El Cierre de Temporada en Río Cholgo - Pablo Negri

Los últimos días autorizados por ley para la práctica de la pesca deportiva de salmonídeos generan un desagradable sentimiento de angustia. Una larga y tediosa espera de seis meses no puede hacer sentir menos. Salidas de pesca al cierre de cada temporada son terapia recurrente cuyo intento es paliar dicha sensación. Estas últimas están particularmente dotadas de un no despreciable número de recuerdos sobre lluvia, frío, ríos turbios o crecidos, y una pobre productividad en capturas. Mi fin de temporada 1994/95 se constituyó, sin embargo, en la excepción que confirma la regla.

El último sábado de abril del '95 dimos partida junto con Alejandro a la terapia de cierre de temporada. Un Lan Chile con destino a Puerto Montt nos situó en El Tepual, aeropuerto en el que aterrizamos luego de un aterrador giro en 180 grados. Cielos cubiertos, llovizna a ratos, y fuertes rachas de norte, aventuraban un clima poco promisorio para el viaje de tres días. Una vez en el puerto, nos dirigimos al lugar de fondeo de la motonave La Bohemia, quien sería la encargada de proveer transporte y alojamiento a nuestro destino, la Península de Huequi. Infructuosos fueron los esfuerzos desplegados por el capitán de la nave con el objeto de conseguir el zarpe. Puerto Montt se encontraba cerrado al zarpe de embarcaciones menores, manteniendo esa condición por los tres días siguientes. No quedaba otro camino que buscar alternativa. Comenzaba a sentir angustia de cierre de temporada.

Luego de desechar la posibilidad de pesca en ríos cercanos a Osorno y Puerto Varas, a sugerencia de Alejandro, optamos por incursionar en el área colindante con Hornopirén. Mi última visita al sector se había desarrollado navegando, no hacía mucho, por canales como el Cholgo y Comau, fiordos Leptepú, Cahuelmó y Quintupeu, y caletas Andrade y Porcelana, amén del caudaloso Vodidahue. Esta era la oportunidad para revisar desde tierra, parte de lo ya conocido.

Alcanzamos, luego de más de alguna dificultad en el arriendo del automóvil, la boca norte del Seno de Reloncaví: Caleta La Arena. El transbordador se retiraba desde el muelle en los precisos instantes en que a éste arribábamos. Se nos informaba a su vez, que debido a las malas condiciones de la mar, el último transbordo se efectuaría si las condiciones así lo permitían, alrededor de las 19:00 horas. Eran las 16:00 horas. Debíamos esperar nada más y nada menos que tres y media horas, luego de lo cual cabía la posibilidad de que el transbordo no se materializara. Me recordaba a mi mismo que se trataba del cierre de temporada fecha en que la entropía se torna máxima.

El clima amainó sólo para permitir nuestro transbordo. Luego llovería copiosamente durante los interminables 60 kilómetros que unen Caleta Puelche con Hornopirén, donde arribamos pasado las 22:00 horas. Un macizo y fuerte pudú encandilado por las luces del vehículo, nos saludaba kilómetros previos a la entrada del pueblo. La obligada pasada por la gasolinera del sector nos permitió conocer a Horst Wahl, quien sería nuestro anfitrión por los restantes dos días. El cansancio y sueño nos consumía.

El domingo amaneció con nueva lluvia. Luego de un apetitoso desayuno, iniciamos el día de mosca. Un breve viaje para conocer un terreno a la venta en las cercanías del pueblo, precedió nuestro destino de Río Cholgo. Me recordaba a mí mismo: "El río es engañador. En ocasiones ofrece numerosas picadas; otras veces nada. Hazte el ánimo y ten fe. Péscalo del puente hacia abajo, por la ribera sur. Y cuidado con la marea; de plea a baja mar son varios metros. Las Woolly Bugger a fondo y en tonos claros, funcionan de maravilla". Nuestro anfitrión nos había anticipado que dada la cantidad de lluvia caída, el río estaría algo turbio y con baja productividad.

Con angustia conducí el auto hasta la ribera recomendada, para comprobar que el Cholgo estaba algo más que turbio. Eran las 10:30 horas y lloviznaba. Decididos a disfrutar de un inolvidable fin de temporada, nos iniciamos en la faena de la mosca.

Una lectura previa del río era necesaria. El Cholgo corría medio a rápido en parte de su cauce, y ramificado en el tramo inmediatamente bajo el puente que lo atraviesa. Buenos -- aunque pocos -- remansos destacaban en sus riberas, algunos con una profundidad que excedía de un metro y medio. La orilla norte se encontraba limpia y poseía suave pendiente, permitiendo fáciles backcasts. Por el contrario, el margen sur denotaba una no despreciable cantidad de pequeños coihues, ciruelillos y tepas, más una pendiente algo pronunciada. Eran necesarios por tanto roll casts, o bien vadear algunos metros a objeto de conseguir la distancia necesaria para poder ejecutar correctos backcasts. El lecho del curso estaba constituido principalmente por piedras de tamaño medio, aun cuando en zonas intermedias destacaba la arena, la que a su vez conformaba pequeños islotes.

