
BREVE HISTORIA DE LA TORPE DESTRUCCION DE UN VALIOSO RECURSO TURISTICO EN LA REGION DE LOS LAGOSLlifén, Octubre de 2006 La cuenca del Lago Ranco es uno de los lugares privilegiados en recursos naturales de valor turístico. Uno de ellos es el valle del Río Nilahue, cuyos saltos han sido un atractivo tradicional relevante. Las primeras descripciones de este lugar aparecen en un artículo titulado “A Orillas del Río Nilahue” (1935), textual: “…una vez que asomamos al borde del precipicio, contemplamos uno de los panoramas más bellos de la región” (Jorge Walton S. Las Ultimas Noticias, 1935 Santiago).
Desde esa descripción transcurrieron otros 65 años mientras este lugar permaneció con su belleza espléndida. El río Nilahue recorre más de 50 kilómetros por un valle de origen volcánico en su curso hacia el Lago Ranco. En un lugar donde hay un enorme anfiteatro de rocas basálticas y una diferencia de nivel de por lo menos 50 metros, el río se precipitaba en dos saltos hacia una enorme poza desde donde continúa por unos 10 kilómetros antes de desembocar en el Lago. Desde la prehistoria hasta el año 2000, quienes querían bajar al río o a la poza de los saltos del Nilahue, debían descender una pared casi vertical, por una huella estrecha, sinuosa, utilizando cuerdas y mucha prudencia. El acceso no era fácil y para llegar abajo, y después había que volver a subir por la misma vía. La excursión era una experiencia única. Muchos privilegiados tuvimos la oportunidad de recorrer ese lugar mágico, donde encontrábamos una vertiente que afloraba en la base del muro vertical de basalto y formaba una pequeña laguna de aguas frías y cristalinas donde durante el verano quedaban encerrados algunos peces que llegaban allí con las subidas del río en invierno. Encontramos patos y otras aves acuáticas nidificando en la lagunita entre la vegetación de juncos y plantas acuáticas que la rodeaba. A medida que nos acercábamos al salto, el ruido de la cascada se hacía imponente y ensordecedor. Una fina neblina se levanta desde la poza donde se precipita la cascada y al poco rato quedamos mojados como si fuese una lluvia. Durante las tardes de sol, se forma un arcoiris encima de la espuma blanca del agua que cae con estruendo incesante.
La intervención de la mano del hombre, torpe e inculto - La génesis de un crimen ecológico.Toda esta triste y vergonzosa historia comenzó el año 2000. Un par de vecinos de las inmediaciones de los saltos del río Nilahue decidieron iniciar una “actividad de explotación turística” e instalar un “camping” en los terrenos del lecho de la cascada. Contrataron maquinaria pesada (un buldozer) con el objeto de derribar una gran porción del borde del precipicio vertical que rodea el lugar y crear así una bajada para vehículos, rompiendo el acantilado hasta el lecho del río y de la cascada. Se inició también la construcción de una mediagua, con paredes de troncos, un piso de concreto, un mesón y estanterías para poner botellas. Esta construcción serviría para vender comida, bebidas, cerveza, vinos y licores. Los troncos de las paredes provenían de árboles que se derribaron en la construcción del camino de bajada, a medida que el buldozer avanzaba como una enorme oruga destructora abriéndose paso hacia abajo. Se dio inicio entonces a otros “trabajos” para “limpiar” de vegetación los alrededores del “camping” y con ello comenzó la destrucción sistemática y arrasando gran parte lo que constituía la naturaleza virgen del entorno. Para poder acomodar la cantidad de vehículos que se preveía que llegarían, también con la maquinaria pesada se “despejaron” las rocas y piedras de basalto en un área alrededor de la mediagua, con capacidad para estacionar al menos unos 40 vehículos. Había preocupación por que la bajada de vehículos debía tener una pendiente lo suficientemente suave como para que pudiesen bajar microbuses y camiones. Debido a esto, la destrucción del pretil tuvo que ser mayor. El área del “camping” quedó despejada de vegetación autóctona que hubo que quemar, para hacerla desaparecer. Allí se instalarían las carpas de los visitantes. Como broche de oro, para coronar la iniciativa, se construyeron dos letrinas contiguas, cada una con su taza de excusado, cuyos desagües conectados con tubos de plástico (PVC) de 4 pulgadas de diámetro, iban a dar directamente al nacimiento de la vertiente ubicada al pie del acantilado de roca basáltica, que fluye hacia la lagunita de los patos. Finalmente, para iluminar el sector en las noches, se hizo una conexión eléctrica precaria conectándose a la casa de uno de los “socios” del proyecto, cuyos cables, uno blanco y el otro rojo, atravesaban el espacio de gran parte del anfiteatro de los saltos, arruinando así, de un solo tajo, lo que quedaba del paisaje.
