) que ofrece el paisaje. No hay comparación alguna con otro lugar. Aunque él es algo daltónico, el efecto de las tonalidades no pasó desapercibido, como pude apreciar por sus expresiones faciales y verbales. El agua fluye con calma, con gusto, por el lecho. Los troncos de árboles muertos, algunas lengas, adornan el lecho tapizado de pequeñas rocas. En esos escondrijos se refugian varios peces, principales habitantes de estas curiosas aguas.

En este viaje, Nicolás ha andado poco productivo en la pesca, pero este río pareció sonreirle desde que entró. Cada uno de los sectores que recorrimos se parecen a nuestros lugares habituales en la zona central, en estructura fluvial al menos. Sectores con pequeños rápidos y algunos remansos, e incluso ciertos cambios de corriente, invitan a poner una ninfa derivando libremente. Así es ... tal como lo hacemos en nuestros ríos hogareños, pero la diferencia está en el impresionante entorno. Los colores, el bosque, el agua, todo es especial.

Lo entretenido e interesante de pescar este río, es la cantidad de escondites que las truchas, en su mayoría arcoiris, utilizan como protección. Ellas, que llaman a esta maravilla, su hogar, abundan en cada sector, en especial cuando la corriente es óptima para sus necesidades. Seguramente una gran parte de los lanzamientos los haremos corriente arriba, bordeando los troncos y ramas de la orilla. En muchos lugares ni siquiera se ve necesario meterse en el agua, ya que el ancho de este río es de unos 5 m en promedio.

Nicolás en uno de los sectores del río

En vista que mi amigo es el visitante, y yo, prepotentemente, pretendo ser el "experto" en el lugar, lo dejo trabajar el primer sector atractivo que encontramos. Es un largo trecho de corriente mediana, que es alimentado por un pequeño rápido, flanqueado a su vez por un enorme tronco de coihue que yace en el lecho, paralelo a la corriente. No se ve actividad, pero la experiencia nos grita que debe haber alguna o varias truchas sosteniéndose en la entrada de la corriente, justo bajo el agua blanca. Otras, evidentemente, se refugian junto al enorme tronco, a la espera del alimento arrastrado por la corriente. Nicolás lo sabe, y sin intercambiar palabras entre nosotros, coloca una usual ninfa de mayfly como patrón de búsqueda - una Harés Ear -, y se apresta a colocar su imitación justo en el comienzo de este largo trecho.

Es un lanzamiento de casi 8 metros, pero la mosca cae en perfecta posición al primer intento. Silencio. Cuatro ojos observan la punta de la línea flotante mientras ésta avanza en la superficie junto con la corriente. Nada sucede. La línea avanza 5 metros sin ser interrumpida. Roll cast y vuelta a presentar la imitación. El leader no es más largo que 2 metros, ya que este río es mayoritariamente de profundidad vadeable. Sólo algunos pozones mayores requerirían de otra configuración.

La segunda pasada resulta tan infructuosa como la primera, pero falta mucho para sacar alguna conlusión. Nicolás vuelve a lanzar, esta vez intentando que el trayecto se acerque más al tronco de la derecha. Cinco segundos después de que la mosca entró al agua, la punta de la línea se detiene. Nicolás alza el brazo y sonríe para comprobar que ha capturado su primera rama de árbol de este río. Un par de carcajadas acompañan la labor de devolver la rama a su lecho de descanso.

Como buen pescador con mosca, Nicolás es paciente y me pide un par de oportunidades más, antes de avanzar corriente arriba. Con todo gusto continúo observando y deleitándome con aquel proceso, en que los seres humanos jugamos a entrar en sincronía con la dinámica de un río. Fue tanta mi divagación mental, que sólo volví a ver a Nicolás cuando noté que dijo "¡al fin!". Volteé para comprobar que esta vez el final de su línea se movía corriente arriba. Momentos después, al liberar a su primera Arcoiris que "vive en té", me confirmaría que la tomada se produjo a medio camino del trecho, justo a 30 cm del tronco. Hay veces en que la "ciencia" no falla. Sólo algunas veces.

Rodrigo en un sector del río

Estuvimos toda la mañana. Unas 3 horas en total y pudimos recorrer muchos sectores del río. Disfruté con aquellos pasajes que parecían un túnel formado por las ramas de los árboles ribereños. En muchos de los recodos vimos y pescamos varias truchas, todas en el rango de los 15cm de largo. Muy entretenido. La pesca, es una maravilla, porque se aplica al máximo la delicadeza en la presentación. Estas truchas conocen a los naturales y convencerlas de creer en una imitación requiere una importante dosis de concetración y dominio de la presentación.

Fue un día muy especial. Fantástico. Sólo algunas horas nos separan de nuestros roles de rutina diaria, pero la experiencia sigue siendo mística y profundamente enriquecedora. En especial, sabiendo que es el río más austral en el que yo o alguno de mis amigos haya puesto pie. Creo que la magia de esta zona reside en eso, en el conocimiento de la latitud, en el espectáculo de la expresión natural en este paraje, y de que estamos en el extremo sur de ese paraiso del planeta Tierra: la Patagonia.


Rodrigo Sandoval, siendo residente de Santiago de Chile,  reconoce que no puede dejar de viajar una y otra vez a Magallanes, el extremo austral del continente. Cuando se da la oportunidad, dedica una jornada a vadear en "té".

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