El tramo analizado, un kilómetro río arriba desde su boca en el mar, no mostraba presencia de ninfas de ningún orden. Presumiblemente una que otra pancora y más de algún pejerrey o peladilla. Nuestra sospecha de juveniles de trucha y salmón, se confirmó al observar como escuelas de alevines de los mismos nadaban libremente en las orillas. Nuestro día se iniciaba con una temperatura ambiente bordeando los 2º centígrados, en tanto la del río promediaba 10º centígrados. La condición del agua era bastante salobre, estando la rapidez del curso determinada fuertemente por la subida y bajada de mareas. La pesca la practicaríamos mayoritariamente en runs, más uno que otro pool.

Luego de un pique sin enganche, y corto lapso después de haber ingresado al agua, Alejandro cobró su primer ejemplar. Una hermosa arcoiris de aproximadamente un kilo, la que luego de algunos minutos ofreciendo resistencia, cortó el tippet. Usaba una fast sinking tip, junto a un patrón de Woolly Bugger #6.

Llovía intensamente. La crecida de marea nos obligó a retirarnos río arriba donde comenzamos a trabajar un atrayente pozón que nos parecía productivo. No nos habíamos equivocado. Un precioso salmón del atlántico, que con sus brincos nos deleitó durante un buen lapso de tiempo, más un robalo sobre cinco kilos que alocadamente arrancaba hacia el mar, y finalmente una arcoiris que promediaba el kilo, demostraban que un pozón pequeño pero bien trabajado puede dar grandes frutos. La sinking tip junto a una Muddler Minnow negra en anzuelo 6, habían dado en el clavo. Me preguntaba cómo podían funcionar con eficiencia patrones oscuros, en un río que corría eminentemente turbio. Me respondía: toda Muddler Minnow viste su cuerpo con tinsel dorado...

Estaba convencido que los patrones de mosca a utilizar debían ser, preferentemente imitaciones de alevines o los llamados attractors. Y sólo streamers, en tamaños 4 a 8. Nada de ninfas. Para qué hablar de secas.

Transcurrieron un par de horas con nula productividad. Tan pronto como la baja de marea se hizo notar, decidimos junto a Alejandro recorrer el Cholgo por su mitad. La fuerza de la corriente se notaba, haciendo en ocasiones difícil el vadear. Comenzamos a redescubrir el cauce del río, notando que diversos pozones y prime lies se ubicaban en su costado norte. Revisando mi caja de streamers me encontré con varias Woolly Bugger blancas. Siempre he sostenido que se debe probar con aquellos patrones de moscas en los que uno guarda plena fe. Y esta era la ocasión para probar las Woolly blancas...

Inicié los primeros lances río arriba, dejando que la corriente derivara el streamer blanco durante un lapso, para luego recoger con pausados intervalos. Rápidamente obtuve la primera picada. Una pequeña arcoiris había caído presa del manjar ofrecido. Una vez liberada, una fuerte tempestad de granizo se dejó caer por al menos cinco minutos. La temperatura ambiente bordeaba los 0º centígrados, lo que hacía que por primera vez diera gracias a mis abrigadores guantes, y a un no menos abrigador equipo de waders, polar, y la inigualable Patagonia ® SST. Alejandro cobraba una segunda arcoiris.

El sol aparecía, formando un majestuoso arcoiris sobre la cortina de granizo que aún caía cerca de la montaña. Era mi primera experiencia pescando con mosca y granizo a tan bajas temperaturas. Las vistas del Fiordo Leptepú y sus islas eran soberbias. Colores lavanda pintaban el horizonte. Truenos y relámpagos me recordaban la advertencia de algunos fabricantes de cañas: absténgase de usarla durante tormentas... ¡Son excelentes conductores eléctricos!

Con la advertencia en mente y algo más que angustia, continuamos recorriendo el Cholgo hacia su boca. El granizo se había detenido y oteando al norte se apreciaba nítidamente la silueta del Volcán Hornopirén. Promediaban las cuatro de la tarde. De pronto la sinking tip detuvo su recorrido en el río. Clavé con fuerza mi Thomas & Thomas ®, la que curvada magníficamente mostraba cómo varios metros río abajo un precioso y obeso ejemplar de arcoiris, corría por liberarse. Alejandro hacía lo propio en busca de la cámara de vídeo. Por mi parte, no podía olvidar que nos encontrábamos en el cierre de temporada, fecha en que por lo general, los peces liberan de su quijada los anzuelos... Ello afortunadamente no ocurriría en esta ocasión.