Afortunadamente descubrimos este atentado ecológico antes que funcionara el “camping”, antes que bajaran los vehículos y antes que se utilizaran las letrinas vaciando sus descargas en la vertiente de aguas cristalinas… Al investigar, supimos que todas estas “obras” habían sido hechas “a pulso” es decir, sin autorización de ninguna especie, de las entidades que debieran haber analizado un proyecto de esta naturaleza en primer término. Clara demostración del criterio de los “genios” de la idea. Esto fue una gran suerte, porque si hubieran solicitado alguna autorización, a lo mejor se las habrían dado. Entonces comenzó una campaña que se llevó a cabo a todo nivel, reclamando por la atrocidad cometida atentando contra la ecología de un recurso de valor turístico. Como los ejecutores del “proyecto turístico” no tenían ninguna autorización para irrumpir en un área que se considera un bien nacional, y menos efectuar obras civiles y construcciones, hubo una resolución de la Municipalidad de Lago Ranco que los obligó a paralizar toda actividad allí. Sin embargo las construcciones seguían en pie. Se inició entonces una campaña por la prensa y con denuncias formales a todo nivel. (Diario Austral de Osorno, varias ediciones. Verano del 2000-01)
Una anécdota que demuestra las fallas de nuestro sistema, se produjo cuando araíz de este problema invité a una reunión en mi casa a los Alcaldes de Lago Ranco y de Futrono para analizar este asunto. A la hora de almuerzo mi nieta Macarena que a la sazón tenía 15 años, estaba en la mesa escuchando atentamente lo que se conversaba acerca de las acciones a seguir para resolver este asunto. Se habló de los trámites, de los oficios, de todas las diligencias que había que hacer. De pronto ella intervino en la conversación y dijo: “Como no hay autorización, si Yo fuera Alcalde, no me demoraría más de 24 horas en hacer sacar toda esa basura de allí; después me dedicaría a tramitar los papeles” Todos nos quedamos mirando y se produjo el embarazoso y bien merecido silencio que era de esperar. Lo que hicieron los responsables del “proyecto” fue retirar con toda celeridad los tubos de desagües que conectaban las tazas de los excusados a la vertiente, y después sacaron los sanitarios y los retiraron. Seguramente alguien les hizo notar lo grotesco de las letrinas en ese lugar. Afortunadamente ya habíamos tomado fotografías de todo eso como testimonio gráfico de la torpeza. Mi nieta Macarena Molina Dufflocq, indignada, tuvo una activa participación en varias excursiones que hicimos al lugar para fotografiar, investigar y recolectar antecedentes. Comenzó así una batalla incesante, cuya tramitación duró más de dos años, con la mediagua instalada allí, con el camino abierto, por donde comenzaron a acceder al lugar muchas más personas, y con ello empezó también la contaminación del lugar con papeles, plásticos y basuras de todo tipo, además de la destrucción de la escasa vegetación que quedaba, que ha sido pisoteada por hordas de gentes irresponsables que ahora tienen un acceso fácil.
Más de dos años se demoró la “tramitación” necesaria para que saliera toda esa basura y quedara el lugar sin la invasión de elementos extraños. Quedaron eso sí las cicatrices: mucha vegetación destruida, las rocas y piedras acomodadas para el “estacionamiento de vehículos”, y lo peor de todo, la bajada que se hizo, para lo cual se destruyó una parte importante del pretil del anfiteatro y del acantilado en la ribera Norte del lugar. (El Diario Austral de Osorno, Martes 11 de Diciembre de 2001, página completa A-20 Artículo por Misael Sánchez: “Continúan reclamos por atentado ecológico contra el río Nilahue: Denuncian excesiva burocracia”) La cuenca del Lago Ranco ofrece una serie de atractivos turísticos relevantes, que atraen visitantes tanto del país como del extranjero. El turismo se presenta como una excelente fuente creativa de oportunidades permanentes de trabajo, y se hacen esfuerzos importantes para desarrollar y consolidar esta actividad en la región. Con ese objetivo se ha decidido asfaltar el camino en el tramo de la costa Sur y Oriente del lago, que une Llifén con el pueblo de Lago Ranco. Al parecer el proyecto contempla entre otras cosas, establecer “miradores” en puntos estratégicos, que permitan a los turistas admirar sitios de belleza espectacular. El Miércoles 16 de Noviembre de 2005 con unos amigos que vinieron de Alemania, fuimos a recorrer la circunvalación del lago Ranco en automóvil, con el objeto de admirar la naturaleza en Primavera y tomar fotografías. Fuimos a los saltos del Nilahue. Al llegar, me sorprendió encontrar otra desafortunada “obra de mejoramiento”: el conocido mirador natural en el borde Norte del pretil del anfiteatro, devastado y totalmente desmantelado de la vegetación que lo rodeaba. Mi sorpresa se transformó primero en indignación y después en vergüenza, al constatar con incredulidad que alguien había arrasado simplemente con todo vestigio de vegetación, incluso con un coigüe centenario y majestuoso que antes enmarcaba perfectamente el cuadro imponente de los saltos del Nilahue. Un árbol de esas características es imposible reponer. Ninguno de quienes leen estas líneas estará vivo para cuando otro árbol que crezca allí alcance la mitad el tamaño del que se asesinó en escasos minutos con una motosierra, sin razón alguna. Toda intervención en los recursos naturales, debe ser analizada antes, por personas capacitadas y con criterio, lo que obviamente no ocurrió aquí, más aún si se trata de recursos de valor turístico, que como en este caso son irremplazables. Hay un responsable de esta atrocidad. Alguien tuvo la idea de cortar ese árbol centenario y quemar la vegetación circundante para “limpiar” como comúnmente se denomina a este tipo de vandalismo. Otro recibió la orden y materializó la torpeza con una motosierra y una caja de fósforos.
