En Río Bueno la Pesca con Mosca
no es lo mismo que "Mosquear"
Texto: Hugo Varela
De noche llegué a casa. Como era obvio suponerlo lo primero que me
preguntaron fue ¿cómo estuvo la pesca? Luego de un pequeño silencio respondí
medio en broma medio en serio "¡¡¡Horrible!!! ¡¡¡Horrible!!!"
Hacia 3 días que estábamos planeando la salida. La idea era conseguir un
botero, vale decir un lugareño que conociera de punta a cabo el río. A cargo
de la logística quedó mi suegro Carlos Calderón. Él tenía los contactos
desde hace 20 años, además era el más entusiasmado con la salida, ya que
desde al menos una decena de años que no participaba de una jornada de
pesca.
"Carmona es el hombre", me dijo.
Horas más tarde estábamos en su casa ubicada muy cerca de un pequeño
aserradero de Río Bueno. Esta comuna hace ya algunos años es visita obligada
de nuestra familia durante las vacaciones. Ahí nació mi mujer, están mis
suegros y además se está cerca de Pto. Montt y otros centros de interés
turístico el Sur de Chile.
El trato con el botero fue hecho en una muy corta conversación. Calderón,
por lo que pude darme cuenta, manejaba estrechos vínculos con Carmona, quien
rápidamente accedió a manejar la embarcación en la cual saldríamos al otro
día. Desde ese momento algo me llamó la atención. Quedaron de juntarse a las
3 de la tarde. Yo pensé "a esa hora va a hacer un calor de los mil demonios
y no pescaremos nada". Pero en fin, ellos sabrán. Luego nos conseguimos el
bote, un carrito para trasladarlo y un auto también prestado ... así se
solucionó toda la logística.
Al llegar a la casa comencé a arreglar mi equipo y revisar algunos textos
que saqué de RiosySenderos.com. La idea era, por cierto, escoger los mejores
patrones a utilizar
"¿Y con qué pescas?" - me pregunto mi suegro - ... "pesco con mosca" le
dije.... "Ahhh eso es lo que más me gusta" sentenció.
Acto seguido le mostré algunos patrones y me miró incrédulo. Él, con
mucha dificultad se subió al entretecho de la casa para sacar su vieja, pero
muy vieja, caja de pesca. Desde ahí extrajo señuelos de gran tamaño, que
según él, utilizaba para los pescados más grandes, de esos que hace años ya
no salen.
"Los que yo saco, si son chicos, los devuelvo" le advertí y sentí una
nueva mirada extraña.
Entre sus señuelos había algunos muy raros. Aparte de las tradicionales
cucharitas, figuraba una especie de cabo, vale decir una "lienza" o
"nylon" de no más de 10 centímetros con un anzuelo que estaba
adornados casualmente con algo que parecía pelo sintético de colores fuertes
y que obviamente no imitaban ningún patrón de pesca, sino una mosca salida
de un circo o algo así. Yo miré y pensé "aquí
con esto no va a sacar nada".
Llego el día, la hora y todo fluyó con normalidad, no hubo problemas.
Casi sin darme cuenta estábamos a unos 7 ó 10 kilómetros río arriba bajando
el bote desde el carrito. Seríamos mi suegro y yo, pescando, y Carmona
manejando la embarcación. El río escogido: El Pilmaiquén. Un curso de agua
de entre 30 a 50 metros de ancho con interesantes pozones y pequeñas
correntadas.
En esos momentos saco mis moscas y escojo una, atándola al tippet.
Calderón me dice "pero lo que tú haces no es mosquear; esto es pesca de
lanzamiento". Le muestro mis moscas a Carmona para que el pudiera
recomendarme alguna. Me mira con desdén y sentencia "no, esto no sirve acá".
El botero sólo se dedicó a mirar los extraños anzuelos disfrazados que tenia
mi suegro.
Comenzamos yéndonos hacia la parte central del río. Yo
apenas pude me puse de pie en la embarcación y realicé mis primeros
lanzamientos. Mientras tanto mi suegro sólo miraba, negándose por el momento
a lanzar con su caña. Había un incomodo silencio, me sentía haciendo el
ridículo lanzando un streamer de color verde brilloso y que yo creía en un
río como éste haría las delicias de las truchas.
Habrán transcurrido unos 5 ó 6 minutos lanzando para uno y otro lado del
río, bajo unos troncos, detrás de unas piedras y nada. Todo iba
relativamente bien hasta que, de pronto, y luego de pasar unas pequeñas
corrientes, que el botero sorteó con gran maestría, en un pequeño pozón y en
medio de un lanzamiento, comienzo a perder el equilibrio.
Me balanceo
peligrosamente para un lado y otro del bote. La pequeña embarcación no me
ayuda. Al contrario, se mece agudizando mis movimientos. Así transcurrió
-para mi una eternidad - hasta que no pude evitar el bamboleo y finalmente
caí por la borda mientras emitía una serie de improperios irrepetibles en
este relato.
Pero no fue una caída con estilo, fue definitivamente una caída con
vergüenza. En una posición digna de un malabarista mis dos pies quedaron
dentro de la embarcación. Mi espalda hasta el cuello completamente sumergida
en el agua y ambas manos aferradas a la borda.
Calderón en primera instancia se asustó, pero solo un par de segundos más
tarde comenzó a reír como muy pocas veces lo había oído. Estando en esa
insólita posición el botero redobló sus esfuerzos para llevarnos a la
orilla. A pocos metros de unas rocas logre levantar una de mis piernas y
lanzarme al agua en un lugar donde la profundidad no superaba el metro y
medio. Ahí ya todos nos relajamos y nos reírnos a grandes carcajadas que en
medio de ese hermoso paraje generaban eco hacia los cuatro costados.
Luego comenzó la pesca. Para resumir, intenté una o dos veces más con mis
moscas, pero me retiré apenas mi suegro lanzó su extraña mosca de circo y comenzó a
obtener numerosas picadas. Numerosas truchas se acercaban con decisión al
señuelo, muchas veces atacándolo a plena vista nuestra. "Esto es
mosquear" dijo mi suegro mientras su única técnica era lanzar el señuelo al
agua y cada 4 segundos darle un pequeño tirón a la caña para que el patrón
se moviera.
A esas alturas yo no tenia ni voz ni voto. Sólo miraba cómo estos hombres
me daban una clase magistral de cómo hacer picar a los peces. Aquí no cabían
mis lanzamientos con más o menos técnica, aquí no cabían las Caddis, las
Mayflies, ni secas, ni ninfas.
La jornada transcurrió con dos o tres paradas para descansar. Las picadas
fueron numerosas, entre ellos algunas farios de no despreciables
dimensiones. Aprendí de los peces y de la historia del lugar. Escuché relatos increíbles como aquel
que hablaba de truchas gigantes viviendo en los rìos de la zona. En fin, fue una buena aventura.
Pero si se la mira desde el punto de vista del flyfishing, la verdad fue
bien dicha al principio ... De noche llegué a casa. Como era obvio suponerlo
lo primero que me preguntaron fue ... ¿cómo estuvo la pesca?. Luego de un
pequeño silencio respondí medio en broma medio en serio ¡¡¡ Horrible!!!
¡¡¡Horrible!!!.
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