Abriendo la Temporada en un Río Cordillerano Central - Jorge Wahl S.

En los pasados seis meses de receso, la lectura de uno que otro material del cual aprender y la confección de moscas ya probadas y por probar, sustituyeron - si así se puede decir - el disfrute de esas excitantes excursiones de pesca con mosca que nuestros ríos nos ofrecen. Pero, al tiempo de abrirse esta nueva temporada la ansiedad difícil de contener desbordó toda consideración a los probables inconvenientes que podrían presentar los ríos de la Zona Central a estas alturas del año.

Hemos vuelto a tener un año normal desde el punto de vista pluviométrico, lo que significa deshielos, con ríos caudalosos y turbios a comienzos de temporada. Por eso, a menos que se esté dispuesto a gastar tiempo y / o recursos, no es fácil dar con un aceptable lugar de pesca entre las regiones Metropolitana a Séptima. En nuestro caso, no teníamos más tiempo que una escapada por el día dentro de la VII Región y tampoco la ocasión ameritaba gastar en costosos medios de transporte. Así las cosas y sólo con negativos antecedentes acerca del estado y caudal del Río Maule, tentamos suerte en un río que ofreciera relativamente buenos accesos y no viniera de "muy adentro", es decir, una hoya con buena cubierta vegetal y escasa influencia de deshielos, características posibles de encontrar en la zona de Linares.

Entre las tres o cuatro alternativas barajadas, quizás no escogimos la mejor. Superando responsabilidades profesionales y tacos capitalinos, llegamos a nuestro punto de alojamiento, con familia y todo, a avanzadas horas de la noche. Sin más comentarios respecto de la penosa levantada y de la casi nula planificación del factor alimentación, a sólo una hora de camino ya remontábamos la ribera del río de nuestro destino. Al comienzo con los primeros reflejos de la mañana - o quizás por un efecto de decantación - el agua nos pareció levemente "opaca", más adelante algo "cenicienta" y algunos kilómetros más arriba, decididamente "barrosa" y fuera de cauce. Los factores naturales mencionados en el párrafo anterior fueron correctamente ponderados; lo que no consideramos en toda su magnitud fue un conocido artificio del hombre que desde hace ya muchos años afecta al río en cuestión.

A eso de las 8:30 AM y sabiendo impracticable cualquier intento de pesca, dudamos entre desandar unos kilómetros e intentar en otro río muy cercano o proseguir nuestro ascenso hasta superar el punto - hasta ese momento incógnito - en que, producto del artificio ya mencionado, nuestro río se echaba a perder. En la decisión de continuar el camino fue decisiva la información que nos aportara un gentil lugareño en cuanto a que para encontrar aguas claras había que andar "muy lejos pa’ arriba, como unos 20 kilómetros más o menos, donde el río tuerce pa’l sur". Confiados en que 20 kilómetros no son lejos para una moderna camioneta, continuamos entusiasmados, contemplando una naturaleza cada vez más sobrecogedora, cumbres nevadas, abruptos barrancos, el río en un precioso y angosto cajón, abundante vegetación, la bulliciosa compañía de una bandada de loros tricahues, y - privilegio de pretemporada - la nula presencia del hombre urbano, habida excepción de nosotros, por cierto.

Todas nuestras previsiones se cumplieron durante los siguientes 12 kilómetros. Pero, no alcanzamos el punto en que se originaba la turbiedad de las aguas sino alrededor de las 10 AM, tras superar 8 lentos kilómetros entre cuestas, rocas, piedras y tierra suelta. Antes de bajarnos algo tullidos, comprobamos que habíamos recorrido 87 kilómetros desde nuestro punto de partida y exactos 20 kilómetros desde el lugar en que nos encontramos con nuestro acertado informante.

Con no poca aprensión respecto de lo que podríamos encontrar, nos dirigimos cautelosos a verificar el contenido del angosto cajón que ocupa en esta parte el río. Empezaba a hacer bastante calor y un molesto enjambre de insectos - semejantes a la "mosca de los cuernos" que afecta a los vacunos - nos acosaba con feroz tenacidad. Sin embargo, reducido a la mitad del caudal observado en el tramo inferior, con un torrente de frías y oxigenadas aguas blancas, moderado por un sinnúmero de pequeños pozones y contracorrientes en uno y otro lado, para terminar siempre en un gran y profundo pozón, el río no podía ofrecer un panorama más prometedor. Aguas tan claras - verde turquesa en los pozones - que obligaban a mantener el máximo sigilo al acercarse. El río, generoso para con nuestra faena, ofrecía además la posibilidad de ser vadeado en la parte inferior de los pozones cada vez que se hacía imposible avanzar por una u otra orilla.

Una vez en la ribera, comprobamos que en toda la extensión recorrida (probablemente no más de 2 kilómetros, puesto que la topografía y vegetación dificultaban el desplazamiento) las favorables características apuntadas anteriormente se mantenían. Es más, en lugares con corriente más suave, el fondo estaba formado por una gruesa capa de fina gravilla, lo que ofrece buenas condiciones para la reproducción de los peces. La abundante presencia de todo tipo de insectos fue permanente a lo largo de esta excursión que finalizó alrededor de las 20 hrs. Así por ejemplo, fue común ver flotando o entre la vegetación unos curiosos insectos de vivo color rojo, parecidos a los clásicos "pololos" pero mucho más estilizados y sin manchas de otro color (debo suponer que se trataba de "terrestres"). Dentro de los insectos acuáticos nos sorprendieron unos que, en apretado enjambre, se sustentaban en la cara inferior de una roca a escasos centímetros del agua, motivando incesantes subidas de las truchas del sector. Dudamos en calificar a estos insectos entre efímeras o dípteros, pero nos decidimos por esta segunda categoría puesto que sus transparentes alas no se mantenían plegadas en posición vertical - como es característico de los primeros -, sino desplegadas a unos 45 grados. A lo largo del día se repitieron variadas eclosiones, de las cuales el neófito autor de este artículo sólo pudo identificar a las clásicas caddis. Gracias a Dios, no se contaban entre los insectos abundantes en el río aquéllos que nos molestaran al llegar.