Toda la cola de ratón, junto a varios metros de backing, se bañaban en el río. Habían transcurrido interminables veinte minutos. Alejandro, a mis espaldas, grababa con el vídeo. La marea continuaba bajando, lo que provocaba un notable incremento en la velocidad del fluido. Montado en la corriente, el pez dificultaba la recogida. El bajo nivel de aguas complicaba su manejo, y en ocasiones éste corría por profundidades inferiores a treinta centímetros de agua, mostrando parte importante de su dorso. Rugía el Hardy ® Sovereign junto con los truenos que recomenzaban. Alejandro grababa. ¡Todo un espectáculo!

Una vez la línea en la bobina, y la carrera desenfrenada recomenzaba. Vibré por largos minutos con este magnífico ejemplar de arcoiris. Ya estaba en mis manos. Cuatro kilos y algo más, y una contextura y líneas hermosas. De apariencia casi perfecta a los ojos de mi amigo Alejandro, eximio en pisciculturas, aún cuando éste... afortunadamente... era salvaje. Con delicadeza lo regresé a su medio, sin antes darle gracias por tan heroica y talentosa contienda. Mi Woolly Bugger blanca, regresaba a la caja de streamers. Mi día de mosca había terminado. Había tenido más de lo que pedía.

Minutos después, gritos de la ribera norte me sorprendieron. Hernán González y su hijo, con quienes habíamos estado compartiendo pesca con mosca en Río Puelo semanas anteriores, se encontraban a metros míos. Simplemente no lo creía. Encontrarnos en tan especial lugar y circunstancias.

La temperatura ambiente cayó violentamente, acompañada de fuertes rachas de norte. Y el granizo no se hizo esperar, esta vez con enormes bolitas de hielo, cuyo diámetro alcanzaba proporciones que no había conocido antes. Golpeaban fuerte, cubriendo de color plata el Río Cholgo, al son de una hermosa melodía. El deleite de la pesca de un robalo por parte de Hernán, y un atardecer dotado de arcoiris y tonos pastel junto a las islas y fiordos, nos llevaban de regreso a Hornopirén junto a Alejandro, cerca de las seis de la tarde. Nos esperaba una abundante comida y amena conversación.

Se levantaba un nuevo día. El último de pesca para la temporada. Cerca de las ocho de la mañana regresamos al norte. Nos detendríamos en Río Cisne, en el que probaríamos suerte sólo hasta el mediodía. El día se encontraba parcial y a ratos algo caluroso.

Una vez llegados al puente que atraviesa el río, detuvimos el auto y bajamos al mismo. Era precioso. Si me hubiesen preguntado cómo me gustaría un río, hubiera escogido éste: abundante vegetación en sus márgenes, todas las formas de agua presentes - runs, riffles y pools - cristalino, de tamaño pequeño a medio, y fácil de vadear. Una revisión rápida de su lecho constituido principalmente por piedras de tamaño medio y gravilla, mostró abundante cantidad de ninfas de stoneflies y una que otra de mayflies y caddisflies. Algunos midges y caddisflies volaban en grupo. El río, sin embargo, no mostraba actividad en la superficie. La profundidad máxima que divisé para un gran pozón, no superaba los dos y medio metros. Optamos por ninfas de stonefly en anzuelos # 8 y color negro. Las truchas estaban abajo, por lo que se necesitaban sinking tips, leaders de al menos 9 pies, y algún split shot. Para reemplazar estos últimos, me incliné por un patrón de stonefly atado con un gold bead.

Comenzamos con casts del tipo up and across, dejando a las ninfas derivar con la corriente por sobre prime y feeding lies. Varios piques no se hicieron esperar. Principalmente arcoiris, la mayor de ellas, sobre el kilo y medio de peso. Buenas contendoras y sumamente acrobáticas, saciaron nuestro deseo de pesca técnica. Destacaba su hermosa coloración nupcial.

Era mediodía y nuestro vuelo de regreso a Santiago, embarcaba a las 16:00 horas. Emprendimos el regreso. Prometí volver al Cisne para pescarlo un atardecer. Estoy seguro de que buena cantidad de hatches deben presentarse durante días de elevada temperatura y menor nivel de aguas. Lugareños nos habían señalado de la existencia de cohos y salares en la sección inferior del río. Otro sector para regresar. Debo confesar que la angustia de cierre de temporada había por, única vez, desaparecido. Santiago con su smog y stress, nos recibía de regreso cerca de las 20:00 horas. Terminaba la temporada '94 - '95. El Cholgo y Cisne merecían un bravo. Un cierre de temporada para no olvidar...

Pablo Negri Edwards - Junio 1995


Un viajero y gran pescador. Pablo reside en Santiago mientras planea emigrar a otros destinos.

Pablo es contactable en:
pablonegri@riosysenderos.com



Copyright 1999 - 2005 RiosySenderos.com  ®
El nombre "RiosySenderos.com" y su logo
son marca registrada de Ríos y Senderos S.A.

Chile Hecho en CHILE
por el Web Team de RiosySenderos.com

Página optimizada para resolución de pantalla 1024x768