Sería interesante determinar quién fue “el genio de la idea”, y escuchar sus argumentos para justificar este atentado ecológico que una vez más ha causado un daño irreparable al desarrollo turístico de nuestra zona. La entidad que corresponde, (CONAMA, CONAF, SERNATUR, Municipalidad, etc.), o a quien le compete, debería asumir las acciones y exigir que se repare en la forma más eficiente el daño causado. En un país tan diligente como éste, con tantos organismos administrativos, funcionarios, legisladores, leyes, formularios, selva de papeles, mecanismos, y “transparencia” pienso que no sería una tarea muy difícil determinar responsabilidades y dar una solución digna a esta vergüenza Regional. (Aunque el coigüe centenario jamás podrá ser reemplazado.) El tocón del coigüe en todo caso va a quedar allí, a todo sol, como mudo testimonio de la “creatividad turística” de quien tuvo la genial idea de cortarlo y de impedir que el mirador continuara a la sombra, cubierto por un follaje majestuoso y enmarcando una de las atracciones naturales más hermosas de la zona. Finalmente, y para pensar: cientos de vehículos han pasado por este lugar desde este atentado. Muchos de ellos vecinos del sector, que ni siquiera se detienen a mirar, menos a denunciar o reclamar. Si se detuvieran a mirar, podrían constatar que a los pies del mirador hay hoy en día (Octubre de 2006) un basural con un sorprendente surtido de deshechos de todo tipo. ¿De qué turismo estamos hablando? Un año después del desastre descrito anteriormente, es decir el recién pasado 22 de Octubre de 2006 fuimos nuevamente al Salto del Nilahue, con otras personas para ver en qué estado se encontraba el lugar y sus alrededores. Nuestra sorpresa fue peor de todo lo que habíamos visto antes o pudiésemos imaginar. Lo primero que vimos, fue el famoso salto, totalmente cambiado. Ahora, en vez de el hermoso salto de dos etapas que había antes, el río Nilahue se desploma sin mayor gracia en un hoyo circundado por tierra, piedras y troncos de arboles arrancados por el vendaval, producto de un derrumbe del hermoso anfiteatro que originalmente cobijaba esta maravilla de la naturaleza.
Además, alguien tuvo otra idea genial: cortaron toda la vegetación que rodeaba las inmediaciones del salto en la ribera Norte. Los árboles fueron aserrados “¡para aprovechar la madera”!
No sabemos todavía si el enorme derrumbe y la destrucción del salto original fue una consecuencia de talar la vegetación en la ribera Norte. Es muy probable que al no estar la cubierta vegetal, y con la intervención que hubo (corta de árboles, trajín de vehículos y maquinaria) se modificaron los cursos naturales del escurrimiento de aguas y el terreno se saturó con el agua de lluvia, como una enorme esponja, aumentando exponencialmente su peso, y finalmente se derrumbó, causando el caos que se aprecia. Menos mal que tenemos numerosas fotografías, que podremos conservar para las generaciones futuras, que ya nunca más podrán ver los Saltos de agua del Río Nilahue como eran originalmente. Una maravilla de la naturaleza, tal como apareció en el libro “VIAJE A LOS LUGARES MAS BELLOS DEL MUNDO” (Páginas 52 a 55) publicado por The National Geographic Society en 1988 en Washington DC, y en 1994 en Barcelona. Fin de una triste historia. |
Adrián Dufflocq Borie |
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