Para nuestra sorpresa - pero no para la de las gentes del lugar - los resultados de la pesca fueron, por decir lo menos, discretos. Satisfactorios eso sí en cuanto al número (preferentemente arco iris y una que otra marrón), pero muy poco deportivos en cuanto al tamaño. Las truchas que obtuvimos no se prestaban para el combate, ni siquiera contra una liviana caña y línea 3 que parece ser el equipo más recomendable para el lugar. Obviamente, todas fueron devueltas en las mejores condiciones. Las mejores respuestas las tuvimos con las clásicas caddis pupas (en anzuelos Nº 14 a 16), aunque curiosamente funcionó bien un poco atractivo woolly worm color "café con leche". Pero, ni siquiera el recurso a todo el resto de la batería disponible (ninfas, streamers y algunas secas) - en ciertos casos bastante eficaz con los diminutos predadores capturados - resultó tentador para el único ejemplar de razonable talla divisado; el cual se mantuvo en el fondo, insensible al señuelo ofrecido (en líneas Floating y Sinking) y a la actividad de sus congéneres más pequeños.

Una reflexión en cuanto a la pesca con ninfas en estos ríos de la Zona Central. Personalmente y como novato en el arte de la mosca he intentado muchas veces aplicar la estricta teoría que manda lanzar aguas arribas y luego recoger la línea en el mismo sentido de la corriente, simulando la subida del insecto desde el fondo. Sin embargo, en la mayor parte de los casos la fuerte corriente termina arrastrando los aparejos en el más completo desorden, sin que sea posible recuperarlos como la teoría ordena a no ser en una veloz acción de pocos segundos. Por eso, he tomado la costumbre de lanzar a través de la corriente, quizás un poco aguas arriba para lograr mayor profundidad y - liberando algo más de línea durante el recorrido - dejo que la mosca vaya aguas abajo, para luego recuperarla lentamente en el sentido opuesto a la corriente. La mayor cantidad de picadas la he obtenido al finalizar el recorrido aguas abajo y - también frecuentemente - mientras recupero la línea. Como sea, no parece ser una presentación muy natural la de una ninfa que resiste o remonta la corriente, pero parece funcionar. Ahora bien, es cierto que en muchos casos en los pozones se produce una contracorriente lateral y, precisamente, la línea se recupera en el mismo sentido de ésta.

Volviendo a nuestro río, a pesar de las condiciones que parecen ser favorables, sospecho que conforme avance la temporada su calidad irá en progresivo deterioro. Básicamente se trata de un sector de singular belleza y bastante accesible, de lo cual dan testimonio algunos restos de campings de la temporada pasada, aun cuando son admirablemente escasos (en comparación con otros lugares). Lo anterior, unido a un caudal que irá decayendo, seguramente determinará la sobreexplotación de sus ya menguados recursos. Sin perjuicio de ello, la alimentación a partir de los hielos eternos que de seguro mantiene el nevado que le sirve de cabecera, unida a la fuerte pendiente del valle, probablemente determina que este río mantenga un mínimo caudal estable y con buena oxigenación, a pesar de los calores (incluso a estas alturas del año se hace insoportable caminar por la ribera con waders). En cuanto al tramo inferior, terminados los deshielos su actual turbiedad desaparece y se mantiene un significativo caudal estable, aportado por la ingeniosa obra de riego que en esta oportunidad esquivamos. Empero, eludiendo la masiva afluencia de visitantes poco familiarizados con el cuidado del lugar del que gozan, hasta la fecha no he podido comprobar la calidad de la pesca en este sector.

A pesar de todo lo anterior, para este río de la zona de Linares pueden presentarse algunas oportunidades de mejoramiento. De hecho, el sector superior que visitamos es parte de una hacienda en que funciona un singular complejo turístico ecológico - con un sorprendente hotel enclavado entre los bosques junto al río - y, al mismo tiempo, coincide con un área de Reserva de la CONAF. De esta manera, si se da la voluntad y recursos necesarios sería posible hacer un buen manejo de al menos parte del valle. Más abajo existe un viejo proyecto para ejecutar un gran embalse de vital importancia para el regadío de vastos sectores del valle central. Hasta el día de hoy son visibles las obras del intento efectuado a mediados de siglo, malogrado por filtraciones que seguramente con la tecnología de la época no resultó rentable subsanar. Hace poco el proyecto se ha reactivado a nivel oficial, proponiéndose su licitación a privados, inclusive con la posibilidad de generar energía eléctrica. Tratándose de un río ya intervenido y con la experiencia avanzada en estos años, quizás pueda resultar un proyecto que armonice mejor los intereses en juego, mejorando la calidad ambiental del río y entorno aguas arriba, y conteniendo el turismo masivo con los atractivos que seguramente ofrecerá el embalse. Dicho sea de paso, la ejecución de esta obra de alguna manera puede aliviar la presión por ejecutar otros embalses en la alta cordillera - como se ha pensado respecto de la Laguna del Dial -, interés que renace con fuerza cada vez que se enfrentan años de sequía.

Jorge Wahl Silva

Noviembre de 1999


Esta colaboración de Jorge Wahl S., un santiaguino muy viajado por la región del Maule, indica las situaciones a encontrar en los ríos cordilleranos de la zona central, en particular al abrir la temporada.

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